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Anàlisi :: educació i societat
EL MARXISMO Y LA RELIGIÓN. Alan Woods
13 mai 2004
http://www.engels.org/

El objetivo de los marxistas es luchar por la transformación socialista de la sociedad. Creemos que el sistema capitalista hace tiempo superó su utilidad histórica y se ha convertido en un sistema monstruosamente opresivo, injusto e inhumano. El final de la explotación y la creación de un orden mundial socialista armonioso, basado en un plan de producción racional y democrático, será el primer paso para la creación de una nueva forma social más elevada en la que hombres y mujeres se relacionarán como seres humanos.
Creemos que el deber de cualquier persona es apoyar la lucha contra un sistema que implica miseria, enfermedad, opresión y la muerte de millones de personas en todo el mundo. Damos la bienvenida a la participación en la lucha de toda persona progresista, independientemente de su nacionalidad, color de piel o creencias religiosas, y aprovechamos esta oportunidad para iniciar un dialogo entre los marxistas y los cristianos, musulmanes y otros grupos religiosos.

Sin embargo, para luchar por transformar la sociedad de una manera eficaz es necesario elaborar un programa, una política y perspectiva serias que puedan garantizar el éxito. Creemos que sólo el marxismo (el socialismo científico) es capaz de proporcionar esta perspectiva.

La cuestión de la religión es compleja y se puede abordar desde diferentes puntos de vista: histórico, filosófico, político, etc., El marxismo empezó como una filosofía: el materialismo dialéctico. Un buen ejemplo de esta filosofía se puede encontrar en las obras de Engels: Anti Dühring y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, y también en Razón y revolución que proporciona una visión moderna de las mismas ideas. Estos textos constituyen un buen punto de partida para clarificar la posición filosófica del marxismo con relación a la religión.



El materialismo filosófico y la ciencia

Los marxistas se basan en el materialismo filosófico que niega la existencia de cualquier ente sobrenatural o de algo externo a la naturaleza. Hoy la propia naturaleza nos proporciona sus propias explicaciones sobre el origen de la vida y el universo.

La ciencia ha demostrado que la humanidad ha evolucionado âcomo el resto de las especiesâ a lo largo de millones de años y que la propia vida evolucionó a partir de la materia inorgánica. No puede existir el cerebro sin un sistema nervioso central, y no puede existir un sistema nervioso central sin un cuerpo material, sangre, huesos, músculos, etc., Al mismo tiempo, hay que mantener el cuerpo con comida que también procede de un entorno material. Los últimos descubrimientos genéticos conseguidos por el proyecto genoma humano han aportado la prueba indiscutible de la visión materialista.

La revelación de la larga y compleja historia del genoma, durante tanto tiempo oculta, ha provocado discusiones sobre la naturaleza de la humanidad y el proceso de creación. Resulta increíble que en los inicios del siglo XXI las ideas de Darwin todavía sean desafiadas por el llamado movimiento creacionista en EEUU el cual pretende que los escolares estadounidenses piensen que Dios creó el mundo en seis días, al hombre del polvo y a la primera mujer a partir de una de sus costillas.

Los últimos descubrimientos finalmente han demostrado lo absurdo que es el creacionismo. Han terminado con la idea de que las especies fueron creadas por separado y el hombre, con su alma eterna, fue creado especialmente para cantar alabanzas al Señor. Ahora es evidente que los humanos no son creaciones únicas. Los resultados del proyecto genoma humano demuestran de una forma concluyente que compartimos los genes con otras especies y estos genes tan antiguos son los que nos han ayudado a ser lo que somos. Los humanos compartimos genes con otras especies que se remontan a las nebulosas del tiempo. En realidad, una pequeña parte de esta herencia genética común se puede remontar a organismos tan primitivos como la bacteria. En muchos casos, los humanos tienen exactamente los mismo genes que las ratas, ratones, gatos, perros e incluso la mosca del vinagre. Los científicos han encontrado que los humanos compartimos aproximadamente 200 genes con la bacteria. De esta forma se ha llegado a la prueba final de la evolución. Y sin la necesidad de intervención divina.



¿Vida después de la muerte?

A pesar de todo el avance científico ¿por qué la religión todavía se encuentra tan arraigada en la mente de millones de personas? La religión ofrece a los hombres y mujeres el consuelo de una vida después de la muerte. El materialismo filosófico niega esta posibilidad. La mente, las ideas y el alma son el producto de la materia organizada de una forma concreta. La vida orgánica surge en determinado momento de la vida inorgánica, e igualmente, las formas simples de vida âbacteria, organismos unicelulares, etc.,â evolucionan hacia formas más complejas con una columna vertebral, un sistema nervioso central y un cerebro.

El deseo de vivir para siempre es tan antiguo como la propia civilización âprobablemente más antiguoâ. Hay algo en nuestro ser que se resiste a la idea de que âyoâ? algún día dejaré de existir. Y ciertamente, renunciar para siempre a este maravilloso mundo, a las flores, la luz del sol, el viento en la cara, el sonido del agua, la compañía de los seres queridos âentrar en un reino infinito de la nadaâ es duro e incomprensible. Los humanos buscaban una comunión imaginaria con un mundo espiritual no material donde âpensabanâ una parte de ellos viviría para siempre. Este fue uno de los mensajes más fuertes y duraderos de la cristiandad: âpuedo vivir después de la muerteâ?.

El problema es que la vida que la mayoría de hombres y mujeres viven en la sociedad actual es tan dura, insoportable o carente de sentido, que la idea de una vida después de la muerte a veces es la única forma de dar algún significado a la propia existencia. Volveremos más tarde a esta cuestión tan importante. Pero mientras, analicemos el significado exacto de la existencia de la vida después de la muerte.

Se trata de un problema antiguo del que se ocupó entre otros el filósofo neoplatonista griego Plotino que señalaba lo siguiente sobre la inmortalidad: âÃsta es inexplicable, si dices algo de ella la conviertes en particularâ?. Esta misma idea se puede encontrar en los escritos indios relacionados con el alma. Para los filósofos y teólogos el alma es solo una ânoche en la que todas las vacas son negrasâ?, como decía Hegel. Y en la vida cotidiana las personas hablan con confianza del alma y la vida después de la muerte.

Se supone que el alma es inmaterial. Pero, ¿existe vida sin materia? La destrucción del cuerpo físico significa el final del ser individual. Los billones de átomos individuales que forman nuestro cuerpo no desaparecen, sino que reaparecen formando combinaciones diferentes. En ese sentido todos somos inmortales, porque la materia no se puede crear ni destruir. Es verdad que existen espiritualistas que insisten en que oyen voces aunque no haya presencia de seres físicos. La respuesta es bastante sencilla: si hay voz, debe haber cuerdas vocales âsino no podría existir la vozâ. No se puede separar ninguna de las manifestaciones de nuestra actividad viviente del cuerpo material.

La idea común de la âvida después de la muerteâ? es más o menos una continuación de la vida que llevamos sobre la tierra (ya que no conocemos otra). Después el alma abandona el cuerpo y al parecer âdespiertaâ? en una tierra maravillosa donde milagrosamente nos unimos a nuestros seres queridos, para una vida de goce eterno en la cual la enfermedad y la vejez desparecerán. Basta con hacer la pregunta de una forma concreta para ver que es imposible. Si consideramos todas las cosas que hacen que merezca la pena vivir: buena comida, buen vino (para los ingleses una buena taza de té cargado), cantar, bailar, abrazos, hacer el amor, etc., rápidamente será evidente que todas estas actividades van inseparablemente unidas al cuerpo y sus atributos físicos. Los pasatiempos más cerebrales como hablar, leer, escribir y pensar están igualmente unidos a nuestros órganos corporales. Lo mismo ocurre con la respiración o cualquier otra actividad de lo que se llama vida.

