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Notícies :: corrupció i poder
Derribo de la Casa de la Cultura de Valencia.
18 mai 2006
Carta abierta de Juan Emilio Sanchis, de la Plataforma 14 de Abril por la III República, dirigida al presidente del Gobierno y a la ministra de Cultura.
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Valencia, 9 de octubre de 2005




Sr. don José Luis Rodríguez Zapatero (presidente del Gobierno)
y
doña Carmen Calvo (ministra de Cultura)


«La cultura, desde su capacidad para expresar y definir el mundo, no puede ni debe entenderse de forma ajena a la política» (del discurso de la Sra. ministra de Cultura ante la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados, 25 de mayo de 2004)


Muy Sr. y Sra. míos (o al revés, porque con lo de la discriminación positiva es un lío el propio encabezamiento):

Me dirijo a ustedes, tanto en mi calidad de escritor fracasado (en España es un oficio...) como en la de miembro de la Plataforma 14 de Abril por la III República. Y el motivo de este atrevimiento (a falta de que me pidan opinión sobre otros problemas nacionales, que no creo...) es el de hacerles conocedores de la indignación que ha supuesto, no ya a las personas de acrisolada ideología republicana, sino también a la práctica totalidad de escritores y poetas que han conocido el desaguisado, el derribo (disfrazado externamente de reforma) del edificio número 42 de la valenciana calle de la Paz para la construcción de un hotel.

No comprendo, no comprendemos (y cuando utilizo el plural pueden darse cuenta de que no escribo estrictamente en privado, sino que esta carta la conocerá y suscribirá el colectivo antes citado más toda una pléyade de artistas y escritores; al margen de la ironía que empleo, que no me puedo remediar, porque en Valencia es como el Rh de los vascos: nuestro «hecho diferencial») cómo, a pesar de que las licencias para el derribo, enmascarada conservación y levantamiento de un hotel pluriestelar hayan sido concedidas, como deviene lógico, por el equipo de Gobierno del Partido Popular, dichas obras hayan comenzado también ante la pasividad (no sé/no sabemos en qué medida culposa por omisión: si no existe, nos gustaría que nos la explicaran) de la oposición del PSPV-PSOE y de los miembros de EU-L’ENTESA, aunque cada palo que aguante su vela.

A título particular, infiero que estos hechos deben estar contemplados en la Ley 16/1985 de 25 de junio de Patrimonio, con todo el complejo entramado de competencias a la sazón de las materias transferidas a la Comunidad Autónoma, pero esta carta, o mensaje, como se le quiera llamar, no es el inicio de un contencioso administrativo (aunque puede llegar a serlo), sino la denuncia amistosa de unos hechos a un grupo político al que se le supone una cierta afinidad con la Plataforma.

Miren ustedes: por un casual (y no lo digo por atribuirme méritos proféticos), estuve hablando a principios del verano con doña Ana Noguera y quedamos en «hacer algo» en septiembre. Y, en fin, no sé: no sé las ideas que pueda tener la señora diputada o el equipo de «cultura» del Ayuntamiento, pues también he hablado con don Juan Soto y con el responsable de urbanismo.

En resumen, a fecha de hoy, ignoramos los entresijos de la tropelía cometida; desconocemos el derecho positivo que ampare la nacionalización o municipalización de los bienes de interés histórico o cultural, y barruntamos que han debido pesar grandes intereses financieros. Tampoco se explica que el edificio pasara inadvertido para los correlativos responsables culturales: Ayuntamiento, Generalitat Valenciana y Gobierno de la Nación. La Sra. ministra, en la conferencia pronunciada el 13 de septiembre del 2004, en el Club Siglo XXI, dijo: «No hace falta recordar que uno de los primeros grandes conceptos que afectaron al arte fue la idea de comprar bienes públicos y disponer de edificios para albergar estos bienes públicos como patrimonio histórico y artístico de los ciudadanos, ofreciéndolos como verdadero servicio a la sociedad.» Si el daño es ya irreparable, y el Estatuto o ligamen de transferencias lo permite, debería, a nuestro entender, actuar el Ministerio Fiscal para depurar responsabilidades, si has hubiere. Subjetivamente, creemos que «hay indicios razonables, por lo menos, de delito culposo».

A usted en particular, señora ministra, le digo/decimos que una pifia como ésta parece de lo más natural que le ocurriera a doña Esperanza Aguirre, que ya sabe usted cómo se las gastaba...: que si «Sara Mago», que si esto o lo otro... Pero a usted, que, sin ir más lejos, en la inauguración de la Exposición y del Congreso del Centenario de María Zambrano, o en el homenaje al general Lázaro Cárdenas, cita a Pedro Garfias, a José Gaos, a Juan Marichal e incluso al don Manuel Azaña de las tres «pes»: «paz, piedad, perdón», parece mentira que el asolamiento de la Casa de la Cultura de la II República, ubicada en la «paz» viaria de Valencia, le deje indiferente.

