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Notícies :: un altre món és aquí : educació i societat
El apoyo mutuo es mas importante que la competencia
21 mai 2005
El apoyo mutuo es mas importante que la competencia entre las especies
La importancia del factor de la ayuda mutua -"si tan sólo pudiera demostrarse su generalidad"- no escapó a la atención de Goethe, en quien de manera tan brillante se manifestó el genio del naturalista. Cuando, cierta vez,Eckerman contó a Goethe -sucedía esto en el año 1827- que
dos pichoncillos de "reyezuelo", que se le habían escapado cuando mató a la madre,fueron hallados por él, al día siguiente, en un nido de
pelirrojos que los alimentaban ala par de los suyos, Goethe se emocionó mucho por este
relato. Vio en ello la confirmación de sus opiniones panteístas sobre la, naturaleza y dijo: "Si resultara, cierto que alimentar a los extraños es inherente a la naturaleza toda, como algo que tiene carácter de ley general, muchos enigmas quedarían entonces resueltos.
En cuanto a la obra recién editada de Büchner, a pesar de que induce a la reflexión sobre
el papel de la ayuda mutua en la naturaleza, y de que es rica en hechos, no estoy de acuerdo con su idea dominante. El libro se inicia con un
himno al amor, y casi todos los ejemplos son tentativas para demostrar la existencia del amor y la simpatía entre los animales. Pero, reducir la
sociabilidad de los animales al amor y a la
simpatíasignifica restringir su universalidad y su importancia, exactamente lo mismo
que una ética humana basada en el amor y la simpatía personal conduce nada más que a restringir la concepción del sentido moral en su
totalidad. De ningún modo me guía el amor hacia el dueño de una determinada casa a quien muy a menudo ni siquiera conozco cuando, viendo su
casa presa de las llamas, tomo un cubo con agua y
corro hacia ella, aunque no tema por la mía. Me guía un sentimiento más amplio,
aunque es más indefinido, un instinto, más exactamente dicho, de solidaridad humana; es decir, de caución solidaria entre todos los hombres y de sociabilidad. Lo mismo se observa también entre los animales. No es el amor, ni siquiera la simpatía (comprendidos en el sentido
verdadero de éstas palabras) lo que induce al rebaño de rumiantes o caballos a formar un círculo con el fin de defenderse de las agresiones de los lobos; de ningún modo es el amor el que hace que los lobos se reúnan en manadas para cazar; exactamente lo mismo que no es el amor lo que obliga a los corderillos y a los gatitos a entregarse a sus juegos, ni es el amor lo que junta las crías otoñales de las aves que pasan juntas días enteros durante casi todo el otoño. Por último, tampoco puede atribuirse al amor ni a la simpatía personal el hecho de que
muchos millares de gamos, diseminados por territorios de extensión comparable a la de Francia, se reúnan en decenas de rebaños aislados que se dirigen, todos, hacia un punto conocido, con el fin de atravesar el Amur y emigrar a una parte más templada de la Manchuria.
En todos estos casos, el papel más importante lo desempeña un sentimiento incomparablemente más amplio que el amor o la simpatía
personal. Aquí entra el instinto de sociabilidad, que se ha desarrollado lentamente entre
los animales y los hombres en el transcurso de un
período de evolución extremadamente largo, desde los estadios más elementales, y que enseñó por igual a muchos animales y hombres a tener conciencia de esa fuerza que ellos adquieren practicando la ayuda y el apoyo mutuos, y también a tener conciencia del placer que se puede hallar en la vida social.
El amor, la simpatía y el sacrificio de sí mismos, naturalmente,desempeñan un papel enorme en el desarrollo progresivo de nuestros sentimientos morales. Pero la sociedad, en la humanidad, de ningún modo le ha creado sobre el amor ni tampoco sobre la simpatía.
