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Notícies :: antifeixisme
El mito del franquismo y el esperpento antifranquista
04 gen 2004
La imagen pintoresca y risible que se ofrece del franquismo es un espejismo. Pero ese espejismo se mantiene gracias a la literatura, la pedantocracia universitaria y la propaganda de la izquierda y del progresismo
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La imagen pintoresca y risible que se ofrece del franquismo es un espejismo. Pero ese espejismo se mantiene gracias a la literatura, la pedantocracia universitaria y la propaganda de la izquierda y del progresismo: un conjunto de curas, falangistas, militares chusqueros y gente palurda. Esto no se sostiene. El proyecto estratégico del franquismo estaba muy bien pensado, lo cual lleva a pensar que había âfachas listosâ? en él. Por ejemplo, Juan Antonio Suanzes, ingeniero naval, fue consejero de Franco y mentor del INI, llegando a ministro de industria en dos ocasiones. Fue redactor de algunas leyes fundamentales del franquismo. Hubo muchos ingenieros y técnicos en el primer franquismo (del mismo modo que en el segundo franquismo los técnicos del Opus Dei coparon puestos de relevancia), hasta el punto de que puede hablarse del âingenierismo del régimenâ?, lo cual tuvo relevancia política y social sin duda, en el sentido que da J. Ellul en su obra âEl siglo XX y la técnicaâ?, como sometimiento de la totalidad de la existencia a las pautas ordenancistas y productivistas, mecánicas e inhumanas, inexorables y âracionalesâ? ,que rigen la actividad fabril moderna en la que impera la máquina.
Los cambios afectaron al mundo del trabajo. En la sociedad tradicional el trabajo es un medio y un deber al que se dedica el tiempo necesario para ganarse el pan: ni se idolatra ni se rechaza (está mal visto ser vago pero también ser una âhormigaâ?). Con el franquismo el trabajo se convierte en el único fin de la vida (según la ideología esclavista de la âvocaciónâ? venida del Norte de Europa y curiosamente protestante); y en aborrecible medio para lograr dinero con el que llevar una existencia puramente zoológica: llenar el estómago y demás placeres porcinos (en esto el franquismo llevó al mismo punto que el sovietismo y el capitalismo: ¿dónde está la famosa âreserva espiritualâ??)
Trabajar y ganar dinero, producir y consumir, se hizo el todo de la vida, sin que quedaran ganas ni tiempo de otra cosa. Se dejó de lado la preocupación por la familia, decayó el cariño por la prole, se llevó la noción de amistad a una crisis formidable (que ha llegado hasta la actualidad), se olvidaron los valores cívicos y las obligaciones del individuo para con la sociedad, decayó la moral (la de verdad, no la hipócrita convención de fachada) y se descuidó la preparación intelectual a partir de la experiencia.
De todo ello resultó un nivel pavoroso de embrutecimiento masivo y desustructuración individual, la persona sufrió una caída en vertical de su calidad media, hasta convertirse en pura nada, en una suma de ineptitudes, incapacidaes, impotencias y degradaciones, como vemos hoy.
El éxito total logrado por el franquismo en la generación nacida en la posguerra se prolongó en la âeducaciónâ? que dieron a sus hijos actualmente treintañeros, los cuales son (in)dignos sucesores de sus padres.
Este éxito fue total gracias al apoyo que en tal vil empresa recibió del antifranquismo izquierdista modernizante, industrialista y amoral, con la presencia estelar del feminismo, que al situar el ganar dinero y el trabajo asalariado como el no va más de la âemancipaciónâ? de las mujeres, resultó coincidir con el franquismo en el fondo socioeconómico.
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