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Estados Unidos, Obama y América Latina
20 nov 2008
Nunca antes la elección a presidente de Estados Unidos levantó tantas expectativas, a la par que ha sido huera en debate político.
Estados Unidos, Obama y América Latina

Marcos Roitman Rosenmann / I

Nunca antes la elección a presidente de Estados Unidos levantó tantas expectativas, a la par que ha sido huera en debate político. Pareciera ser que las diferencias entre demócratas y republicanos se esfumaron en beneficio de culpar a la administración Bush de todos los males que la aquejen. Un sobrecargado escenario de guerras espúreas, hipotecas basuras, crisis financiera, ecológica y global ameritaba esta decisión. Las mil y una plaga, en una sociedad carente de liderazgo, requería un plan estratégico. Lo más adecuado era buscar un chivo expiatorio y fundar la nación en el marco de un nuevo orden mundial. Los dardos se dirigieron hacia George W. Bush. Así, los jefes de campaña enfilaron el problema con un debate anodino. Grandes proclamas y poca enjundia. Lo más sobresaliente, acusaciones de socialista y musulmán al candidato demócrata.

En estas elecciones se jugó recuperar la confianza en el sistema. Que la maltrecha clase media, a quien se dirigió Obama constantemente, creyese en Estados Unidos como la tierra de las oportunidades bendecida por la divina providencia. En ella se cumplieron los sueños de Jefferson, Hamilton, Franklin, Grant y Lincoln. Se trataba de reeditarlos con la grandeza de un siglo XXI globalizado. El perfil político y cultural afroamericano de Obama se construye con este significado. Su voluntad se presenta al gran público como el afán de superación del hombre hecho a si mismo. A su adversario, John McCain, se le visualiza como un patriota ex combatiente de Vietnam. Su elección supondría continuidad y retrasar la salida a la crisis. Perspectiva nada halagüeña. Con estos argumentos, Obama obtiene un primer triunfo. Gozar de la simpatía de una buena parte de aliados occidentales, inclusive en América latina, Asia, �frica y Oceanía le ven con buenos ojos. El mundo lo aclama. Un plus que le permite reorganizar la política exterior a su antojo, con un vicepresidente experimentado y un proyecto asentado en el viejo ideario de recuperar la hegemonía mundial lo antes posible.

Para el establishment estadunidense el camino está despejado, América Latina se mantendrá bajo el nuevo orden panamericano; emergente en los años 90 y cuya concepción la encontramos en el concepto de seguridad hemisférica, remodelada tras la guerra fría. Charles Shapiro, actual coordinador principal de Libre Comercio de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental declaraba el 17 de agosto: Evidentemente habrá algunos cambios... dependiendo de quien resulte electo y quien sea el próximo secretario de Estado âpero subrayabaâ serán cambios sutiles y de énfasis, estoy seguro de que en lo que respecta a la forma general de la política estadunidense hacia América Latina y el Caribe, ésta continuará en los parámetros que previos Presidentes han seguido durante los pasados 30 años.

Esta visión fue expuesta por José Miguel Insulza, actual secretario general de la OEA, cuando dijo que la seguridad hemisférica era fruto del consenso estratégico entre demócratas y republicanos. A Al margen de la retórica que muchas veces preside los documentos oficiales, todos los participantes en el debate parecen coincidir en la definición general de que los objetivos primarios de la política exterior norteamericana son los de autoconservación, la seguridad y la existencia continua en las mejores condiciones sociales, políticas y económicas posibles. A partir de 1945 la pugna entre aislacionistas e internacionalistas no volvió a producirse, en el sentido de que nadie está en contra de que Estados Unidos asuma un papel hegemónico en los asuntos mundiales y de que en un plano general todos están de acuerdo en que nada de lo que ocurra en el mundo es ajeno al interés de seguridad nacional de Estados Unidos.

Este consenso se observa en las tres anteriores administraciones. En efecto, sin negar las diferencias, todas trabajaron para revitalizar el sistema de dominación. Con tal fin George H. Bush continuó luchando para ganar âconflictos de baja intensidadâ? que entonces se desarrollaban en Colombia, Guatemala y Perú, así como la âguerra contra el narcotráfico iniciada por Reaganâ?. También proclamó la Iniciativa para las Américas (dirigida a âcrear una zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuegoâ?) e impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (ALCA) con Canadá y México y el compromiso de Santiago de Chile con la Democracia Representativa y la Modernización de la OEA, aprobado por esa organización en 1991. Todas esas estrategias fueron ratificadas por William Clinton. En su mandato se promulga la Ley Helms-Burton, profundizando el bloqueo hacia Cuba.