Se ha creado sobre la conciencia -aunque sea instintiva- de la solidaridad humana y de
la dependencia recíproca de los hombres. Se ha
creado sobre el reconocimiento inconscientes semiconsciente de la fuerza que la
práctica común de dependencia estrecha de la felicidad de
cada individuo de la felicidad de todos, y sobre los sentimientos de justicia o de
equidad, que obligan al individuo a considerar los derechos
de cada uno de los otros como iguales a sus propios derechos.
Darwin, para su propósito especial, utilizó la expresión
"lucha por la existencia" preferentemente en su
sentido estrecho, previno a sus sucesores en contra del error (en el cual parece que cayó
él mismo en una época) de la comprensión
demasiado estrecha de estas palabras. En su obra posterior, Origen del hombre, hasta
escribió varias páginas bellas y vigorosas para
explicar el verdadero y amplio sentido de esta lucha. Mostró cómo, en innumerables
sociedades animales, la lucha por la existencia entre los
individuos de estas sociedades desaparece completamente, y cómo, en lugar de la lucha,
aparece la cooperación que conduce al desarrollo
de las facultades intelectuales y de las cualidades morales, y que asegura a tal especie
las mejores oportunidades de vivir y propasarse.
Señaló que, de tal modo, en estos casos, no se muestran de ninguna manera "más aptos"
aquéllos que son físicamente más fuertes o más
astutos, o más hábiles, sino aquéllos que mejor saben unirse y apoyarse los unos a los
otros -tanto los fuertes como los débiles- para el
bienestar de toda su comunidad "Aquellas comunidades -escribió- que encierran la
mayor cantidad de miembros que simpatizan entre sí,
florecerán mejor y dejarán mayor cantidad de descendientes- (segunda edición inglesa,
página 163).
Más aún, en este
mismo libro sobre el origen del hombre, donde escribió los
pasajes citados que refutan la estrecha comprensión malthusiana de la "lucha" se abrió
paso nuevamente el fermento malthusiano; por
ejemplo, allí donde se hacía la pregunta: ¿es menester conservar la vida de los "débiles
de mente y cuerpo" en nuestras sociedades
civilizados? (capítulo V). Como si miles de poetas, sabios inventores y reformadores
"locos", Y también los llamados "entusiastas débiles de
mente" no fueran el arma más fuerte de la humanidad en su lucha por la vida, en la
lucha que se sostiene con medios intelectuales y- morales,
cuya importancia expuso tan bien el mismo Darwin en los mismos capítulos de su libro.
-¿Dónde está esa lucha? -preguntaba yo a Poliakof-. Veíamos muchas adaptaciones para
la lucha, muy a menudo para la lucha en común,
contra las condiciones climáticas desfavorables, o contra diferentes enemigos, y I. S.
Poliakof escribió algunas páginas hermosas sobre la
dependencia mutua de los carnívoros, rumiantes y roedores en su distribución
geográfica. Por otra parte, vi yo allí, y en el Amur, numerosos
casos de apoyo mutuo, especialmente en la época de la emigración de las aves y de los
rumiantes, pero aun en las regiones del Amur y del
Ussuri, donde la vida animal se distingue por su gran abundancia, muy raramente me
ocurrió observar, a pesar de que los buscaba, casos de
competencia real y de lucha entre los individuos de -una misma especie de animales
superiores.
Su
fuerza reside en el apoyo mutuo y en la confianza
mutua. Y si la hormiga -sin hablar de otras termitas más desarrolladas- ocupa la cima de
una clase entera de insectos por su capacidad
mental; si por su bravura se puede equiparar a los más valientes vertebrados, y su
cerebro -usando las palabras de Darwin- "constituye uno de
los más maravillosos átomos de materia del mundo, tal vez aun más asombroso que el
cerebro del hombre" -¿no debe la hormiga todo esto a
que la ayuda mutua reemplaza completamente la lucha mutua en su comunidad?Lo mismo es cierto también con respecto a las abejas. Estos pequeños insectos, que
podrían ser tan fácil presa de numerosas aves, y cuya
miel atrae a toda clase de animales, comenzando por el escarabajo y terminando con el
oso, tampoco tienen particularidad alguna protectora
en la estructura o en lo que a mimetismo se refiere, sin los cuales los insectos que viven
aislados apenas podrían evitar el exterminio completo.
