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Notícies :: antifeixisme
Un Estado liberticida que intenta impedir otro futuro para la sociedad vasca
12 gen 2015
Decíamos en el editorial de Gara del pasado jueves que el atentado contra la revista satírica ‘Charlie Hebdo’ resultaba del todo de punto de vista inaceptable, pero no incomprensible. Eso mismo se debe afirmar hoy con motivo de la amplia redada contra los abogados de presos políticos vascos que se ha saldado con 16 arrestos y múltiples registros.
Su carácter claramente político, su vasta dimensión y el momento elegido para llevarla a cabo ofrecen una radiografía exacta del ánimo que inspira al Gobierno del PP y la visión liberticida que anida en el Estado español.

No cabe pasar por alto que esta detención se produce justo dos días después de la enorme movilización contra la política penitenciara, tres días después de que se conociera el comunicado del Colectivo de Presos Políticos Vascos que mostraba su disposición a la búsqueda de soluciones, un día antes de que el Tribunal Supremo español se reúna para decidir sobre si se contabilizan los años de prisión cumplidos en el Estado francés –que en caso positivo supondría la excarcelación de un bueno número de prisioneros–, y el mismo día en el que comenzaba la Audiencia Nacional el juicio contra 35 militantes de la izquierda abertzale, quienes, entre otras cosas, se han quedado sin abogados tras la detención de sus letrados.

No deja de ser un sarcasmo recordar cómo ayer el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, desfilaba por las calles de París en defensa, supuestamente, de las libertades.

La operación de la Guardia Civil responde a la estrategia de tensar la cuerda para cortocircuitar el proceso que, de forma unilateral, empezó la izquierda abertzale, al objeto de que ese mismo espíritu de emprender caminos diferentes desde las propias fuerzas no cale de forma hegemónica en la sociedad vasca. El Estado no tiene nada que ofrecer a los vascos, solo restricciones de toda índole y falta de libertades, por lo que su objetivo, vía represiva, se centra en bloquear procesos políticos que pudieran conducir a este pueblo a adentrase cada vez más en un camino definitivo a la independencia.

Además de a los más bajos instintos de venganza, su obsesión con el mundo de los presos obedece también a la citada lógica política, pues entiende que al bloquear soluciones en ese ámbito genera muchos problemas en la agenda de quienes quieren abrir una vía vasca de democracia y soberanía.

Esta operación debiera pues ser un acicate para todo aquel que anhela escenarios de soluciones justas y duraderas. Es una llamada de atención sobre el enorme reto que ello exige, y sobre que no es tiempo de frivolidad. No estaría de más que Iñigo Urkullu reflexionase sobre el tremendo hueco que, con su insistencia de poner bajo sospecha a la izquierda abertzale y su condescendencia respecto al Gobierno de Rajoy y la legalidad española, deja a quienes manejan la agenda represiva para enturbiar el panorama.

En esta ocasión parece que, para actuar contra los abogados, van a utilizar supuestos delitos contra la Hacienda pública. Otro sarcasmo en tiempos donde se desbordan las tapas del alcantarillado de corrupción que recorre las estructuras políticas y económicas del Estado español. En este país, todo aquel que no niega la realidad sabe de las condiciones económicas y laborales en las que trabajan esos abogados, que en muchos casos han renunciado a carreras profesionales bien remuneradas por defender a los presos vascos, en muchas ocasiones en situaciones de penuria.

Por todo ello es momento de solidaridad. Un ejercicio de solidaridad entre todos los vascos y vascas, para decir que no queremos que ninguno de nuestros conciudadanos sufra más y que denostamos a aquellos que siguen empeñados en hipotecar nuestro futuro con grilletes y la amenaza permanente.

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