Una existencia que carezca de todo sufrimiento y dolor sería intolerable para los seres humanos. Un mundo donde todo es blanco sería igual a un mundo en el que todo es negro. Desde un punto de vista estrictamente médico el dolor tiene una función importante. No sólo es un mal, también es un aviso de que algo funciona mal en nuestro organismo. El dolor es parte de la condición humana. No sólo eso: el dolor y el placer están dialécticamente relacionados. El placer no podría existir sin el dolor. Don Quijote explicaba a Sancho Panza que la mejor salsa era el hambre. De la misma forma que descansamos mejor después de un período de intenso esfuerzo.

La muerte es una parte integral de la vida. La vida es inconcebible sin la muerte. Comenzamos a morir en el mismo momento en que nacemos, por que la vida es al mismo tiempo la muerte de billones de células y su sustitución por otros millones de células nuevas, este proceso es el que constituye la vida y el desarrollo humano. Sin la muerte no puede existir la vida, el crecimiento, el cambio o el desarrollo. Al intentar separar la muerte de la vida âcomo si las dos cosas pudieran estar separadasâ se llega a un estado de absoluta inmutabilidad, inalterabilidad y a un equilibrio estático. Este es sólo otro sinónimo de la muerte. No puede existir vida sin cambio o movimiento.

¿Qué hay de malo en creer en otra vida? Podría parecer que no demasiado. Pero ¿por qué maleducar a hombres y mujeres animándoles a construir su vida alrededor de una ilusión? En la medida que apartamos las ilusiones, vemos el mundo como es en realidad y como somos realmente nosotros, entonces podemos adquirir el conocimiento necesario para cambiar el mundo y a nosotros mismos.

Lo que somos como individuos está íntimamente relacionado con nuestros cuerpos materiales y no con una existencia separada. Nacemos, vivimos y morimos, como los demás organismos vivientes del universo. Cada generación debe vivir su vida y preparar el camino para las nuevas generaciones que están destinadas a ocupar nuestro lugar. La aspiración a la inmortalidad, el derecho imaginario a vivir para siempre, es egoísta y poco realista. En lugar de malgastar el tiempo intentando alcanzar âotro mundoâ? no existente, es necesario esforzarse por hacer que este mundo sea un lugar mejor para vivir. Para la gran mayoría de hombres y mujeres que han nacido en este mundo la pregunta más correcta no es ¿hay vida después de la muerte? sino ¿hay vida antes de la muerte?

Saber que esta vida es fugaz, que nosotros y nuestros seres queridos no vamos a estar aquí para siempre, lejos de provocar consternación, debería inspirarnos un amor apasionado por la vida y un ardiente deseo de hacer todo lo mejor que podamos. Sabemos que una flor nace sólo para marchitarse, y en cierto sentido, esta transición de la floración es lo que da la flor una belleza trágica. Pero también sabemos que cada primavera la naturaleza florece de nuevo, que el eterno ciclo de nacimiento y muerte es la esencia de todas las cosas vivientes y da a la vida su sabor agridulce, la comedia y la tragedia, la risa y las lágrimas, que convierten a la vida en un rico mosaico de sensaciones. Este es nuestro destino inexcusable como seres humanos. Somos humanos y no dioses, y por lo tanto debemos aceptar nuestra condición humana. Sobre los dioses tenemos la desventaja de ser mortales. Pero también tenemos una gran ventaja sobre ellos, nosotros existimos en carne y hueso, mientras que ellos son un simple producto de la imaginación.



¿Una conclusión pesimista?

El materialismo como filosofía tiene una larga y honorable historia. Los primeros filósofos jónicos griegos eran todos materialistas. Según cuenta Platón, Anaxágoras âuno de los más destacados y tutor de Periclesâ fue acusado de ateísmo. Protágoras (415 a. C) dice con la ironía habitual de un sofista: âCon relación a los dioses he sido incapaz de llegar a determinar su existencia o no, tampoco su forma debido a las muchas cosas que dificultan el logro de este conocimiento, tanto por la oscuridad de la materia como por la brevedad de la vida humanaâ?. Diágoras, un contemporáneo, fue aún más allá. Cuando alguien dirigía su atención a las lápidas votivas de un templo erigidas por los agradecidos supervivientes de un naufragio, él respondía: âLos que se ahogaron no colocaron las lápidasâ?.

¿Acaso la comprensión materialista significa una visión de la vida pesimista o nihilista? Todo lo contrario. La condición previa para una vida plena y satisfactoria sobre la tierra es que adoptemos una visión real de las cosas. Una de las visiones más humanas y sublimes de la vida es la filosofía de Epicuro âese genio de la antigüedad que junto con Demócrito y Leucipo descubrió que el mundo estaba formado por átomosâ. Epicuro (341-270 a. C.), cuya memoria ha sido calumniada durante siglos por la Iglesia, deseaba liberar a la humanidad del tormento del miedo, y particularmente, del miedo a la muerte. Tenía una visión alegre y optimista de la vida. El mismo día de su muerte hizo el siguiente comentario: âEs un buen día para morirâ?.

Los estoicos, que predicaban una hermandad universal en la que todos seríamos miembros de una gran mancomunidad, creían que, como el universo es indestructible entonces las almas de todos los hombres sobreviven a la muerte, pero no como individuos. Y como nada puede ocurrirnos porque es el curso y la constitución de la naturaleza, entonces no hay que temer la muerte. Fue un estoico el que dijo primero que âtodos los hombres son libresâ?. El estoicismo tuvo una gran influencia en la cristiandad, a través de los escritos de Epectetus y Marco Aurelio. En realidad los estoicos no crían en un dios (utilizaban la palabra theos, pero con un sentido completamente diferente al dios cristiano), afirmaban que el hombre sabio era igual a Zeus. Su idea no era ir al cielo, sino vivir una buena vida que identificaban con la apatheia, pero que no significaba apatía, sino el control de las emociones.

Realmente, la mayoría de las personas de la antigüedad parecía ser indiferente a la cuestión de lo que ocurriría después de la muerte. La âvidaâ? después de la muerte de los griegos era un lugar particularmente poco atractivo, gris, un mundo triste de espíritus vacilantes. Los egipcios tenían una visión más atractiva del otro mundo, en él había comida y vino, música, mujeres desnudas danzando, y por lo tanto sería necesario ser abastecidos por un ejército de esclavos. Pero, para los egipcios, el otro mundo era el monopolio de la clase dominante, cuyas tumbas monumentales mostraba la misma riqueza ostentosa y lujo que habían disfrutado en vida. En China y otras sociedades clasistas primitivas, la clase dominante miraba con una ecuanimidad sorprendente a la posibilidad de un infierno futuro ardiente, preferían dedicarse al tranquilo goce de sus riquezas en vida, mientras dejaban que el futuro cuidase de sí mismo. Sin embargo, para los pobres la aceptación pasiva de un mundo de dolor y sufrimiento en este valle de lágrimas es un precio a pagar ante la promesa de un futuro feliz más allá de la tumba. Esta promesa ha llevado a millones de hombres y mujeres al olvido, agotándose en una vida de esfuerzos interminables, angustia mental y física.

A algunas personas esta situación les pude parecer justa. Pero a nosotros nos parece más un engaño descarado. â¿Si a las personas comunes les quitamos esta esperanza que les queda?â? Este es el argumento de los sofistas. La respuesta es: ellos alcanzarán la verdad y la Biblia dice que la verdad nos hará libres. Así que mientras los ojos de hombres y mujeres se dirigen al cielo, serán incapaces de contemplar los problemas reales que les atormentan y a sus verdaderos enemigos.