Pero, a pesar de eso, debido a la ayuda mutua practicada por las abejas, como es sabido,
alcanzaron a extenderse ampliamente por la tierra;
poseen una gran inteligencia, y han elaborado formas de vida social sorprendentes.
Trabajando en común, las abejas multiplican en proporciones inverosímiles sus fuerzas
individuales, y recurriendo a una división temporal del
trabajo, por lo cual cada abeja conserva su aptitud para cumplir cuando es necesario,
cualquier clase de trabajo, alcanzando tal grado de
bienestar y seguridad que no tiene ningún animal, por fuerte que sea o bien armado que
esté.

Vemos, de este modo, que los instintos antisociales
continúan existiendo; pero la selección natural debe aniquilar
incesantemente a las ladronas, ya que, a la larga, la práctica de la reciprocidad se
muestra más ventajosa para la especie que el desarrollo de
los individuos dotados de inclinaciones de rapiña. "Los más astutos y los más
inescrupulosos" de los que hablaba Huxley como de los
vencedores, son eliminados para dar lugar a los individuos que comprenden las ventajas
de la vida social y del apoyo mutuo.
Dos grandes familias de aves, a saber, las grullas y los papagayos han alcanzado los más
admirables resultados en lo que respecta a la
seguridad individual, al goce de la vida en común. Las grullas son sumamente sociables,
y viven en excelentes relaciones no sólo con sus
congéneres, sino también con la mayoría de las aves acuáticas. Su prudencia no es
menos asombrosa que su inteligencia. Inmediatamente
disciernen las condiciones nuevas y actúan de acuerdo con las nueve exigencias. Sus
centinelas vigilan siempre que las bandadas comen o descansan, y los cazadores saben, por experiencia, cuán difícil es aproximárseles. Si el
hombre consigue cogerlas desprevenidas, no vuelven
más a ese lugar sin enviar primero un explorador, y tras él una partida de exploradores;
y cuando esta partida vuelve con la noticia de que no
se vislumbra peligro, envían una segunda partida exploradora para comprobar el
informe de los primeros, antes de que toda la bandada se
decida a adelantarse. Con especies próximas, las grullas contraen verdaderas amistades,
y, en cautiverio, ninguna otra ave, excepción hecha
solamente del no menos social e inteligente papagayo, contrae una amistad tan
verdadera con el hombre.
"La grulla no ve en el hombre un amo, sino un amigo, y trata de demostrárselo de todos
modos" -dice Brehm basado en su experiencia
personal. Desde la mañana temprano hasta bien entrada la noche, la grulla se encuentra
en incesante actividad; pero, consagra en total
algunas horas de la mañana a la búsqueda del alimento, en especial el alimento vegetal;
el resto del tiempo se entrega a la vida social.
"Estando con ánimo de juguetear -escribe Brehm- la grulla levanta de la tierra
danzando, piedrecillas, pedacitos de madera, los arroja al aire
tratando de agarrarlos tuerce el cuello, despliega las alas, danza, brinca, corre, y, por
todos los medios, expresa su buen humor, y siempre es
hermosa y graciosa. Puesto que viven constantemente en sociedad, casi no tienen
enemigos, a pesar de que Brehm tuvo ocasión de ver, a
veces, que alguna era atrapada accidentalmente por un cocodrilo, pero con excepción
del cocodrilo, no conoce la grulla ningún otro enemigo.
La prudencia de la grulla, que se ha hecho proverbial, la salva de todos los enemigos, y,
en general, vive hasta una edad muy avanzada. Por
esto no es sorprendente que la grulla, para conservar la especie, no tenga necesidad de
criar una descendencia numerosa y, generalmente, no
pone más de dos huevos. En cuanto al elevado desarrollo de su inteligencia, bastará
decir que todos los observadores reconocen
unánimemente que la capacidad intelectual de la grulla recuerda poderosamente la
capacidad del hombre.