Hoy los asesores para América Latina del ahora presidente electo, Barack Obama, Dan Restrepo, miembro de número del Centro para el Progreso de las Américas, y Frank Sánchez, ex subsecretario de Transportes con Clinton, continúan esta tradición. El primero explica que Obama buscará reeditar un lan similar a la Alianza para el Progreso con el fin de exportar democracia, oportunidades y seguridad, de forma que se combatan los retos que encara el pueblo de las Américas, de modo tal que lo que sea bueno para América Latina sea bueno para Estados Unidos.

Versión posmoderna del cliché âLo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidosâ?, eso sí, en el contexto del nuevo orden panamericano, definido en las administraciones republicanas. Mientras tanto, Frank Pérez es más contundente. A pregunta sobre la posición de Obama sobre Colombia se despacha de la siguiente manera: El Plan Colombia continuará y queremos agregarle más dinero para fortalecer la democracia, la justicia y el desarrollo económico. Obama ha apoyado fuertemente a Uribe en su lucha contra las FARC, fue uno de los únicos políticos en Estados Unidos que apoyó a Uribe en su incursión a Ecuador. Ni Bush fue tan abierto con el apoyo en ese ataque.

Sin embargo, estas declaraciones pasan inadvertidas para los analistas, desconociéndose que las decisiones sobre el subcontinente las toman la Secretaría de Estado, de Defensa, la comisión del Senado, la Cámara de Representantes y el establishment político, además de los lobbys.

El consenso funciona bajo el unilateralismo y manda la aplicación de la lucha contra el narcoterrorismo, el Comando Sur, la DEA, con su plan Iniciativa Antinarcóticos Andina, y los Tratados de Libre Comercio. Los dos asesores no alterarán el itinerario, salvo pequeños retoques. Del tratado de libre comercio, Pérez se desplaza al concepto de una vocación de comercio justo, aunque no aclara su significado. Es más contundente al manifestar la ayuda militar para luchar contra la subversión y el narcotráfico. Lo dicho debe interpretarse como mantener las bases en Perú y el Caribe. Tampoco se oponen a militalizar la frontera con México y consolidar los centros de operativos de avanzada en Honduras y El Salvador y otorgar continuidad al Plan Puebla Panamá. En definitiva, continuidad.

http://www.jornada.unam.mx/2008/11/15/index.php?section=opinion&article=


Estados Unidos, Obama y América Latina

Marcos Roitman Rosenmann/ II y última

âLa administración de Bush fracasó al apoyar un estilo de vida consumista y hoy vemos que gastamos una fortuna y compramos petróleo a países que apoyan al terrorismoâ?, ha señalado Frank Pérez respecto a Venezuela, lo cual no es muy diferente de lo que dijo Obama cuando acusó a Venezuela de apoyar a las FARC y al presidente Chávez de ser un âdemagogoâ? con âpeligrosa retórica antiestadunidenseâ?.

No se entiende que intelectuales del pensamiento crítico se posesionen al lado de Obama tildando al político de anti status quo y vean su triunfo como un logro de las fuerzas progresistas de la humanidad. Sus tanques de pensamiento y el establishment adoptan una actitud hostil hacia los países antimperialistas, cuyas políticas antioligárquicas, nacionalistas y socialistas, como es el caso boliviano, ecuatoriano, cuestionan la estrategia estadunidense. Con Cuba, su opción es abrir un camino de diálogo para el envío de remesas a las familias y facilitar las visitas de familiares, lo cual no eliminaría el bloqueo. Respecto a Brasil, buscará apoyar a los productores de etanol con un arancel a la importación, medida popular en los estados productores estadunidenses.

Igualmente, sus asesores le aconsejan el nombramiento de un procónsul para dar mayor fluidez a la relación con la región en su conjunto. Así, la estrategia diseñada se presenta como un liderazgo positivo y una inversión del unilateralismo, aunque los intereses de Estados Unidos sean solucionar su crisis interna y entre sus prioridades estén los conflictos en Asia y Medio Oriente.

No obstante, el eslogan de campaña âUn cambio en el que puedes creerâ es el comienzo de una etapa histórica. El ave Fénix renace de sus cenizas, gracias a un hombre cuyo carisma encarna la emergente América mestiza, y el imperialismo se moviliza gracias a la idea del Destino Manifiesto: âidea tan extraña como visionaria que ha penetrado en los espíritus de la generalidad de los hombres: el imperio avanza hacia el oeste y todo el mundo aguarda con impaciente expectación y ansia el momento destinado a que América dicte las leyes al resto del mundoâ?.

