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Anàlisi :: globalització neoliberal
Foro social vasco: olas de fondo.
07 nov 2004
Los foros sociales han surgido como búsqueda de formas y contenidos diferentes, alternativos y posiblemente radicales o revolucionarios de organizar las comunidades humanas. El ideal democrático (no parlamentarista) está en la base de su ética social.
Como sabrán los que siguen este debate en Indymedia, hace dos semanas un comité organizador del foro social vasco (EHGF, Euskal-herriko Gizarte Foroa) ha decidido retrasar sine die la celebración del encuentro nacional, fijada y preparada desde hace tiempo. Más exactamente para este fin de semana en Bilbao (11-13 de noviembre).

Como era de esperarse, la decisión ha causado varias reacciones, a pesar de haber recibido muy poca publicidad, como en general toda la información sobre el EHGF. La atención de los medios de difusión sigue centrada en las âesperanzasâ? sublevadas desde hace tiempo por el âFLAN Ibarretxeâ?, que ha conseguido llamar a filas a todo el abanico político del país hacia el proyecto de un nuevo asentamiento estatutario español.

El debate se centra aparentemente y primer lugar sobre la reinstauración del derecho de veto en un marco de decisión popular, sobre todo por parte de dos sindicatos (ELA y ESK), lo que borraría de un plumazo una larga tradición de democracia directa y de consenso abierto que ha caracterizado desde siempre al movimiento popular vasco.
Sin embargo, teniendo en cuenta la situación general de los foros sociales, es evidente que asistimos a un fenómeno de mucho más calado y, posiblemente, de consecuencias más complejas de una âsimpleâ? desactivación burocrática de un foro nacional.

El EHGF, a pesar de haber surgido directamente de la iniciativa social de base, hace más de tres años, se ha visto marcado desde el comienzo por esta contradicción: los sindicatos nacionales (ELA, LAB y ESK) y las fuerzas políticas independentistas han tenido un papel determinante, si no preponderante, a la hora de organizar todo el proceso, sea en las fases preparatorias que en los mismos encuentros asamblearios.
En particular, en la primera sesión general del EHGF, celebrada en Gasteiz (Vitoria) en el 2004.
Hay que tener en cuentas que sobre los debates iniciales, justamente a la hora de plantear la cuestión de la presencia de partidos y de grandes corporaciones sociales, pesó mucho la nueva ola de atentados jurídicos desencadenada por el PP. Las detenciones y razzias decretadas por el tribunal especial castellano (Audiencia âNacionalâ?) habían además comenzado a golpear también el asociacionismo popular.
El ataque desencajado contra el independentismo, el cierre de medios de comunicación, de sedes y locales sociales, el siempre presente terrorismo policial de âbajaâ? intensidad â sobre todo la tortura practicada muy a menudo a los detenidos políticos â no dejó ninguna duda sobre la necesidad de acoger en los encuentros y en el mismo comité de organización a las fuerzas políticas ilegalizadas y perseguidas. Todavía hoy, se cuentan muchos miembros de organismos populares entre los más de 700 rehenes vascos encarcelados por los estados español y francés, y sobre no pocos organismos sociales pesa la amenaza fascista de la inquisición española, léase justicia antiterrorista.

Sin embargo, parece evidente que los que integran el establecimiento político parlamentario y de gestión de la âfuerza trabajoâ?, tarde o temprano siempre tienden a someter las dinámicas populares alternativas â lo hemos visto últimamente en Londres, en el FSE â a metodologías, éticas y filosofías parlamentaristas y reformistas: votaciones, burocratización, filtros de todo tipo, exaltación de las mayorías numéricas, etc.

Los foros sociales han surgido esencialmente como búsqueda de formas y contenidos diferentes, alternativos y posiblemente radicales o revolucionarios de organizar las comunidades humanas. El ideal democrático (no parlamentarista) está en la base de su ética social. La coincidencia entre el aparecimiento de un potente movimiento popular radical contra la globalización capitalista y el foralismo internacional no ha sido casual. Probablemente, nos encontramos solo al comienzo del brotar de nuevos estilos de lucha y organización popular de nivel planetario, también gracias a las nuevas tecnologías de comunicación, y es natural que los viejos organismos parlamentarios y los movimientos sociales institucionales (como sindicatos y ONGs) intenten condicionar y controlar lo que se ha presentado como alternativa democrática real, no jerarquizada, extraña a mandamientos ideológicos de las izquierdas tradicionales, casi siempre dogmáticas y sectarias.

Todos ellos, desde el PT brasilero y los grupos ligados a la fantasmagórica IV Internacional (trotzkistas), o desde Rifondazione Comunista italiana hasta los residuos herederos del sovietismo burocrático, redescubren la perenne antinomia entre movimientos sociales populares, organismos asamblearios de base, movimientos autónomos de trabajadores precarizados alternativos a todas las viejas formas especulares de política âanticapitalistaâ? parlamentaria generadas en los siglos XIX y XX: en primer lugar, a la forma partido, también en casi todas sus versiones ideológicas âde izquierdaâ?.

Sin embargo, este fenómeno ha tomado en Euskal Herria un signo especial. Por empezar, es importante señalar que la enraizada tradición de desarrollo permanente de grupos y organismos de base había permitido organizar foros sociales nacionales mucho antes que el foralismo se hiciera visible en otros países.
El EHGF ha sido en realidad un avance más consensuado y más amplio de los anteriores foros âHerria Mugi!â? y de otras iniciativas de encuentro social de ámbito nacional.

Por otro lado, hemos asistido a otro fenómeno significativo: el desembarco en los encuentros de miembros de partido y sindicato que anteriormente habían sido señalados exponentes de organismos populares, y que disponen de experiencia y conocimientos necesarios para un trabajo âcodo a codoâ? con los movimientos de base. Naturalmente con todos los riesgos que esto conlleva, como hemos visto. Por ejemplo, debido al condicionamiento ideológico âsuperiorâ?, la muy poca disponibilidad a una difusión masiva de informaciones y decisiones del comité de organización, a través de los canales mediáticos que partidos y sindicatos controlan o a los que tienen mejor acceso.

Mientras que cualquier debate o decisión de âdirección políticaâ? se publicita con todos los medios, las deliberaciones y los materiales generados en el marco del EHGF han sido prácticamente ignorados por los medios de información y difusión vascos. Hasta nos preguntamos si la existencia de esta fundamental experiencia social es conocida por la sociedad vasca en general! ¿Casualidad?

Por lo tanto, podemos casi llegar a la conclusión de que, justamente en el país donde siempre se ha reconocido un importante potencial popular extraño y antagónico con el régimen parlamentario, la experiencia foral encuentra dificultades insospechadas y detractores más sutiles y expertos que en otros países.
Se trata desde luego de un ensayo que nos ilumina a su manera sobre las contradicciones de fondo que conlleva la superación del actual modelo insostenible de organización social.
La reacción del parlamentarismo, ahora además ânecesariaâ? para garantizar una transición controlada de Euskal Herria hacia un nuevo âestatutismo hardâ?, revela las dificultades que tenemos en frente para reabrir luchas masivas y de fondo en las metrópolis, con contenidos realmente sociales contra la globalización capitalista.

Esos contenidos que casi nadie refleja en la âpolítica mayorâ?, y que siguen siendo la última rueda del carro para la información y concienciación popular.
Para muchos además, el foralismo es únicamente otra forma más de âmejorarâ? la participación en el régimen parlamentario, en definitiva para hacerlo âsostenibleâ?, y no para consolidar un camino radical en búsqueda de otras maneras de organizar las sociedades humanas y su desarrollo biorregional.

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Sindicat Terrassa