Entre los vertebrados superiores, la sociedad es ya temporaria,
periódica, o sirve para la satisfacción de alguna necesidad
definida, por ejemplo la reproducción, las migraciones, la caza o la defensa mutua. Se
hace hasta accidental, por ejemplo, cuando las aves se
reúnen contra un rapaz, o los mamíferos se juntan para emigrar bajo la presión de
circunstancias excepcionales. En este último caso, la
sociedad se convierte en una desviación voluntaria del modo habitual de vida.
Además, la unión a veces es de dos o tres grados: al principio, la familia; después, el
grupo, y por último, la sociedad de grupos,
ordinariamente dispersos, pero que se reúnen en caso de necesidad, como hemos visto
en el ejemplo de los búfalos y otros rumiantes durante
sus cambios de lugar.
"Los más aptos", los mejor dotados para la lucha con todos los elementos hostiles son,
de tal modo, los animales sociales
La idea que Darwin llevó a través de todo su libro sobre el origen de las especies es, sin
duda, la idea de la existencia de una verdadera
competencia, de una lucha dentro de cada grupo animal por el alimento, la seguridad y
la posibilidad de dejar descendencia. A menudo habla
de regiones saturadas de vida animal hasta los límites máximos, y de tal saturación
deduce la inevitabilidad de la competencia, de la lucha
entre los habitantes. Pero si empezamos a buscar en su libro pruebas reales de tal
competencia, debemos reconocer que no existen
Si comenzamos a buscar en Darwin mayores detalles con objeto de convencernos hasta
dónde el crecimiento de una especie realmente está
condicionado por el decrecimiento de otra especie, encontramos que, con su habitual
rectitud, dice él lo siguiente:
"Podemos conjeturar (dimley see) por qué la competencia debe ser tan rigurosa entre las
formas emparentadas que llenan casi un mismo
lugar en la naturaleza; pero, probablemente en ningún caso podríamos determinar con
precisión por qué una especie ha logrado la victoria
sobre otras en la gran batalla de la vida.
manera, en casos semejantes, lo que se atribuye a la competencia, a la lucha,
puede ocurrir que de ningún modo sea competencia ni
lucha. De ningún modo una especie desaparece porque otra especie la ha exterminado o
la ha hecho morir de consunción tomándole los
medios de subsistencia, sino porque no pudo adaptarse bien a nuevas condiciones,
mientras que la otra especie logré hacerlo. La expresión
"lucha por la existencia" tal vez se emplea aquí, una vez más, en su sentido figurado, y
por lo visto no tiene otro sentido. En cuanto a la
competencia real por el alimento entre los individuos de una misma especie que Darwin
ilustró en otro lugar con un ejemplo tomado de la vida
del ganado cornúpeta de América del Sur durante una sequía, el valor de este ejemplo
disminuye significativamente porque ha sido tomado
de la vida de animales domésticos. En circunstancias semejantes, los bisontes emigran
con el objeto de evitar la competencia por el alimento.
Cada
especie tiende constantemente a la expansión de su lugar de residencia, y la emigración
a nuevas residencias es regla general, tanto para las
aves di vuelo rápido como para el caracol de marcha lenta. Luego, en cada extensión
determinada de la superficie terrestre, se producen
constantemente cambios físicos, y el rasgo característico de las nuevas variedades entre
los animales en un inmenso número de casos -quizá
en la mayoría- no es de ningún modo la aparición de nuevas adaptaciones para arrebatar
el alimento de la boca de sus congéneres -el
alimento es sólo una de las centenares de condiciones diversas de la existencia-, sino,
como el mismo Wallace demostró en un hermoso
párrafo sobre la divergencia de las caracteres" (Darwinism, página 107), el principio de
la nueva variedad puede ser la formación de nuevas
costumbres, la migración a nuevos lugares de residencia y la transición a nuevas formas
de alimentos.