Los enviados especiales se dejan llevar, presa de las emociones, de la política espectáculo y del marketing de las campañas. Describen el desborde popular del candidato demócrata y el despertar de las minorías oprimidas. Fueron constantes sus alusiones al carácter afroestadunidense de Obama. Hicieron hincapié de forma cansina en su condición étnica. Incluidos McCain y Bush resaltan el triunfo bajo la perspectiva étnico-racial de una nueva América. Una catarsis. La liberación de negros, las minorías asiáticas y latinas, el fin de un camino. Un discurso sentimental, pero sin recorrido.

No sin razón, Obama, conocido el triunfo, refleja el ansia de libertad en el voto de Ann Nixon Cooper, una mujer de 106 años que simboliza el largo recorrido del ciudadano estadunidense en la lucha por sus derechos. Su voto comprime el del Destino Manifiesto. La memoria de la esclavitud, unida a los inmigrantes, los discapacitados, los excluidos, los pobres. De ellos es la victoria, dirá emocionado. Pero esta interpretación, síntesis manipulada de la historia estadunidense, olvida a otros afroestadunidenses como Condoleezza Rice y sus guerras fraudulentas, a militares infringiendo torturas, jueces prevaricando, senadores favoreciendo desfalcos financieros, inmobiliarios. Poner el acento en el color de piel del nuevo presidente es ocultar el verdadero debate. ¿La condición étnica determina una política exterior?

En las primarias, a Hillary Clinton no le pasaron inadvertidas las alusiones de Obama a Ronald Reagan. Lo reivindicó como hombre de pro. Y se vio obligado a salir del atolladero en un debate público. Dijo aludir a los sentimientos patrióticos manifestados por Reagan: su orgullo de pertenecer a Estados Unidos. Su equipo asumió la percepción visionaria de Ronald Reagan en los años de guerra fría. El triunfo fue aplastante: 489 delegados contra 49 de Carter en 1980 y 525 frente a los 13 de Mondale en 1984. Con un discurso confeccionado ex profeso aludió a la pérdida de liderazgo y buscó cerrar las heridas de la guerra de Vietnam, proyectando una nueva hegemonía internacional. Acusó a los demócratas de ceder territorio a los soviéticos y comunistas. Cuestionó los tratados Torrijos-Carter, culpabilizó a la administración de Carter del triunfo de la revolución sandinista y de la crisis de Irán. Finalmente, Reagan y su plataforma republicana se comprometieron a salvar los Estados Unidos de la debacle.

El llamado fue explícito: intervenir para revertir la realidad. Recuperar el orgullo de sentirse estadunidense. âLa defensa de la soberanía de una nación y la preservación de la identidad cultural de un pueblo son fundamentales para su supervivencia. Estos dos elementos están siendo suprimidos por el comunismo internacional. Sólo una política estadunidense dirigida a preservar la paz, a promover la producción y a lograr la estabilidad política puede salvar al Nuevo Mundo y preservar la posición global de poder de Estados Unidos, la cual descansa sobre una América Latina segura y soberana. El continente americano se encuentra bajo ataque. ¿Duda Washington?

Para América Latina fue una etapa negra. La invasión de Granada en 1983, la desestabilización en Jamaica, Nicaragua y las guerras de baja intensidad. Hillary Clinton increpó a Obama diciendo que ella nunca pondría de ejemplo a Reagan, pero Obama sostuvo el argumento: era un patriota que sacó al país de la crisis. Obama se refleja en Reagan.

Si hacemos caso a Robert Pastor, ex director de Asuntos Latinoamericanos y del Caribe, en el Consejo de Seguridad Nacional de Carter puso en el tapete que âEstados Unidos es la nación más poderosa del hemisferio, responde a impulsos nacionalistas, pero es reacia, como cualquier otra, a renunciar a sus facultades soberanas. Lo que hace falta es un liderazgo que explique que no se está cediendo poder, y que más bien se está elevando la capacidad para resolver problemas.

