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Notícies :: globalització neoliberal : corrupció i poder : educació i societat : mitjans i manipulació : dones
Alt Right: radiografía de la extrema derecha del futuro
08 set 2017
Extenso pero interesante artículo de investigación de Marcos Reguera sobre las nuevas corrientes de la extrema derecha en los USA, cuales on sus objetivos y estrategias.
El artículo incide en cuestiones que se vienen denunciando en esta web, sobre las nuevas formas que adopta la derecha para penetrar los espacios de los que habitualmente serían rechazados, y sorprende las tremendas coincidencias con lo que se ha venido denunciando en esta web. Como dice la introducción del texto, "este movimiento no es una revolución, sino el rostro de un monstruo para el que el término fascista se queda pequeño y desactualizado"
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En el primer mes de su presidencia, Donald J. Trump ha confirmado las expectativas más inquietantes sobre las políticas de regresión social y ataque a las minorías.

Pero, de entre todas las medidas regresivas, hubo una cuyas implicaciones a corto plazo podrá no ser tan dramática, aunque en el largo plazo tendrá consecuencias impredecibles. Me refiero a la decisión presidencial adoptada en la noche del 28 de enero por la cual Steve Bannon, el consejero presidencial para asuntos estratégicos, se convertía en miembro nato del Consejo de Seguridad Nacional (órgano que en los Estados Unidos funciona como consejo de ministros para la gestión de crisis y de la política exterior y de seguridad nacional).

Este ascenso vino acompañado por la destitución de Dan Coast, director de la comunidad de inteligencia nacional, el órgano que agrupa a todas las agencias de inteligencia americanas (entre ellas la CIA, la DIA, el FBI o el NSA), así como de Joseph Dunford, el jefe del Estado Mayor Conjunto (el órgano de dirección del ejército y máxima instancia del Pentágono). En otras palabras, tanto el ejército como los servicios de inteligencia han perdido a sus miembros natos en el órgano más importante de toma de decisiones concerniente a la política imperial de Estados Unidos. Es el mayor golpe para el ejército en toda su historia, y el segundo mayor para la CIA desde que George W. Bush reformase su carácter independiente. Y si hay algo que tanto los servicios secretos como el ejército americano han aprendido con su implicación en la política exterior estadounidense es a eliminar gobiernos que no eran de su agrado. No habremos de perder de vista los movimientos de ambas instituciones.

La entrada de Bannon en el Consejo de Seguridad Nacional le permite conocer los secretos de Estado más importantes de la política norteamericana así como la posibilidad de influir en las situaciones críticas de la presidencia en tiempo real, participación que antes tenía vedada, pues ninguna persona que no pertenezca al Consejo de Seguridad Nacional o que sea invitada expresamente por el presidente puede siquiera entrar en la sala de operaciones del ala este de la Casa Blanca.

Si a esto le unimos el hecho de que la mayoría de las órdenes ejecutivas ultraderechistas nombradas anteriormente son obra personal del propio Bannon, nos vemos obligados a aceptar que se están cumpliendo las predicciones más pesimistas sobre la enorme influencia del consejero de la Alt Right en la política del presidente Trump. De este modo, el ideario de los supremacistas blancos ha desembarcado en la Casa Blanca con una fuerza e influencia que no tenían desde que el presidente Woodrow Wilson despidió a los trabajadores federales afroamericanos al asumir la presidencia en 1912.

Todas estas cuestiones, sumadas al auge de la extrema derecha en Europa, que podría alcanzar el poder en países clave como Francia, o con el triunfo del discurso xenófobo entre amplias capas de los sectores más desfavorecidos de la población por el impacto de la crisis económica y los problemas de la globalización, nos urge a considerar la aparición de una nueva ideología de extrema derecha que podría llegar a jugar un papel preponderante en un futuro no muy lejano, y que supone una amenaza para la democracia y el respeto a una sociedad pluralista.

¿Es la Alt Right fascista? Orígenes y características generales del movimiento

La Alt Right es un movimiento juvenil que aspira a reformular la extrema derecha desde moldes creados por la izquierda, tanto desde una perspectiva xenófoba como machista, y está compuesta por dos facciones: la facción Radix, centrada en el racialismo y la facción Breitbart, enemiga declarada del feminismo, el islam y del pensamiento políticamente correcto.

¿Son Donald Trump y la Alt Right fascistas/neo fascistas? ¿O representan un nuevo fenómeno de extrema derecha para el cual no tenemos aún términos y referentes? Estas preguntas han sido recurrentes entre los analistas de actualidad y la población en general. Son preguntas legítimas y pertinentes, pero que no debieran obsesionarnos. Lo que subyace a estas preguntas es el miedo fundado a que la barbarie que vivimos en los años treinta y cuarenta del siglo XX pueda repetirse. A este respecto, la frase atribuida a Mark Twain sobre la historia quizá pueda ofrecer algo de perspectiva: “La historia no se repite, pero rima”.

Habrá cuestiones que nos parezcan recurrentes en ambos casos, y esas recurrencias nos tienen que poner en alerta sobre los peligros implícitos que pueden sobrevenir. Pero al igual que los fascismos en su momento excedían una comparación con los reaccionarios europeos del siglo XIX (por las novedades que planteaban, terribles novedades históricas), la Alt Right y Trump deben juzgarse en base a la especificidad histórica en que han aparecido, con todas sus consecuencias. Esto quiere decir que nunca podrán ser lo mismo que el fascismo, lo que no impide considerarlos como una amenaza para toda sociedad que aspire a un régimen de libertad plural.

Por otra parte es necesario aclarar que aunque Trump y la Alt Right hayan desarrollado una relación de simbiosis política, eso no significa que Trump sea un político de la Alt Right. El extremo individualismo egótico del presidente dificulta encasillarle claramente en una ideología formada, aunque de entre todas las tradiciones políticas norteamericanas, a la que más se aproxima tanto por sus declaraciones como generacionalmente es al paleoconservadurismo. Por el momento bastará con comprender que Trump y la Alt Right no son lo mismo, aunque han conseguido un alto grado de complementariedad. Trump ha permitido salir a la Alt Right de la marginalidad, mientras que la Alt Right ha proporcionado a Trump una base social y el movimiento político del que carecía el multimillonario.

Pero aún subsiste la pregunta sobre qué es la Alt Right. La prensa estadounidense ha creado un relato sobre un movimiento político racista blanco protagonizado por una serie de figuras mediáticas, que pretende iniciar una guerra cultural con las minorías raciales, el feminismo y las mujeres, así como con la izquierda en general. Sin duda esto es lo que caracteriza a la Alt Right. Sin embargo como denunciaba Andrew Anglin, miembro de la Alt Right y uno de los máximos referentes neonazis americanos desde su página The Daily Stormer, esta idea es en buena parte una invención de la prensa (más bien una racionalización). Para crear un relato necesitó convertir un movimiento social en una historia de nombres propios y caras reconocibles, gente a la que se le pueda imputar un plan y unas ideas susceptibles de alimentar un relato.

Y en efecto, una revisión de los orígenes y evolución de la Alt Right confirma la tesis de Anglin, quien se niega a aceptar que la Alt Right no volverá a ser solo el movimiento de base de sus orígenes.

A inicios de la era Obama, mientras los estadounidenses del baby boom de la América profunda se organizaban para crear el Tea Party contra la política del nuevo presidente, los millennials se encontraron con un panorama laboral nada envidiable. A pesar del enfoque algo más heterodoxo de Obama en la gestión de la crisis, una gran proporción de jóvenes vio truncada su entrada al mercado de trabajo, o padeció una mezcla de pluriempleo y trabajo precario que no se correspondía con sus expectativas vitales y el precio que habían tenido que pagar, endeudándose algunos de ellos por decenas de miles de dólares en el sistema universitario estadounidense. Aquellos que ni siquiera tenían formación universitaria se encontraron que el sector industrial había desaparecido y que los trabajos del sector servicios menos cualificados los ocupaban en condiciones de explotación latinos y afroamericanos.

Una generación de jóvenes precarios, muchos de ellos ninis, comenzaron a encontrarse y a converger a través de internet, compartiendo sus frustraciones, experiencias y anhelos, sus odios y reivindicaciones. Para ellos, al contrario que para sus padres y hermanos mayores, el problema no era tanto Obama, sino una sociedad que no ofrecía salidas, y en la que una élite cultural y educativa denunciaba desde los medios de comunicación, las escuelas, institutos y universidades, la situación de vulnerabilidad de mujeres, minorías raciales y sexuales; pero que no tenía ni una palabra para las problemáticas de los varones jóvenes blancos.

Estos millennials, en parte ninis, en parte precarios, invirtieron mucho tiempo y recibieron estímulos en las redes sociales e internet, y a través de foros como las páginas 4chan, 8chan, /Pol/ o Reddit, entre otras, formaron una subcultura de intercambio de ideas, debates y humor virtual. Ninguna de esta páginas era de extrema derecha (ni políticas en ningún sentido), sino simples foros de internet y páginas donde compartir gifs y memes. De esta manera, y con un cierto “apoliticismo” de origen, estos jóvenes comenzaron a compartir sus experiencias y rabia con altas dosis de humor donde predominaba el machismo, el racismo y la homofobia. El medio principal de protesta era el meme, imágenes encuadradas que suelen estar acompañadas de un breve texto en donde se ironiza sobre cualquier asunto haciendo guiños por lo general a la cultura popular.

Los memes ofrecían un formato muy visual, ágil, desenfadado y ameno de expresar ideas políticamente incorrectas. Algunos comenzaron a hacer circular estas expresiones machistas y racistas en tono jocoso (por trolleo, buscando la provocación para divertirse), otros como síntoma de rebeldía ante lo que detectaban como el discurso institucional políticamente correcto. Y muchos como una forma menos agresiva de promocionar sus ideales políticos excluyentes. Una parte de este último grupo acabaría deviniendo en las actuales figuras mediáticas y líderes de la Alt Right. En lo que todos ellos parecen coincidir es que en estos inicios la mayoría de sus compañeros de la red no eran conscientes de estar participando en el nacimiento de una nueva extrema derecha, sino que todo formaba parte de un ejercicio de provocación y rebeldía, una actividad ociosa que además cumplía la función de servir de terapia colectiva virtual.

