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LA IMBECILIDAD |
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Publicador* Original: OTRAS RAZONES |
LA IMBECILIDAD
LA RAZÓN. JUEVES 25 DE MARZO DE 2004
ANTONIO GARCÃ?A TREVIJANO
Los peligros de la idiotez gobernante no suelen venir de idiotas. Éstos no pueden engañarnos haciéndonos creer que son personas inteligentes. Pero es casi inevitable que las pasiones de poder de los listos les hagan pensar como tontos o, cuando menos, decir tonterÃas que puedan despistar incluso al sentido común de la filosofÃa escocesa. Es lo que hoy sucede a gran escala respecto de la retirada de las tropas españolas en Iraq.
Antes del atentado terrorista en Madrid, la inmensa mayorÃa de la población habÃa manifestado su voluntad contraria a la invasión de Iraq y su deseo de que España no participara en las tareas militares inherentes a la ocupación extranjera. Contra la voluntad de los gobernados, el Gobierno Aznar se alió con los dos invasores, y les ayudó con un pequeño contingente. El candidato del PSOE, Sr. Zapatero, se comprometió sin ambigüedad a retirarlo si fuera elegido presidente. Y tres dÃas antes de su elección ocurrió el 11-M.
La manifestación del pueblo español entero, sin saber aún la identidad de los autores, fue inequÃvoca en el rechazo de todas las causas terroristas. Horas antes de las elecciones cundió la indignación nacional contra el terrorismo fundado en la ocupación de Iraq. Tras su victoria, Zapatero reitera su promesa de retirar las tropas, si la ONU no asume la seguridad. El candidato demócrata, Kerry, le pide que retire su palabra porque los terroristas no pueden ganar. Para el Departamento de Estado y la prensa de EE UU y Japón, la retirada de esas tropas serÃa una victoria del terrorismo. Para muchos españoles, una claudicación de España ante el terror islámico como la de Cataluña-Carod ante ETA.
¿Es decente pedir a Zapatero que no cumpla su compromiso electoral ante el pueblo español? ¿Debe éste renunciar a su victoria moral para que no la disfruten los criminales de Atocha entre los que no hay un iraquÃ? ¿No borra la decisión de Zapatero la mala imagen de España ante las masas mundiales que se movilizaron, incluso en EE UU, contra la guerra de invasión? ¿Influye en la seguridad de Iraq la retirada del 0,3 % del ejército ocupante? ¿Ha ofrecido Zapatero algo al terrorismo islámico para que deje de atentar en España? ¿Es coherente condenar la invasión militar y defender la continuidad de tropas españolas de ocupación? ¿No están demostradas las mentiras de Aznar para justificar su expedición militar? Si el terrorismo no puede decidir la polÃtica exterior de España, como el 11-S decidió la de EE UU, ¿por qué el 11-M debe quebrantar la de Zapatero? Si éste no cumpliera su promesa, el terrorismo lo habrÃa doblegado.
La imbecilidad consiste en creer que todo lo que beneficia a un interés contrario al tuyo te perjudica. De ser cierto, jamás se habrÃa celebrado un contrato de compraventa. La suma imbecilidad consiste en renunciar a un beneficio propio para que tu enemigo no se haga la ilusión de que lo has favorecido. La gran imbecilidad consiste en abstenerte de hacer tu propio juego, ante la seguridad de que hagas lo que hagas favorecerás a un enemigo y perjudicarás a un amigo. Este modo idiota de pensar, que escandalizarÃa a Emerson y Gramsci, deriva de una falta de seguridad en tu propio juicio y de una falta de confianza en ti mismo. O sea, de un complejo de inferioridad.
No pienso, sin embargo, que la decisión de Zapatero sea la adecuada a la prudencia polÃtica, aunque responda a las exigencias de esa imprudente virtud de humildad gobernante que nada ni nadie le pide. Al remitir la retirada de las tropas a la fecha de caducidad del envÃo y a la presencia de la ONU, Zapatero ha eliminado el efecto estético (catarsis) y moralmente conmovedor que habrÃa tenido, por ejemplo, la promesa incondicional de traer los soldados a los dos meses. Plazo más que suficiente para reemplazarlos por los de otro paÃs de la alianza y un modo previsor de evitar la ingerencia en los asuntos españoles de los Kerry y los Powell.
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