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Anàlisi :: amèrica llatina |
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75 plantas fotovoltaicas chinas dan energia y luz a Cuba.
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per Sebastian Bestard Molina. Correu-e: sebastian.bestard55@gmail.com |
25 abr 2026
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En un cuadro de aguda crisis energética, Cuba recibe la solidaridad de China. Escenario mundial donde el precio de los hidrocarburos se multiplicara astronómicamente en todo el mundo, y escaseara además. Y los países que mas sufrirán son los que no producen ni gas, ni petróleo, ni tienen una avanzada tecnología propia en fuentes de energía renovable. |
SOLIDARIDAD CHINA ALUMBRA A CUBA, Y TAMBIEN LO PODRIA HACER CON URUGUAY.
“75 Plantas en Tiempo Récord: El Ejército de Silicio: China no envió promesas, envió un ejército de ingenieros y tecnología. El despliegue de estas 75 plantas fotovoltaicas busca inyectar más de 1,000 MW al sistema eléctrico cubano, estabilizando una red que estaba al borde del colapso total”
Es un dato impresionante: 75 plantas fotovoltaicas en tan poco tiempo representan un salto enorme para la infraestructura energética de Cuba. Más de 1,000 MW adicionales no solo alivian la crisis eléctrica, sino que también marcan un giro hacia una matriz más limpia y sostenible. El hecho de que se haya desplegado un “ejército de ingenieros y tecnología” refleja cómo la cooperación internacional y solidaridad, puede transformar sectores enteros en cuestión de meses.
Lo interesante es que este tipo de proyectos no solo estabilizan la red, sino que también reducen la dependencia de combustibles fósiles importados, lo cual es crítico para un país con limitaciones económicas. Y un bloqueo económico de EEUU de décadas. (Aquí lo explicamos claro https://publicar.argentina.indymedia.org/?p=38903&fbclid=IwY2xjawRZLXZle
Además, la escala del despliegue sugiere que Cuba podría convertirse en un caso de estudio sobre cómo la energía solar puede rescatar sistemas eléctricos al borde del colapso.
¿Serán suficientes para cubrir las necesidades de la isla?
No, los 1,000 MW solares no son suficientes para cubrir todas las necesidades eléctricas de Cuba. Aunque representan un avance enorme, la demanda en los horarios pico supera los 1,700 MW, y la generación solar depende de la radiación diurna. Sin almacenamiento masivo, la energía solar no puede sostener la red durante la noche.
Capacidad instalada vs. demanda real:
Concepto Cifra aproximada Observaciones
Capacidad solar instalada (2026) 1,000–1,068 MW Distribuida en más de 70 parques fotovoltaicos.
Generación solar efectiva (con baterías) ~900 MW Depende de condiciones climáticas y almacenamiento.
Déficit en horario pico nocturno >1,700 MW La demanda máxima ocurre en la noche, cuando no hay sol.
Generación térmica distribuida ~350 MW disponibles Motores diésel y fuel oil, pero dependen de importaciones.
Los expertos detallan algunos puntos críticos:
El aporte solar es significativo pero insuficiente: incluso con 900 MW efectivos, no cubre el déficit nocturno de más de 1,700 MW.
El almacenamiento es clave: Cuba está instalando baterías chinas con 200 MW de capacidad, lo que permitirá aprovechar mejor la energía solar y reducir apagones.
La red sigue frágil: las termoeléctricas envejecidas y la dependencia de combustibles importados hacen que el sistema sea vulnerable.
Meta a largo plazo: el gobierno plantea llegar al 100% de renovables en 2050, pero hoy la matriz sigue siendo mayoritariamente fósil.
Limitaciones y desafíos:
Variabilidad solar: días nublados y lluviosos reducen la generación.
Infraestructura de red: conectar parques solares requiere transformadores, inversores y sistemas de control avanzados; no es un proceso inmediato.