... Es más: le voy a dar un aviso. Y fíjese que digo (escribo) «aviso», no «advertencia», que sería tal vez una falta de respeto. Le aviso (y «el que avisa no es traidor») de que, en Rocafort, el chalet llamado Villa Amparo que ocupara, en los años en que fue presidente de la mentada Casa de la Cultura, don Antonio Machado (cuyo cadáver fue cubierto, como usted sabe, con la bandera republicana), es desde hace mucho tiempo (concretamente yo le vengo haciendo un «seguimiento» desde el día en que don Alfonso Guerra y don Luis Yáñez partieron, con gran boato, hacia Collioure en un tren especial para rendirle homenaje; yo me tuve que conformar con el vulgar tren de vía estrecha que, paradójicamente, es el que tiene la estación al lado del chalet... Si usted recuerda conmigo unos versillos de los muchos ferroviarios que tiene el poeta: «Yo, para todo viaje / —siempre sobre la madera / de mi vagón de tercera—, / voy ligero de equipaje») un salón de bodas y bautizos, cuando no pub, cuyos propietarios o poseedores están gozando de tiempo más que suficiente para preparar todo un blindaje legal que impida su «museización» y disfrute público.

En este caso, hablo en primera persona del singular porque, la verdad, allí, en el portalón, ese día y otros muchos, sólo estaba yo. Hace menos años, quizá en 2001, con un señor mayor que desde Moscú dirigía emisiones de radio para España e Hispanoamérica, un tal Sandoval, en la tarde del 14 de abril, proveniente de las fosas comunes de Paterna, donde yacen los fusilados de postguerra, dejamos allí un tiesto de flores con una bandera republicana (una bandera republicana que, por cierto, tras viajar al muelle del Sena, donde la pudo ver el señor Rojo, presidente del Senado, cuando celebramos la entrada de republicanos españoles en la vanguardia de las fuerzas del general Leclerc, en París, fue a parar a Mauthausen) sin que, hasta el momento, sepa o sepamos que nadie se haya preocupado por el presente y futuro de tan significativo inmueble.

Cabe suponer, pues, que ustedes dos (presidente del Gobierno y ministra de Cultura) conocen que en el año 1937 se celebró en Valencia un Congreso de Escritores e Intelectuales Antifascistas. Pueden ustedes imaginar el trasiego de escritores, pintores, filósofos, politólogos y poetas que se daba por ambos edificios: desde Malraux a Neruda, desde León Felipe, que se exaltaba escribiendo La insignia en el café Ideal Room, muy cercano a la Casa de la Cultura, hasta el agudo periodista soviético Ilia Ehrenburg, que a toda hora estaba en el chalet de don Antonio tomando café. Yo, antes de que acudiera a mí, lo que Quevedo llamaba «el pálido rebaño» de las enfermedades, estuve tratando de integrar el pueblo de Rocafort en el itinerario «machadiano» (ya saben: Sevilla, Madrid, Soria, Baeza, Segovia, ciudad esta última donde izó en el balcón de su Ayuntamiento la bandera tricolor), en aparente paz y armonía con la concejala del PP doña Consuelo Reig, pero quizá siguiendo órdenes del alcade, quizá por el recelo que levantaban en los propietarios del chalet mis idas, venidas y asomos por el pretil de la acequía que lo circunda, me cerraron el tema por completo.

Ustedes perdonarán que me haya extendido, pero a falta de tribuna en el Congreso, no puedo reprimir el yo profundo que emana de, además de mi preocupación por la cultura, como dice mi mujer, «de mis ganas de figurar en todos los saraos», que también es posible. Como la vocación política de ustedes.

Y como creo que ya les he expuesto el problema, les pido y pedimos, que, en la medida de lo posible, intervengan.

Nada más.



P.d.-También les digo/decimos que parecida carta a ésta les fue enviada a los señores Alfonso Guerra (por su machadismo acrisolado) y Julio Anguita (por su inquebrantable fe republicana), sin que, a día de hoy, acerca de estos problemas concretos, me/nos haya respondido ninguno de los dos.

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Comentaris

Re: Derribo de la Casa de la Cultura de Valencia.
18 mai 2006
Perdió pie, cayóse al agua.
—¡Válgale la Magdalena!
—Buene festín para los peces,
decían en la ribera.

Lo vieron nadar, y todos
se quitaban la chaqueta...
—¡Al agua! ¡pronto!...
De risa
se ahogaba el náufrago en tierra.

¡Gloria a Valdés que pintara
el fondo del alma huera
de Don Miguel de Mañara!

Pero esa filosofía
de carroña y gusanera
tan sombría,
o, si queréis, tan IBERA,
no me gusta: huele a cera
y a calavera vacía.
Sindicat