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Jefes tóxicos: ¿problema grave o moda?
20 feb 2005
Gara > Idatzia > Iritzia > Kolaborazioak 2005-02-20


Iñaki Piñuel y Zabala - Psicólogo y profesor de Universidad
Jefes tóxicos: ¿problema grave o moda?

Recientemente una asociación empresarial convocaba a una jornada con el título âEl mobbing: un problema grave o simplemente una modaâ?. Semejante título para una jornada sobre este tema refleja la general estrategia adoptada en muchas empresas frente al acoso psicológico en el trabajo: la trivialización y negación del problema.

Adoptando para una jornada este título, parece darse carta de naturaleza a una posición equivocada, además de abiertamente injusta ante esta lacra laboral.

Un elegante bufete, que no se caracteriza precisamente por su proactividad en la defensa de los trabajadores afectados por el acoso psicológico en el trabajo era, en el marco de esta jornada, el encargado de dictaminar y de explicarnos si el mobbing es un problema grave o simplemente una moda en el entorno de las organizaciones empresariales actuales.

En el seno de una inveterada y desgraciada tradición que ve como única la realidad de su propio campo profesional, algunos juristas desprecian los datos epidemiológicos que proceden de la realidad y de la investigación de campo en la materia, y suelen abundar en exclusiva sobre su territorio legal y jurisprudencial para confirmar la petición de principio de la que parten: «¡oiga, eso del mobbing existe, pero no es tan fiero el león como lo pintan!».

Suelen señalar asimismo el escaso número de denuncias planteadas por mobbing en los tribunales de lo social como indicador inequívoco de la poca entidad del problema, sin atender al dato de la inmensa mayoría de casos que jamás son reconocidos como tales y aun menos planteados ante los jueces.

Suelen establecer cómo el bajo número de sentencias judiciales favorables a reconocer el caso como mobbing, y los raros casos reflejados en sus estadísticas por la Seguridad Social y por los Inspectores de trabajo, abocan a la conclusión de que esto del acoso psicológico en el trabajo es algo sin duda exagerado. ¡Hay mucha exageración, mucha falsa víctima, y una verdadera epidemia de simuladores! ¡Nada nuevo bajo el sol!

En su ayuda acuden sin duda los contemplativos miembros de los observatorios del «moral» acoso, extrañamente «autoconstituidos» con la participación de allende el Ebro, que llevan varios años tratando de convencernos de que esto del mobbing tiene remedio desde el ordenamiento jurídico actual, que no pasa nada, y si es que pasa, abogados tiene la Santa Madre Abogacía que puedan llevar a buen puerto las reclamaciones de los trabajadores.

Un mundo laboral pintado como feliz y justo en el que el correcto funcionamiento de la Justicia pone a cada uno en su lugar premiando a los buenos y castigando a los malos.

La constatación de los investigadores sociales en toda Europa es otra. Se identifica un sustancial y cre- ciente deterioro de las condiciones de entorno laboral que se materializa en el incremento de la violencia psicológica en cada vez más lugares de trabajo. Forma parte de un triste fenómeno macrosocial que explica realidades como el maltrato doméstico, el mobbing escolar, el mobbing vecinal, inmobiliarioŠ

Los presidentes de las asociaciones contra el Mobbing de la CAV y de Navarra ya han manifestado su malestar y protesta ante la obvia manipulación que subyace en el enfoque de jornadas de esta naturaleza. Insisten en la tozuda realidad de los datos epidemiológicos y de un número creciente de personas que se dirigen a ellos solicitando ayuda ante la indefensión que les producen las situaciones abusivas que padecen en el trabajo.

Las víctimas del acoso psicológico en el trabajo llevan años esperando algo más que autocomplacientes informes de contemplativos juristas que se miran su jurídico ombligo. Les repugnan las declaraciones triunfalistas de políticos que se felicitan de manera narcisista del alto grado de eficacia alcanzado contra el mobbing en los territorios que gobiernan.

¿Para cuándo una investigación autóctona, amplia y rigurosa sobre la incidencia y prevalencia del acoso psicológico entre los trabajadores? ¿A qué esperan los poderes públicos para desarrollar campañas de erradicación y tolerancia cero frente a las prácticas abusivas de tantos jefes tóxicos contra los trabajadores eventuales, las mujeres, los jóvenes en co- ntratación precaria, los trabajadores de más edad, víctimas propiciatorias de esta lacra laboral? ¿Para cuándo una formación específica de los jueces, los inspectores de trabajo, los médicos del trabajo, los técnicos en riesgos laborales que les permita con criterio evaluar rigurosamente y prevenir las consecuencias nefastas para todos de riesgos laborales emergentes como es el mobbing?

Las asociaciones empresariales deberían invertir preferentemente sus recursos formativos en desarrollar protocolos de prevención contra el mobbing, entendiendo que la lucha contra el mobbing es algo propio, por perjudicar no solo la imagen interna y externa de la empresa sino también el clima laboral que se requiere para la productividad y la competitividad. Los trabajadores del siglo XXI no entienden aquello de que «la letra con sangre entra», ni aceptan que el maltrato psicológico vaya en el sueldo que uno recibe a fin de mes.

Un país socialmente avanzado es aquel que no permite que sus ciudadanos pasen a convertirse en súbditos laborales de unos jefes psicosocialmente «tóxicos» por el mero hecho de que trabajar les haga mucha falta y que debido a ello tengan que aguantar y tragar con un comportamiento sistemáticamente abusivo y despótico como es el mobbing.
Mira també:
http://www.gara.net/idatzia/20050220/art102229.php

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