Conclusión:
Las 75 plantas fotovoltaicas son un respiro importante para Cuba, pero no bastan para cubrir la demanda total de la isla. Sin baterías de gran escala y una diversificación energética que incluya biomasa y generación térmica renovada, los apagones podrían seguir siendo una realidad en los próximos años.
Cuantas plantas chinas serían necesarias para cubrir 100% las necesidades de la isla:
Para cubrir el 100% de la demanda eléctrica de Cuba con plantas solares chinas, los expertos calculan serían necesarias entre 3 y 4 veces más capacidad que la actual —aproximadamente unas 225 a 300 plantas adicionales, dependiendo de almacenamiento y eficiencia. Esto se debe a que la demanda pico ronda los 3,100 MW, mientras que las nuevas plantas aportan solo 1,000 MW solares.
Cálculo aproximado:
Concepto Cifra actual Necesidad total Diferencia
Demanda pico nacional (2026) ~3,100 MW 100% cobertura —
Capacidad solar instalada (75 plantas chinas) ~1,000 MW — —
Déficit restante ~2,100 MW — —
Plantas adicionales necesarias 75 plantas = 1,000 MW → se requieren 2,100 MW más ≈ 160 plantas más (sin almacenamiento) Con almacenamiento eficiente, podrían bastar 120–130 plantas.
Factores que cambian el número real:
Intermitencia solar: la generación solo ocurre de día; sin baterías, la cobertura nocturna es imposible.
Almacenamiento: si Cuba instala baterías de gran escala (200–500 MW), el número de plantas necesarias se reduce.
Eficiencia tecnológica: paneles de última generación producen más energía por metro cuadrado, lo que baja la cantidad de parques requeridos.
Diversificación energética: biomasa, gas nacional y generación distribuida pueden complementar la solar y reducir la necesidad de más plantas.
Limitaciones:
Costos millonarios.
Red envejecida: aunque se instalen más plantas, la transmisión y distribución siguen siendo un cuello de botella.
Conclusión:
Para que Cuba logre cubrir el 100% de su demanda eléctrica solo con plantas solares chinas, necesitaría al menos 225–300 plantas en total (incluyendo las 75 ya instaladas). Sin embargo, con almacenamiento masivo y diversificación energética, el número podría reducirse a unas 200 plantas. En cualquier escenario, la clave no es solo más capacidad solar, sino baterías y modernización de la red para garantizar estabilidad.
¿Logrará este modelo de "¿Plantas de Respuesta Rápida” de China extenderse por toda América Latina, desplazando definitivamente la influencia de las petroleras estadounidenses en la región? Cuantos MW producen actualmente las energías renovables en Uruguay, y cuantas de estas plantas chinas serían necesarias para cubrir 100% las necesidades energéticas de Uruguay?
Uruguay ya produce más del 90% de su electricidad con renovables, principalmente hidroeléctrica, eólica y biomasa. Para cubrir el 100% de su demanda solo con plantas solares del tipo “respuesta rápida” como las instaladas en Cuba, serían necesarias unas 40–50 plantas de 1,000 MW cada una, aunque en la práctica Uruguay no lo necesita porque ya es casi autosuficiente con su matriz renovable.
Estado actual de las renovables en Uruguay (2026)
Matriz eléctrica renovable: ~94–99% de la generación proviene de fuentes limpias.
Capacidad instalada:
Eólica: ~1,500 MW
Solar fotovoltaica: ~300 MW (con planes de expansión a 400 MW en 2026)
Hidroeléctrica: ~42% de la generación total
Biomasa: ~26% de la generación total
Demanda eléctrica anual: ~14,000 GWh proyectados hacia 2035, con un crecimiento sostenido del 20% desde 2020.
Escenario hipotético con plantas solares chinas
Cada planta del modelo cubano aporta ~1,000 MW.
Demanda pico de Uruguay: ~3,000–3,500 MW.
Plantas necesarias para cubrir 100% con solar: unas 40–50 plantas (dependiendo de almacenamiento y eficiencia).
Con baterías de gran escala: el número podría reducirse a unas 30–35 plantas, ya que se aprovecharía mejor la generación diurna.