El amor a la vida es el auténtico sello del materialismo filosófico y debe suponer un deseo apasionado por cambiar el mundo en el que vivimos y mejorar la vida de nuestros conciudadanos. Donde la religión enseña a elevar la vista al cielo, el marxismo dice que luchemos por una vida mejor sobre la tierra. Los marxistas creen que hombres y mujeres deben luchar para transformar su vida y crear una sociedad genuinamente humana que permita a la raza humana elevarse hasta alcanzar su verdadera naturaleza. Creemos que los hombres y las mujeres sólo tienen una vida y deben dedicarse a hacer esta vida maravillosa. Luchamos por un paraíso en esta vida porque sabemos que no hay otra. En la medida que vivimos y luchamos por un mundo mejor, también preparamos un futuro mejor para nuestros hijos y nietos. Y aunque cada individuo tiene una vida finita, la raza humana continua y nuestra contribución individual a la causa de la humanidad también puede perdurar después de que hayamos dejado de existir. Podemos alcanzar la inmortalidad, no negando las leyes de la naturaleza, sino perdurando en la memoria de futuras generaciones, la única inmortalidad a la que los mortales pueden aspirar.

Hay una profunda diferencia filosófica entre el marxismo y todas las formas de religión. ¿Eso significa que no podemos luchar y trabajar juntos por un mundo mejor? En absoluto. Todo el mundo tiene derecho a defender cualquier opinión. Pero esta diferencia de opiniones âimportante desde un punto de vista filosóficoâ, no nos debería impedir la unión en la lucha contra la injusticia y la opresión terrenales. Se trata sólo de llegar a un acuerdo en el programa básico para la transformación socialista de la sociedad y los medios para llevarlo a la práctica. ¡Ya tendremos tiempo suficiente para discutir las otras cuestiones!

El mundo de la religión es un mundo desconcertante, es una impresión distorsionada de la realidad. Pero como todas las ideas, éstas tienen su origen en el mundo real. Además, son una expresión de las contradicciones de la sociedad de clases. Este hecho es muy evidente en las religiones más antiguas.

El dios babilónico Marduk anunció su intención de crear al hombre para que prestara servicio a los dioses, âpara liberarlesâ? de las tareas más bajas relacionadas con el ritual del templo y proporcionar comida a los dioses. En este caso encontramos un reflejo en la religión de la realidad de la sociedad de clases, la humanidad estaba dividida en dos clases: arriba los dioses intocables (la clase dominante) y debajo los âcanteros y dibujantes de aguaâ? (las clases trabajadoras). Su objetivo es dar una justificación (religiosa) ideológica a la esclavización de la mayoría por parte de una minoría. Y este era un hecho muy real en la vida de todas las sociedades antiguas (y modernas): la casta sacerdotal estaba liberada del trabajo y disfrutaba de privilegios reales al erigirse como representantes físicos de dios sobre la tierra.

Al escribir sobre los mitos de la creación babilónicos (en los que se basó el primer libro del Génesis), S. H. Hooke hace la siguiente observación: âYa hemos visto que el mito de Lahar y Ashnan terminó en la creación del hombre para prestar su servicio a los dioses. Otro mito [...] describe como se creó el hombre. Aunque el mito sumerio difiere considerablemente de la épica de la creación babilónica, ambas versiones están de acuerdo en el objeto para el cual fue creado el hombre, es decir, prestar sus servicios a los dioses, cultivar la tierra y liberar a los dioses de tener que trabajar para vivirâ?. (S. H. Hooke. Middle Easter Mythology. p. 29. En la edición inglesa).

La religión (a diferencia de la magia, el toteismo y el animismo de las primeras sociedades sin clases) surge de la división de la sociedad en clases antagónicas, y es una expresión de las contradicciones insolubles que provocan esta división. En la Biblia encontramos el jardín del edén, que expresa el sentimiento y el anhelo de haber perdido un mundo lleno de felicidad. La religión busca superar esta contradicción, suavizar este aguijón, reconciliar a hombres y mujeres con la realidad de sufrimiento y explotación, y estas calamidades se presentan como la voluntad de Dios o el resultado de la desobediencia a Dios, o a ambos. ¡Sumisión! ¡Obediencia! ¡Sacrificio! Después todo irá bien. En realidad, la violenta separación de la humanidad de sí misma âesta alienación de la raza humana, sólo se podrá superar con la abolición de la sociedad clasista y el reestablecimiento de lazos verdaderamente humanos entre las personas.

Esta relación psicológica entre los seres humanos y las deidades que crean para sí mismos, nos dicen mucho sobre la verdadera situación de la raza humana. No es un secreto que las deidades de una sociedad determinada son un reflejo de esa sociedad, de su modo de producción, las relaciones sociales, la moralidad y los prejuicios. Como señalamos en Razón y Revolución: âNo fue dios quien creó al hombre a su propia imagen, sino, por el contrario, el hombre quien creó dioses a su propia imagen y semejanza. Ludwig Feuerbach dijo que si los pájaros tuvieran una religión, su dios tendría alas. âLa religión es un sueño en el que nuestras propias concepciones y emociones se nos presentan como existencias separadas, como seres al margen de nosotros mismos. La mente religiosa no distingue entre los subjetivo y lo objetivo âno tiene dudasâ; tiene la capacidad no de discernir cosas diferentes a ella misma, sino de ver sus propias concepciones fuera de sí misma como seres independientes. Esto era algo que hombres como Jenófanes de Colofón (565 a 470 a. C.) entendió cuando escribió: âHomero y Hesiodo han atribuido a los dioses cada acción vergonzosa y deshonesta entre los hombres: el robo, el adulterio, el engaño (...) Los etíopes hacen sus dioses negros y con nariz chata, y los tracios hacen los suyos con ojos grises y pelo rojo (...) Si los animales pudieran pintar y hacer cosas como los hombres, los caballos y los bueyes también harían dioses a su propia imagenââ?. (Alan Woods y Ted Grant. Razón y Revolución. Madrid. Fundación Federico Engels. 1995. p. 36).

Pero estos dioses no son simples copias en papel carbón de la realidad, es la realidad vista a través de los anteojos de la religión âun mundo alienado, místico, patas arriba donde todo está al revésâ. Ellos son todo lo que al hombre le gustaría ser pero que no puede ser. Poseen todos esos atributos que a los humanos les gustaría tener y que aspiran a tener pero no pueden. En ese sentido, la religión representa una añoranza inalcanzable. Pero este sentimiento religioso también contiene otro elemento: un profundo anhelo de un mundo mejor después de la vida. Cuando el campesino hambriento y oprimido grita a su dios, pidiendo a gritos justicia, grita contra la injusticia, la crueldad y falta de humanidad de este mundo.

La creencia en la igualdad y la comunión de los creyentes, se encuentra frecuentemente en el comunismo primitivo y también en los primeros cristianos. Los movimientos de masas que surgieron al calor de estas creencias durante el primer período tanto del Islam como de la cristiandad, sacudieron el mundo. Pero, debido al escaso desarrollo de los medios de producción, la humanidad tuvo que trabajar y sufrir otros dos mil años de sociedad esclavista. El sueño de la igualdad y hermandad se desvaneció. Detrás del señor ây más tarde del capitalistaâ estaba no sólo el monarca terrenal con sus soldados, el policía y el carcelero, también estaban los policías y carceleros espirituales. La resistencia al status quo era castigada no sólo con el fuego y la espada, también con la excomunión y el tormento eterno. La desesperación de no obtener justicia en el mundo real, obligaban al hombre a pensar que la justicia se podía encontrar más allá, al otro lado de la tumba.

Hablamos aquí de hombres, porque durante la mayor parte de la historia escrita, la sociedad ha estado dominada por hombres, las mujeres han sido relegadas al papel de esclavas del esclavo. Un hombre debe servir a su señor, a su rey y a su dios, pero una mujer debe servir a su marido, a su señor y a su maestro. Para muchas mujeres el consuelo de la religión fue la única manera de aliviar el intenso sufrimiento de su esclavitud. Esto explica por qué en muchas sociedades las mujeres están tan unidas a la religión. Sin ella, su vida sería insoportable. Es como una droga que nubla los sentidos y los hace insensibles al sufrimiento. Pero eso no elimina la causa del dolor ni mejora la suerte de las mujeres. Todo lo contrario. Aunque en sus orígenes la cristiandad ofreciera nuevas esperanzas para las mujeres y que fuera descrita, desdeñosamente, por los romanos como âuna religión de esclavos y mujeresâ?, en la práctica se caracterizaba por una intensa misoginia. El pecado original del hombre fue provocado por una mujer: Eva.