Con el tiempo la parte más lúdica y canalla fue reconducida (nunca ha desaparecido) a debates más explícitamente políticos y sociales. De esta manera fue surgiendo el discurso y la ideología Alt Right a través de los chats y los foros de internet. El movimiento tenía sus líderes de opinión y referentes, pero fue bastante horizontal y participativo en su formación y desarrollo. Cronológicamente coincidió con el fenómeno de Occupy Wall Street en los Estados Unidos, el 15-M en España, y las primaveras árabes; y al igual que en estas experiencias la gente se reunía (virtualmente) para criticar al establishment y pensar una nueva política. Pero, al contrario que en las plazas, la comunidad no buscaba verse las caras, sino que todo se desarrolló entre avatares, motes y nombres falsos. Los líderes actuales tienden a explicar esta búsqueda del anonimato como la consecuencia de la represión que viven a causa de sus ideas. Sea cierto o no, esta dinámica no se puede desvincular de un fenómeno muy común en el mundo de la información y la política digital: la proliferación de la visceralidad política en las redes. Perfiles de gente que aprovechan el anonimato que internet ofrece para defender posiciones agresivas, irrespetuosas o radicales, amparados por la seguridad de su avatar.

Esta lógica de la impunidad ante la reprobación social ha sido un elemento muy importante en el proceso de radicalización del movimiento. Relacionarse a través del avatar proporciona el reconocimiento de los seguidores que puedan surgir y evita el ataque directo hacia la persona real. De esta manera resultó mucho más sencillo para los jóvenes de esas páginas exhibir un discurso políticamente incorrecto y comenzar una escalada de radicalización.

Milo Yiannopoulos (Milo a partir de ahora) es un youtuber provocador y una de las máximas referencias de la Alt Right por la facción Breitbart. Milo propuso en un influyente artículo titulado Guía de la Alt Right para conservadores del establishment una hipótesis muy interesante aunque posiblemente exagerada (como todo en él), según la cual el surgimiento de la Alt Right en la actualidad respondería a los mismos motivos que la rebelión de los jóvenes de mayo del 68: un movimiento contestatario ante una sociedad moralista en donde el horizonte de expectativas de la juventud es insatisfactorio, lo que alienta un levantamiento contra las normas establecidas.

¿Tiene sentido esta hipótesis de Milo? En parte creo que abre una perspectiva interesante para reconsiderar la manera en que hemos construido la cultura social progresista hasta el momento.

En las últimas décadas hemos visto surgir y afianzarse movimientos en contra de la discriminación, el racismo, y a favor de los derechos de las mujeres y de la conquista de su legítimo lugar en la sociedad. Estos movimientos han sido y son fundamentales en la construcción de una sociedad mejor. Pero junto a las conquistas necesarias, se ha ido desplegando en algunos casos unas formas y modelos moralistas e intransigentes, transformando parte de un movimiento muy necesario en su radicalidad en una cruzada moral. La consecuencia de esto, en una sociedad que sigue siendo profundamente machista, homófoba y racista (a pesar de las conquistas), ha sido doble: un levantamiento aprovechado por movimientos reaccionarios y la pérdida creciente de la simpatía del gran público, aquellas personas que aprueban el feminismo y el antirracismo por convención y no por convicción (que siguen siendo mayoritarios).

A pesar de que el feminismo, el antirracismo o la tolerancia hacia la diferencia no son aún valores genuinamente hegemónicos en nuestra sociedad, en los medios de comunicación sí predomina una versión convencional y superficial de los mismos que, unida a una actitud cada vez más intransigente y menos dialogante de algunos de los militantes más activos de dichos movimientos, ha generado una oleada de rechazo creciente hacia estas ideas, formándose así un caldo de cultivo propicio para una nueva extrema derecha. Y es en este contexto en el que ha surgido una nueva mentalidad entre muchos jóvenes de una lucha rebelde contra lo que ellos identifican como el pensamiento de lo políticamente correcto. La convención cultural que, a su juicio, enmascara el principal problema social, que es la desaparición de la sociedad blanca y “europea”/americana, su sociedad, la única que creen capaz de ofrecerles un futuro.

Por lo tanto Milo no se equivoca del todo cuando señala que el movimiento de la Alt Right es una respuesta similar a la de los jóvenes de mayo del 68. Unos se rebelaron contra la conservadora sociedad moralista de posguerra, mientras que los otros se rebelaron contra la moralización de la lucha por la justicia social. Ambos se rebelan contra el pensamiento convencional de su momento histórico en nombre de la libertad: en el 68 produciendo una izquierda alternativa, una versión del comunismo antiautoritario; en 2016 una derecha alternativa que, en sus propios términos, dice luchar contra el totalitarismo y la censura de lo políticamente correcto.

El momento clave en la transformación de este movimiento llegó en las elecciones presidenciales de 2016, cuando el candidato republicano y futuro presidente Donald Trump vino a personificar con su discurso irreverente, plagado de racismo, machismo y crítica al establishment todo lo que durante años se había ido gestando en los rincones oscuros de internet. Pero, por una ironía de la historia, no fue Trump quien rescató a la Alt Right del anonimato para lanzarlos al estrellato, sino Hillary Clinton. En un discurso de campaña en la ciudad de Reno (Nevada) el 25 de Agosto de 2016, Clinton sugirió la vinculación de su oponente con los radicales de la Alt Right a través de su entonces nuevo director de campaña Steve Bannon.

El principal ideólogo y referente de la Alt Right y líder de la facción Radix, Richard B. Spencer, cuenta que, en aquel momento, se encontraba en Tokio cuando su correo personal se inundó de peticiones de entrevistas por parte de la prensa para que explicara qué era la Alt Right. En aquel momento el movimiento había dejado de ser un simple conjunto de ciberactivistas y jóvenes irreverentes para convertirse en una opción política de primer orden.

Algunos en la Alt Right, como Bannon desde Breitbart News, Anglin desde Daily Stormer, o Spencer desde Radix, llevaban tiempo ejerciendo un liderazgo simbólico en el movimiento como figuras de referencia y pasaron a convertirse en líderes del movimiento, tanto a su pesar (Anglin), como por su insistencia (Spencer y Milo) o sin su conocimiento pero por sus conexiones con la nueva presidencia de Trump (Bannon). Y con ello llegó el momento mediático: entrevistas y aparición en programas, con giras universitarias y reuniones de celebración por el ascenso de Trump. Los miembros de la Alt Right van surgiendo del anonimato, pero en el movimiento se sigue manteniendo aún la subcultura virtual que permite coordinar una red de seguidores, aún con bastante horizontalidad y poco a poco ir convirtiendo un movimiento de protesta en un movimiento de masas, tarea en la que se encuentran en este momento sus líderes, en especial Richard Spencer.

Desde el momento en que la Alt Right se ha convertido en un fenómeno de audiencias muestra una serie de elementos comunes que unifican a sus miembros.

Si el lector tiene en mente al típico neonazi anda desencaminado. Uno de los mayores éxitos y características de la Alt Right es que han conseguido generar una imagen alejada del mundo skinhead y de su violencia que tanto rechazo causa en la sociedad. En su lugar nos encontramos con intelectuales trajeados y excéntricos celebrities, que ofrecen un discurso bien estructurado de ideas provocadoras y agudos comentarios, todo ello expuesto con grandes dotes comunicativas. En contraste con el lobotómico mundo de la extrema derecha tradicional, la Alt Right presenta un alto grado de sofisticación intelectual y capacidad discursiva, como si en una clase de instituto los estudiantes frikis y empollones desplazasen a los matones como los reyes del patio. Como el lector imaginará, esto les vuelve mucho más peligrosos, pues su capacidad de persuasión y combate discursivo es mucho mayor.

Esto a su vez permite a la Alt Right poder prescindir de la violencia (al menos por el momento), lo que ha provocado una paradójica respuesta por parte de algunos grupos de la izquierda norteamericana, que por el contrario tiene problemas al gestionar su propia violencia. El 20 de enero del 2017 un sujeto embozado asestó un puñetazo a Richard Spencer mientras contestaba a la CNN en una entrevista en la calle. El puñetazo se hizo viral, apareció en periódicos de medio mundo y provocó que incluso figuras de reconocido prestigio, como el filósofo Slavoj Zizek, entrasen a intentar legitimar el ataque a Spencer. Una semana después, Milo tuvo que cancelar un acto en la Universidad de California Berkeley y ser evacuado por la policía cuando una protesta pacífica contra su presencia en el campus devino en un intento de asalto al edificio por parte de encapuchados armados con palos y lanzacohetes caseros. Y mientras la izquierda debate sobre si se puede o no agredir físicamente a la extrema derecha, la Alt Right ha conseguido instrumentalizar estos sucesos para presentar como verosímil la idea de unos pacíficos conservadores atacados por unos violentos izquierdistas y sus cómplices de los medios de comunicación, que mediante su tiranía del pensamiento políticamente correcto oprimen la libertad de expresión de unos, mientras justifican la violencia de los otros.
De esta manera la Alt Right ha conseguido invertir los papeles, haciendo parecer a la izquierda violenta y totalitaria y a ellos como paladines de la libertad. Con ello van consiguiendo poner de su parte a los medios conservadores convencionales y empiezan a levantar simpatías entre conservadores más moderados, o aquellos radicales de derechas más mayores a los que por un hándicap generacional aún no llegaban. El propio Trump ha intervenido amenazando por Twitter a la Universidad de California Berkeley con que, si se repiten estos actos violentos, revisará su financiación pública.

Con esto vemos otra característica de la Alt Right, su uso constante de la provocación pública, que tensa la convivencia mediante su discurso y, cuando aparece la violencia, se refugia en el victimismo, como si el hecho de extender un discurso del odio no tuviera consecuencias.

