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La Ley del palo
11 feb 2014
La ley del palo




Toda sociedad necesita sustentarse en un 'consenso' aceptado por la mayoría. El 'consenso' implica cierto grado de coacción para que el individuo se adapte al mismo. El consenso también supone cierta 'representación de la realidad'. La realidad es inabarcable, compleja, paradójica, relativa; el consenso impone una representación de la realidad limitada, simple, dual, separada en bueno y malo, cierto y falso. El individuo adaptado al consenso no vive en la realidad, vive en la representación estrecha del consenso.
Y hay consensos más estrechos que otros. Una sociedad totalitaria es aquella que impone un consenso tan alejado de la realidad que necesita una gran fuerza coactiva para lograr la adaptación de los individuos. El individuo adaptado a un consenso totalitario está en estado de 'trance hipnótico consensual', enajenado de sí mismo y de sus necesidades esenciales.

Hannah Arendt demostró que los totalitarismos no son obra de individuos extraordinarios, con grandes capacidades corrompidas y que se dedican a hacer el mal convertidos en unos monstruos. No, son obra de individuos grises, con unas vidas cotidianas insulsas, mediocres, miembros anodinos de la sociedad. La normopatía es la enfermedad mental más frecuente en las sociedades totalitarias, el individuo está obsesionado por ser normal, indistinguible dentro de una masa de uniformados.

Cuando más cerril el consenso, más fuerza coactiva y represión ha de aplicar. La nueva Ley de Seguridad Ciudadana, la Reforma del Código Penal, la tipificación como delito del derecho al aborto, la ley reguladora del derecho a la Huelga... muestra cómo la dinámica del consenso social ha concluido con el establecimiento de un totalitarismo policial, que deja expuesta e indefensa a la sociedad. Cualquier disentimiento al consenso, es castigado de forma cruel y arbitraria, violando los derechos fundamentales. El neoliberalismo, un invento de los ultraconservadores, es el nuevo rostro de totalitarismo. Expondré los hechos:

1.- Totalitarismo policial. La actuación de la policía queda excluida del control judicial, puede imponer sanciones arbitrarias por importe de hasta 600.000 euros, sin derecho a revisión, la mera voluntad del policía es suficiente para imponer la multa. Además, la actuación policial está excluida de cualquier control. Queda prohibido grabar actuaciones policiales, sobre todo aquellas que muestran a la policía agrediendo a ciudadanos pacíficos.

2.- Liquidación de derechos y libertades fundamentales. Cualquier actividad cuidadana es objeto de presecución policial, y sufre acoso desde el momento en que se manifiesta como asociación, reunión, manifestación o huelga. Cualquiera que intervenga en estos actos de queja y protesta puede ser castigado con multa de 600.000 euros, o con pena de prisión.

3.-Penalización de conductas que antes no eran delito y que suponen una intromisón en la conciencia individual. La penalización del derecho al aborto es el ejemplo más claro. Pero también la libertad de exprexión, pues emitir opiniones en las redes sociales y en foros abiertos contrarias al 'consenso' pasan también a ser castigadas como delito.