Se prohibieron las relaciones naturales entre los hombres y las mujeres y quedaron maldecidas como un pecado mortal. San Agustín describió el acto sexual como una âmisa de perdiciónâ?. El lugar de la mujer es sufrir en el servicio al hombre, una situación que se expresa gráficamente en la afligida virgen María. Sobre la tierra no se puede esperar la felicidad.

Generaciones de pensamiento religioso han puesto su sello en la infelicidad de muchas mujeres. Y lo que se aplica a la cristiandad también se puede aplicar a otras religiones. Hay una antigua oración judía que dice: âBendita vuestra destreza señor que no me ha hecho mujerâ?. En determinados países musulmanes la opresión de las mujeres ha alcanzado una forma extrema âcomo es el caso de Irán y aún peor en Afganistánâ. La tradición hindú india durante siglos ha condenado a las viudas a inmolarse en las piras funerarias de sus maridos. La emancipación de las mujeres de su esclavitud está en directa contradicción con la religión.

En la mayoría de las religiones, cristianismo, islam, budismo, sikhismo âal menos en sus orígenesâ existe un elemento de crítica al mundo y su funcionamiento, combinado con el sueño de un mundo mejor, en el que no habrá ricos ni pobres, opresores ni oprimidos, y todos los hombres y mujeres serán hermanos y hermanas. Tanto en las iglesias cristianas como en las mezquitas musulmanas, esta ilusión persiste en la âcomuniónâ? o hermandad de todos los creyentes, en la idea que todos son âiguales a los ojos de diosâ? y otras cosas por el estilo. Pero al día siguiente, el empresario rico cristiano o musulmán volverá a explotar, robar, insultar y estafar a sus trabajadores como lo hacía antes de la âcomuniónâ?. Cuando se menciona esta flagrante contradicción entre la teoría y la práctica de la religión, sacudirán tristemente la cabeza y entre dientes se culpará a la imperfección de los seres humanos en este mundo de pecado, y esto es muy poco consuelo para el trabajador.



Los orígenes de la cristiandad

El papel de la religión en la sociedad ha cambiado muchas veces a lo largo de los siglos. Es importante comprender el origen de la evolución histórica de las grandes religiones. Originalmente, la cristiandad y el islam eran movimientos revolucionarios de pobres y oprimidos. Tomemos el ejemplo de la cristiandad. Hace aproximadamente dos mil años los primeros cristianos organizaron un movimiento de masas formado por los sectores más pobres y oprimidos de la sociedad. Como escribía Engels. âLa historia de los primeros cristianos tiene notables puntos de semejanza con el movimiento de la clase obrera moderna... Ambos son perseguidos y hostigados, sus seguidores son despreciados y son objeto de leyes exclusivas, los primeros como enemigos de la raza humana y los últimos como enemigos del estado, de la religión, la familia y el orden social. Y a pesar de toda la persecución, de ser espoleados por ello, ambos salen hacia delante victoriososâ?. (Marx y Engels. On the religion. P. 281. En la edición inglesa).

Los primeros cristianos eran comunistas y esto se puede ver con claridad al leer los Hechos de los Apóstoles. El propio Jesucristo andaba entre los pobres y desposeídos y con frecuencia atacaba a los ricos. No es casualidad que su primer acto al entrar en Jerusalén fuera atacar a los cambistas del templo. También dijo que sería más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja a que un rico entrara en el reino de dios. (Lucas, 18-24). Los primeros cristianos tomaron partido por los pobres contra los ricos y poderosos.

En la epístola de Santiago podemos leer: âAhora les toca a los ricos: lloren y laméntense porque les han venido encima desgracias. Los gusanos se han metido en sus reservas y la polilla se come sus vestidos; su oro y su plata se han oxidado. El óxido se levanta como acusador contra ustedes y como un fuego les devora las carnes. ¿Cómo han atesorado, si ya eran los últimos tiempos?

El salario de los trabajadores que cosecharon sus campos se ha puesto a gritar, pues ustedes no les pagaron; las quejas de los segadores ya habían llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Han conocido sólo lujo y placeres en este mundo, y lo pasaron muy bien, mientras otros eran asesinados. Condenaron y mataron al inocente, pues ¿cómo podía defenderse?â? (Santiago, 5-1). Esta es la voz de la lucha de clases, sin âsisâ? y sin âperosâ?. La Biblia está llena de estas expresiones.

El comunismo de los primeros cristianos también era palpable en sus comunidades donde toda la riqueza era un bien común. Aquel que deseara unirse a una comunidad cristina primero debía dar todas sus pertenencias mundanas. En los Hechos de los Apóstoles podemos leer: âAcudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia [koinonia, es similar a comunismo], a la fracción del pan y a las oraciones... Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada unoâ?. (Hechos de los Apóstoles, 2-42).

Y de nuevo: âLa multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como propios sus bienes, sino que todo lo tenían en común... Entre ellos ninguno sufría necesidad, pues los que poseían campos o casas los vendían, traían el dinero y lo depositaban a los pies de los apóstoles, que lo repartían según las necesidades de cada unoâ?. (Hechos de los Apóstoles, 4-32).

Evidentemente este comunismo tenía un carácter ingenuo y primitivo. Es un reflejo de los hombres y mujeres de su tiempo, que eran personas con gran coraje que no temieron sacrificar su vida en la lucha contra el monstruoso estado esclavista romano. Pero este comunismo de los primeros cristianos estaba aún en un nivel muy primitivo, comunal (reparto de la comida, ropa, etc.,) y no un comunismo real basado en la propiedad colectiva de los medios de producción. Al carecer de una comprensión científica del desarrollo de la sociedad, los primeros cristianos, a pesar de su tremendo espíritu revolucionario y heroísmo, eran incapaces de materializar sus ideales. Su comunismo tenía un carácter utópico y estaba condenado al fracaso.



La cristiandad y el comunismo

En los primeros años de la iglesia sus representantes continuaron haciéndose eco de las ideas originales del movimiento âcomunistasâ. San Clemente escribió: âEl uso de todas las cosas que se encuentran en este mundo deberían ser comunes para todos los hombres. Sólo la iniquidad más manifiesta nos hace decir al otro, âEsto me pertenece, tanto como a tiâ. De aquí el origen de la discusión entre los hombresâ?

Esta observación es correcta y demuestra claramente que el origen de la lucha de clases (âla discusión entre los hombresâ?) se encuentra en la existencia de la propiedad privada. La eliminación de la discusión entre los hombres presupone la abolición de la propiedad privada. San Basilio el Grande planteó una idea similar: â¿Qué es eso que llamas âtuyoâ? ¿Por qué es tuyo? ¿De quién lo has recibido? Hablas y actúas como aquel que en una ocasión fue temprano al teatro y tomó posesión de los asientos destinados al público restante, creía que por llegar antes podía prohibir a las otras personas que se sentasen, pretendía arrogarse para él el uso exclusivo de una propiedad destinada al uso común. Y esta es precisamente la forma de actuar del ricoâ?.

Lo mismo dice San Gregorio: âPor lo tanto, si alguien desea convertirse en el amo de toda la riqueza, poseerla y excluir a sus hermanos, incluso a la tercera o cuarta generación, tal desgraciado no es un hermano sino un tirano bárbaro y cruel, una bestia feroz cuya boca siempre está abierta dispuesta a devorar para su uso personal la comida de los otros compañerosâ?.

