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Notícies :: fòrum 2004
Intervención de M. Delgado en el Pati de Lletres 30M
19 mai 2004
artículo original ::
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/88495/index.php
Este es el texto de mi intervención en la presentación de ?La otra cara del
Fòrum de les cultures, S.A.?, en el Patio de Letras, el 30 de mayo de
2004-05-15
BARCELONA 2004: HACIA UNA CIUDAD SIN CIUDAD
Manuel Delgado

Es cierto que se ha querido y se ha conseguido hacer de Barcelona un modelo. El Fórum Universal de las Culturas lo confirma una vez más. ¿Pero, un modelo, de qué? La respuesta es que Barcelona ha sido un modelo de proyecto alucinante y visionario de ciudad, juguete en manos de planeadores que se han creído que sus designios y su voluntad ordenadora de las instituciones a las que sirven eran suficientes para superar y hacer desaparecer los conflictos, las desigualdades, los malestares, los fracasos... Modelo de una vocación fanática de transparencia, el destino de la cual ha sido constituir una ciudad legible y, por tanto, obedecible y obediente. Modelo de simplificación identitaria, a la búsqueda de una personalidad colectiva estandarizada que sirva al mismo tiempo para crear cohesión ciudadana entorno los valores políticos hegemónicos y la esquematización propia de un producto comercial como cualquier otro modelo de un intervencionismo tecnocrático que concibe el plan urbano como plan moral. Modelo de despotismo centralizador, que ha hecho muy poco para promocionar la democracia participativa, que se ha aprovechado del debilitamiento del movimiento vecinal y que se ha mostrado hostil contra unos movimientos sociales cada vez más activos. Pero lo más importante es que todas las políticas urbanísticas desarrolladas en Barcelona han sido guiadas, en los últimos 25 años, por la voluntad de modelar la ciudad y modelarla no sólo para hacer de ella un modelo, sino para hacerla modélica, es decir ejemplo ejemplarizando, referente a seguir de lo que ha de ser una ciudad plegada a los lenguajes que la ordenaban ordenarse y mostrarse ordenada.

Barcelona ha estado definida desde la llamada transición política por la voluntad tanto de los políticos como de los planificadores de concebirla exclusivamente en términos de propuestas, de acciones inmediatas, de planes generales, de proyectos, de decretos, de tipificaciones... Hemos vivido determinados políticamente por un conjunto de concepciones que parecen guiadas por un afán al mismo tiempo especulador y espectacularizador, que se desentiende de la que tendría que ser la principal misión de toda administración urbana, que es la de crear, gestionar y mantener en buen estado los escenarios dramatúrgicos para la vida democrática -no por fuerza desconflictivizada- de la sociedad civil. No tenemos razones para estar seguros que la finalidad de las mejoras que ha experimentado Barcelona a finales del siglo XX no haya sido la de garantizar las bases escenográficas y legitimadoras de un gran proceso de centralización política, que ha visto en cualquier expresión de espontaneidad ciudadana una fuente de peligro, además de vender mejor -y más cara- la ciudad a los propios ciudadanos, así como a los turistas y a los inversores extranjeros, es decir en estimular el consumo de ciudad y favorecer las expectativas especuladoras. Como si a una voluntad sincera de servicio público se le hubiera impuesto la prioridad de generar pura mercadotecnia y de rentabilizar políticamente las puestas en escena urbanísticas, los nuevos equipamientos y los logros en materia infraestructural. Barcelona, en tanto que proyecto, ha dado la impresión de serlo más de mercado que de onvivencia. Es razonable sospechar que las políticas urbanísticas que ha conocido Barcelona han sido, en buena parte, la continuación de una vieja obsesión por controlar lo que de incontrolable acontece en las calles. Las planificaciones, las mapificaciones, las delineaciones viarias, las zonificaciones, han vuelto aquí -con nueva virulencia- a ser instrumentos que procuran -sin acabar de conseguirlo nunca- monitorizar lo que realmente sucede en el espacio público, la amplia gama de las apropiaciones tan a menudo imprevisibles y erráticas a las que es sometido por sus propios usuarios, las colonizaciones tantas veces insólitas que constantemente la afectan, y que hacen el espacio natural de las expresiones de libertad, en la medida que la práctica del espacio sólo se puede dar sobre la base de los usos diversos de las colectividades. Al fin y al cabo, a lo mejor Barcelona está siendo el último gran experimento de aquella concepción de la ciudad que se inició al final del siglo XVIII y que aparece empeñada desde entonces a regular y codificar la madeja de realidades humanas en que consiste toda concentración urbana. Sería su objetivo inconfesado el de para el afloramiento de los esquemas paradoxales y en filigrana de la ciudad, por medio de la aplicación de principios de reticularización y de vigilancia que pusieran fin o atenuasen la opacidad y la confusión a la que siempre tiende lo urbano.

La celebración del Fórum nos permitirá ver como se cumplen las intuiciones de las pocas voces que, en el momento culminante del llamado -espíritu olímpico-, lo supieron reconocer como un dispositivo puramente retórico al servicio de la terciarización y tematización de Barcelona, de su conversión en un parque de consumo y para el consumo y de su plegamiento a los requerimientos del capital internacional en materia inmobiliaria y turística. Incorporación a la mundialización, nuevas periferias sociales, refuncionalización del espacio urbano, reapropiación capitalista de la ciudad...Todo ello utilizando técnicas empresariales que han hecho de Barcelona un paradigma de aquello que hoy se conoce como marquéting urbano, una estrategia de promoción y venta del objeto de la cual no es otra que la ciudad misma. Barcelona ejemplifica también como este tipo de mercancía exige una adecuada combinación de teorización de las apariencias y de un vocabulario debidamente trufado de invocaciones a valores abstractos, como hemos visto en el caso del Fórum 2004: "sostenibilidad", "paz", "diversidad cultural", etc. Hemos visto igualmente como esta comercialización de la ciudad como tal pide una cierta lógica del gran acontecimiento, disposición de oportunidades especiales o sucesos mediante los cuales Barcelona se exhibe como lo que es hoy por hoy: un objeto sometido a los principios estupefacientes de cualquier otro objeto de consumo. Como el lenguaje oficial mismo reconoce: una marca de ciudad.