Otro elemento muy presente en la Alt Right es el uso prolífico de la ironía y el humor. Vimos que este recurso al humor se encontraba en los mismísimos orígenes de la Alt Right como movimiento de base y que tenía en el uso del meme su principal arma. De un meme surgió precisamente el que ha acabado erigiéndose como símbolo de la Alt Right: la rana Pepe (Pepe the frog). Puede resultar un tanto ridículo que una fea y grimosa caricatura de una rana sea el símbolo de un movimiento de este calibre. Le resta seriedad y credibilidad. Pero eso no es algo que preocupe a los líderes de la Alt Right, pues son conscientes de que la puesta en escena de su discurso es suficiente para dotar de seriedad al movimiento, y con elementos como la rana Pepe o el uso generalizado de los memes restan dureza a su imagen.

En el fondo es un uso calculado de la frivolidad y de la frivolización de los elementos discursivos y las imágenes de la extrema derecha: la rana pepe bebiendo té con un bigote hitleriano, Hillary Clinton con expresiones faciales divertidas o Trump vestido como Napoleón o fusionado con la rana Pepe (y compartido a través de su propia cuenta de Twitter). Todo ello jalonado con frases racistas y machistas, donde los límites entre la broma y la propaganda se difuminan, generando un juego perverso e hipócrita por el cual todo es una broma hasta que se demuestre lo contrario. Pero a la vez, el mensaje llega y cala en la población, y si la recepción es negativa, entonces se alega que en realidad nada iba en serio.

A todo ello se le suma el uso de un argot, un lenguaje especial que sirve para generar una identidad grupal compartida, a la par que se intenta realizar un lavado discursivo de la retórica de extrema derecha tradicional. He aquí unos pocos ejemplos:

-- Human biodiversity (biodiversidad humana) = Desigualdad racial (en el sentido de que existen distintas razas, unas superiores, otras inferiores que no deben mezclarse)

-- Masculinist/Manosphere (Masculinismo) = Defensa de los derechos de los varones (desde el supuesto de que se encuentran oprimidos por el feminismo)

-- Libtard (progre-retrasado) = Progre+retrasado, izquierdista simplón.

-- Cuckservative (cornuservador) = Cuckold es el que observa cómo otro hombre realiza el coito con su esposa. Político profesional conservador que defiende el pensamiento políticamente correcto y ataca a la Alt Right.

-- Normie (convencional) = Persona normal conservadora que sigue los dictados de una sociedad izquierdista por adherirse a lo políticamente correcto. Potencial seguidor de la Alt Right una vez sea liberado del pensamiento políticamente correcto.

Estos son sólo algunos ejemplos del extenso argot que pueblan los chats y los discursos de la Alt Right. Como se puede inferir a partir de algunos de estos términos, ideológicamente la Alt Right comparte un fondo común, erigido sobre el machismo y el racismo, en el que esos dos principios aparecen disfrazados con un lenguaje que se aleja de los lugares comunes del racismo y el machismo convencional. Hay un espíritu de renovación de ambas ideas por medio de la colonización de los marcos discursivos y la retórica de la izquierda postmoderna al servicio de su radical opuesto.

Pero para hablar de las ideas de la Alt Right es necesario atender a una distinción que es fundamental y estratégica, y es que, existen, a grandes rasgos, dos facciones en el movimiento que se complementan a la par que se encuentran enfrentadas. La facción Radix, o Alt Right pura, que representa a los racistas más convencidos y cuyo centro de preocupación es la raza; y, por otra parte, la facción Breitbart con un perfil más mediático y mainstream, centrada en las luchas culturales, especialmente un discurso de género a modo de machismo militante.

La distinción entre Alt Right Radix y Alt Right Breitbart es una diferenciación mía elaborada a partir de la constatación de que existe, dentro del movimiento, una identidad diferente hacia la etiqueta Alt Right. Los más radicales, con Spencer a la cabeza se referencian a sí mismos como Alt Right a secas, mientras que los periodistas del periódico Breitbart no aceptan la etiqueta y les ha llegado impuesta por la prensa rival. Tras varios meses ya se ha popularizado llamarlos a todos Alt Right, pero los Radix no aceptan que los Breitbart sean parte del movimiento, pues los ven muy moderados, razón por la que Spencer los llama también Alt Light.

Richard B. Spencer y la facción Radix o Alt Right pura

La revista Radix Journal es el principal centro de referencia intelectual de la Alt Right. Está dirigido por su fundador, el brillante y polémico Richard B. Spencer, quien se autodefinió durante un tiempo en su cuenta de Twitter como el Karl Marx de la Alt Right. Radix se encuentra a su vez vinculada al National Policy Institute (NPI), un think tank supremacista blanco, dirigido también por Spencer, desde el que se dedica a la renovación ideológica del racismo como principal objetivo.

Spencer es además el inventor del término Alt-Right. Si bien existe una polémica entre él y Paul Gottfried sobre la autoría del término, todo parece indicar que la idea fue de Spencer en su época como editor en Taki’s magazine, con el artículo The conservative write: una crítica a la burbuja intelectual de Nueva York, a los neoconservadores, y en donde se anuncia el porvenir de una nueva derecha, a la que denomina “derecha alternativa”. El concepto de Alt Right, tal y como explica Spencer en su artículo The Napoleon of the current year, publicado en Radix journal, resultó de una contracción pegadiza que él realizó para hacer más atractivo el término. Existe bastante consenso dentro de la Alt Right acerca de la autoría de Spencer sobre la etiqueta, y el artículo citado con anterioridad es posiblemente el manifiesto mejor logrado de la Alt Right, que además explica la conexión del movimiento con el propio Trump.

Pero ¿qué significa Radix? Tal y como explica la revista anteriormente aludida, radix es una palabra latina que significa raíz, y es la base etimológica de la palabra race (raza en inglés), así como de la palabra radical. Y aunque la revista reivindica el sentido original del término radical (ir a la raíz de un asunto), la página sugiere la fusión de los dos términos (raza y radical, o racismo radical). Este juego de palabras en latín entre el radicalismo y la raza define muy bien al propio Spencer. Nacido en Boston, en su niñez vivió en un suburbio acomodado en la ciudad de Dallas (Texas) y fue vecino de George W. Bush. Estudió un grado en literatura inglesa y música en la Universidad de Virginia y un máster en humanidades en la universidad de Chicago, en la que realizó una tesis de máster sobre la música de Richard Wagner en el pensamiento del filósofo Theodor Adorno.

Este último punto es importante, pues refleja un elemento que va a estar presente en toda la Alt Right, y en especial entre los Radix. Spencer elaboró su pensamiento, al igual que su involuntario maestro Peter Gottfried, a partir de la lectura de las obras de los filósofos de la Escuela de Frankfurt. Un grupo de marxistas heterodoxos alemanes, que en la segunda mitad del siglo XX realizaron la gran crítica intelectual al nazismo y se erigieron como el máximo referente de los jóvenes del 68 y la nueva izquierda. Lo importante de este detalle es la estrategia que han utilizado los Radix. Han acudido a unos de los máximos críticos de sus referentes políticos (el fascismo), que son a su vez los padres intelectuales de sus enemigos directos (la nueva izquierda). Los filósofos frankfurtianos eran, con diferencia, una de las fuentes más complicadas desde donde generar una ideología neofascista, y sin embargo, el gran logro de gente como Gottfried o como Spencer ha sido comprender la estructura del pensamiento frankfurtiano para subvertirlo y ponerlo al servicio del pensamiento reaccionario.

Algo parecido a lo que una parte de la nueva izquierda hizo con el jurista y pensador filonazi Carl Schmitt, solo que en la Alt Right alcanza hitos programáticos profundos.
Si a partir de la Escuela de Frankfurt y la nueva izquierda se desarrolló un modelo de pensamiento que transitó desde la identidad de clases a las identidades en plural (de raza, género y sexualidad), Spencer y los Radix han hecho de la identidad su gran bandera, metamorfoseando el supremacismo blanco en una nueva idea a la que han llamado identitarianismo (la identidad de los varones blancos supuestamente oprimidos en una sociedad que venera el multiculturalismo y la feminización).

Este identitarianismo está fuertemente influido por un pensamiento nietzscheano en el que la voluntad de poder de los sujetos lleva a una colisión inevitable de las razas. Esto recordará al lector a la teoría del darwinismo social de Herbert Spencer, el padre del racismo ‘científico’ del siglo XIX.

La historia en ocasiones muestra un particular sentido del humor al hacer coincidir en apellido al padre del viejo racismo (pseudo) científico con el nuevo racismo, que se pretende científico. Y si el racismo decimonónico se obsesionó con cuestiones como la frenología y la categorización racial por el aspecto fisionómico, este nuevo racismo también ha encontrado sus propios fetiches justificadores.

Estos nuevos racistas evitan referirse a elementos fisionómicos a la hora de justificar sus ideas. El color de la piel, las formas faciales o la estatura no serían para ellos algo importante (aunque en un sentido profundo sea lo único que vean). Ellos alegan que existen diferencias de inteligencia y culturales que hacen que para las distintas razas sea imposible convivir, y que esto justifica la necesidad de separarlas y crear Etno Estados, naciones racialmente homogéneas en donde no se generen conflictos culturales.

Para justificar esta idea se apoyan en estudios neurológicos y psicológicos de una corriente de psicólogos que han popularizado los informes de coeficientes de inteligencias comparados entre distintos grupos raciales en los Estados Unidos. Libros como Race Differences in Intelligence, de Richard Lynn, o The Bell Curve, de Richard J. Herrnstein y Charles Murray, han sido ampliamente utilizados para justificar la existencia “comprobada” de diferencias de inteligencia entre distintas razas. Se han hecho centenares de críticas a estos estudios que no puedo resumir aquí. Todas ellas acaban coincidiendo en que estos estudios utilizan una categoría de inteligencia muy convencional (lógico-matemática) y que hacen un diagnóstico en clave racial para problemas que tienen un origen socioeconómico, de acceso a recursos y deficiencias del sistema escolar público norteamericano, en donde las minorías raciales son la parte más vulnerable.