Y según San Ambrosio: âLa naturaleza suministra su riqueza a todos los hombres en común. Dios ha creado todas las cosas para que todos los seres vivientes las gocen en común, y para que la tierra se convierta en una posesión común a todos. La propia naturaleza es la que ha creado el derecho de la comunidad, y es la usurpación injusta la que ha creado el derecho a la propiedad privadaâ?.

San Gregorio el grande continúa: âLa tierra en la que han nacido es común a todos, y por lo tanto el fruto de la tierra pertenece a todos sin distinciónâ?. Y San Crisóstomo añade: âEl rico es un ladrónâ?.

Estas líneas bastan para ilustrar las raíces revolucionarias de la cristiandad en su primera época. Los primeros cristianos estaban dispuestos a resistir las torturas más horribles para defender su fe, desafiar al estado, a la clase dominante y morir en la arena. La causa de tan feroz persecución era que este movimiento de los pobres y desposeídos representaba una seria amenaza para el orden existente. Pero ninguno de estos métodos represivos consiguió aplastar al movimiento que resurgía con nuevas fuerzas de la sangre de sus mártires.

No obstante, la ausencia de bases materiales que permitieran la introducción de una sociedad sin clases cambió poco a poco todo en su contrario. En esas condiciones la dirección de la iglesia, empezando por los obispos âlos tesorerosâ, presionados por la clase dominante y el estado poco a poco fueron apartándose de las creencias comunistas originales del movimiento. Ante la imposibilidad de derrotar a los cristianos con represión, la clase dominante cambió de táctica. Cómo el emperador Constantino consiguió corromper a las capas superiores de la iglesia se puede ver en el siguiente pasaje sobre la historia de la primera iglesia. Eusebio describe el concilio de Nicea celebrado en el año 325 d. C y que estuvo presidido por el propio emperador âcomo mensajero de Diosâ?, en estos términos:

âLas circunstancias del banquete fueron tan espléndidas que son indescriptibles. Los destacamentos de guardias y otras tropas rodearon la entrada del palacio con sus espadas y entre éstos, los hombres de Dios entraron sin temor hasta los aposentos imperiales más íntimos. Algunos fueron los propios compañeros de mesa del emperador, otros se reclinaron en los sofás que estaban colocados a cada lado. Se podría llegar a pensar que esta era una imagen del reino de Cristo, que era un sueño y no una realidadâ?. (T. Ware. Whe Orthodox Church. P. 27. En la edición inglesa).

Estos métodos les son muy familiares a los dirigentes socialdemócratas y sindicalistas de hoy en día. Son precisamente los mismos métodos utilizados por el sistema para atraer a los líderes reformistas del movimiento obrero a las ideas burguesas, de esta forma los corrompen y el sistema los absorbe. Las cabezas del movimiento son invitados a cenas y fiestas ostentosas donde se codean con los ricos y los famosos. Desde el concilio de Nicea la iglesia ha sido la más firme colaboradora de la riqueza, el privilegio y la opresión.

Los primeros cristianos se negaban a reconocer el estado o servir en el ejército. Después de este concilio todo cambió. La iglesia se convertiría en uno de los principales pilares del estado y perseguiría ferozmente a todos los que cuestionaban sus nuevas doctrinas. Cuando Ario de Alejandría rechazó el credo niceno sus seguidores (los arianos) fueron pasados por la espada. Más de 3.000 cristianos fueron asesinados por sus colegas cristianos âmás muertos que en tres siglos de persecución romanaâ. Con estos medios la Iglesia de los pobres y los oprimidos se transformó en el vehículo principal de su esclavización.



Cómo olvidar los pecados... y hacer dinero

Durante este período la iglesia cristiana fue absorbida âa través de sus capas superioresâ por el estado. En toda su historia posterior la iglesia se aprovechó de la debilidad humana y el temor a la muerte para esclavizar la mente de los hombres y, en este proceso, conseguir enorme poder y riquezas, algo que contrastaba absolutamente con las enseñanzas del pobre rebelde Galileo en cuyo nombre pretendían hablar. De ser un movimiento revolucionario de pobres y oprimidos, se convirtió en un baluarte de la reacción y el portavoz de los ricos y poderosos âuna situación que ha durado hasta la actualidadâ.

La historia de la iglesia es la completa y absoluta negación de sus primeras ideas, creencias y tradiciones. Sobre la historia del papado de la Edad Media y el Renacimiento âuna crónica sin paralelo de infamia y crimenâ se han escrito numerosos volúmenes. Aquí nos limitaremos a un solo ejemplo que resume la verdadera situación y demuestra cuál es el abismo que separa la verdadera situación con los mitos hipócritas. En el año 1517 el Papa León X publicó la Taxa Camarae destinada a vender indulgencias y salvar almas a cambio de una modesta suma de dinero. No existía ningún crimen por vil que este fuese que no pudiera ser absuelto. Entre sus 35 artículos podemos leer.



â1. El eclesiástico que incurriere en pecado carnal, ya sea con monjas, ya con primas, sobrinas o ahijadas suyas, ya, en fin, con otra mujer cualquiera, será absuelto, mediante el pago de 67 libras, 12 sueldos.

2. Si el eclesiástico, además del pecado de fornicación, pidiese ser absuelto del pecado contra natura o de bestialidad, debe pagar 219 libras, 15 sueldos. Mas si sólo hubiese cometido pecado contra natura con niños o con bestias y no con mujer, solamente pagará 131 libras, 15 sueldos.

3. El sacerdote que desflorase a una virgen, pagará 2 libras, 8 sueldos.

4. La religiosa que quisiera alcanzar la dignidad de abadesa después de haberse entregado a uno o más hombres simultánea o sucesivamente, ya dentro, ya fuera de su convento, pagará 131 libras, 15 sueldos.

5. Los sacerdotes que quisieran vivir en concubinato con sus parientes, pagarán 76 libras, 1 sueldo.

6. Para todo pecado de lujuria cometido por un laico, la absolución costará 27 libras, 1 sueldo; para los incestos se añadirán en conciencia 4 libras.

7. La mujer adúltera que pida absolución para estar libre de todo proceso y tener amplias dispensas para proseguir sus relaciones ilícitas, pagará al Papa 87 libras, 3 sueldos. En caso igual, el marido pagará igual suma; si hubiesen cometido incestos con sus hijos añadirán en conciencia 6 libras.

8. La absolución y la seguridad de no ser perseguidos por los crímenes de rapiña, robo o incendio, costará a los culpables 131 libras, 7 sueldos.

9. La absolución del simple asesinato cometido en la persona de un laico se fija en 15 libras, 4 sueldos, 3 dineros.

10. Si el asesino hubiese dado muerte a dos o más hombres en un mismo día, pagará como si hubiese asesinado a uno solo.

11. El marido que diese malos tratos a su mujer, pagará en las cajas de la cancillería 3 libras, 4 sueldos; si la matase, pagará 17 libras, 15 sueldos, y si la hubiese muerto para casarse con otra, pagará, además, 32 libras, 9 sueldos. Los que hubieren auxiliado al marido a cometer el crimen serán absueltos mediante el pago de 2 libras por cabeza.

12. El que ahogase a un hijo suyo, pagará 17 libras, 15 sueldos (o sea 2 libras más que por matar a un desconocido), y si lo mataren el padre y la madre con mutuo consentimiento, pagarán 27 libras, 1 sueldo por la absolución.

13. La mujer que destruyese a su propio hijo llevándole en sus entrañas y el padre que hubiese contribuido a la perpetración del crimen, pagarán 17 libras, 15 sueldos cada uno. El que facilitare el aborto de una criatura que no fuere su hijo, pagará 1 libra menos.

14. El asesinato de un hermano, una hermana, una madre o un padre, se pagarán 17 libras, 5 sueldos.

15.El que matase a un obispo o prelado de jerarquía superior, pagará 131 libras, 14 sueldos, 6 dineros.

16.Si el matador hubiese dado muerte a muchos sacerdotes en varias ocasiones, pagará 137 libras, 6 sueldos, por el primer asesinato, y la mitad por los siguientesâ?.