Parece como si de lo que se tratase fuese de liquidar de una vez una de las ciudades más excitantes del sur de Europa, en nombre de un proyecto politicourbanístico que no prevé la existencia, una sociedad naturalmente alterada, en nombre de la quimera imposible de una ciudad arquitectónica, estética y plenamente politizada -en el sentido de sumisa a la polis o control centralizado sobre lo urbano -, que ignora las agitaciones que la animan. La oposición no se produce entre una ciudad vieja y una ciudad nueva, ni entre una ciudad fea y una ciudad bonita, sino entre una ciudad socializada y una ciudad de la cual, de repente, se ha expulsado la complejidad humana, el malestar de las clases, toda contradicción.

El objetivo: una ciudad urbanística, es decir, desurbanizada, dotada de poderosos mecanismos antipasionales, tranquilizada... Sueño dorado de una ciudad sin rabia, sin lugar donde esconderse, sin vértigos, sin ciudad. El urbanismo, como una de las fases de la politización de la ciudad, frecuentemente se comporta como una proyección que pretende orientar las percepciones y las conductas, tanto de los grupos como de los sujetos psicofísicos, y que presupone sus destinatarios como una especie de masa pasiva que se reduce sumisamente a sus designios. En los planos y en las maquetas de los planificadores de ciudades no hay personas, sino sólo formas puras, virginales, no contaminadas por otros hitos que no sean los de contribuir entusiásticamente a un sosiego absoluto, sin turbulencias, sin alteraciones, sin sobresaltos, fuera de las excepciones que corresponda y cuando corresponda. La Barcelona de los arquitectos y los urbanistas es una ciudad donde reina la paz eterna, la conformidad y donde todo el que vive se porviene a colaborar. Ocultando el verdadero núcleo de las dinámicas urbanas a lo largo de la historia, el debate entre los intereses implícitos de una mayoria y la normativización social por medio de la cual se expresan los intereses de una minoría. Los ciudadanos: una especie de excipiente sobre el cual se aplican fórmulas y proyectos.

La Barcelona ha querido asumir la quimera de un espacio racional higiénico y desproblematizado, habitado por ciudadanos que se avienen en todo momento a colaborar y que asisten entusiasmados a las puestas en escena en las que los poderes que los administran de manera equitativa y amable se exhiben en todo su esplendor. En Barcelona podemos contemplar los efectos de una convicción que los urbanistas y arquitectos suelen tener de que la disposición conceptual de las construcciones determina de manera poco menos que irrevocable el modo en que se desarrollarán en ellas o a su alrededor las actividades sociales. La descripción minuciosa de los elementos, su configuración final, ven atribuidas virtualidades mágicas, en el sentido que se está disuadiendo que -a la manera como que se dice que le pasaba a los pintores rupestres de la prehistoria- las representaciones proyectuales se convertirán en realidad y establecerán indefectiblemente los significados mentales y prácticos del paisaje producido. Una vez conseguida la coherencia de los planos y de las maquetas, una vez dispuestos los ornamentos y las proclamaciones, ya sólo cabe esperar que la ciudad así concebida se imponga victoriosa sobre la sociedad urbana de verdad, la real, la que está hecha de fragmentaciones, incongruencias y luchas. Hay suficiente con una buena planificación porque el orden de lo imaginario se impone sobre el desorden de lo real.

Esto es el Fórum 2004, la encarnación dramatúrgica de un proyecto de ciudad armónica, congruente consigo misma y del todo inteligible, una ciudad gobernada desde presupuestos en última instancia despóticos, respecto de los cuales el ciudadano se ha de limitar a mantener una posición pasiva y colaboradora, limitada a usar de manera adecuada las infraestructuras dispuestas por los administradores y los diseñadores a su servicio y acudir a las celebraciones autolaudatorias cíclicamente organizadas por las autoridades. Sueño dorado de una ciudad hecha ideología, o, quizá aún mejor, de una ideología hecha ciudad. Toda ella discurso, en el sentido de que en ella el discurso se encarna de forma literal, y, como todo discurso, sin contradicciones, sin paradojas, pura linealidad, pura reversibilidad. Ciudad erigida para ser a la misma vez ejemplar e inviable, de espaldas e indiferente a la ciudad real que se extiende a su alrededor, como asediándola. Ilusión de una absoluta coincidencia entre la organizidad planificada y lo que acaecerán las relaciones sociales reales después de la intervención, instrumento autoritario que no se conforma ni se limita a proyectar la forma urbana ni a tener -como resulta necesario- un proyecto general para la ciudad, sino que esta forma y este proyecto pretenden confundirse con las relaciones sociales y modelarlas a la imagen y semejanza de una perfección en la que no caben el azar ni el conflicto.

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Comentaris

Re: Intervención de M. Delgado en el Pati de Lletres 30M
20 mai 2004
Si, molt bé Dr Delgado. Aixó ja ho hem llegit varies vegades...peró, i ara, què?
Re: Intervención de M. Delgado en el Pati de Lletres 30M
20 mai 2004
Era una traducció al castellà indicada per a les persones que no entenessin el català per a qui li interessés llegir el documente i assabentarse'n de que va tota aquesta festeta de merda que tenen muntada els del Ferum...
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