Resulta esencial un nuevo enfoque de la antigua cuestión de la soberanía para calmar el remolino y afirmar la democracia. âObama y sus asesores saben que el debate del unilateralismo y el paso al multilateralismo es más bien cuestión de maquillajeâ?. Lo cierto es que rehacen la Alianza para el Progreso. Bajo el lema: âLo que es bueno para Estados Unidos es bueno para América Latinaâ?, reditan la política del garrote, la zanahora y del buen vecino. âDios bendiga Américaâ?.

http://www.jornada.unam.mx/2008/11/15/index.php?section=opinion&article=

Comentaris

Re: Estados Unidos, Obama y América Latina
23 nov 2008
CANVI ON?
Re: Estados Unidos, Obama y América Latina
24 nov 2008
El siguiente aertículo fue escrito antes de la elección de Obama, creo que da en el clavo

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Obama y América Latina, ¿el imperialismo amigable?


Con la nominación oficial de Obama como el candidato demócrata en las próximas elecciones presidenciales de los EEUU, hay muchos que ya están saltando en una pata, esperanzados en el fin de la política exterior agresiva e imperialista norteamericana[1]. Un sabio refrán popular dice que no importa el color del gato, siempre y cuando cace los ratones. Dando la espalda a la sabiduría popular, no pocos en la izquierda latinoamericana son los que están ilusionados con Obama, quien es casi seguro que sucederá a Bush en su poltrona en la Casa Blanca.

Adivina buen adivinador ¿cuál es la diferencia entre un demócrata negro y un republicano blanco?

âEs que es un candidato negroâ?, nos dicen. Como si la presencia de un -¡1!- negro en medio de un entramado político institucionalmente racista fuera a hacer alguna diferencia para los inmigrantes y las comunidades en los ghettos norteamericanos. Ya Obama, por lo demás, ha sido forzado a distanciarse de su pastor, Jeremiah Wright, que denunciaba el racismo institucional norteamericano y a abrazar de lleno la alicaída tesis de âla tierra de las oportunidadesâ?. Al ser Obama un negro con raíces recientes en el continente africano, y por tanto, al ser un ente alienígeno en las esferas tradicionales del poder en los EEUU, recae sobre él una presión que no recae sobre ninguno de sus adversarios políticos por demostrar que efectivamente se merece la confianza de la plutocracia yanqui. Y le toca, entonces, adherir a los valores y al proyecto del American Way con un fervor mayor que cualquiera de sus predecesores. Con el fanatismo propio de quien recientemente se ha convertido a una religión, entrega a su entorno pruebas de su credo que no precisa de otorgar quien ha nacido en la fe.

También hay quienes creen que el color de la piel, por algún curioso efecto intelectual y emotivo producido por la melanina, sensibilizaría al potencial jefe de Estado yanqui sobre el sufrimiento en el Tercer Mundo y en las âneo-coloniasâ? del país del dólar. ¿Ha significado acaso la presencia de Condolezza Rice algún cambio en la política de EEUU hacia Medio Oriente o América Latina? Si algún cambio ha habido, podríamos decir, sin vacilar, que ha sido para peor. ¿Evitó la presencia de Colin Powell en el gobierno de Bush la implementación del Plan Colombia o la invasión de Afganistán e Irak?

âEs que es un demócrataâ?, nos dicen. ¿Se olvidan que fue el demócrata Kennedy quien impulsó la invasión de Bahía Cochinos y que fue él quien, aplicando la teoría de la zanahoria y del garrote, impulsaba el bluff desarrollista de la Alianza para el Progreso a la vez que ajustaba la implementación de la doctrina de âSeguridad Nacionalâ?? ¿Se olvidan de que fue Clinton quien bombardeó Irak (1998) y Somalia (1994)? Esto para no mencionar todos los criminales desaciertos en los Balcanes⦠¿Se olvidan del embargo criminal que Clinton impuso sobre Irak, el cual, según cifras de UNICEF, costó la vida al menos a 500.000 niños? ¿Se olvidan de que fue Clinton quien comenzó con la retórica de las armas de destrucción masiva en Irak?