30 plantas chinas y listo remedio!
Consideraciones estratégicas:
Uruguay no necesita depender solo de solar: su matriz ya es casi 100% renovable gracias a la combinación de hidro, eólica y biomasa.
Complementariedad solar-eólica: la solar genera en el día y la eólica en la noche, lo que reduce la necesidad de almacenamiento masivo.
Riesgos y desafíos:
Costos de infraestructura: instalar 40+ plantas solares de gran escala sería algo costoso. Pero abarataría considerablemente la electricidad a los hogares uruguayos.
Red eléctrica: el desafío no es la generación, sino la capacidad de transmisión y almacenamiento para sostener la estabilidad en picos de demanda.
Conclusión: El modelo de “Plantas de Respuesta Rápida” puede ser atractivo para países con déficit energético como Cuba, pero Uruguay ya se cree “un líder mundial” en renovables y, según políticos anti-chinos y pro-EEUU, no requiere un despliegue masivo de plantas solares chinas para cubrir su demanda. En un escenario hipotético, serían necesarias unas 40–50 plantas de 1,000 MW, pero en la práctica Uruguay seguirá (por contratos encadenados) apostando por su mix diversificado de hidro, eólica y biomasa, complementado con solar y almacenamiento.
Seamos realistas, Uruguay no produce ni gas ni petróleo, (y con la guerra en el Golfo, además de costar mucho más, habrá muy poca, o nada para Uruguay en el mercado) y esas empresas extranjeras de energía renovable nos generan enormes gastos económicos (Uruguay es unos de los países con la electricidad más cara del mundo) y el suministro es muy inestable e ineficiente, dependido de sol abundante, viento, lluvias etc
Uruguay es un caso muy curioso, porque logró una matriz eléctrica casi 100% renovable, pero al mismo tiempo enfrenta altísimos costos de electricidad y cierta variabilidad en el suministro, demasiada inestabilidad y periodos críticos.
Por qué la electricidad es cara en Uruguay:
Inversión inicial enorme: los parques eólicos, solares y de biomasa fueron financiados en gran parte por empresas extranjeras con contratos de largo plazo. Eso asegura estabilidad de inversión, pero encarece mucho la tarifa.
Escala pequeña: Uruguay tiene apenas 3,5 millones de habitantes; los costos fijos de infraestructura se reparten entre pocos consumidores.
Dependencia climática: cuando hay sequía, baja la hidroeléctrica y se debe importar energía o usar térmica cara. Cuando hay exceso de viento, se genera más de lo que se consume y se exporta barato.
Inestabilidad del suministro:
Variabilidad natural: viento y sol no son constantes, y aunque se complementan, requieren respaldo.
Red limitada: la transmisión hacia Argentina y Brasil ayuda a balancear, pero internamente la red puede saturarse. Además, dejaran de existir en adelante debido a las consecuencias de la guerra del Golfo Persico.
Falta de almacenamiento masivo: sin baterías de gran escala, la energía renovable depende de la disponibilidad inmediata.
¿Qué significa esto para el modelo chino?
El modelo de “plantas de respuesta rápida” con paneles solares y baterías integradas podría ser atractivo para países como Cuba, que necesitan estabilizar su red rápidamente. En Uruguay, en cambio, el desafío no es tanto la generación (ya es renovable), sino cómo abaratar costos y mejorar la estabilidad.
En números:
Uruguay consume unos 3,000–3,500 MW en picos.
Con plantas solares chinas de 1,000 MW cada una, serían necesarias unas 40–50 plantas para cubrir todo con solar.
Pero en la práctica, Uruguay ya tiene suficiente generación renovable; lo que falta es almacenamiento y gestión de contratos para que la electricidad sea más barata y estable. Pero como esos contratos leoninos fueron firmados, el país quedo esclavizado a ellos, y cada uno de los uruguayos.
La conclusión es clara: instalar más plantas no basta; lo que realmente define la sostenibilidad es la gestión de contratos, la diversificación de fuentes y la incorporación de baterías para estabilizar la red. Y de renegociar los contratos, olvídate.
