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Notícies :: globalització neoliberal : criminalització i repressió : educació i societat : immigració
[EEUU] Represión en las cárceles un año después de #PrisonStrike
12 set 2017
Tras un año del comienzo de la huelga contra la esclavitud en las cárceles de Estados Unidos, la represión contra las personas presas continua.
(Extraído de A las barricadas)
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Tomado de Fight Toxic Prisons. Un año después de la huelga contra la esclavitud en las cárceles de Estados Unidos (http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/36858), sigue la represión contra quienes participaron en ella. Un ejemplo de ello es la situación del preso de Florida Julius Smith, actualmente en la penitenciaria de Hamilton. Su caso representa un ejemplo extremo —pero desafortunadamente habitual— del castigo contra un preso por una presunta agrupación delictiva a raíz de sus esfuerzos por comunicar al exterior las condiciones tras los muros.

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La denuncia de la situación de Julius es una oportunidad para recordar a los responsables de las cárceles que los horrores dentro de las prisiones en la zona afectada por el huracán Harvey son de dominio público. Ha de exigirse que los presos afectados en Florida por el huracán Harvey sean evacuados sin vacilación. Más de cien mil personas se encuentran atrapadas en las cárceles de Florida. Como dice la activista Cara Jennings, "si los responsables de las prisiones dicen estar alerta ante la tormenta, hemos de dejar clara nuestra alerta ante su inacción respecto a nuestras hermanas y hermanos".

Hace ya un año que los presos de la penitenciaria Holmes, en Florida, dieron la señal de salida para la mayor huelga de presos de la historia de Estados Unidos coordinada a nivel de todo el país. El 9 de septiembre eran al menos diez las cárceles de Florida, junto a docenas del resto de Estados Unidos, las que experimentaban un abanico de disturbios, desde incidentes menores a grandes alteraciones del ritmo carcelario cotidiano. Los informes personales de reclusos de todo el estado indicaban que lo que comenzó como sentadas y rechazos a colaborar se convirtió, debido a la actuación de los guardianes, en un motín a gran escala. Todo el país vivió momentos similares por el rechazo a participar en la propia esclavitud en talleres y comedores.

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Algunos de aquellos presos todavía se encuentran hoy bajo aislamiento y dispersión, despojados de sus pertenencias y amenazados con la perdida de beneficios por buena conducta que puede hacer más largas sus absurdas condenas.

Casi un año después se convocó a los presos y sus allegados a organizarse en torno a una manifestación en Washington por los derechos de las personas presas —y la abolición de la esclavitud legalizada por la Decimotercera Enmienda de la Constitución—; a raíz de esto, todo el sistema de prisiones del estado fue puesto en situación de bloqueo durante una semana —algo que puede ser visto como un castigo por los hechos de hace un año y como un intento de desalentar la participación en la convocatoria de agosto.

Los mensajes recientes desde detrás de los muros alertan de un plan para suspender las visitas a los presos durante el fin de semana del 9 de septiembre, y posiblemente de la implantación de nuevas jornadas de bloqueo para prevenir la organización y la acción contra el corrupto y brutal sistema carcelario de Florida.

Aunque esto sea frustrante a uno y otro lado de los muros, también indica claramente que nuestros esfuerzos tienen un impacto serio sobre el sistema. Esto es una estrategia. Los responsables de las cárceles se han encontrado con que tienen que pagar el precio de una reacción excesiva ante el coste que tendría una reacción reducida.

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Por tanto, las personas con conciencia a un lado y otro de los muros hemos de construir un movimiento de resistencia. No simplemente un movimiento de resistencia frente a Trump o frente al sistema penitenciario, sino un movimiento de resistencia en defensa de nuestro ineludible derecho a determinar nuestro destino. Libertad, justicia e igualdad no pueden ser simples consignas publicitarias de un imperio desmesurado. Son palabras que tienen que volver a significar algo. Si las cárceles son la antítesis de la libertad, la justicia y la igualdad, ¿cómo es que un país con el 5% de la población mundial alberga al 25% de los encarcelados del planeta?

Nunca más hemos de guardar silencio.

**

Este artículo ha sido distribuido por Incarcerated Workers Organizing Committee - IWOC, el Comité para la Organización de los Trabajadores Presos de Trabajadores Industriales del Mundo-IWW USA. Como puedes ver en el enlace, IWOC ha renovado y actualizado su página web, como parte de un esfuerzo más amplio para impulsar la lucha por los derechos de los presos y por el fin de un complejo industrial-penitenciario basado en la exclavitud o el trabajo arrancado a cambio de calderilla. www.alasbarricadas.org informará de los avances de IWOC y de la auto-organización de presas y presos en EEUU en próximas entregas.

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Prisionero de Pennsylvania combate prisiones tóxicas
13 set 2017
Este es el texto ligeramente editado de un discurso pronunciado para la Conferencia Nacional de Convergencia 2017 por la Lucha contra las Prisiones Tóxicas, celebrada el 3 de junio en Denton/Ft. Worth, Texas. Los comentarios de Arroyo fueron grabados para la ocasión por Prison Radio.