Obama y el (Old) New World Order

Obama es un crítico de la invasión de Irak, es cierto, pero tampoco plantea la desocupación, sino que sencillamente la reducción del número de efectivos militares para asegurar la lealtad del régimen a Washington, para âentrenarâ? al ejército iraquí y âpara combatir la amenaza de Al-Qaedaâ?[2]. Su principal crítica sobre la actual ocupación de Irak es de forma, no de fondo; no dice relación ni con el costo humano que ha tenido sobre el pueblo iraquí, ni mucho menos cuestiona la lógica voraz de los intereses petroleros tras ella, sino el elevado costo económico que representa para el presupuesto de los EEUU. Tal parece que, cuando se trata de Irak la diferencia entre demócratas y republicanos es más bien cuantitativa que cualitativa. Al parecer, la presencia de una guardia pretoriana yanqui en Irak está garantizada perpetuamenteâ¦
Respecto a la cuestión palestina, también Obama ha sido bien claro: en un mensaje en Marzo, criticaba la visión que âve al conflicto en el Medio Oriente como un conflicto causado primordialmente por las acciones de incondicionales aliados como Israel, en lugar de originarse en la ideología perversa y llena de odio del islamismo radicalâ?[3]. ¿Cuál es la diferencia entre su visión de la problemática del Medio Oriente y la visión de los halcones del Pentágono? Al igual que Bush, no âveâ? la relación entre el conflicto palestino y esos âpequeñosâ? detalles como son la ocupación de Palestina, el terrorismo del Estado de Israel (estado fundado por lo demás en el desplazamiento forzado y en la violenta expropiación de los palestinos de sus tierras), el racismo institucionalizado en un sistema semejante al apartheid sudafricano y peor que éste en muchos aspectos, o el estrangulamiento de Gaza. O si los ve, se hace el bobo.

Pero, ¿y qué hay de sus posiciones hacia América Latina? Es él mismo quien se ha encargado de dejar en claro cuál será su programa hacia Latinoamérica, el cual comienza como una crítica hacia la política de Bush. âHemos desviado nuestra atención de América Latina. Toda nuestra contribución a América Latina es de U$2.700 millones, aproximadamente, la cantidad de dinero que gastamos en Irak en tan sólo una semana. No debemos, entonces, sorprendernos de que gente como Hugo Chávez o de que países como China ocupen ese vacío, cuando hemos sido negligentesâ?.[4]

¿Una nueva Alianza para el Progreso? ¿Lo necesitamos? ¿Lo queremos?
¿Qué nos ofrece a los latinoamericanos Obama? Algo quizás peor que Bush: más intervención, más dominación, más ingerencia, más muerte. La política del mal menor se vuelve una cruel paradoja en los aires imperiales que se da Obama para hablar de su âpatrio traseroâ?. Ahora que los EEUU están siendo desplazados de los mercados latinoamericanos por China y por la Unión Europea[5], que entran pujantemente en la región con sus propios Acuerdos de Libre Comercio, amen del poder regional emergente de Brasil (sin olvidarnos del pánico que causan en Washington los proyectos de unificación regional capitaneados por Venezuela, los cuales también disputan su hegemonía), Obama nos echa en cara de que convertirá a nuestro territorio en un campo de batalla para recuperar hegemonía y terreno. La competencia por nuestros mercados ya está echada y sabemos quiénes serán los grandes perdedores sea cual sea la potencia que gane: nuestros pueblos.
Y para que no queden dudas sobre sus pretensiones imperiales sobre Nuestra América, remató una reunión el 23 de Mayo con la FNCA (Fundación Cubanoamericana) entregando su programa completo hacia Latinoamérica[6]:

1. Diplomacia directa con Cuba, aunque manteniendo el embargo;

2. Plantea su intención de aislar a Venezuela y sus aliados del resto de la región, en base al argumento de que apoyan a las FARC-EP;

3. A las FARC-EP les otorga el estatus de Al-Qaeda en Medio Oriente: de ser la excusa perfecta para justificar cualquier clase de intervención en la región. De hecho, plantea que no permitirá que miembros de esta organización se refugien más allá de las fronteras colombianas o que regímenes de la región les apoyen, en una clara continuación del hostigamiento mediático hacia Ecuador y Venezuela;

4. Respaldo absoluto al Plan Colombia y al régimen fascista de Uribe âaunque, de momento, sigue oponiéndose al TLC con ese país, más que nada, para no defraudar a su propia base de apoyo en los EEUU que se oponen frontalmente a cualquier mayor liberalización del comercio con ese país. Habrá que ver cual sea su posición después de las elecciones;

5. Incrementar los fondos para el Plan Mérida el cual, mediante la retórica de la âlucha contra las drogasâ? (variante local de la Guerra contra el Terrorismo) no es sino un nuevo mecanismo de control social sobre América Latina. Además, prometió ampliar hacia el sur su actual base de operaciones en México y América Central (¿quizás hacia el eje andino que corre desde Venezuela hasta Bolivia?)

O sea, nada nuevo bajo el sol. Salvo por la profundización y continuidad de una política agresiva e intervencionista, tradicional de los EEUU hacia nuestra región, de un paternalismo trasnochado, el cual en su opinión no es aún lo suficientemente contundente.