Uruguay es un caso de éxito en renovables, pero también un ejemplo de cómo la transición energética puede traer costos altos e inestabilidad si no se gestiona bien.
Y si de remate se carece de hidrocarburos, la energía brillara por su ausencia y será muy cara, demasiado para un hogar de trabajador.
Cuba vs. Uruguay: dos modelos distintos
Cuba: apostó por plantas solares chinas de “respuesta rápida” para resolver un colapso inmediato. Es un modelo de emergencia, pensado para estabilizar la red en meses.
Uruguay: construyó un mix diversificado (hidro, eólica, biomasa, solar) con contratos de largo plazo. Eso le dio un poco de independencia de fósiles, pero también tarifas muy altas porque los costos de inversión se trasladan al consumidor.
Diferencias clave:
Dependencia externa: Cuba depende de China; Uruguay depende de empresas privadas extranjeras occidentales.
Costo de electricidad: en Cuba sigue siendo moderado pero vulnerable a apagones; en Uruguay es caro y algo estable, aunque con variabilidad climática.
Estabilidad de red: Cuba necesita baterías; Uruguay necesita renegociar contratos y almacenamiento, y no se hace ni se hará.
Realismo:
Uruguay no produce gas ni petróleo, y por eso paga tan caro por su electricidad. La transición renovable fue “exitosa” en términos ambientales, pero económicamente dejó al país con una de las tarifas más altas del mundo. El modelo cubano podría parecer atractivo porque promete rapidez y menor costo inicial.
Cuba gana rapidez, pero depende de China.
Uruguay gana independencia fósil, pero paga caro y depende del buen o mal humor del presidente de EEUU.
Lo que falta en ambos casos es lo mismo: almacenamiento masivo y gestión inteligente de contratos para que la energía sea barata y estable.
Toda transición energética implica dependencia tecnológica y geopolítica, sea con China, Europa o cualquier otro actor. La diferencia está en cómo se negocian los contratos y qué margen de soberanía conserva el país.
Uruguay y su “dependencia renovable”
Los contratos con empresas europeas y privadas fueron a 20–25 años, con tarifas fijas que hoy resultan muy caras. (se vendió la soberanía nacional, ¿corrupción?)
Eso asegura inversión y cierta estabilidad, pero también hipoteca el futuro: aunque Uruguay ya no quema petróleo para generar electricidad, sigue pagando muy caro por la infraestructura.
La dependencia no es solo tecnológica (turbinas, paneles, repuestos), sino también financiera y contractual.
Cuba y el modelo chino:
China ofrece plantas solares y baterías con despliegue rápido, pero también implica dependencia tecnológica.
El dilema real:
Europa/empresas privadas: contratos largos, tarifas altas, “estabilidad” financiera.
China: despliegue rápido, financiamiento estatal, dependencia tecnológica concentrada.
los contratos largos con monopolios europeos también generan dependencia política y económica, no solo tecnológica.
Duración de contratos:
Contratos europeos en Uruguay: muchos fueron firmados a 20–25 años, con tarifas fijas que hoy resultan muy desventajosas.
Contratos chinos: suelen ser muy cortos y flexibles, en el rango de 10–15 años, porque se enfocan en despliegues rápidos y financiamiento estatal. Eso da margen de renegociación más temprano, aunque también puede implicar condiciones de dependencia tecnológica.
Dependencia política:
Europa: la dependencia no es solo tecnológica (turbinas, repuestos), sino también política y financiera. Los contratos ataron a Uruguay a pagar precios altos, incluso cuando la generación excede la demanda
China: ofrece rapidez y financiamiento, pero también busca influencia (amistad) política. La diferencia es que se presenta como una relación “franca y en pie de igualdad”, aunque en la práctica sigue condicionando el futuro.