Junto a esta explicación ‘psicológica’ de diferencia de inteligencias (presente también en el racismo del siglo XIX), encontramos a su vez la idea de que las minorías raciales tienen una cultura distinta a la de los blancos, que en los Estados Unidos aparece como distintas subculturas que reivindican la diferenciación frente a la asimilación en la cultura mayoritaria (y blanca). Esto provoca, según Spencer y el resto de autores, que las minorías raciales no puedan/quieran formar parte de la América genuina, lo que provoca grandes distorsiones en la sociedad por los constantes conflictos entre mayorías y minorías, así como una actitud por parte de las minorías raciales que las debilitan tanto a ellas como al conjunto de la sociedad al instituir una cultura de la reparación. La idea de que la sociedad tiene que indemnizar a las minorías raciales por la opresión que han vivido, y bajo la que siguen encontrándose, y desagraviarlas mediante políticas de discriminación positiva como compensación. Según Spencer, estas políticas vuelven a los miembros de las minorías débiles, dependientes y complacientes. “Parásitos” del resto de la sociedad, que como viven gracias a las facilidades de las subvenciones, entran en un círculo vicioso de dependencia hacia estas de las que no pueden salir, degradándose como individuos y debilitando a la sociedad en su conjunto.

Y como esto es (a juicio de Spencer) un problema estructural de todas las sociedades racialmente mixtas y multiculturales, la única forma de acabar con ello es expulsando a todas las personas racialmente distintas a los blancos de origen europeo del país, generando un país racialmente homogéneo al que denomina Etno Estado.

Un elemento curioso de este delirio racista es que Spencer evita referirse a los blancos como “blancos” (para no sonar racista), y también evita usar el término “americanos”, de manera que no queda del todo claro que sólo se refiera a los estadounidenses blancos. Tanto él como otros miembros de la Alt Right hablan de “europeos” para referirse a la América blanca. Por lo que no es raro encontrar reivindicaciones bastante cómicas entre estos autores de “América para los europeos”, cuando lo que en verdad quieren decir es “América para los blancos”.

Además de Spencer, entre los Radix se encuentran personajes tan diversos como el viejo supremacista blanco Jared Taylor, el editor de la revista Radix, Andrew Joyce, o el gay “masculinista” (machista) Jake Donovan, máximo exponente del tribalismo en la Alt Right. Hay muchos más nombres en la lista, y esta a su vez está compuesta por una diversidad de personas demasiado distintas para poder ser etiquetadas bajo el perfil Radix o Breitbart, por lo que el lector debe entender esto como una primera aproximación más que como una categorización exhaustiva

Steve Bannon, Milo Yiannopoulos y la facción ‘Breitbart’ o ‘Alt Light’

Fue Spencer quien en una entrevista concedida a Mother Jones habló por primera vez de facciones. Se refería de esta manera tanto a sí mismo como a todo el universo de periodistas y celebrities que rodea al periódico digital Breitbart News. Les llamó, “facción Breitbart”, y fue entonces cuando consideré que si existía una facción Breitbart, debía así mismo existir una facción Radix, aunque ellos mismos se identifiquen como la Alt Right sin más adjetivos. En posteriores entrevistas y artículos se ha referido a los Breitbart también como la Alt Light, para expresar la cercanía de ideas de ambos grupos pero también para marcar la diferencia de enfoque e intensidad con respecto a sus propuestas. Por todo ello, tanto él como el resto de los Radix, muestran un abierto desprecio hacia los Breitbart, en especial hacia Milo Yiannopoulos.

Por otra parte, las principales figuras cercanas al periódico Breitbart han negado en alguna ocasión ser parte de la Alt Right, pero también es verdad que en todos ellos la Alt Right aparece como un elemento atractivo, como un deseo prohibido que es conveniente rechazar en público pero al que se adora en privado. Todos han reflexionado sobre la Alt Right y la han defendido de los ataques de la izquierda, y esto ha llevado al periodismo progresista estadounidense a vincularlos con este movimiento. Entre los Breitbart se encuentran el comediante Steven Crowder, el tertuliano Ben Shapiro o el escocés Gavin McInnes, el hipster de la Alt Right. Aunque las dos figuras que más han destacado de entre este ecléctico y polémico grupo han sido dos elementos tan dispares como Milo Yiannopoulos y Steve Bannon.

Lo característico de esta banda es su fuerte carácter mediático y su tendencia al espectáculo, y una sensibilidad especial a la irrelevancia de la verdad, y hacia la importancia de saber crear un mensaje poderoso, una historia que cautive al público y llame su atención. Entre ellos predomina el recurso a la irreverencia y al humor como medio de presentar sus tesis más controvertidas. La ironía es un arma al servicio de una guerra contra el pensamiento políticamente correcto, en donde toda acción o declaración están justificadas y amparadas bajo el manto de una ilimitada libertad de expresión.
Este recurso a la libertad les ha llevado a definirse como libertarios conservadores (conservative libertarian, lo que podría traducirse también como anarco-capitalistas conservadores). Los archienemigos de esta banda son el movimiento feminista, al que acusan de sabotear la libertad de pensamiento en los EE.UU., así como el Islam, cuya visión supuestamente distinta de la sociedad les convertiría en una amenaza para la libertad en occidente.

Según su visión, el feminismo habría creado una inversión de papeles por el cual los varones se encontrarían en la actualidad subyugados y sin posibilidad de liberarse, ya que ante cualquier intento de revertir la situación son acusados de machistas. Por otra parte, los Breitbart han tomado el discurso neoconservador del politólogo Samuel P. Huntington de El choque de civilizaciones para adoptar una visión xenófoba de la sociedad, donde lo importante (al contrario de los Radix) no sería tanto la raza, sino la cultura y la religión. De esta manera, los Breitbart señalan como una amenaza para la libertad todo lo que no sea occidental y cristiano.

Quizás Milo Yiannopoulos sea el ejemplo más exitoso de entre los Breitbart: cuenta con medio millón de seguidores en YouTube, dos millones en Facebook, y una cantidad superior en Twitter (hasta que su cuenta fue cancelada). Milo es un griego emigrado en su niñez a Inglaterra, medio judío por parte de madre y abiertamente gay. Ataviado con chaquetas de lentejuelas, collares de perlas, el pelo teñido de colores fluorescentes y bolsos de alta gama dignos de Rita Barberá. La “marica peligrosa” (“dangerous faggot”, tal y como se hace llamar) lo tiene todo para ser la víctima propicia de la Alt Right y, sin embargo, se ha convertido en su gurú y estrella mediática. Es famoso por conceder entrevistas a medios y protagonizar charlas en universidades con un tono provocador, irónico y cínico. Ha sido el referente que mejor ha sabido captar y personificar el espíritu transgresor e internauta de los orígenes de la Alt Right para transformarlo en un producto televisivo.

Milo cuenta con grandes dotes comunicativas: rapidez en la réplica, un lenguaje incisivo y claridad en los mensajes. Si bien sus ideas no llegan al refinamiento de las de Spencer, es un comunicador provocativo y de gran eficacia. Un maestro de un uso cínico de la ironía como forma de tensar los límites del convencionalismo social y como medio de extender el discurso del odio cuya existencia él niega. Su machismo roza la patología, lo que le permite convertirse en un gay homófobo con sus ataques a las lesbianas. Se trata de un racista no confeso, pues piensa que con acostarse con gente de otras razas una persona deja de ser racista, lo que equivale a la excusa estúpida que muchos homófobos enarbolan cuando, acusados de homófobos, alegan tener amigos gays. Sin embargo, nadie debería minusvalorar la potencialidad política de Milo, por muy extravagante que sea el personaje o las muchas contradicciones que presente. Se trata de la quintaesencia de la extrema derecha posmoderna, una persona capaz de convertir ideas controvertidas en tendencia viral en las redes, una gran habilidad en el debate público y una capacidad visionaria para reformular el lenguaje político en códigos de consumo cultural de las nuevas generaciones.

El mejor ejemplo de esto es un videoclip sobre la construcción del muro de México prometido por Donald Trump al más puro estilo MTV. En él Milo, junto a dos jóvenes atléticos, comienza a construir el muro de Trump, consiguiendo transmitir a los más jóvenes las ideas del nuevo presidente como algo a la moda. Se trata de un ejemplo genuino de la nueva propaganda política del siglo XXI de la que él es un experto.

Si bien Milo es la gran figura de la facción Breitbart, su discurso irreverente ha terminado por pasarle factura a pesar de su popularidad. El maestro de la ironía ha acabado por ser víctima de su última provocación. El hombre que había creado su seña de identidad en el discurso de que existe una censura pública por parte del pensamiento políticamente correcto de la izquierda, ha debido de quedar noqueado al comprobar que la Conservative Political Action Conference, un think tank conservador, le retiraba la invitación para hablar de su autobiografía (un libro titulado Dangerous), cuya publicación ha sido también rescindida por la editorial Simon & Schuster. En el centro del escándalo están unas declaraciones en las que Milo frivoliza sobre el problema de la pederastia, negando que la atracción sexual hacia un niño de 13 años físicamente desarrollado sea pedofilia, y bromeando sobre el abuso que sufrió por parte de un cura católico de niño. Estas declaraciones se encontraban en un vídeo que él mismo había subido a internet pero que había pasado inadvertido, y que fue aireado por un grupo, también conservador, llamado The Reagan Batallion. La fuente del ataque es significativa, pues este grupo está conectado a sectores tradicionales del partido republicano que se opusieron a la candidatura de Trump durante las primarias y las presidenciales, y que se han cobrado su primera cabeza en la Alt Right.