Su visión hacia Latinoamérica no es diferente a la de Bush hacia Medio Oriente, solamente que los personajes se adaptan a las condiciones locales: las FARC-EP reemplazan a Al-Qaeda, la lucha contra el narcotráfico reemplaza la lucha contra el terrorismo, Chávez reemplaza a Saddam Hussein y Venezuela reemplaza a Irán. Los proyectos regionales independientes de Venezuela, Bolivia y Ecuador, que se apartan del consenso de Washington, constituyen el nuevo âeje del malâ?.

A Venezuela la describe como un régimen autoritario, con diplomacia de chequera y con retórica anti-americana que repite las âfalsas promesasâ? de âideologías fallidas del pasadoâ?[7]. ¿Y qué es lo que Obama nos puede ofrecer a cambio? Apoyo incondicional a un régimen autoritario como el de Uribe[8], diplomacia de los dólares âmás intervención económica, ofertas de microcréditos y otras inmundas limosnas para incrementar la dependencia- y promesas vacías de ideologías fallidas como el Consenso de Washington. Su retórica, de hecho, está impregnada de la añeja Doctrina de Seguridad Nacional, y en su intento por recalentar programas intervencionistas fracasados llama, textualmente, a una Nueva Alianza para las Américas[9], que se parece sospechosamente al desacreditado fiasco de la âAlianza para el Progresoâ? impulsada por Kennedy en los â60.
Re: Estados Unidos, Obama y América Latina
24 nov 2008
(continuación...)

Obama go home!

Es natural que Obama recrudezca la política imperialista hacia América Latina: mal que mal, él sabe que se está haciendo cargo de un barco que se hunde, de un imperialismo empantanado en problemas políticos, económicos y militares. La profundidad de la crisis norteamericana no es, esta vez, fruto de los deseos alucinados de algunos cuantos izquierdistas utópicos âmagnates como Soros y economistas como Stiglitz se han convertido en los principales profetas de la crisis. Y todo imperio en crisis recrudece su violencia, de la misma manera en que una persona que se ahoga da manotazos ciegamente tratando de mantenerse a flote. De igual manera, Obama ya ha comenzado sus amenazas en contra de Venezuela y de Irán.

Todo proyecto agotado precisa remozar su imagen, darse ciertos aires de renovación para ocultar su extenuación. Es este agotamiento del American Way el cual ha permitido que ocurra lo impensable ¡un candidato negro! El capitán perfecto para la crisis, un cambio cosmético para que la sustancia del sistema de dominación se mantenga igual: el imperialismo no es un asunto de melanina.

Las políticas imperialistas de los EEUU no es algo que cada presidente norteamericano decide: es un elemento muy bien engranado en la estructura estatal yanqui, en las fuerzas sociales que moldean la vida de esa nación, y la única fuerza que puede alterar esto es la movilización popular desde la base. Recordemos algo que frecuentemente olvidamos: en los EEUU también hay pueblo. De ese pueblo dependen los cambios. Un presidente norteamericano, a lo más, puede decidir qué versión del imperialismo es la que aplicará, si un imperialismo neandertaloide, o un imperialismo de âconsensosâ? forzados.

No nos hagamos falsas ilusiones. El imperialismo ni puede ser reformado, ni puede ser derrotado en las urnas. Será derrotado en las calles, en los lugares de trabajo, en los lugares de estudio, en las luchas que libramos por controlar nuestros recursos y nuestros destinos, que libramos en los campos y las ciudades, que libramos en todos los espacios. Es una lucha difícil, pero es la única opción realista.

En EEUU, ya lo hemos dicho, también hay pueblo. Pero al igual que la dictadura Salazarista en Portugal cayó por el estímulo de las luchas anti-coloniales en Ã?frica (Angola, Mozambique, Guinea-Bissau), que estimularon el florecimiento de la ârevolución de los clavelesâ?, el imperialismo norteamericano y su dictadura global caerán por las luchas anti-coloniales que hoy libramos en Medio Oriente y en América Latina. Y esa lucha la darán solamente los pueblos y no tendrán más aliados incondicionales que su propia solidaridad: si Ayití (Haití), si Colombia, si América toda, si Palestina, si el Oriente Medio, esperan que las respuestas a sus hondos problemas vengan de la Casa Blanca, podrán seguir esperando por los siglos de los siglosâ¦

José Antonio Gutiérrez D.
05 de Junio del 2008

Fuente: http://www.anarkismo.net/article/9067 (en ese enlace pueden encontrarse las notas al artículo)
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