Pero más serios que el asesinato, la violación o el infanticidio era el atroz crimen de la herejía, es decir, mantener ideas diferentes a las de la iglesia oficial. Incluso si un hereje se convertía, él o ella debía todavía pagar la suma de 269 libras, mientras que el âel hijo de un hereje que hubiera sido quemado, ahorcado u otra forma de ejecución, no podía ser rehabilitado excepto si pagaba 218 libras, 16 chelines y 9 peniquesâ?. (19).

La lista continua con fraude, contrabando, impago de las deudas, comer carne en días sagrados, hijos bastardos de sacerdotes que deseen tomar los hábitos sagrados, e incluso eunucos que deseen convertirse en sacerdotes (en el punto 33 se recoge que estos tenían que pagar 310 libras y 16 chelines).

A pesar de esta lista cínica de infamias, los historiadores católicos describen al Papa León X como el protagonista del âmás brillante y quizá el período más peligroso del pontificado en la historia de la iglesiaâ?. (Pepe Rodríguez. Mentiras fundamentales de la iglesia católica. Barcelona. Ediciones B. Anexo. pp.397-400).



La religión y la revolución

En todos los países a través de los siglos la iglesia se ha puesto al lado de los opresores frente a los oprimidos. Los terratenientes ingleses trabajaban en estrecha colaboración con los predicadores protestantes. En Francia, España e Italia, los sacerdotes eran los servidores abyectos de los terratenientes y después de los capitalistas. Sin embargo, frecuentemente las contradicciones de clase de la sociedad se han expresado con el disfraz religioso, y esto no debe sorprender a quien esté familiarizado con el materialismo histórico.

Con relación a este tema Trotsky escribía lo siguiente: âLas ideas religiosas, como las demás, nacen en el terreno de las condiciones materiales de la vida, es decir, ante todo en el de los antagonismos de las clases, sólo poco a poco se abren un camino, sobreviven, por razón del conservadurismo, a las necesidades que las han engendrado y no desaparecen sino a consecuencia de choques y trastornos seriosâ?. (Trotsky. ¿Adonde va Inglaterra?. Argentina. El Yunque editora. 1974. p. 192).

En diferentes períodos, diferentes religiones, iglesias y sectas han jugado papeles diferentes, que, en última instancia, reflejaban intereses de clase diferentes y antagónicos. Los primeros movimientos de la gran rebelión contra el feudalismo fueron desafíos al poder y la autoridad de la iglesia católica romana, y encontraron eco entre las masas. Un historiador católico dice que âel espíritu revolucionario de odio hacia la Iglesia y el clero se apoderó de las masas en varias zonas de Alemania... El grito â¡muerte a los curas!â que antes se murmuraba en secreto ahora era una consigna habitualâ?. (Citado por W. Manchester. A world Lit only by Flame. P. 161. En la edición inglesa).

Las primeras explosiones sociales como la protagonizada por los lolardos en Inglaterra y las husitas en Alemania prepararon el camino para la reforma de Lutero. En todos estos movimientos existió una tendencia comunista que recordaba las primeras tradiciones de la iglesia y en todos los casos esta tendencia fue reprimida brutalmente. Durante las rebelión campesina de Inglaterra en 1381, el cronista Froissart narra las actividades de un movimiento de disidentes encabezado por John Ball, precursor de ideas comunistas con un disfraz bíblico como se puede ver en sus famosas palabras:

âCuando Adán labraba y Eva hilaba
¿Quién era entonces el patrón?â?

En el período de ascenso de la burguesía la religión protestante reflejaba la rebelión de la naciente burguesía contra el decadente feudalismo. Sin duda aquí jugó un papel progresista. El protestantismo nació dividido en el siglo XVI. En la agitación de estos tiempos turbulentos, surgieron nuevas sectas que representaban las ideas y aspiraciones de diferentes clases y subclases. Anabaptistas, menonitas, bohemios, congregacionalistas, presbiterianos, unitarios... El sector de izquierdas representaba una tendencia claramente comunista, como era el caso de Thomas Müntzer y los anabaptistas en Alemania. Müntzer, un antiguo luterano, rompió con Lutero y animó a los campesinos a levantarse contra el orden existente. A pesar de sus actividades revolucionarias Lutero era hostil al movimiento revolucionario de los campesinos alemanes, aunque sus enseñanzas les habían inspirado para entrar en acción. Lutero animó a la aristocracia a aplastar violentamente el movimiento y se hizo. Los príncipes âcristianosâ asesinaron a casi 100.000 campesinos. Sólo en Sajonia asesinaron a cinco mil hombres. Liberaron aproximadamente a trescientos sólo después de que sus mujeres aceptaran dar una paliza a dos sacerdotes acusados de fomentar la rebelión. El propio Müntzer fue torturado y degollado.

Las actividades de la sagrada Inquisición âla gestapo de la contrarreformaâ es bien conocida y no merece más comentarios. En los Países Bajos ocupados por los españoles era un crimen capital tener la Biblia en casa. Los acusados de herejías eran quemados vivos, aunque si confesaban y se arrepentían, la Inquisición mostraba misericordia: los decapitaba y a las mujeres se las quemaba vivas. Menos conocidas son las actividades de los protestantes para sofocar la disidencia, Calvino âque creó una dictadura teocrática en Génovaâ, quemó vivo a Miguel Servet cuando estaba a punto de descubrir la circulación sanguínea. Servet pidió misericordia âno por su vidaâ sino porque quería ser decapitado. La petición fue denegada y estuvo en la hoguera durante hora y media.



Las revoluciones francesa e inglesa

En la Revolución Inglesa del siglo XVII, el ala más revolucionaria reflejaba las aspiraciones de las capas más bajas de la sociedad, los artesanos y los trabajadores âel naciente proletariadoâ, y esto encontró su expresión en una forma religiosa. El ala izquierda del movimiento se organizó en toda una serie de sectas protestantes radicales y democráticas como la Quinta Monarquía, los ranters y los anabaptistas, los niveladores y los cavadores.

En este contexto histórico estos movimientos tenían un carácter progresista y revolucionario. Reflejaban los primeros avances confusos de la conciencia de una clase que todavía no se había formado del todo. Después de la restauración, estas tendencias radicales plebeyas reaparecieron como disidencias religiosas. Perseguidos por la monarquía con el apoyo de la iglesia anglicana, muchos de ellos emigraron a América, y allí sus energías revolucionarias quedaron en un segundo lugar ante la tarea de descubrir y colonizar un nuevo continente. Con los años sus orígenes revolucionarios y radicales se perdieron. Algunos de ellos, como los cuáqueros, todavía mantienen algunos elementos de sus viejas ideas, aunque de una forma muy diluida y que no interfieren con sus exitosos intereses empresariales. La mayoría se han convertido en un baluarte de la reacción. En América Latina por algún extraño capricho del destino, las sectas evangelistas se han convertido en las tropas de choque de la reacción y los defensores de las dictaduras militares, mientras que hasta cierto punto, al menos la base de la iglesia Católica Romana, se ha inclinado hacia la causa de los pobres y los oprimidos.

Durante la revolución francesa âmás de un siglo despuésâ, la conciencia de las masas había avanzado a tal punto que la religión ya no jugaba ningún papel en su pensamiento. La estrecha relación entre la iglesia y el estado absolutista era obvia para todos. En el tormentoso período que llevó a la toma de la Bastilla, los filósofos materialistas como Diderot y Holbach realizaron un riguroso trabajo para demoler la Bastilla espiritual de la religión. La revolución francesa erradicó la raíz eclesiástica. El estado jacobino oficialmente era ateo, aunque Robespierre intentó encubrirlo con la hoja de parra del âser supremoâ?, que no convencía a nadie excepto al propio Robespierre. Aunque el pueblo de Francia se suponía era fervientemente católico, la religión prácticamente desapareció en Francia después de la revolución (excepto en los distritos más atrasados y reaccionarios como la Vendée). En realidad, la mayoría de la población odiaba a los curas a quienes consideraban, correctamente, agentes de la clase dominante. Sólo a finales del siglo XIX, especialmente después de la Comuna de París que dejó conmocionada a la burguesía francesa ésta dio los pasos necesarios para recuperar el método reaccionario de la religión, utilizando para este propósito trucos como los âmilagrosâ? manufacturados de Lourdes.

