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Notícies :: corrupció i poder : guerra
Paz
05 feb 2004
Bush y Blair, nominados para el premio nobel de la paz... hay que joderse
Durante mucho tiempo tuve la peregrina idea de que la paz se hallaba relacionada con un estado de quietud y calma; probablemente me debí tomar excesivamente en serio la definición del diccionario, que asegura que la paz es âel sosiego y la buena correspondencia de unas personas con otras, (...) en contraposición a las disensiones, riñas y pleitosâ?. De algún modo sumamente ingenuo, y como soy aficionada a eso de la espiritualidad, pensé que debía estar íntimamente relacionado con hacer el bien al prójimo (en la medida en que no le jodes la vida), o, por lo menos, dejarle tranquilo con su vida. Y que se las apañe como guste.
Es evidente mi ignorancia, o quizá debí aprenderme otras acepciones de esta equívoca palabreja, pues hoy descubrí que dos de los terroristas más señeros de la Historia pueden llegar a ser galardonados con el Premio Nobel de la Paz.

Si Gandhi levantase la cabeza...

Ahora resulta que los que se han dedicado a esto de la guerra y el asesinato de masas lo hicieron en pro de la paz. Paz católica, supongo: la que está llena de culpa y pecado que únicamente se evade con la muerte.
Morir y salvarse; conseguir la bienaventuranza.
Qué diría Martin Luther King de sus esmeros para conseguir derechos sin violencia. Resulta que sólo era necesario alzarse en armas y masacrar al semejante. Llevarle al dichoso estado de la quietud eterna. La paz...

Supongo que Gandhi también se refería a eso cuando clamaba por el entendimiento. Y Shirin Ebadi y Aung San Suu Kyi y Rigoberta Menchú y Kofi Annan y Einstein y el Dalai Lama y todos esos ilusos que pretendían evitar injustas y absurdas muertes. En realidad lo que afirmaban es que debían someter a los pueblos al terror de la violencia. Pero no supimos entenderlos porque nos hallábamos ofuscados con esae discurso hippy que prometía felicidad y hermandad. Nosotros, pobres ignorantes, con ese absurdo pensamiento de que todos tienen derecho a la vida, nos manifestamos sin percatarnos de que les jaleábamos para continuar con su peculiar marcha de paz.

Ni siquiera el demonio de los cristianos se hubiera atrevido a ser tan cabrón como para desmoronar las ideas y los principios de la gente con semejante uso y abuso de un simple sustantivo. ¿Ahora con qué huevos te diriges a tu semejante para desearle la paz? ¿Acaso no le estarás condenando al infierno de los infieles? ¿Con qué valor ejerces la filosofía del amor al prójimo, si la única aforma de amar hoy conocida es oprimir y destrozar?
¿Tanto se ha pervertido el mundo que a los asesinos se los condecora por sus miserables hazañas?
Si es así, como me temo, no quedará lejos el día que galardonen a Sharon por su contribución a esa paz tan denostada, a Aznar por su humildad, al obispado de España por su comprensión y su pensamiento evolucionado... Y, ya que nos ponemos, a Hitler, a Moussolini, a Hirohito, a Milosevic y otros tantos semejantes por haber librado al planeta de la ominosa lacra de la superpoblación (o, al menos, por haberlo intentado por todos los medios).

Que no sea nada...

Comentaris

Re: Paz
05 feb 2004
ya lo recibio el genocida Kissinger,no se de que te extañas
Re: LA GUERRA NO ES SIMPLE
06 feb 2004
Entre el lavado cerebral y creerse el pueblo elegido



La guerra no es simple

La guerra no es simple. Tiene mucho tiempo de estudio, de cálculo; también una faz antropológica y otra científica. Tiene un discurso pacifista, una esmerada justificación moral, un agresivo rostro para postularse como la única verdad. Su lenguaje la encubre. Nunca dice "yo soy la guerra". Dice otras cosas: "vengo a dar democracia, vengo a salvar, a quitar tiranos, a civilizar, a defenderme". Inclusive asegura que actúa por voluntad de Dios.

La administración de George W. Bush en Estados Unidos, y la administración de Ariel Sharon en Israel actúan así, confundiendo gravemente su poderío militar con tener la razón. Esto es recurrente en los múltiples procesos de invasión y agresión territorial. Es el caso de Israel en la ocupación avasalladora de territorios palestinos y en ataques aéreos en Libia y Siria. Es el caso de Estados Unidos desde la destrucción de una vasta zona de la ciudad de Panamá por la captura del general Manuel Antonio Noriega, hasta las invasiones y ocupaciones recientes de Afganistán e Irak.