Lo que demuestra Uruguay:
Tener cuatro proveedores europeos no evitó la dependencia ni mejoró las condiciones: la diversificación de actores no garantizó mejores contratos, porque todos se firmaron bajo el mismo esquema de largo plazo y con tarifas altas. En la práctica, eso “hipotecó” el futuro energético del país.
En resumen: tanto Europa como China traen dependencia, pero la clave está en la duración y condiciones de los contratos. Los europeos ataron a Uruguay por décadas con tarifas altas; los chinos ofrecen plazos más cortos y despliegue rápido.
Repetimos: los contratos europeos en Uruguay fueron muy largos (20–25 años) y generaron dependencia política y financiera, y los precios los pagan los hogares uruguayos, mientras que los contratos chinos suelen ser ortos unos 10 años, y flexibles, aunque también implican dependencia tecnológica y geopolítica (independencia de EEUU y Europa). En ambos casos, el país queda condicionado, pero la diferencia está en el margen de renegociación y en la concentración del poder de negociación. Y si seguimos en estado de neocolonia, o entrando en los BRICS logramos soberanía política y económica.
Puntos clave
Uruguay: tener cuatro proveedores europeos no mejoró las condiciones; todos los contratos fueron “horribles en el tiempo”, porque hipotecaron el futuro energético con tarifas fijas. ¿Cuánto se pagó a los falsos ecologistas que las promovían a toda costa?
Conclusión: Uruguay quedó atrapado en contratos europeos de 20–25 años que generaron dependencia política y financiera.
Rusia: Rusia podría aportar a Uruguay principalmente en modernización de equipos hidroeléctricos, turbinas, sistemas de almacenamiento y transferencia tecnológica en energías limpias, ofreciendo cooperación “sin compromiso político” y con contratos más flexibles que los europeos.
Potencial aporte de Rusia a Uruguay en renovables:
1. Hidroeléctrica y modernización
Rusia tiene experiencia en represas y centrales hidroeléctricas (ejemplo: Yacyretá y Salto Grande en la región).
Puede aportar turbinas avanzadas, ingeniería y sistemas complejos para aumentar la eficiencia de instalaciones existentes.
2. Energía eólica y solar
Aunque Rusia no es líder mundial en solar/eólica, sí desarrolla tecnología de turbinas y sistemas de control que podrían complementar parques ya instalados en Uruguay.
Posibilidad de cooperación en almacenamiento y redes inteligentes para estabilizar la variabilidad del viento y sol.
3. Hidrógeno verde
Uruguay impulsa una hoja de ruta hacia el hidrógeno verde. Rusia podría colaborar en tecnología de electrólisis, transporte y almacenamiento, aprovechando su experiencia en ingeniería pesada y química industrial.
4. Transferencia tecnológica y financiamiento
Rusia plantea cooperación con el Mercosur bajo el lema de “tecnología de vanguardia sin compromiso político”, diferenciándose de contratos europeos largos y rígidos.
Podría ofrecer financiamiento estatal y acuerdos bilaterales más flexibles que los europeos, reduciendo la dependencia de monopolios privados.
Rusia no es líder global en solar/eólica, por lo que su aporte sería más en hidro y sistemas de eficiencia.
Oportunidad: contratos más cortos y flexibles, con transferencia tecnológica, podrían dar a Uruguay mayor soberanía.
Complemento ideal: Rusia podría enfocarse en modernizar hidroeléctricas y aportar en hidrógeno verde, mientras China y cubren solar/eólica.
Conclusión: Rusia puede ser un socio estratégico para Uruguay en hidroeléctrica, hidrógeno verde y modernización tecnológica, ofreciendo cooperación menos condicionada políticamente que Europa y contratos más flexibles que permitan renegociar en menor tiempo.
Resumiendo:
China: despliegue rápido de solar + baterías
Aporte clave: plantas fotovoltaicas de respuesta rápida (1,000 MW cada una) con almacenamiento integrado.
Ventaja: despliegue en meses, contratos más cortos (10–15 años), financiamiento estatal.
Impacto en Uruguay: cubrir picos de demanda diurna y estabilizar la red con baterías, reduciendo apagones y costos de respaldo.