Por otra parte, muchos en la Alt Right, desde la facción Radix y grupos neonazis llevaban tiempo pidiendo la cabeza de Milo. Spencer por considerar que con su estilo frivolizaba la causa de la Alt Right, Anglin por considerar que un gay medio judío no podía ser la principal cara mediática de la Alt Right. En todo caso este ajuste de cuentas dentro de la derecha se suma a la dimisión del antiguo consejero de seguridad nacional de Trump Michael Flynn, mostrando que las trayectorias de estos individuos son tan fulgurantes y breves como los destellos de una tormenta. El golpe más duro para Milo ha venido de todas formas desde su medio editorial, Breitbart News, del que ha tenido que dimitir como editor senior. Dudo que esto suponga el fin de su carrera, pues sigue amasando millones de seguidores en las redes con un discurso con mucha demanda y que mucha gente quiere oír. Probablemente le ocurra como a Jiménez Losantos cuando fue despedido de la COPE por sus demandas judiciales y excesos verbales; será un gran batacazo en su carrera, pero encontrará algún otro rincón oscuro desde el que extender su bilis. Este es en todo caso otra de las muestras de ese extraño sentido del humor que gasta la vida. Irónicamente, el rey de la ironía que denunciaba la censura social de la izquierda acabó cayendo por un ejercicio de censura y sectarismo orquestado por la derecha, hacia la que nunca tuvo una sola palabra crítica. Esto, querido Milo, es la pura definición de lo que es la ironía.
Dentro del grupo Breitbart, Steve Bannon es el referente más importante, porque sirve de nexo de unión entre estos y los Radix. Más abiertamente racista que la mayoría de los Breitbart, pero con la mentalidad comunicativa de su facción de origen. Se ha llegado a comparar a sí mismo con Lenin por el deseo compartido por ambos de acabar con el establishment y el Estado. Quienes deseen un buen resumen biográfico y político de Bannon deberían consultar este perfil de Álvaro Guzmán.

En el año 2012 se hizo con las riendas de Breitbart News, un periódico digital fundado por Andrew Breitbart dos años atrás, con el objetivo de promocionar el sionismo en los Estados Unidos y defender las posiciones más extremistas del Estado de Israel. Andrew Breitbart murió cinco años después de fundar su periódico y Bannon viró la línea editorial, desde el sionismo al supremacismo blanco y el discurso del choque de civilizaciones.

Su empeño editorial le llevó a convertir el periódico en uno de los más importantes centros de referencia de la América conservadora. Esta experiencia editorial, unida a su etapa como productor de cine, le han otorgado una experiencia y visión en la comunicación política que pocos consejeros en Washington demuestran poseer. La estrategia de Bannon es doble y se demuestra en el aluvión de órdenes ejecutivas de las primeras semanas de Trump, de las que Bannon es autor tanto en el texto como en la estrategia comunicativa. La filosofía que subyace a esta iniciativa legislativa extrema es la de llevar intencionalmente el aguante de la sociedad al límite, con el fin de testar cuál es el grado de apoyo de sus incondicionales y de sus críticos, así como para comprobar el grado de movilización de los opositores, el nivel de aquiescencia y apoyo de los admiradores y la tolerancia de los grupos neutrales y de las instituciones. De esta manera se dibuja un umbral de reforma política sobre el que Bannon y Trump pueden trabajar como un margen de acción política.

La estrategia, osada y exitosa, no ha sido gratuita para el gobierno, pues les ha valido la cabeza de Michael Flynn, el consejero de seguridad nacional, aunque en contrapartida ha revelado que los servicios de inteligencia se encuentran enfrentados a la actual administración y poco cooperativos a la hora de compartir su información, lo que les sitúa al borde de cometer sedición. Esto ha llevado a Trump a la inaudita decisión de conformar un equipo en la Casa Blanca que estudie la relación del ejecutivo con los servicios de inteligencia y su posible reforma. Todo esto hace prever que existe un campo abonado para un futuro conflicto del ejecutivo con los servicios de inteligencia y el Pentágono, que hacen sobrevolar con más fuerza la posibilidad de un impeachment contra Trump, si no acciones más agresivas por parte de estas instituciones contra la administración.
Lo que parece claro es que Bannon está amasando un poder que no veíamos en un consejero presidencial desde la época Bush. Lo que está llevando a una división en el ejecutivo entre la facción más ideológica de la Alt Right capitaneada por él, y los republicanos institucionales de Reince Priebus. Tras la dimisión de Flynn, Breitbart News pidió la cabeza de Priebus por haber detenido parte de las órdenes ejecutivas, lo que puede convertirse en la antesala de una crisis de gobierno en donde los moderados sean purgados y la Alt Right termine por tomar el poder. Más allá de que este escenario se materialice, el enfrentamiento ha servido para demostrar que Bannon sigue conservando el control de Breitbart News, plataforma que utiliza como medio informal para condicionar de manera decidida la dirección del gobierno, así como para generar relatos desde los que influir en la opinión pública y mantener el contacto entre el gobierno y sus bases más adeptas.

Con esto queda claro que aunque la Alt Right se encuentre formalmente dividida en su élite dirigente y de referencia, en la práctica todos estos grupos y personajes se complementan y están conformando un movimiento de extrema derecha de proporciones desconocidas en los últimos ochenta años. Un seguidor de la Alt Right medio tiende a informarse por Breitbart News y a través de los referentes más ligeros de la facción Breitbart. Los más ideologizados encuentran a su vez en los Radix un núcleo de pensamiento más duro y elaborado desde el que desplegar su racismo, y Bannon les unifica a todos como el hombre de Estado de la Alt Right.

Para todos ellos, Trump es un primer ariete en la toma de las instituciones, pero todos tienen claro que su porvenir se encuentra más allá de Trump y, tanto los intelectuales de Radix, como los showmans de Breitbart, y por supuesto Bannon desde la Casa Blanca trabajan para que Trump sea sólo la primera piedra de un proyecto que tiene por objetivo transformar la sociedad y no sólo tomar el poder.

La influencia de la Alt Right en Europa y la construcción de una extrema derecha global

El año 2017 puede convertirse en el comienzo de un nuevo proyecto global de la extrema derecha, o en el techo de cristal de sus aspiraciones. La Alt Right americana ha sido pionera en su asalto al poder gracias a su vinculación a Trump, pero en marzo de este año Wilders y el PVV tendrán su prueba de fuego en Holanda, la extrema derecha alemana de la AfD puede asentar posiciones, y lo más importante, en Francia, las elecciones presidenciales de abril y mayo pueden llevar al poder a Marine Le Pen, quien tiene por primera vez la posibilidad real de conquistar la presidencia francesa para FN.

Todos estos movimientos han generado ya contactos formales con la presidencia Trump e informales con la Alt Right. Las páginas Radix y Breitbart News son consultadas y leídas por la extrema derecha europea, que encuentra en ellas ideas novedosas para su discurso político. Los Radix, por otra parte, tienen una larga relación con los intelectuales europeos de la Nouvelle Droite, de Alain de Benoist, en cuyas ideas se basaron en buena parte para conformar su ideario. Muchos de los miembros de los Breitbart, como Milo o McInnes son de hecho europeos y han ayudado a tender puentes entre la Inglaterra pro-Brexit y la Alt Right.

Con estos elementos, podemos atisbar el posible nacimiento de una extrema derecha global. Cada grupo con sus particularismos, en su discurso de defensa de un Estado-nación fuerte, en contra de la globalización, del Islam, y la izquierda cultural; en definitiva, en su programa y empuje común por la construcción de Etno Estados vemos cómo se conforma con paso decidido una nueva extrema derecha que aunque antiglobalizadora, es producto y resultado de la globalización, y tiene un fuerte contenido de globalización. Porque trasciende las particularidades de los Estados para conformarse como un movimiento internacional. Son el viejo topo del que hablaba Marx, esa corriente revolucionaria que avanza inadvertida hasta que irrumpe en el panorama, sólo que este movimiento no es una revolución, sino el rostro de un monstruo que aún nos elude, un movimiento para el que el término fascista se nos queda pequeño y desactualizado.

¿Conquistarán la Alt Right y sus homólogos europeos las corrientes políticas del año 2017; en el aniversario de la revolución rusa, de la publicación de El Capital, de Marx, y de la reforma protestante? ¿O por el contrario se desinflarán como tantas burbujas políticas que hemos visto desfilar en un tiempo de crisis en donde nada termina por asentarse? El tiempo contestará estas preguntas. El porvenir parece sonreír a la Alt Right, pero no por ello la izquierda ha perdido la última palabra. El carácter profundamente identitario del movimiento ofrece a la Alt Right la clave para crecer y extenderse pero les resta a la hora de conformarse como alternativa de gobierno al neoliberalismo.

A pesar de su discurso proteccionista, la Alt Right no ha ocupado el espacio de una alternativa económica y de gobernanza alternativa a la derecha neoliberal. Este espacio sigue vacío y puede ser aprovechado por la izquierda para imponerse en el medio plazo tanto al neoliberalismo en decadencia como a la Alt Right en ascenso. La izquierda debe demostrar valor en su reformulación y abandonar su identitarianismo para volcarse en la tarea de pensar una alternativa económica y en las lógicas de gobierno. En resumen, debe retomar la idea de enarbolar un programa de transición desde el capitalismo neoliberal a un horizonte de emancipación para el cual aún necesitamos un nombre. Esta es la oportunidad que se abre para la izquierda gracias a la renuncia de la Alt Right de conformarse como una alternativa real al sistema económico en colapso de la economía global. Todos estamos llamados a afrontar este desafío. De lo contrario, allanaremos el camino para la Alt Right.

Marcos Reguera es investigador de la Universidad del País Vasco.
INVESTIGACIÓN CTXT. 22 DE FEBRERO DE 2017

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Comentaris

La izquierda y la derecha no son sujetos políticos.
10 set 2017

En todo este texto ¿dónde queda la crítica al capitalismo y, en concreto, a la acumulación de capital en los EEUU? No la encontraremos como una concreción sino como vaguedades en las que monstruos como los supremacistas conservadores yankees tapan la obra y milagros de otros monstruos, los excepcionalistas socialdemocratas usanianos que no aparecen en ningún momento en su papel real en la lucha de clases en los EEUU y mundial. Requena, no obstante, termina afirmando lo siguiente:


“La izquierda debe demostrar valor en su reformulación y abandonar su identitarianismo para volcarse en la tarea de pensar una alternativa económica y en las lógicas de gobierno. En resumen, debe retomar la idea de enarbolar un programa de transición desde el capitalismo neoliberal a un horizonte de emancipación para el cual aún necesitamos un nombre.”


