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1936-1939 Colectivización del campo y la ciudad en la España revolucionaria
28 jul 2020
Hace 84 años se desarrolló la gran gesta heroica de la Revolución Española (1936-1939), donde compañeras y compañeros llevaron a la práctica los ideales que abrazaron, colectivizando campos y ciudades superando las restricciones impuestas por la guerra.

Estas colectivizaciones estuvieron influenciadas por la labor previa desarrollada por los anarquistas y anarcosindicalistas de la CNT y de la FAI, por los motivos que esbozaremos a continuación.
Colectivización en las ciudades
Tomando como punto de referencia al 17 de julio de 1936, donde el ejército de Marruecos había iniciado la sublevación para derrocar al gobierno republicano, las negociaciones resultaron frustradas rápidamente y el pueblo se lanzó a las calles. Los sindicatos alertaban a los trabajadores sobre la necesidad de ponerse en pie de guerra, como también la de tomar por asalto las armerías. Se declaró huelga general revolucionaria, dando origen a la sublevación del pueblo, el 19 de julio.

Por su parte, las tropas de casi toda España irrumpían en la calle, declaraban el estado de guerra y ocupaban lugares estratégicos.

En principio, la insurrección había sido aplastada gracias a la defensa del pueblo desde las terrazas de las casas y de los locales sindicales, convertidos en fortines. En todos los barrios obreros se levantaron barricadas que no le dieron reposo al enemigo.

Vencidos los militares, la ira popular sacaba de sus escondites a los cómplices civiles, a quienes se les aplicaba una justicia sumaria, blanco de estas represalias fueron, principalmente, el clero regular y secular.

Para este entonces, los trabajadores habían abandonado las herramientas de trabajo para empuñar el fusil, quedando paralizada la producción. Al acabar la lucha callejera, la primera medida adoptada consistió en organizar la distribución de los artículos de primera necesidad. Estos organismos revolucionarios fueron llamados Comités de Abastos (de distribución de alimentos).

Estos Comités nacieron en los barrios, convirtiéndolos en campamentos. En las ciudades, se llevaron a cabo, actos de expropiación, a los que se los llamó, "requisas". Estos Comités concentraban en grandes almacenes productos de los comercios particulares. Los equipos móviles de los Comités de Abastos recorrían las huertas cercanas a la ciudad y los pueblos de la región, llevando a cabo requisas y realizando intercambios. De estos Comités partieron las primeras medidas de distribución y de racionamiento, donde en un principio se puso en práctica un sistema de intercambio libre con los proveedores.

Llegado el 28 de julio la Federación Local de Sindicatos de Barcelona, según acuerdo de una reunión plenaria celebrada el día anterior, dio por terminada la huelga general y aconsejaba a los trabajadores que se reintegraran a las fábricas y servicios habituales. Cada sindicato se apresuró a cumplimentar el acuerdo para que la dinámica económica vuelva al ruedo, pero esta vez bajo la gestión directa de los trabajadores.

Colectivización de los medios de producción
La colectivización de los centros de producción se organizaron formando comités de empresa por los mismos trabajadores y técnicos de buena voluntad, quienes se esforzaron en asegurar la producción y el funcionamiento eficaz delos servicios.

En cuanto al servicio de transporte urbano se hizo pública su incautación el 25 de julio. Al día siguiente se produjo el de los servicios de agua, fuerza motriz y alumbrado.
Las empresas que, por diferentes razones, no era posible colectivizar, regía el Control Obrero, que consistía en vigilar estrechamente los movimientos de la dirección patronal, en el doble aspecto de fiscalización y de información. Estas fórmulas de organización revolucionaria de la producción, distribución y administración fueron imitadas en las demás regiones liberadas.

Al proceder a la socialización de una industria, se agrupaban todos los esfuerzos de los distintos sectores que componen la rama de industria con el fin de evitar competencias que dificultarían la buena organización de la industria socializada. Se trataba, pues, de ensanchar la base de la concepción colectivista, organizando a todas las manifestaciones económicas en un todo armónico y desinteresado.

Colectivización del campo
Hasta abril de 1934 sólo unos doce mil campesinos habían recibido tierras del Estado. Pero el mismo año el gobierno de derecha de Lerroux-Gil Robles anuló la reforma agraria. Los terratenientes de España, que habían sido expropiados vieron sus propiedades devueltas.

