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Notícies :: criminalització i repressió |
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¿De la cárcel (no siempre) se sale?
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per xdesatencionenprision |
23 set 2026
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Ruymán Armas Santana tiene 46 años y lleva dos años y medio en la cárcel de Mansilla de las Mulas, León. Fue uno de los 14 presos (al menos) del módulo 14 que se infectaron de sarna el año pasado. Un brote que, con la frecuencia con que se repite, deja de ser ocasional para convertirse en un mal sistémico de esta prisión. |
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Ruymán Armas Santana tiene 46 años y lleva dos años y medio en la cárcel de Mansilla de las Mulas, León. Fue uno de los 14 presos (al menos) del módulo 14 que se infectaron de sarna el año pasado. Un brote que, con la frecuencia con que se repite, deja de ser ocasional para convertirse en un mal sistémico de esta prisión.
El Servicio Territorial de Sanidad de la Junta de Castilla y León y la Gerencia de Salud de León se lavaron las manos cuando se les informó de esta situación. Su excusa fue no ser competentes, al depender la sanidad de las prisiones de Instituciones Penitenciarias y en último término del Ministerio del Interior, a cargo de Grande Marlaska.
La directora de la cárcel en ese momento, Henar García, mintió cuando la noticia saltó a los medios de comunicación locales y usó a uno de sus mamporreros para difundir que se trataba de un bulo que había hecho correr uno de los afectados, despechado porque no habían atendido a su petición de traslado.
El juez de vigilancia penitenciaria número 3 de León, que debería velar por los derechos de lxs presxs, encubrió a la dirección y a los servicios médicos, aplazando sine die la entrada de un médico del exterior y la entrega al mismo de los historiales médicos de los afectados y el mes pasado archivó la causa, con premeditación, alevosía y a plena luz del día, como hacen quienes se saben intocables, argumentando que los presos son los causantes de esta plaga.
A finales de agosto, Ruymán comenzó a sentirse mal de nuevo, no por la sarna, sino por un dolor que se extiende desde la garganta hasta la boca del estómago. Pidió cita en enfermería y el médico, sin mirarle siquiera, le recetó unas pastillas que no le han hecho ningún efecto, al contrario, su estado de salud sigue empeorando. Hace unos días se detectó un pequeño bulto en el lado izquierdo de la nuez. Apenas puede tragar, ha adelgazado y con frecuencia tiene fiebre. De nuevo pidió cita en enfermería, sin que hasta la fecha le hayan llamado y menos derivado a un especialista del exterior.
En las cárceles, las listas de espera son interminables, no hay médicxs ni se les espera, ya que las plazas vacantes quedan desiertas año tras año y la institución recurre a los servicios privados y a la telemedicina, absolutamente insuficientes para atender a una población reclusa cada vez más numerosa y con problemas de salud acuciantes.
Como resultado de estas políticas carcelarias, más de 200 personas mueren cada año en las cárceles del estado español, sin que estos asesinatos causen la más mínima alarma ni entre lxs "profesionales" de la sanidad penitenciaria, colectivo que destaca por la falta de autocrítica, la autocomplacencia y una ambición por alcanzar el estatus del que disfrutan sus colegas en el Sistema Nacional de Sanidad, ni entre una opinión pública cada vez más abotargada e insensible ante cualquier realidad que no sea la virtual, donde viven alienadxs.
Nuestro más sentido recuerdo a todas las personas que ansiaron ser libres y la cárcel y sus mercenarixs truncaron sus sueños, a sus familiares y amigxs. Nuestro asco, rabia y odio a todxs lxs que justifican, defienden y viven de una de las instituciones más despiadadas, absurdas e inútiles que existen.
Abajo los muros de todas las prisiones. |
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