Los tiempos de la ocupación territorial deben extenderse durante años o décadas, y tal ocupación se convierte en una guerra civil constante, en una lucha de resistencia constante. Cierto, la guerra contra "el terrorismo" puede en algún momento, como teme Gore Vidal, levantar en armas a todo el mapa musulmán en contra de la expansión y ocupación agresiva estadunidense e israelí. Pero también provoca otra cosa. Después de la decisión que tomó el presidente Bush de invadir Irak por encima del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y dividiendo a la comunidad europea, todos los países con armas de destrucción masiva supieron que era el momento de incrementar sus arsenales, de intensificar investigaciones en armamento convencional y no convencional. Cuando se quejó el gobierno estadunidense de que Rusia estaba proporcionando armas de defensa y visores nocturnos a Irak, lo negaron los vendedores rusos afirmando que "si les hubiéramos vendido armas, ustedes no hubieran puesto un solo pie en territorio iraquí", respuesta nada pacifista, que no implicaba temor, sino desafío. Con la avanzada militar estadunidense e israelí, la carrera armamentista va en crecimiento en varias regiones del planeta.

A mediados de 2003 conocí otro mecanismo de la guerra y las negociaciones de paz. Durante mi estancia en Italia, visité la ciudad de Pisa para reunirme con algunos estudiantes de una licenciatura peculiar: Scienze per la pace (ciencia para la paz). Se trata de una licenciatura ofrecida por la Universidad de Pisa en años recientes, que busca imprimir en la formación de los estudiantes una marcada apertura internacional, una fuerte interdisciplinariedad y una específica interacción entre la cultura humanística y la cultura científica. Es decir, al estudio de las disciplinas jurídicas, económicas y sociales, se agregan elementos de matemáticas, informática, demografía, estadística social, biología humana, evolución biológica, antropología y etnodesarrollo, sicología, desarrollo sustentable e historia de la ciencia.

Esta carrera se propone formar cuadros profesionales útiles para la intermediación y conciliación de paz, para la cooperación internacional en organismos nacionales, internacionales y no gubernamentales, y también para la participación en soluciones pacíficas de conflictos armados y acciones en fases posteriores a tales conflictos como el monitoreo electoral, supervisión de derechos humanos y facilitación de procesos de democratización.

Me recibió en Pisa el profesor Rocco Altieri, autor de una interesante biografía intelectual de Aldo Capitini, un pacifista y visionario italiano nacido en 1899 que llevó a plenitud en su activismo político "el poder de la verdad" de Gandhi, el Satyagraha.

La reunión con los alumnos fue muy útil. Varios de ellos estaban realizando investigaciones sobre Chiapas y Guatemala y su interés y conocimiento eran evidentes. Pero aprendí algo más de otra alumna que se especializaba en el proceso de paz israelí y palestino. Estaba por viajar a Israel y estudiar un semestre en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Hablé con ella de algunos amigos que teníamos en común, todos ellos profesores de ciencias sociales en la Universidad Hebrea, aunque ella destacaba particularmente su afecto por Edy Kaufman y su esposa.

Al día siguiente Rocco Altieri invitó a esta estudiante a almorzar con nosotros. Mientras comíamos le pregunté si creía posible que con un gobierno como el de Ariel Sharón se podría encontrar un camino hacia la paz. Le desconcertó mi pregunta, quizás le desagradó, incluso. "Varios investigadores israelíes y no israelíes han documentado la tendencia agresiva de Sharon desde sus funciones en el ejército y el Ministerio de Agricultura", agregué. Ella me miró extrañada, queriendo no entender, pero sonriendo condescendiente. "Has leído a Michel Warschawski, ¿verdad?", insistí, pues se trata de uno de los más tenaces y conocidos luchadores por la paz, uno de los israelíes más críticos y lúcidos. "No lo conozco". "¿Y a Noam Chomsky, a él sí lo has leído?", pregunté. La reacción de ella fue inmediata. "No me gusta, me desagrada", respondió con un gesto despectivo. "Es desagradable". "¿Pero lo has leído?", volví a preguntar. "Es alguien que no me interesa. No me gusta" y movió la mano en el aire, como apartándolo. Intervino Rocco Altieri. "Chomsky vino aquí hace dos años. Fui a su conferencia. Hablaba en inglés y una intérprete lo traducía simultáneamente al italiano. Creo que tiene una voz desagradable". La estudiante sonrió, agradeciendo el singular y aparente apoyo del profesor Altieri. Se retiró de la mesa algunos minutos después.

Altieri me informó brevemente: "ella hace labor de cabildeo en Italia para que se apoye el ingreso de Israel en la Comunidad Europea". Esto me explicó en parte la actitud de la estudiante. Pero también me ilustró acerca de la nueva metodología para rebatir argumentos, investigaciones, datos de autores tan relevantes como Warschawski o Chomsky: basta con decir "no me agrada". Así se ahorran la fatiga de argumentar, pensar, negociar. Una nueva forma de repetir: "el que no está conmigo, está contra mí". Una nueva manera de negar la lucidez y el razonamiento de los demás. Un nuevo estilo de decir: "el que no está con mi guerra va contra Estados Unidos o es antisemita."

Recordé que a los intelectuales judíos que se atreven a criticar las medidas violentas e invasoras del gobierno israelí los llaman en Estados Unidos de una manera más agresiva que la mostrada por la estudiante en Italia. Los llaman self-haters, "los que se odian a sí mismos". Es decir, atribuyen al prójimo la pasión con que los otros en verdad lo miran.

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