Después de las elecciones de 1936, cuando el Frente Popular tomo el poder, la reforma agraria anhelada por los campesinos no se desarrolló como habían prometido en la campaña electoral. Los campesinos aplicaron la "expropiación invisible", invadiendo las fincas muertas, realizando la expropiación por ellos mismos, para que luego el gobierno sancione su ocupación.

A partir del 19 de julio de 1936 las expropiaciones se extienden por el territorio que no pudieron invadir los militares facciosos, alcanzando en 1938: 2.432.202 hectáreas por abandono de sus propietarios, 2.008.000 ocupadas para utilidad social y 1.252.000 ocupadas a título provisional. Nótese el contraste: el gobierno republicano había distribuido legalmente en cinco años de reforma agraria 876.327 hectáreas; la revolución, en pocas semanas, había expropiado y en gran parte colectivizado 5.692.202 hectáreas por ocupación directa de los campesinos.

La CNT fue el brazo y cerebro de esta revolución agraria, la primera y más trascendental que se había producido en España. Como en la ciudad, la necesidad urgente de poner en marcha la producción estimuló la colectivización. Las tierras incautadas eran entregadas a los sindicatos de campesinos, quienes organizaron las primeras colectividades.

Todos trabajaban con arreglo a su capacidad física. Una vez cubiertas las necesidades económicas de la propia Colectividad el resto de la producción se dedicaba al mercado externo, en concepto de venta o de intercambio, directamente o por medio de los organismos federales que se iban creando.

Los colectivistas se abastecían en las respectivas cooperativas, que eran grandes almacenes, con frecuencia iglesias desafectadas por la revolución. Como almacenes eran locales ideales y en ellos se apilaban los productos para el consumo local. Las colectividades agrarias fueron ampliando su radio de acción con la ampliación de industrias complementarías, panadería, barbería, carpintería, herrería, granja, etc.

Las tierras fueron labradas con mayor profundidad con ayuda de los tractores, lo que dio cosechas más óptimas. En muchos pueblos se trazaron nuevos caminos y mejoraron los existentes. También se instalaron molinos harineros modernos y transformaron industrialmente los derivados de la agricultura y la ganadería. Muchas de aquellas industrias habían sido instaladas por primera vez merced a la iniciativa colectivista.
La caída final de las colectividades anarquistas no fue una consecuencia de su incapacidad en el sistema organizativo comunal, sino, por la intervención gubernamental y el contexto bélico que tuvo que enfrentar. La represión desatada desde el mismo bando republicano hacia las colectividades se irá agravando, cobrándose la vida de muchos trabajadores.

La epopeya del pueblo español demostró que la capacidad organizativa de los productores y consumidores es posible a través de la cooperación mutua sin la búsqueda de lucro. La realización de esta organización económica en medio de un conflicto bélico nos demuestra la potencia transformadora incubada en el seno de los trabajadores. La construcción de una sociedad nueva es, en parte, producto de imaginarse una vida diferente, y el luchar apasionadamente por ello.

Nuestro recuerdo y admiración por la acción revolucionaria llevada a cabo por el pueblo trabajador español, es tributada en la organización que hoy, día a día, buscamos construir, para pelear por la necesaria transformación social.

Nota extraída del Organización Obrera Nº63 órgano difusor de la Federación Obrera Regional Argentina.
Mira també:
http://oficiosvarios-lomasdezamora.blogspot.com/2020/07/1936-1939-colectivizacion-del-campo-y.html

This work is in the public domain

Comentaris

Re: 1936-1939 Colectivización del campo y la ciudad en la España revolucionaria
28 jul 2020
Info+

García Oliver: la amarga realidad
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/531293
Re: 1936-1939 Colectivización del campo y la ciudad en la España revolucionaria
29 jul 2020
"La amarga realidad" es su patética y miserable manipulación de la historia, camuflando su ideología de odio a todo lo revolucionario.

Cuarenta años de la muerte de García Oliver. El alma de Los Solidarios y Ministro de Justicia Popular
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/531267
Re: 1936-1939 Colectivización del campo y la ciudad en la España revolucionaria
30 jul 2020

Buenas Aliss:

En el enlace que he aportado hay un documento, escrito por el mismo García Oliver:
http://barcelona.indymedia.org/usermedia/application/7/Garcia_Oliver_El_eco_de_los_pasos.pdf

Alli puede leer lo siguiente:

"Lo que ocurría en los pueblos y ciudades de España era el reflejo de lo que acontecía en Madrid. La República no era expresión de gentes nuevas, de nuevas escalas de valores políticos y sociales. Se hablaba de los nuevos repúblicos del día, como Niceto Alcalá Zamora y Miguel Maura, monárquicos de siempre. Y hasta de Largo Caballero, el socialista que para hacer grande a la UGT había aceptado formar parte del Consejo de Estado que respaldaba a la dictadura de Primo de Rivera.

