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¿Qué nación se atreverá ahora a enviar tropas de paz a Irak?
20 ago 2003
¿Qué nación se atreverá ahora a enviar tropas de paz a Irak?
Qué nación va a considerar, ahora, enviar tropas para el mantenimiento de la paz a Irak? Los hombres que están atacando al ejército estadunidense de ocupación po-drán ser inescrupulosos, pero no son ningunos estúpidos. Saben que el presidente George W. Bush está desesperado, que hará lo que sea, incluso acudir al temido Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), con tal de reducir las cuantiosas pérdidas militares estadunidenses en Irak. Pero el ataque de este martes contra la sede de la ONU en Bagdad ha cerrado de golpe la puerta ha-cia esa posible escapatoria.

Pocas horas después de la explosión del carro bomba se nos dijo que se trató de un atentado contra un "blanco débil", es decir, contra la ONU en sí. Cierto; era un "blanco débil" aunque el nido de ametralladoras que fue instalado en el techo de las instalaciones de Naciones Unidas pudo dar la impresión de que el organismo internacional se está militarizando. También es cierto que se trató de un devastador asalto contra la ONU como institución; pero en realidad el ataque fue contra Estados Unidos.

Esto comprueba que ninguna organización extranjera -ninguna organización no gubernamental, ninguna organización hu-manitaria, ningún inversionista ni hombre de negocios- puede esperar seguridad ba-jo el régimen de ocupación estadunidense. Se suponía que el procónsul de Washington, J. Paul Bremer, era un experto en "antiterrorismo". Sin embargo, y desde que llegó a Irak, el funcionario ha visto más "terrorismo" del que jamás presenciará en sus peores pesadillas. Sabotaje de oleoductos, de la red eléctrica, del suministro de agua, ataques contra las tropas británicas y la policía iraquí, y ahora una bomba contra la ONU ¿Qué sigue? Los oficiales estadunidenses pueden reconstruir los rostros de los cadáveres de los hijos de Saddam Hussein, pero no pueden reconstruir Irak.

Por supuesto, éste no es el primer indicio de que el movimiento de resistencia iraquí pretende "internacionalizarse". El mes pa-sado un empleado de la ONU fue muerto a tiros en el sur de Bagdad. Posteriormente dos trabajadores de la Cruz Roja Internacional fueron asesinados. Uno de ellos, originario de Sri Lanka, fue ultimado en su ambulancia claramente identificable en la carretera número 8 al norte de Hilla. Cuando fue hallado, su sangre todavía escurría por la portezuela del vehículo. El jefe de la delegación de la Cruz Roja en Irak -que envió a este hombre hacia su muerte- está próximo a salir del país. La organización ya no puede viajar a través del país y se limita a funcionar desde sus oficinas regionales.

Un contratista estadunidense murió en Tikrit hace unas semanas. Un periodista británico fue asesinado en Bagdad el mes pasado. ¿Quién está a salvo ahora? ¿Quién se va a sentir a salvo en un hotel capitalino, ahora que fue hecho volar el más fa-moso de ellos, el Canal, que alojó a los inspectores de la ONU antes de la invasión? ¿Contra quién será el próximo atentado "espectacular"? ¿Contra las tropas de ocupación? ¿Contra la dirigencia de la ocupación? ¿Contra el así llamado consejo interino iraquí? ¿Contra los periodistas?

La reacción a la tragedia del martes pudo haber sido escrita con antelación. Los estadunidenses nos dirán que esto prueba lo "desesperados" que están los simpatizantes de Hussein, ya sin salida, como si los atacantes estuvieran más cerca de rendirse ahora que tienen cada vez más éxito en su intento de destruir al régimen estadunidense en Irak.

La verdad es que, sin importar cuántos del derrocado gobierno de Saddam están involucrados, la resistencia iraquí cuenta ahora con cientos, si no es que miles, de musulmanes sunitas, muchos de los cuales no le deben lealtad alguna al viejo régimen. Asimismo, cada vez más chiítas se unen a las acciones antiestadunidenses.

La reacción futura es igualmente predecible; cuando Estados Unidos no pueda seguirle achacando su diaria dosis de amargura al séquito de Saddam, se tendrá que apuntar hacia la intervención extranjera. Los "terroristas" sauditas, los "terroristas" de Al Qaeda, los "terroristas" pro sirios, los "terroristas" pro iraníes; cualquier "terrorista" de origen misterioso servirá si su su-puesta existencia logra cubrir una realidad dolorosa: que nuestra ocupación ha hecho surgir una guerrilla iraquí capaz de humillar a la mayor potencia sobre la Tierra.

En estos momentos, cuando los estadunidenses aún tratan de que otras naciones se embarquen en la aventura iraquí (hasta India ha tenido el buen sentido de declinar la invitación), el ataque del martes apuntó a la yugular de cualquier futura "misión de mantenimiento de la paz". En el pasado la bandera de la ONU garantizaba seguridad. Pero en el pasado Naciones Unidas también garantizaba que nadie iba a hacerse del poder soberano. Y debido a que no existe un poder legítimo en Irak, era claro que la credibilidad de la ONU iba a diluirse entre las autoridades de ocupación y, por tanto, la organización es vista actualmente sólo como una extensión del poder estadunidense.

El presidente Bush hizo alegre ostentación de su desprecio por Naciones Unidas cuando los inspectores de la organización no hallaron armas de destrucción masiva y el Consejo de Seguridad no apoyó la invasión angloestadunidense. Ahora el mandatario ni siquiera puede proteger la vida de funcionarios de la ONU en Irak. ¿Quién va a querer invertir en Irak ahora? ¿Quién va a querer apostarle a la futura "democracia" iraquí?

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca
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http://www.jornada.unam.mx/2003/ago03/030820/029a1mun.php?origen=index.html&fly=1
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