¿Capitalismo neoliberal? ¿Qué tiene de neoliberal dejar una deuda pública -hasta ahora - de 20 billones de dólares? Las sucias acusaciones subliminales contra el marxismo que hace este socialdemocrata en relación al ascenso de un movimiento reaccionario en los EEUU no son otra cosa que lanzar balones fuera. Es precisamente el subjetivismo y el formalismo socialdemocrata y reformista, hegemónicos en el movimiento obrero de los países imperialistas especialmente desde la revolución del 68, fundados en la crítica al marxismo, - que es objetivista y crítico radical de todo lo existente -, lo que ha hecho aguas y se va al fondo ya con una claridad cegadora especialmente desde la jugada neorreformista de Syriza en Grecia. Pero ahora nos prometen que van a superar su socialogismo identitarista, por estar supuestamente asustados con la nueva derecha, para formar “un programa de transición hacia un horizonte de emancipación”, que ni se llama socialismo ni se llama anarquismo ¿cuál será el nuevo bodrio? Requena, yo propongo un nombre, “masdelomismismo” ¿No?.


ALGUNOS DATOS


Algunos datos: En torno a 26 millones de mujeres (el 52%) votaron a Trump, ¿o votaron asqueadas contra Hillary Clinton? El voto a Trump fue más destacado en las zonas desindustrializadas cuyas poblaciones escucharon sus críticas al gran capital financiero de Wall Street, y en sectores militares que escucharon su promesa de dejar la política de guerras permanentes promovida por el complejo militar industrial. Al par, la política de las identidades – que se nos quiere endosar en esta web quizás por retraso informativo-cultural – del partido socialdemócrata se descomponía, de manera que mientras Angela Davis llamaba al voto a Hillary Clinton, Vanessa Redgrave alertaba de que detener a Trump apoyando a Hillary era un grave error. Durante el mandato presidencial de su marido, por cierto, que fue quien puso de largo la teoría de lo políticamente correcto, por ejemplo en materia de antirracismo, fueron encarcelado ¿dos millones de hombres afroamericanos? Esa es la cifra que he oído recientemente y es perfectamente creible, pero al ser hombres quizás no merecían un movimiento masivo contrario a semejante masacre proletaria y popular.

No, la exportación de capital a la busca de fuerza de trabajo más barata para explotar en Asia no se hizo por racismo, se hizo porque había mayores ganancias en la explotación en Asia. No era un “problema de la globalización” era una determinación del capital para poder proseguir su expansión. Los socialdemócratas defendían sin embargo “una sociedad mejor”, sin opresiones, pero no al proletariado, de manera que el que Detroit pasará de dos y medio de habitantes a 800.000 no estaba en primer lugar de la agenda política. Era más fácil maquillar las estadísticas del paro y centrarse en meterse y montar más guerras, o salir como los campeones de la lucha mediática teatrera en lugar erradicar a los lobys del sistema sanitario y sus masacres, como la de las epidemias de obesidad, de diabetes y de consumo de opiaceos. Pero para seguir la fiesta era necesario montar un teatrillo creible manipulando radicalmente al feminismo, (y aquí el federicismo no tiene una responsabilidad menor) convirtiéndole en un movimiento de distracción de las contradicciones reales, que es lo que explica que los nuevos reaccionarios populistamente intenten ponerse en primera línea de crítica al supuesto feminismo de las Hillarys Clintons y sus mariachis generistas para capitalizar políticamente el rechazo popular a semejante monstruo, y es que entre monstruos anda el juego.

Ahora se trata de manipular el antifascismo; de la noche a la mañana quienes al par que recibían el premio de la paz promovían una guerra imperialista utilizando a los más reaccionarios de los raccionarios en Siria y un golpe de estado nazi en Ucrania , quieren aparecer como el cerebro del antifascismo global. Y no, no es posible. Ahora, por ejemplo, el mismo fin de semana de los sucesos y el asesinato nazi de Charlotesville, en Chicago murieron violentamente 30 personas, al parecer, pero tal catástrofe social no recibió la atención mediática de los media socialdemócratas.


LA ENORME MAGNITUD DE LA SOBREPOBLACIÓN RELATIVA


La tasa de paro real en los EEUU, quizás del 30%, sumada a la tasa de subempleo, -entendido como todo salario que no permite la reproducción de la fuerza de trabajo explotada -, puede muy bien significar un bloque de población de en torno al 55% de la población total, lo que hace estallar en añicos ya no solo a la ideología socialdemócrata fordista de “El estado de Bienestar” sino también a la ideología nacional de los EEUU del American Way of Life.


En estas condiciones, la idea de pasarle la crisis al vecino o a la vecina, con muros físicos o con odio al proletariado o con belicismo internacional, se abre paso sobre esa base, mientras la deuda pública, de las empresas y de los hogares deviene totalmente impagable en esa potencia capitalista imperialista que, a diferencia de la Alemania de los años 1930s, es nuclear.

Este, Aliss, es el problema, que además es estructural, se llama capitalismo, pero su superación tiene nombre, varios movimientos históricos anarquistas y comunistas de base proletaria lo han intentado, en las crisis revolucionarias, que no solo reaccionarias, que el capital mismo, ciegamente, en su proceso de desarrollo crea. Y estos son los sujetos reales, no las meras “la izquierda” o “la derecha” que el lenguaje típicamente socialdemócrata mistifica como sujetos supuestamente reales, pues lo primero que hay que comprender es que no se trata de si una medida o resistencia es conservadora o progresista sino de ¿a quién beneficia? Y ¿será positiva o negativa para el proletariado?
Lea este texto reciente de James Petras, señora Aliss, y entérese de cuál es la situación real.
11 set 2017



Y por una vez tenga la virtud de la humildad de escuchar a los demás:


Habiendo casi diezmado a los nacionalistas económicos de Trump y su programa, la elite de poder montó entonces una serie de acontecimientos magnificados por los medios que se centraban en un golpe local en Charlottesville, Virginia, entre "supremacistas blancos" y "antifascistas". Después de que la confrontación condujera a la muerte y al daño, los medios utilizaron el intento inepto de Trump de culpar a ambos bandos como prueba de los vínculos del presidente con los neonazis y el KKK. Los neoliberales y los sionistas, dentro de la administración Trump y sus consejos empresariales, se unieron al ataque contra el presidente, denunciando su incapacidad de culpar de inmediato y unilateralmente a los extremistas de derecha por la violencia.

Trump está recurriendo a los sectores de negocios y a la élite del Congreso en un intento desesperado por mantener un apoyo a través de promesas de decretar masivos recortes de impuestos y desregular todo el sector privado.

La cuestión decisiva ya no se refería a una política u otra, ni siquiera a una estrategia. Trump ya había perdido en todas las batallas. La "solución final" al problema de la elección de Donald Trump está avanzando paso a paso –su destitución [impeachment] y posible detención por todos y cada uno de los medios.

Los escritores y activistas solían pensar que sólo los regímenes socialistas elegidos democráticamente serían el blanco del coup d’état sistemático. Hoy en día las fronteras políticas son mucho más restrictivas. Apelar al " nacionalismo económico", completamente dentro del sistema capitalista, y buscar los acuerdos comerciales acorde a ello, es invitar a ataques políticos salvajes, inventos de conspiraciones y relevos militares internos que terminan en "cambio de régimen".

La purga hecha por la élite militarista-globalista contra los nacionalistas económicos y anti-militaristas fue apoyada por toda la izquierda de los Estados Unidos, salvo algunas notables excepciones. Por primera vez en la historia, la izquierda se convirtió en un arma organizativa pro-guerra, pro-Wall Street, pro-derecha sionista en la campaña para derrocar al presidente Trump. Más aún, movimientos y líderes locales, funcionarios sindicales, políticos de derechos civiles y de inmigración, liberales y socialdemócratas se han unido en
la lucha por restaurar lo peor de todos los mundos: la política Clinton-Bush-Obama/Clinton de guerras múltiples permanentes, incrementando las confrontaciones con Rusia, China, Irán y Venezuela y la desregulación de la economía estadounidense por parte de Trump y recortes fiscales masivos para los grandes negocios.

Hemos recorrido un largo camino: desde las elecciones hasta las purgas y de los acuerdos de paz hasta las investigaciones policiales. Los nacionalistas económicos de hoy son etiquetados como "fascistas" ; y los trabajadores excluidos son ¡"los deplorables"! Los estadounidenses tienen mucho que aprender y desaprender. Nuestra ventaja estratégica puede residir en el hecho de que la vida política en los Estados Unidos no puede empeorar –realmente hemos tocado fondo y (salvo una guerra nuclear) sólo podemos mirar hacia arriba.


¿Quién gobierna EEUU?
La Élite del Poder en Tiempos de Trump
James Petras
http://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/QuiengobiernaEEUU.pdf
Re: Alt Right: radiografía de la extrema derecha del futuro
12 set 2017
Sr “.”, su manera de concebir el mundo y sus argumentos son como los que utiliza Lanata en una encerrona/entrevista con el mapuche Jones Huala, acerca de la lucha del pueblo mapuche y sus reclamos, donde desde su arrogancia de hipotética superioridad intelectual, pretende avasallar tergiversando con sus conceptos occidentales y su autoritarismo. Usted utiliza para ello y abusa de su dialéctiva marxista.
https://www.youtube.com/watch?v=hfpvABFGVwM
https://www.youtube.com/watch?v=nhALlBayJN4

Sr “.”, ni soy, ni pretendo pasarme por virtuosa. Usted me pide “humildad” para “escuchar a los demás”. ¿Y su “humildad” dónde se la ha olvidado?, porque la “humildad” que usted me reclama, es la de la sumisión. No necesito “tener humildad”, nací en esa y de esa condición, algo que probablemente usted no ha conocido. ¿Explíqueme qué quiere decir con eso de “escuchar a los demás”? ¿Escucharle a usted?