4.- Control absoluto de la vida íntima de los individuos por la polícia. El control de las comunicaciones por la policía es total. Todo, absolutamente todo lo que hablamos y hacemos utilizando medios electrónicos, queda registrado por la policía, incluso los desplazamiento físicos que realizamos. Estamos siendo obervados y monitorizados durante 24 horas del día. Si no utilizan la información que tienen, es porque carecemos de importancia, que si la tuviéramos...
Cualquier otra descripción más tenue del consenso donde estamos instalados, pecaría de ingenua. Tenemos que saber que vivimos en un Estado Totalitario y Policial para no darnos de bruces contra la madera. Y adaptar estrategias de resistencia a esta realidad que ya ha emergido con absoluta presencia en todos los rincones, incluso en el cuarto de estar.
Regresando a Arendt, descubre que Eichmann era un pobre infeliz, un buen cuidadano, cumplidor meticuloso de sus deberes, un buen padre de familia, un hombe honesto, no tenía vicios ni defectos. Y sin embargo mandó a los campos de exterminio a millones de personas, incluyendo mujeres y niños. Y lo hizo sin sentimiento de culpa y con eficacia burocrática. Y no fue Eichmann nada más, hubo millones de personas que colaboraron con el nazismo. Ahora no nos lo explicamos, ¿Cómo pudieron estar tan ciegos? Incluso los propios 'comités judíos' colaboraban para que el traslado a los campos de concentración fuera rápido y eficiente. Cómo tanta indiferencia, cómo tanta ceguera. Para causar tanto daño no hay que ser especialmente deprevado y con sentimientos crueles, basta con dejarse llevar por el consenso. Arendt descubre que el malvado en realidad es un pobre infeliz sin autoestima para construir su propia realidad, pero no por eso le exculpa.
En nuestra vida diaria, ahora mismo, ¿Tenemos tan dormida la conciencia como los alemanes durante el nazismo? En nuestra vida cotidiana, ¿Estamos despiertos o dormidos? La representación de la realidad que tenemos, ¿Es estrecha o amplia?, ¿Sabemos relativizarla?
Somos una sociedad que vive en estado de trance hipnótico, y damos validez real a lo que no es más que un constructo deforme. Nuestra vida está marcada por una realidad delusoria. Somos individuos fracasados en la tarea de realizar nuestros deseos esenciales. Encontramos en el cumplimiento de las reglas la excusa para renunciar a la vida. El instinto de supervivencia y el miedo a quedar aislados anula nuestra capacidad de pensar. Y surge este nuevo totalitarismo y nos arrojamos en sus brazos, miramos para otro lado para no ver la crueldad espantosa; paro, desahucios, suicidios, miseria, hambre, enfermos sin asistencia, niños sin educación. No, no lo vemos, no queremos verlo, pero está ahí, delante de nuestras narices.

¿Qué podemos hacer para oponernos al funesto futuro determinado por estas prácticas totalitarias? Estamos al comienzo de un nuevo totalitarismo bestial e inhumano. Todavía no estamos sufriendo sus zarpazos más hirientes, pero todo está dispuesto para que pueda actuar sin limitaciones.
Deberíamos saber cómo hemos llegado hasta aquí. Sin duda el 'Consenso de la Transición' es la causa. La ciudadanía debe saber las consecuencias fatales de la participación política en un régimen corrupto y totalitario, pues quien participa lo legitima. Cada vez que se vota, y da igual a quién se vote, se vota a favor de un sistema que es totalitarismo puro. Quien vota, es colaboracionista. Después de las eleciones, la cantinela es la misma: «Hemos asistido a la fiesta de la democracia, nos debemos felicitar por el grado de madurez de la cuidadanía que con su participación mayoritaria legitima el proceso de decisión que nos hemos otorgado los españoles». Solamente un rechazo frontal y directo a participar en un sistema caduco, corrompido, totalitario y policial, nos pondrá en la senda de combatirlo. Mientras no haya una masa crítica de individuos que tengan claro dónde estamos y se les caiga la venda de la hipnosis colectiva, nada se puede hacer. Y aquí son especialmente responsables las organizaciones supuestamente de izquierda que continuamente llaman a la participación política, pues son ellas quienes imponen el consenso, tachando de perrofláuticos e inadaptados a quienes rechazan el sistema frontalmente. Lo mismo hacían los 'comités judíos' durante el nazismo, coloborar para evitar que las consecuencias fueran peores, y así lo fortalecieron.


Juan de la Lama, Periódico CNT

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Comentaris

Re: La Ley del palo
11 feb 2014
y los abogados para que nos defiendan no es "participar en un sistema caduco, corrompido, totalitario y policial"? y las org. legales para la democracia burguesa -como sindicatos- no forman parte y colaboran en un sistema caduco con su propia legalidad? y las manis y huelgas bien legales y formalizadas? sois tan guais que ya aburris.
Sindicat Terrassa