Cada año sobrevivirá una
proporción algo mayor, en comparación con otras, de
ardillas de esta variedad nueva y mejor adaptada, y los eslabones intermedios se
extinguirán en el transcurso del tiempo, de año en año, sin
que sus competidores malthusianos las condenen de ningún modo a muerte por hambre.
Lo importante no es saber cuántos millones de
búfalos, cabras, ciervos, etc., pueden alimentarse en un territorio determinado durante
un verano exuberante y de lluvias moderadas, sino
cuántos sobrevivirán si se produce uno de esos veranos secos en que toda la hierba se
quema, o un verano húmedo en que territorios
semejantes a la. Europa central se convierten en pantanos continuos, como he visto en
la, meseta de Vitimsk- o cuando las praderas y los
bosques se incendian en miles de verstas cuadradas, como hemos visto en Siberia y en
Canadá.
He aquí por qué, debido a esta sola cansa, la competencia, la lucha por el alimento,
difícilmente puede ser condición normal de la vida.
Se podría agregar en cantidad hechos semejantes, cada uno de los cuales disminuye la
importancia atribuida a la competencia y a la lucha
dentro de la especies.
Naturalmente, se podría contestar con las palabras de Darwin, de
que, sin embargo, cada ser orgánico, "en cualquier
periodo de su vida, en el transcurso de cualquier estación del año, en cada generación, o
de tiempo en tiempo, debe luchar por la existencia y
sufrir una gran destrucción", y de que sólo los más aptos sobrevivan a tales períodos de
dura lucha por la existencia. Pero si la evolución del
mundo animal estuviera basada exclusivamente, o aun preferentemente en la
supervivencia de los más aptos en períodos de calamidades, si
la selección natural estuviera limitada en su acción a los períodos de sequía excepcional,
o cambios bruscos de temperatura o inundaciones,
entonces la regla general en el mundo animal seria la regresión, y no el progreso.
Aquellos que sobreviven al hambre, o a una epidemia severa de cólera, viruela o
difteria, que diezman en tales medidas como las que se
observan en países incivilizados, de ninguna manera son ni más fuertes, ni más sanos ni
más inteligentes. Ningún progreso podría basarse
sobre semejantes supervivencias, tanto más cuanto que todos los que han sobrevivido
ordinariamente salen de la experiencia con la salud
quebrantada, como los caballos de Transbaikalia que hemos mencionado antes, o las
tripulaciones de los barcos árticos, o las guarniciones
de las fronteras obligadas a vivir durante algunos meses a media ración y que, al
levantarse el sitio, salen con la salud destrozada y con una
mortalidad completamente anormal como consecuencia. Todo lo que la selección
natural puede hacer en los períodos de calamidad se reduce
a la conservación de los individuos dotados de una mayor resistencia para soportar toda
clase de privaciones. Tal es el papel de la selección
natural entre los caballos siberianos y el ganado cornúpeto. Realmente se distinguen por
su resistencia; pueden alimentarse, en caso de
necesidad, con abedul polar, pueden hacer frente al frío y al hambre, pero, en cambio, el
caballo siberiano sólo puede llevar la mitad de la
carga que lleva el caballo europeo sin esfuerzo; ninguna vaca siberiana da la mitad de la
cantidad de leche que da la vaca Jersey, y ningún
indígena de los países salvajes soporta la comparación con los europeos. Esos indígenas
pueden resistir más fácilmente el hambre y el frío,
pero sus fuerzas físicas son considerablemente inferiores a las fuerzas del europeo que
se alimenta bien, y su progreso intelectual se produce
con una lentitud desesperante. "Lo malo no puede engendrar lo bueno", como escribió
Chemishevsky en un ensayo notable consagrado al
darwinismo.

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Comentaris

Re: El apoyo mutuo es mas importante que la competencia
21 mai 2005
"¿Qué hace falta para que los grupos matengan sus compromisos cooperativos? La identidad, la reputación, los límites, los incentivos al compromiso y el castigo de los francotiradores, entre otros...

