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Comentari :: corrupció i poder
Lamentablemente, somos gente demasiado tranquila...
10 ago 2007
Entiendo perfectamente que a los que tenemos que trabajar en la época estival, se nos haga más difícil tener que realizar el trabajo, pero a pesar de toda mi comprensión, hay cuestiones que son difíciles de entender.
Resulta que el pasado viernes 10 de Agosto, a eso de las 19.30 horas, entraba en la oficina central de correos de Barcelona para realizar varios envíos de cartas. Para uno de ellos, el que iba con el sobre abierto, lo único que requería era el franqueo, pues tenía que acabar de escribir unas letras en el papel que había introducido dentro. Después de esperar mi turno, en la ventanilla de envíos pudieron atender todas mis peticiones, menos la anteriormente citada, aduciendo que ahora, allí, ya no vendían sellos, pero que podía hacerlo en la ventanilla para ese menester. Pagué los envíos aceptados, y me dirigí con el sobre abierto a la citada ventanilla. Cuando me llegó el turno y solicité el franqueo para dicho sobre, la funcionaria me dijo que ella no podía atenderme en lo que le solicitaba, y me remitió de nuevo a la ventanilla de envíos. Cuando le comenté que precísamente venía de aquella ventanilla y que allí me habían dicho que ellos ya no vendían sellos y que para eso debía ir a la ventanilla 2, la funcionaria me hizo notar su condición como tal explicando que era tan funcionaria como el otro empleado, y que para vender franqueo, había que saber primero el tipo de envío, el peso de la carta y que la medida del sobre utilizado era mayor y que eso requería otra tarifa. Le hice notar que, simplemente, lo que necesitaba era un envío de correo normal y que todo lo demás, para mi pesar, no era una cuestión que la pudiese determinar yo, y que por ello requería sus servicios. Me reiteró que ella no me podía vender sellos en dichas condiciones, y exigió que le dijera desde qué ventanilla me habían dicho eso para llamarles la atención. Le contesté que yo no quería ni discutir con ella, ni con la otra persona y que únicamente lo que deseaba es que me vendieran los sellos necesarios para poder enviar aquella carta. Ella se reafirmó en su negativa diciendo que no podía hacerlo, que ahora las cosas en correos habían cambiado. Tuve la sensación de que me recriminaba como si estuviese haciendo algo mal, y le respondí que el que cambiasen las cosas no era culpa mía, y que me parecía sorprendente que de un lado me enviaran para otro y del otro para el uno y que alguien no pudiera comprar sellos y llevárselos puestos en el sobre para introducirlo en el buzón cuando uno quisiera... Ante tal obstinación funcionarial, recogí el sobre, lo guardé y me marché sin pedir una hoja para hacer una reclamación, quizás, porque tengo la pesimista certeza de que ni tan siquiera hubiese sido posible hacer una reclamación por escrito y me hubieran derivado a algún número de atención telefónica.
A menudo pienso que en general asumimos las cosas con demasiada tranquilidad. A la dificultad para la utilización pública de los trenes de cercanías, el lento servicio de la sanidad pública, las graves y temerarias imprudencias en las obras del Carmelo, o los graves problemas que están originando las obras del AVE, tanto para los vecinxs como para los usuarixs del servicio de las demás líneas de ferrocarril; tenemos que añadirle una deficitaria red eléctrica con graves y costosos apagones que nos dejan días enteros a oscuras, o el lamentable funcionaniemto de las líneas de comunicación telefónica y los aeropuertos, o las agresivas planificaciones urbanísticas que a través de un brutal âmobbingâ? dejan en penosas condiciones a muchas personas mayores y sin apenas medios económicos, o expulsan del barrio de toda su vida a familias enteras..., a todo eso además, ahora hay que sumarle las complicaciones para hacer algo tan elemental como el envío de una carta por correo postal. Es como si la propia empresa pública de correos y algunos de sus trabajadores, hubiesen asumido con interés y resignación, la desaparición de una actividad para dejar ese espacio a lo que los políticos llaman PROGRESO. Lo peor de todo, no es que todos esos servicios sean pésimos o nefastos, sino que además nos cuesten caros..., excesivamente caros. Pero mucho peor y más caro todavía nos cuesta reclamar y exigir que se nos atienda en condiciones, como personas y no como consumidores que nos lo tragamos todo. Reclamar, hoy por hoy, nos cuesta tres veces más, y no sólo en el aspecto económico, sino en la de la dedicación casi exclusiva y en la del tiempo empleado a que se nos atienda y que nadie quiere reconocer como nuestro y con capacidad para poder utilizarlo en lo que más nos apetezca. A partir de que uno inicia una reclamación, cree que está trabajando para ver reconocidos sus derechos, pero tengo la sensación de que en realidad lo que hacemos, es trabajar para la empresa reclamada. Desde las oficinas de consumidores, se nos recomienda reclamar, pero tal y como están todas las cosas, no haríamos otra cosa en nuestras vidas que trabajar y estar pendientes de cómo van nuestras quejas y sus consiguientes desestimaciones y recursos, olvidándonos de lo que para mi es fundamental: VIVIR.