Hola ecologistas, bioneros, protectores de los bosques tropicales, opositores de OGM, innovadores de Green Tech, líderes indígenas y activistas de justicia social y ambiental reunidas/os hoy aquí. Quiero agradecerles su magnánima invitación a unirse a todos los “reguladores ambientales” en esta conferencia sin precedentes.

El medio ambiente incluye todo lo que rodea a un individuo: el aire que uno respira, el agua que bebemos y el lugar en el que vivimos. Como tal, el medio ambiente sirve como un factor de protección y promueve el bienestar general físico, mental y espiritual. …

Es por eso que estamos aquí para luchar deliberadamente contra prisiones tóxicas en apoyo de quienes están dentro de la Nación de Prisioneros. Creo que es importante que se oigan las voces de todas/os los que son directa o indirectamente afectados por la construcción de este proyecto masivo de $444 millones, el plan propuesto por la Oficina Federal de Prisiones (OFP) para construir su instalación sobre una mina de carbón tóxico en el condado de Letcher, Kentucky.

Me gustaría comenzar citando las palabras de Margaret Mead: “Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos reflexivos y comprometidos pueda cambiar el mundo. De hecho, es lo único que alguna vez lo ha hecho”.

Muchos estados ya han aprendido una lección dolorosa en su trato con proyectos como el propuesto por la OFP. Y esto se debe a que en cada uno de esos casos, las consecuencias trágicas de permitir que proyectos similares funcionaran en esas comunidades no se hubieran podido apreciar plenamente hasta que fue demasiado tarde para detener la devastación tanto a vidas humanas como al medio ambiente.

De hecho, con demasiada frecuencia, el problema es que las personas en esas comunidades no están conscientes de que las compañías tienen un conjunto específico de criterios para dirigirse a su próxima comunidad de víctimas, es decir, comunidades con altas tasas de desempleo donde la gente tiene problemas financieros. Y una vez que estos factores están en juego, obtuvieron lo que necesitaban para poner su pie en la puerta.

Lamentablemente, incluso cuando algunos puedan sentirse temerosos de las potenciales malas consecuencias de tener estos proyectos en sus comunidades, esas preocupaciones reales compiten con el temor de un futuro financiero incierto para ellas/os y sus familias. Es aquí cuando comienza la danza de seducción por parte de estas corporaciones gigantes y la OFP.

Primero, vienen a la comunidad a ofrecer un futuro brillante para aquellos que apoyan los planes de la OFP prometiendo trabajos bien pagados. Después, para acabar con las preocupaciones reales sobre la salud personal y el daño ambiental del sitio tóxico, traen a sus presuntos expertos en sus costosos trajes con un aire de respetabilidad, pretendiendo ser pilares de la sociedad, cuando no son más que entes contratados que entran en una comunidad confiada hablando la última jerga científica que suena impresionante. Con la habilidad de un diestro mago, completan el engaño iniciado por los ejecutivos de la compañía.

El trágico éxito de este engaño se refleja en la disposición con que los ciudadanos que pagan impuestos reciben voluntariamente a estos terroristas ambientales corporativos en sus comunidades, sólo para arrepentirse más tarde cuando la vida de sus ciudadanos que pagan impuestos es devastada por un ambiente inhabitable y sus cuerpos quedan plagados de enfermedades terminales.

Uno de los ejemplos más contundentes que tenemos de que este proyecto se está proponiendo sin tener en cuenta las consecuencias para la justicia ambiental, la calidad del agua, los derechos de los reclusos, las especies en peligro de extinción y la falta de evaluación de alternativas al encarcelamiento, pueden encontrarse en la declaración sobre el impacto ambiental [sitio Letcher]. Ahí es donde la OFP dice que han “determinado que no hay nueva información relevante a las preocupaciones ambientales y cambios apreciables a un impacto potencial como resultado de las modificaciones al sitio de Roxana”. (Tinyurl.com/ycpp774f)

Está muy claro en esa parte de la declaración, que la OFP no tiene la menor idea de qué impacto perjudicial tendría en la vida humana y el medio ambiente la construcción de esta instalación federal encima de un sitio minero tóxico que cuesta a los contribuyentes $444 millones del presupuesto federal.

En luz de esta revelación, tenemos que preguntar, ¿puede alguien ver la locura en esto? De hecho, a la OFP no le importa hacer experimentos para recolectar datos en los que cerca de varios miles de presos federales, oficiales de correcciones federales, personal civil y el resto de la población de la comunidad del sitio de Roxana se reducirían al estado de conejillos de indias. De hecho – ratas de laboratorio.

En conclusión, hay dos razones para hacer algo: una buena razón, [y] también la razón real. ¿Hay alguna viabilidad económica para desperdiciar los $444 millones de los contribuyentes en una prisión federal que eventualmente promoverá la enfermedad y el cáncer, causando enfermedades tanto a los prisioneros federales como a los funcionarios civiles?

Combata la OFP y evite que construyan en un sitio de minas tóxicas en Roxana. La lealtad mutua es nuestro sistema de apoyo. Ese es nuestro contrato. ¡Protestar! ¡Luchar, luchar, luchar!

Bryant Arroyo © 2017, para Workers World

Cartas se pueden enviar a:
Bryant Arroyo
#CU-1126, SCI Frackville,
1111 Altamont Blvd., Frackville, PA 17931
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