¿Qué filósofo defendió la importancia de la cooperación mientras se debatía por primera vez la teoría evolutiva? Kropotkin, en su famoso libro El apoyo mutuo, un factor de evolución. Kropotkin declara que Huxley hace una lectura errónea de la teoría de Darwin. Para Kropotkin, la cooperación se puede observar en el reino animal.
Algunas de sus ideas han sido corroboradas. El biólogo Stephen J. Gould asegura que Kropotkin ha descubierto algo. Y de hecho, la simbiosis y la cooperación se han observado en todos los niveles, desde la célula al ecosistema.

Kropotkin también sostenía que los humanos estamos dispuestos a ayudarnos sin coacción autoritaria. Afirma que no hace falta un gobierno centralizado para dar ejemplo o obligar al pueblo a obrar bien. El pueblo ya actuaba así ANTES de la aparición del Estado. Más bien al contrario para Kropotkin, el gobierno reprime nuestra tendencia natural a la cooperación.
La observación de Kropotkin de que la cooperación surge en todos los ámbitos de la biología provoca que en los 50-60 del siglo XX se produzca una revolución teórica."


Fuente: Rheingold, Howard, Multitudes inteligentes, La próxima revolución social, p.
Re: El apoyo mutuo es mas importante que la competencia
21 mai 2005
La Iglesia Católica (católicos somos casi todos(*))Apostólica y Romana, se resistía al Darwinismo hasta que comprobó las grandes ventajas del "darwinismo social", en síntesis:
se subió a este carro por los beneficios que supone para su "kiosko" el hecho de que sea natural que el rico se coma al pobre.
Lógicamente el Capitalismo lo apoyó (oye! una simbiosis).
Lo difícil fueron las cuentas que han traído hasta hoy, y que no les cuadran, o mejor, las cuadran a hostias para que la evolución coincida con la creación.
Jamás la Iglesia con estos dividendos abandonará la lucha por las especies y por la evolución desde esa forma tan curiosa de ver las cosas.
Sin ser yo creyente llevo años intentando descubrir en las revistas científicas los eslabones perdidos...pero nada, que no quieren aparecer. O serán apariciones como las de Fátima que solo las ven 3 personas y dos no las oyen?
La peor pregunta que le podíam hacer a Darwin era si creía que el conejo había evolucionado de la mosca, el caballo de la luciérnaga, o el perrito chihuahua de la ballena.
Después de haber renegado de muchas cosas, y de haber respondido positivamente a algunas tesis sobre el apoyo mutuo, murió.
Bueno, murió, es decir, sigue evolucionando. Actualmente es una larva en el cojón izquierdo de Fraga.

(*)universalista.
Re: Al zampabollos
22 mai 2005
tu lo que eres es un comemierda con la elegancia propia del catalogo de Porcelanosa
Re: El apoyo mutuo es mas importante que la competencia
23 mai 2005
el rico se come al pobre, cierto, pero el pobre puede mandar al gringo a la chingada si se le hinchan los huevos, y ya verás como me reiré de darwuin el dia que eso suceda!!


Arriba el sur!
Darwin se equivoco: sobreviviente no es el mas fuerte
26 mai 2005
Fuerte no es el que mas aguanta sino el que devuelve los golpes. El sobreviviente no es el mas fuerte solo es el que tarda mas en desaparecer la sobrevivencia genera taras y enfermedades hereditarias que a largo plazo llevan a la extinción lo que hace inmortal una especie es la variacion,la diversidad genetica
A los beduinos la adaptacion al desierto asi como a los esquimales la adaptacion al frio del artico no les dio ninguna ventaja si se la dio a los que desarrollaron vinculos sociales solidarios con los que desarrollaron la inteligencia y con ella medios mas eficientes para protegerse de los excesos climaticos
Sindicat Terrassa