Los textos que comparto habitualmente, no son mis palabras. Entiendo que hay quienes se expresan mucho mejor que yo y por ello los comparto con quien quiera leerlos, después de “escuchar a los demás”, a quienes los escriben. Y no sé si es “humildad” o qué es, pero no soy tan dogmática como para compartir sólo lo que dicen quienes piensan igual que yo.

Lo que escribe Marcos Reguera sobre Alt Right, es también “situación real”. Usted sólo mira a los “grandes analistas consagrados”, a los que supuestamente le revelan la “verdad” que luego hace suya. Pero no necesito sus “verdades” porque todavía soy muy joven para tener “verdades”.

Como usted sabrá, en su país hubo movimientos antiglobalización y posteriormente ocupaciones de plazas con el movimiento del 15M. De ahí se regeneró la denostada “democracia” y de la desconfianza en el sistema, volvió a aparecer la esperanza en que, desde el sistema se podían cambiar las cosas. Pasaron del “nadie nos representa”, al “sí se puede”.

James Petras habla, como bien expone la segunda parte del título, de la “élite del poder”, aunque tal vez por lo que explica debiera decir “las élites del poder”. Nada de lo que dice Marcos Reguera, entra en contradicción con Petras, más bien Reguera amplía la visión a los espacios en los que esas élites tienen a sus grupos de presión en medios populares y en las calles.

Los zapatistas hablan de “la hidra capitalista” para referirse a las múltiples formas en las que se manifiesta el sistema neoliberal, pero a usted, sr “.”, lo que le fascinan son las élites y en ellas se recrea y no ve el resto de cabezas. Luego me pide “humildad”, cuando lo que comparto, no se refiere a esas élites, sino a quienes son sus primeras líneas, esa “carne de cañón” que usted reivindica siempre como carnaza para el sistema.

A ninguno de esos magnates y personajes poderosos, los verá usted en la calle recibiendo un puñetazo de un antifascista. Nadie puede acercarse a ellos. Sin embargo, con quien usted probablemente tendrá más probabilidad de coincidir, a no ser que sea otro potentado más, es con toda esa gente que está en las movilizaciones contra las mezquitas, contra el aborto, contra las personas refugiadas y contra las migrantes… En su caso, es más probable que coincida incluso entre sus filas y no frente a ellas.

Quienes en USA se mueven en la calle y en la red, no son esos potentados aunque sean quienes las mueven, sino cabezas reconocibles de distintas formas de la extrema derecha que, en muchos casos, se desmarcan de los grupos tradicionales ultraconservadores y que tratan de no vincularse públicamente con quienes promueven el supremacismo racial blanco, las milicias, la asociación del rifle, las ideologías del odio, etc…, apelando a las libertades elementales que jamás han respetado para las demás.

La producción y difusión en la red de sus discursos, debiera llamar la atención a esos grandes analistas como Chomsky o Petras, pero ellos, acomodados en su mundo académico, tienen más tendencia a mirar las altas instancias que hacia lo que sucede en las calles.

Y sí, hay que estar pendiente de lo que se cuece en las élites del poder, pero también de lo que sucede a pié de calle.

Y no voy a responder a las palabras de Petras. Supongo que él sabe, conoce y analiza infinitamente mejor lo que sucede en su entorno de USA, que lo que pueda aportar yo. Lo que sí que puedo cuestionar, son las interpretaciones y conclusiones que usted pueda extraer de las palabras de Petras.

Usted mismo se descalifica cuando habla de feminismo de Hillary Clinton. Ser mujer no la convierte en feminista y no hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que hay mujeres que han votado a Trump, de eso se tratan las elecciones, de votar. Y en las últimas elecciones USA tenían dos opciones. Una de ellas, era una mujer, pero no una feminista. Y aunque hubiese sido feminista, eso tampoco es ninguna garantía porque todo gobierno sobre los y las demás, es una tiranía.

Ahora usted pretende dar lecciones de no sé qué, pero déjeme decirle que cuando sucedió lo de Charlotesville, en esta web pocas personas publicaron algo. No recuerdo que usted moviese el teclado. Y sobre la mujer trabajadora y sindicalista de la IWW que arrollaron y asesinaron atropellándola, tampoco recuerdo que usted informara de algo. Ahora parece que lee a Chomsky, lee a Petras, y se le inflama el pecho y habla de un antifascismo “dirigido globalmente”.

Usted sr “.”, está en su línea. ¿Cómo va a apoyar el antifascismo? Ya le vienen bien las interpretaciones que hace sobre lo que dice Petras o Chomsky, que no estaban en Charlotesville. Sin embargo las palabras de los antifascistas de Charlotesville, esas que son de las personas trabajadoras que salieron a la calle, usted no les da ninguna credibilidad.

Siga distrayendo a las personas con sus “conspiraciones”!
No mire para otro lado
12 set 2017
Lo que dice Petras, muy poco académico, es esto:

" la elite de poder montó entonces una serie de acontecimientos magnificados por los medios que se centraban en un golpe local en Charlottesville,".
Re: Alt Right: radiografía de la extrema derecha del futuro
12 set 2017
Si lo que nos quiere decir es que Petras también hace hipótesis, no es ninguna novedad, la academia también establece hipótesis antes de las conclusiones. Y no manipule ni tergiverse mis palabras, no estoy diciendo que eso sea falso o que no tenga su valor de análisis, pero todas las hipótesis se deben de demostrar…, y lo que la élite de poder "montó", si es que "montó" algo en Charlottesville, tal vez no sea lo que usted no dice, pero piensa, sino todo lo contrario.

Lo que no es indudable es el talante de un personaje como Steve Bannon. Y también es incuestionable que al ser nombrado “miembro nato del Consejo de Seguridad Nacional (órgano que en los Estados Unidos funciona como consejo de ministros para la gestión de crisis y de la política exterior y de seguridad nacional)”, tal y como dice Reguera, ese cargo “le permite conocer los secretos de Estado más importantes de la política norteamericana”.

Todo estratega que alimenta la “guerra” interior, sabe que hay que movilizar a la “tropa”, y ahí tenemos las múltiples marchas fascistas en las que el KKK es parte importante, al igual que actualmente el gobierno español, moviliza a parte de sus tropas con ejercicios militares en Catalunya. Y no pongo este ejemplo porque tenga relación directa, sino para que entienda cómo va eso de las estrategias y cómo inciden, intimidan, o pueden incidir, intimidar, a las poblaciones, no solo en el terreno de lo político, judicial, policial, sino también en lo simbólico, en lo emocional, etc…

Ahora Bannon está dimitido, y sus simpatías con el KKK no son nada académicas, de la misma manera que tampoco son nada académicas las evidencias de que las ideas supremacistas blancas estaban ya dentro de la Casa Blanca a través del Consejo de Seguridad Nacional y de ahí que “la mayoría de las órdenes ejecutivas ultraderechistas nombradas anteriormente fuesen obra personal del propio Bannon”.

Y más allá de todas las luchas de poder de los otros grupos de élites financieras, políticas, militares…, no todas tenían acceso al Consejo de Seguridad Nacional, espacio de poder exclusivo, que queda reservado para el selecto entorno de máxima confianza del presidente de los USA. Y es por eso que el presidente Trump, en no pocas ocasiones, era el portavoz de la supremacia racial blanca patriarcal, pues esos grupos y organizaciones, en países centrales del capitalismo, sostienen ese modelo “familiar”.

Por eso no es extraordinario que otras élites en el poder, hayan visto amenazados sus beneficios ante la falta de reacción presidencial frente a los actos racistas convocados y ante la extrema violencia de dichas organizaciones, que generó una respuesta popular que hizo que sus sensibilidades socialdemócratas, se acercaran al antifascismo y a grupos de izquierda. Los testimonios me parece que son tan espeluznantes como elocuentes.

Chomsky y Petras pueden no dar importancia a esos hechos y sentirlos como una anécdota más de las muchas graves situaciones complejas que se producen en los USA, pero hay quienes sí le dan importancia.

La cuestión es ¿por qué usted las desmerece, anteponiendo las palabras de Petras, cuando no hay contradicción alguna, sino complementaridad? ¿Por qué usted busca polemizar con algo que no se plantea desde la confrontación, sino que desvela funcionamientos sistémicos a distinto nivel?

Las razones no se las puedo relatar, pero sí, por ser esta una estrategia muy habitual en usted, le puedo exponer mis intuiciones.

En una de sus intervenciones en este hilo de información, deja caer “datos” que no vienen a cuento, como el porcentaje de mujeres que supuestamente han votado a Trump. ¿Pretende tratarnos como tontas?

Ese dato, tal y como lo utiliza, es más elocuente de su pensamiento político de odio que de la ideología de esas mujeres que supuestamente votaron a Trump. ¿A Hitler lo votaron más hombres o mujeres? Vaya un dilema estúpido para estúpidos y una perversa manera de desviar la atención contra esas “adversarias”, las mujeres, que reafirma una y otra vez prejuiciosamente en su cabeza. Cuando no tiene argumentos, las culpables son siempre las mujeres, y argumentos ha expresado bien pocos, prejuicios a parrafadas llenas.

En mi opinión a usted no le interesa reflexionar, ni debatir nada para construir. Usted solo busca polemizar para “derribar” dialécticamente a quien considera “contrario”, en este caso “contraria”.

Yo no puedo responder sobre la palabras de Reguera, ni tampoco por ninguna de las palabras de las mujeres de las que comparto sus textos, algunas feministas y otras no declaradas feministas. Sin embargo, usted siempre me interpela, no por mis palabras, sino por las palabras de los demás y las demás.

Y eso le sirve para descalificar y desvalorizar a las otras, a los otros y a mi misma. No miro hacia otro lado y se lo demuestro cuando le digo que usted ha actuado de la misma manera que Trump ante lo sucedido en Charlottesville y lo que se reprodujo en otras ciudades, así como frente al asesinato de la compañera sindicalista del IWW.

Un silencio elocuente, que habla por usted.
Re: Alt Right: radiografía de la extrema derecha del futuro
13 set 2017
¿Lucha de disfraces? Si tiene algo de lo que “acusarme”, sea claro sr “.” y no deje caer dudas y alusiones que no explican qué es lo que está diciendo o a qué se refiere.