"

Esa dictadura apoyada por la socialdemocracia significó una década de represión contra el proletariado revolucionario. Los liberales radicales contrarrevolucionarios, como la malthusiana eugenista Montseny y el thermidoriano de clase media Abad de Santillan, aprovecharon esa represión para infiltrarse a traves de la FAI:


Sólo después del movimiento revolucionario de enero de 1933 se desarrolló en Barcelona la FAI, con algunos grupos constituidos a toda prisa, creándose por entonces un Comité local y un Comité regional de la FAI. Elementos aglutinantes de dichos grupos fueron Diego Abad de Santillán, quien se apoderó de la dirección de Tierra y Libertad y editó la revista Timón para poseer frente a la familia Urales sus propios órganos de poder; y Federica Montseny, que poseía los suyos con El Luchador y la Revista Blanca, ambos ajenos a las actividades de la CNT, pero con el propósito de apoderarse de su dirección. La CNT, por aquel entonces, parecía responder —sin ser cierto— a las directivas del llamado grupo «Los Solidarios». En realidad, lo que los miembros de aquel grupo hacían era encabezar los impulsos revolucionarios de la insurgencia latente en los trabajadores españoles, que pronto se percataron de la vacuidad de los propósitos transformadores de las élites republicanas burguesas. Nuevos dentro de la FAI y del anarquismo barcelonés, esos grupos, en su lucha contra los miembros del todavía no reconstruido grupo de «Los Solidarios»,1 tuvieron sus artes y sus mañas:


  • 1. Oponerse a los ensayos revolucionarios y a la «gimnasia revolucionaria», mostrándose enemigos irreductibles de toda aproximación en el presente y en el futuro al comunismo libertario; alejados incluso del «treintismo»», se constituían en núcleos contrarrevolucionarios.

  • 2. Darse a «conocer» ante las autoridades del país como oponentes de «Los Solidarios».

  • 3. Sin hacer confesión pública de su manera de pensar ni de sus propósitos, utilizar como táctica una silenciosa campaña de insidias personales contra los miembros de «Los Solidarios».

  • 4. Esta pequeña FAI de grupos contrarrevolucionarios —el de Federica Montseny, el de Abad de Santillan y el de Fidel Miró— no podía operar contra «Los Solidarios», porque éstos no existían como grupo ni pertenecían a la FAI como individualidades.

  • 5. «Los Solidarios» sufrían continuas persecuciones y prisiones. A causa del movimiento revolucionario de enero de 1933, Jover, Ortiz, Antonio Martínez «Valencia» y García Oliver estaban presos y procesados. Quedaban en libertad Francisco Ascaso, Durruti, Ricardo Sanz y Aurelio Fernández. Con halagos cerca de Durruti y Ascaso fueron creando el ambiente propicio a sus propósitos. Se pediría a los dispersos «Solidarios» que se constituyeran en grupo y se dieran de alta en la FAI, «pues constituía un gran contrasentido que, en los mítines de propaganda de la CNT, hablásemos como "faístas" sin pertener a la FAI». Convencieron a Ascaso y a Durruti primero, y éstos a Aurelio y a Sanz. Los cuatro vinieron a la comunicación de la Cárcel Modelo y nos hablaron. A nuestras preguntas —mías, pues desconfiaba de los propósitos— nos dijeron que ellos estaban conformes si nosotros lo estábamos también. Habían pensado adoptar el nombre de «Grupo Nosotros». Accedimos a todo. Desde aquel momento pasábamos a depender de una camarilla de recién llegados.


A partir del 23 de julio de 1936 se terminó la revolución social porque a causa de la muerte de Ascaso los liberales eugenistas infiltrados pudieron dar un golpe thermidoriano al movimiento revolucionario proletario. Los infiltrados "liberales radicalizados" llegaron al punto de introducir la eugenesia incluyendo como factor de aborto malthusiano a ser hijo de miliciano que estuviera en el frente o a ser de familia pobre. Eso no es una revolución social y está calcado de lo que hizo Hitler en Polonia y los paises ocupados del Este. Así es como destruyeron a la CNT revolucionaria en los años 1930s los liberales eugenistas malthusianos.

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