En la revolución rusa las cosas aún estaban más claras. Aunque la clase obrera rusa entró en la escena de la historia en enero de 1905 con un cura a la cabeza y portando iconos religiosos, todo esto desapareció rápidamente después de la masacre del 9 de enero, cuando el zar cristiano ordenó a sus cosacos abrir fuego contra el pueblo desarmado que había ido a presentar una petición. A partir de este momento la religión no jugó ningún papel en el movimiento, que estuvo organizado y dirigido por los marxistas. Después de la victoria de la revolución de octubre el colapso de la influencia eclesiástica fue incluso más rápido y más completo que lo fue en Francia.

âLa Iglesia ortodoxa rusa se convertía otra vez más, sin llegar a sobreponerse a la mitología del cristianismo primitivo, en un aparato burocrático paralelo al del zarismo. El pope marchaba de la mano con el terrateniente y respondía con medidas de represión a cualquier movimiento cismático. Por tal razón se revelaron tan endebles, sobre todo en los centros industriales, la raíces de la Iglesia ortodoxa rusa. Separado del aparato burocrático de la Iglesia, los obreros rusos, en su gran mayoría, como así mismo la joven generación campesina, han apartado del mismo golpe la religiónâ?. (Trotsky. Ibíd. pp. 190-191).

Este es un comentario devastador contra la forma en que el estalinismo ha retrasado la conciencia de la sociedad, cuando inmediatamente después del colapso de la URSS recuperó toda la antigua basura: nacionalismo, antisemitismo, fascismo, monarquismo ây junto con todas estas glorias del zarismoâ la religión y la superstición. Estos remanentes del barbarismo medieval se han extendido como una plaga en el débil y destrozado cuerpo de Rusia, mostrando a todo el mundo la verdadera naturaleza del âmercadoâ? y el hecho de que la burguesía en Rusia no ofrece nada excepto la perspectiva de un declive económico, social y cultural.



La Iglesia y el socialismo

El surgimiento del movimiento obrero moderno en la última década del siglo XIX y el período previo a la Primera Guerra Mundial fueron para el establishment religioso todo un desafío. Sin excepción, la iglesia se situó de parte de los explotadores frente al socialismo y al movimiento obrero. Para evitar la extensión de las ideas socialistas entre la clase obrera, la Iglesia católica se dispuso a dividir el movimiento obrero con la creación de sindicatos católicos separados, y organizaciones de jóvenes y mujeres para competir directamente con la socialdemocracia. La realidad es que la Iglesia copió los métodos organizativos de la socialdemocracia.

La jerarquía eclesiástica âsiempre tan atenta con los ricos y los poderososâ miraban al socialismo y al movimiento obrero con sospecha y hostilidad. El Papa León XIII en su Encíclica Rerum novarum (sobre la âcondiciónâ? de los obreros) subrayaba la hostilidad del Vaticano hacia el socialismo.

âLos socialistas después de excitar en los pobres el odio a los ricos, pretenden que es preciso acabar con la propiedad privada y sustituirla por la colectiva, en la que los bienes de cada uno sean comunes a todos, atendiendo a su conservación y distribución los que rigen el municipio o tienen el gobierno general del Estado. Pasados así los bienes de manos de los particulares a las de la comunidad y repartidos, por igual, los bienes y sus productos, entre todos los ciudadanos, creen ellos que pueden curar radicalmente el mal hoy día existente... Si un hombre alquila a otro, su fuerza o su industria, él lo hace para recibir a cambio los medios de subsistencia, con la intención de adquirir un derecho real, no simplemente su salario, pero también para liberarse de él. Invertiría este salario en tierra y eso es sólo su salario de otra forma...

Precisamente en esto consiste, como fácilmente entienden todos, el dominio de los bienes, muebles o inmuebles. Por lo tanto, al hacer común toda propiedad particular, los socialistas empeoran la condición de los obreros porque, al quitarles la libertad de emplear sus salarios como quisiera, por ello mismo les quitan el derecho y hasta la esperanza de aumentar el patrimonio doméstico y de mejorar con sus utilidades su propio estado. Los socialistas... atacan la libertad de cada asalariado, para privarles de la libertad de disponer de sus salarios. Cada hombre tiene, por la ley de la naturaleza, el derecho a poseer propiedad para sí mismo...

Debe ser dentro de este derecho de sus propias cosas, no simplemente para el uso del momento, no simplemente las cosas que perecen con su uso, sino tales cosas cuya utilidad es permanente y estable.

... Siendo el hombre anterior al estado, recibió aquél de la naturaleza el derecho de proveer a sí mismo, aun antes de que se constituyese la sociedad... Cuando en preparar estos bienes materiales emplea el hombre la actividad de su inteligencia y las fuerzas de su cuerpo, por ello mismo se aplica a sí mismo aquella parte de la naturaleza material que cultivó y en la que dejó impresa como una figura de su propia persona: y así justamente el hombre puede reclamarla como suya, sin que en modo alguno pueda nadie violentar su derecho...â?

El papa León XIII también escribía: âLa democracia cristiana, por el mismo hecho de ser cristiana, se debe basar en los principios de la fe divina(..) Por eso la justicia de la democracia cristiana es sagrada. El derecho de adquirir y poseer propiedades no se pude contradecir y se deben salvaguardar las distintas distinciones y grados que son indispensables en cada mancomunidad bien ordenada. Es evidente, por lo tanto, que no hay nada en común entre la socialdemocracia y la democracia cristiana. Ambas difieren entre sí como la secta del socialismo difiere de la Iglesia de Cristoâ?.

James Connolly, ese gran marxista irlandés y mártir revolucionario, cuyas polémicas con la Iglesia católica son declaraciones clásicas de socialismo, comentaba lo siguiente: âSi uno de los chicos de las escuelas públicas no entrara en razón lo más lógico es que permaneciera en el asiento del zopenco hasta que terminara sus días de escuela. Imaginad a un sacerdote que defiende el sistema de arrendamiento de tierras como el padre Kane y el papa diciendo: âEl hombre que ha cultivado la tierra durante el invierno y la primavera tiene el derecho a quedarse con lo que ha ganado de su propia cosechaâ, e imagina que está presentando un argumento contra el socialismo. Los socialistas no defienden la interferencia en el derecho de un hombre a âquedarse lo que ha ganadoâ; además insisten enfáticamente en que a ese hombre, campesino o trabajador, no se le debería obligar a entregar ninguna parte de lo âque ha ganadoâ a una clase ociosa cuyos miembros âno hacen ningún esfuerzoâ, y que han conseguido adueñarse de la propiedad de la nación a través de la fuerza despiadada, el expolio y el fraude.â? (J. Connolly. Selected Writtings. pp. 78-9).

El 21 de septiembre de 1958 el papa Pío XII escribía: âLa multiplicidad de clases sociales se corresponde plenamente con los designios del creadorâ?. Esto es como decir que la Iglesia considera la sociedad de clases fija, eterna y de origen divino. Sólo hay que compararla con las palabras de San Clemente (citada anteriormente) cuando escribía: âEl uso de todas las cosas que se encuentran en este mundo debería ser común para todos los hombres. Sólo la injusticia [iniquidad] manifiesta hace que uno diga al otro, âesto me pertenece más que a tiâ. De aquí el origen de la discusión entre los hombresâ?.