Como ya le he dicho en el comentario de otra información, no respondo por las palabras de las personas que escriben los artículos a los que doy difusión y comparto, como acertadamente le dice “zzz”, quienes escriben no son mis pseudónimos, ni yo soy pseudónimo de ellos y ellas. (http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/514917)

Cuando usted me interpela e intenta descalificarme con todo tipo de “etiquetas” como la de “malthusiana”, lo que demuestra es cierta ignorancia de quienes son los actuales continuadores del malthusianismo y que poco tienen que ver con los y las anarquistas, ni con los y las neomalthusianas de los años 20. El malthusianismo no estaba en contra del estado, los y las anarquistas neomalthusianas, sí, además de valorar “la calidad de vida” para las clases obreras, que tampoco era una prioridad en los malthusianos, servidores de las burguesías. Esa aparente ignorancia es más preocupante porque es siempre intencionada.

En el 2008, el gobierno de los USA destinó más de 400.000 euros para evitar la quiebra del banco de inversión Bear Stearns, las hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae y la aseguradora AIG en septiembre del año pasado. Con un 2% de esa cantidad, se habría cubierto en presupuesto mundial dedicado a combatir el hambre. Con el 10% se habría dotado de infraestructuras rural agropecuaria que paliaría en parte las consecuencias de esa hambruna creada del expolio de occidente en esos territorios.

Y de hambre, las poblaciones también mueren, y quienes están más directamente afectados y afectadas, son los niños y niñas, ancianos y ancianas que, en este contexto, parece que ya no le interesan tanto.

De hecho gran parte de los seguidores y simpatizantes actuales de las ideas de Malthus, salvo los que son “apocalípticos” (Iglesia de la Eutanasia, Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria), no son partidarios del aborto, sino de limitar el número de hijos e hijas (Population Matters, Optimum Population Trust, etc…), la adopción, propuestas “radicales” anticonceptivas o de la abstinencia sexual que usted recomendaba como antiabortista.

Como puede ver, está usted más cercano a las ideas malthusianas que cualquier persona que defienda el derecho al aborto.

Luchar por el derecho a la interrupción del embarazo no me convierte en una antinatalista, sino en una defensora del derecho a decidir los hijos e hijas que se desean, no los que se imponen vía política, violación, etc…

Y centrándome en la cuestión de los ataques del KKK y la iglesia católica, de entrada le diré que algunos de sus comentarios están fuera de lugar y son falsos. Usted no podrá mostrar en ningún lugar en el que me exprese por el “abolicionismo del sexo-género masculino”. Incluso he expresado mi desconfianza hacia todo tipo de abolicionismo, por lo que una vez más usted MIENTE con mayúsculas. Y cuando MIENTE de esa manera, es que no tiene argumentos.

Sí, es cierto lo que dice sobre el Ku Klux Klan, ellos son también anticatólicos, pero en la persecución de la homosexualidad coinciden con ellos. Y déjese de tonterías, si alguien propone la persecución de los hombres por ser hombres, eso no es peor que el Ku Klux Klan o los ultracatólicos, son parte de la diversidad de basura humana del odio. Y su comentario de que a mi la homofobia, tal y como usted la expone, “me parece progresista”, es sólo otra de sus envenenadas fantasías. Ni esa homofobia, ni ninguna es justificable, y mucho menos por una cuestión de progresismo. Eso es tan falso como sus comentarios.

Fíjese cómo tergiversa y manipula. Habla de que el Ku Klux Klan no es supremacismo blanco, sino “WASP”, acrónimo cuya primera letra, la “w”, es blanco en inglés. Que afemás es protestante, cierto, pero su “actividad” más documentada ha sido más por cuestiones de odio racial contra negros, indígenas o población migrante.

Usted afirma que “el Ku Klux Klan pues es una variedad de la Orden de Orange del Ulster”. No me consta. ES como si usted dijera que es una variedad de la masonería, pues la Orden de Orange a diferencia del Ku Klux Klan que se organiza en “capítulos”, lo hace en “logias” como la masonería. Además el Ku Klux Klan y la Orden de Orange, aunque tengan en común ser una fraternidad y ser “anticatólicos”, son diferentes muy sus opresiones, aunque en ambas se puedan descubrir aspiraciones de dominación colonialista. De hecho el Ku Klux Klan y los ultracatólicos blancos de los USA, han coincidido en organizaciones como las milicias.

Lo que sostiene Aliss, no es lo que usted dice y no porque lo haya entendido mal, sino porque sus prejuicios no se lo dejan entender de otra manera. El KKK está contra el aborto, pero a las personas negras, y a cualquiera “no blanca”, las consideran “inferiores”, por eso son supremacistas.

Imagínese que ahora le digo que “lo que yo entiendo que usted dice”, es que el KKK está a favor del aborto, pero lo que no quieren es que las mujeres negras hagan uso de la “sanidad blanca”. Sería un disparate aunque usted realmente lo pensara. No desvíe la atención, el KKK están en contra del aborto de los WASP porque incluso a los judíos blancos, no los consideran lo suficientemente blancos. A los que se creen “superiores”, les importa lo suyo. Los demás solo contamos desde su dominio y ahí entra también nuestra muerte cuando se les antoje.

Por otra parte, vuelve a pervertir con sus tendencias a clasificarnos con sus etiquetajes, cuando habla de “anti abortistas antiracistas pro vida afroamericanos” y “abortismo malthusiano anti afromericano”. Los grupos pro-vida no se denominan “antiracistas” por muy afroamericanos que sean, pues no conciben que los abortos, sean consecuencia del racismo blanco, sino de la situación de vida de la comunidad afroamericana.

Hacen mucho hincapié en que “los afroamericanos son el 12,8% de la población y sin embargo contabilizan el 36% de los abortos que se practican en Estados Unidos”, sin embargo se olvidan muy frecuentemente que en los corredores de la muerte USA, son más del 40%. Esas vidas ya no les interesan tanto. Además, muchas de esas organizaciones pro-vida afroamericanas, tienen una fuerte conexión con la gran diversidad de grupos religiosos.

El sentimiento de culpabilidad religioso y la necesidad de “penitencia”, puede que sea lo que está manifestando la conciencia de Alveda C. King.

A usted también se le olvida que Martin Luther King Jr. no era contrario al capitalismo como lo fue Malcolm X, que probablemente, como musulmán, también estaría en contra del aborto.

Como ya le dije antes, al referirse al “abortismo malthusiano anti afromericano”, incurre en la falsedad pues los malthusianos actuales no están a favor del aborto. Y esa es parte de su manipulación dialéctica.

Para usted las razones para abortar de una mujer, son “sin causa ni justificación”, y eso es parte de la desvalorización que usted hace de esas mujeres en concreto y de las mujeres en general.

Vuelve a trastocar el sentido de mis palabras. No he hablado nunca de “no humanidad” del embrión humano. Si lo reconozco como embrión humano, alguna característica de “humanidad” tendrá, sino sólo lo reconocería como embrión. He ahí otra de sus necesidades de mentir y falsear lo que digo, y lo que he dicho, ha sido siempre en base a que usted ha expresado que el embrión, humano claro está, es “un ser humano completo”, incluso con “voluntad”, y que “nace en el mismo momento de la fecundación del óvulo por el espermatozoide”.

Eso es lo que he negado, y no lo que usted interpreta tergiversando intencionadamente.

Como colofón me acusa de “hacer mal uso subjetivista y formalista de estos textos”. Entiendo que usted salga en defensa de la iglesia, desviando la atención de sus campañas homófobas hacia mi “malthusianismo”. Su manipulación ya no me sorprende.

Entiendo también que no sean de su agrado los grupos antifascistas, lo que no encaja en todo esto, no son sus ideas reaccionarias en muchos aspectos, sino que intente sustentar a través de un texto de Petras, su teoría conspiranoica de que los grupos antifascistas están manejados desde las “élites del poder”, y que quienes defendemos el derecho a la interrupción VOLUNTARIA del embarazo, estamos también manejadas por las élites de la socialdemocracia burguesa, y que con el aborto perpetramos un “genocidio contra el proletariado”.

Y mientras usted nos distrae con sus mediocres conspiranoias, ya no hablamos de las declaraciones nada conspiranoicas de los obispos de Solsona, Málaga, Alcalá de Henares y tantos otros que han encubierto la pederastia dentro de su institución religiosa, así como tampoco de la compañera sindicalista del IWW, asesinada por los supremacistas blancos en Charlottesville, una mujer proletaria de la que usted no se hizo el menor eco en esta página.

Poco a poco voy descubriendo más cuestiones sobre usted. Cuando usted defiende tan aferrizadamente el proletariado, no lo hace por su condición de clase obrera en lucha contra las clases hegemónicas y dominantes, sino que lo hace en el sentido más literal del término. Usted lo que defiende es “la prole”, no el proletariado. Esa “prole” que el capitalismo necesita como recambio permanente de fuerza de trabajo y sobre la que ejercer su dominio. Su defensa es la del rebaño del que hablan las iglesias.

Supongo que Petras está considerado como pensador de las izquierdas de los USA, por eso cuando dice que “TODA LA IZQUIERDA de los Estados Unidos, salvo notables excepciones, se convirtió en un arma organizativa pro-guerra”, debería de explicar cuál fue su papel en todo ese apoyo, o a qué izquierda se refiere, ¿no le parece?.
la línea política que ha vencido es la belicista
13 set 2017
En lugar de matar al mensajero debería escucharle, y lo que viene a decir es muy sencillo de entender; la coalición política que se ha impuesto tras el gran circo mediático internacional anti Trump/pro Trump, ha sido la de los socialdemócratas globooligopolistas y el complejo militar-industrial, con la bendición de los siempregana de Wall Street, conglomerado que, finalmente, manipulando a la izquierda e incluso a los antifas, reimponen una línea belicista que es escalofriante:

En la playa, 2017: Advertencia ante una guerra
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/514558

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