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Comentaris

Re: Lamentablemente, somos gente demasiado tranquila...
11 ago 2007
DEMASIADO LARGO.
NADIE SE LO HA LEIDO, APRENDE A SINTETIZAR.
"Lamentablemente, somos gente demasiado vaga..."
Re: Lamentablemente, somos gente demasiado tranquila...
12 ago 2007
este texto si es un poco más clientelista asusta.

Por lo visto somos demasiado tranquilxs para exigir nuestro derecho al consumo, que triste de verdad...
Re: Lamentablemente, somos gente demasiado tranquila...
12 ago 2007
Gracias a los dos por vuestros sabios consejos. A "kk" por ser tan visionario y acertar en lo que nadie se lo ha leído y en mi incapacidad para sintetizar. Es probable que no tenga ningún interés en hacerlo. VIVIR, no se puede sintetizar.
También agradezco a ".." porque me ha mostrado rápidamente que con él no hay posibilidad de complicidad y que del texto se puede sacar una lectura completamente contraria a la pretendida, cuando alguien interioriza que "el consumo es un derecho" y no es ese "derecho" precísamente el que reivindicaba.
En el texto apuntaba la necesidad de ser escuchadxs como personas y no como consumidorxs, ya que esa es la única opción que nos dejan y a la que personalmente renuncio. De ahí mi alusión a las propuestas de las asociaciones de consumidores, que trabajan para convertirnos en consumidorxs modelo.
Lo de que somos demasiado tranquilos, viene a cuento por todo el cúmulo de situaciones que coinciden y que a pesar de ello y de ser un momento en el que habría posibilidad de unir la rabia contenida de tantas circunstancias, acabamos mansamente individualizando el conflicto y aceptando con suma tranquilidad esas situaciones como un estado de normalidad.
Puede que para tí, el plantear que los conflictos sociales, están pasando de la parte pública o de gobierno, a la parte privada de las multinacionales, sea una exaltación de clientismo; para mi en todo caso, lo que me sugiere y me motiva, es cómo puedo reconducir la lucha por mi supervivencia y mi negativa a aceptar por voluntad propia o por imposición, el rol de productorxs-consumidorxs al que nos tienen relegadxs.
Disculpar que de nuevo no haya sabido sintetizar, pero en mi opinión, para eso, hay que poseer una complicidad que entre nosotrxs no tenemos; y esto que acabo de escribir, no es ni más ni menos que un reflejo de lo que exponía en el primer mensaje. A veces, para entender algo, también hay que poner un poquito de esfuerzo.
Salud!
Re: Lamentablemente, somos gente demasiado tranquila...
15 ago 2007
Correos no es una entidad pública, pues el estado se lo vendió (privatizó).

Me ha extrañado también que fueras mostrando un sobre abierto para comprar un sello. Yo creo que otras posibilidades eran:
- Sin sobre, comprar un sello por valor de X,xx Euros
- Sin comprar un sello, preguntar cuanto valdria el franqueo del sobre abierto, alegando que era para saber si te interesaba meter más peso o quitar cosas.
- Apuntar lo que tuvieras que apuntar y cerrar el sobre.
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