La postura de Pío XII es la misma que el antiguo himno anglicano Todas las cosas brillantes y maravillosas, que contiene las líneas bien conocidas:

âEl rico en su castillo, el pobre en su barrera:
Ãl [Dios] hizo lo superior y lo humilde y ordenó su Estadoâ?.

Esto es absolutamente típico de la actitud de la iglesia durante siglos: una defensa abierta del status quo y de la división de la sociedad en clases.

Posteriormente, como resultado del crecimiento del movimiento obrero y el irresistible movimiento en dirección al socialismo, la Iglesia católica se ha visto obligada a modificar su postura. El papa Juan XXIII âel más inteligente de los papas del siglo XXâ asumió una postura más progresista. Pero bajo el pontificado actual todo esto se ha convertido en su contrario.



La Iglesia hoy

â¿No se considera correcto apelar a los juzgados cuando alguien te ha estafado? Pero el apóstol considera que es un error. ¿Ofreces tu mejilla derecha cuando te golpean la izquierda o respondes al ataque? El Evangelio lo prohíbe [...] ¿Acaso la mayoría de los procedimientos judiciales y la ley no están relacionados con la propiedad? Pero decís que vuestro tesoro no es de este mundoâ?. (Marx y Engels. On religion. p. 35).

Las actividades de la Iglesia en la sociedad moderna se basan en contradicciones manifiestas y en la hipocresía. Las tradiciones revolucionarias de los primeros cristianos no guardan absolutamente ninguna relación con la situación actual. Desde el siglo IV a. C, cuando el movimiento cristiano fue secuestrado por el estado y se convirtió en un instrumento de los opresores, la Iglesia cristiana ha estado de parte de los ricos y poderosos contra los pobres. Hoy las principales iglesias son instituciones muy ricas, tanto en los países musulmanes como en los cristianos.

En España la Iglesia católica, además de su enorme riqueza en tierras, edificios y cuentas bancarias, recibe regularmente subvenciones del estado con los impuestos pagados por todos los ciudadanos, independientemente de si son religiosos o no, aunque al pueblo español nunca se le haya consultado sobre esta medida. Los mismo ocurre en otros países donde la Iglesia ha alcanzado un acuerdo con el estado. La religión es una violación intolerable de la democracia. Y aunque ahora los contribuyentes españoles puede elegir si donan su dinero a la iglesia o no, el hecho es que todavía ésta mantiene una situación privilegiada a la hora de acceder a los fondos públicos.

En la Edad Media la Iglesia católica declaró la usura (el préstamo de dinero con interés) pecado mortal; ahora el Vaticano posee su propio banco y una enorme riqueza y poder. La iglesia en Inglaterra, aparte de numerosos intereses empresariales, es uno de las mayores terratenientes de Gran Bretaña. Sería fácil demostrar que ocurre lo mismo en todas partes. No es un fenómeno limitado a la religión cristiana. El Corán también prohibía la usura y en todos los llamados países islámicos se pueden ver grandes bancos que son propiedad de los musulmanes. Recurren a todo tipo de trucos para ocultar esto aunque el tipo de interés exprime a la población de la misma forma.

Políticamente las iglesias han respaldado sistemáticamente a la reacción. En los años treinta los obispos católicos bendecían al ejército de Franco en su campaña para aplastar a los trabajadores y campesinos españoles. La prensa fascista española publicaba frecuentemente fotos de prelados con el saludo fascista. El Papa Pío XIII apoyó a Hitler y Mussolini. El papa guardó silencio sobre los millones que fueron exterminados en los campos nazis, y aunque oficialmente el Vaticano se mantuvo neutral durante la Segunda Guerra Mundial, en realidad sus simpatías pro-nazis están bien documentadas por G. Lewy:

âDesde el principio hasta el final del gobierno de Hitler, los obispos no se cansaron nunca de aconsejar al fiel que aceptara su gobierno como la autoridad legítima a quién se debía rendir obediencia [...] Después del intento de asesinato fallido contra Hitler en Munich el 8 de noviembre de 1939, el cardenal Bertram, en nombre del episcopado alemán, y el cardenal Faulhaber de los obispos bávaros, enviaron telegramas de felicitación a Hitler. La prensa católica de toda Alemania, en respuesta a las instrucciones del Reichspresskammer, hablaba de la milagrosa providencia que había protegido al Führerâ?. (G. Lewy. The catholic Church and Nazi Germany, NY. 1965, p. 310-311).

âEn los dos puntos importantes los documentos alemanes muestran una similitud impresionante. Por un lado, la predilección que sentía el soberano pontificio por Alemania no parecía haber disminuido debido a la naturaleza del régimen nazi y éste no fue repudiado hasta 1944; por otro lado, Pío XII lo que más temía era la bolchevización de Europa y esperaba que si la Alemania de Hitler se reconciliaba con los aliados occidentales, entonces todos se convertirían en una muralla frente al avance de la Unión Soviética hacia occidenteâ?. (Saul Freidhandler. Pío XII y el Tercer Reich. La documentación. NY. 1958. p. 236. El subrayado es mío).

En la historia de las ideas la iglesia siempre ha jugado el papel más reaccionario. Galileo Galilei tuvo que retractarse de sus ideas ante las amenazas de la Santa Inquisición. Giordano Bruno fue quemado en la hoguera. Charles Darwin fue acosado sin piedad por el establishment religioso en Inglaterra al atreverse a desafiar la idea de que Dios creó el mundo en seis días.

En la actualidad la teoría de la evolución también recibe los ataques de la derecha religiosa de EEUU. La derecha religiosa en EEUU es un movimiento bien financiado que predica las causas reaccionarias. Hace unos años, Nelson Bunker Hunt, el magnate del petróleo de Texas, donó âmás de diez millones de dólares de los 1.000 millones conseguidos por el Crusade Campus for Christ. La Fundación Cristiana para la Libertad, un âlobby educativoâ creado por J. Howard Pew âfundador de Sun Oil Companyâ y otros empresarios que se adhieren al sistema de libre empresaâ?. Hay otros muchos ejemplos que demuestran la estrecha relación que existe entre la derecha religiosa y las grandes empresas. Estos ricos empresarios no invierten estas cantidades de dinero para nada. La religión es utilizada como un arma de la reacción.

En el movimiento creacionista en EEUU participan millones de personas y está âincreíblementeâ encabezado por científicos, entre ellos algunos genetistas. Esta es una expresión gráfica de las consecuencias intelectuales de la decadencia del capitalismo. Es un ejemplo contundente de la contradicción dialéctica del retraso de la conciencia humana. En el país tecnológicamente más avanzado del mundo, la mente de millones de hombres y mujeres está hundida en el barbarismo. Su nivel de conciencia no es mucho más elevado que el de los hombres que sacrificaban a los prisioneros de guerra a los dioses, que se postraban ante ídolos sepultados o quemaban brujas en la hoguera. Si este movimiento triunfara, como dijo hace poco un científico, volveríamos a la Edad Media.

En el terreno de la legislación social, y particularmente en los derechos de la mujer, la Iglesia católica romana siempre ha jugado un papel reaccionario. Todavía niega a la mujer el derecho a controlar su propio cuerpo, niega el derecho al divorcio, a la contracepción y el aborto. El papa Karol Wojtyla es su principal portavoz. La persistente oposición de la iglesia a los métodos anticonceptivos artificiales resulta sobre todo desastrosa en el SIDA. En 1999 una encuesta entre católicos estadounidenses demostraba que el 80 por ciento de los legos y el 50 por ciento de los sacerdotes estaban a favor de la contracepción, en otra encuesta de la universidad de Maryland dos tercios de los católicos reconocían que practicaban la objeción de conciencia con relación a las ideas del Papa y hacían lo que les dictaba su conciencia. Se podrían citar cifras similares en el resto de países desarrollados.

En el reino de la política el Papa es un portavoz reaccionario y un enemigo del marxismo y el socialismo, ayudado por el poder del Opus Dei âe

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