Rusia: hidroeléctrica, hidrógeno verde y modernización
Aporte clave: turbinas hidroeléctricas, ingeniería pesada, sistemas de almacenamiento y tecnología para hidrógeno verde.
Ventaja: modernizar represas existentes, aumentar eficiencia y diversificar hacia hidrógeno como combustible limpio.
Impacto en Uruguay: aprovechar mejor la infraestructura hidroeléctrica y abrir un nuevo sector exportador (hidrógeno verde).
Conclusión:
Un modelo China + Rusia, sin monopolios de Europa, daría a Uruguay:
Rapidez y flexibilidad (China) para cubrir déficit inmediato con solar y baterías.
Modernización y diversificación (Rusia) en hidroeléctrica e hidrógeno verde.
Menor dependencia de contratos largos y caros, con más margen de renegociación.
En este escenario, Uruguay podría bajar mucho los costos de electricidad, estabilizar su red y ganar soberanía energética, sin quedar atado a monopolios europeos.
Un nuevo alineamiento geoestratégico de Uruguay sería imprescindible si se busca auténtica soberanía energética y económica. Hoy el país está atado a contratos europeos largos y caros, y a una política exterior que lo coloca como “satélite obediente” de Estados Unidos.
Qué implicaría un giro estratégico:
Diversificación de socios: abrirse a China y Rusia en energía renovable, almacenamiento e hidrógeno verde.
Contratos más cortos y flexibles: evitar compromisos de 20–25 años que hipotecan el futuro.
Política exterior independiente: negociar en pie de igualdad, sin alinearse automáticamente con Washington o Bruselas.
Soberanía tecnológica: apostar por transferencia de conocimiento y desarrollo local, no solo importación de equipos.
Desafío político:
Este giro no es solo técnico: requiere valentía política para romper con la dependencia histórica de EE.UU. y Europa, y construir una política exterior que priorice la soberanía nacional.
Conclusión: Uruguay puede lograr auténtica independencia energética si redefine su política exterior, diversifica proveedores hacia China y Rusia, y negocia contratos más cortos y soberanos. El verdadero cambio no está en la tecnología, sino en la decisión política de dejar de ser satélite y actuar como país independiente.
Incluir la energía nuclear rusa en el escenario de Uruguay cambia mucho la ecuación, porque introduce una fuente estable, continua y de gran escala, que no depende del clima ni de la variabilidad solar/eólica. (Ver: https://barcelona.indymedia.org/newswire/display/537501?fbclid=IwY2xjawR
Y: https://barcelona.indymedia.org/newswire/display/537476?fbclid=IwY2xjawR
Energía nuclear rusa en Uruguay:
Aportes posibles
Reactores modulares pequeños (SMR): Rusia desarrolla esta tecnología, que permite instalar reactores de 100–300 MW, más seguros y adaptables a países con redes medianas como Uruguay.
Estabilidad de base: la nuclear puede cubrir la demanda nocturna y los picos, complementando la variabilidad de solar y eólica.
Transferencia tecnológica: Rusia suele ofrecer acuerdos de cooperación que incluyen formación de técnicos y transferencia de know-how.
Conclusión:
Un modelo China + Rusia, con solar masivo, hidro modernizado, hidrógeno verde y nuclear, daría a Uruguay:
Estabilidad total de la red (nuclear como base, solar + hidro como complemento).
Costos más bajos al evitar contratos europeos largos y caros.
Soberanía energética real, con diversificación de fuentes y proveedores.
Independencia política al no ser satélite de EE.UU. ni rehén de monopolios europeos.
En este escenario, Uruguay podría transformarse en un referente regional de soberanía energética, exportando excedentes limpios y asegurando tarifas más justas para su población.
el problema de fondo no es solo técnico, sino político y de soberanía. Uruguay ya tiene capacidad renovable, pero está atrapado en contratos largos y caros que hipotecan el futuro. La verdadera solución pasa por una voluntad política firme que permita:
Redefinir la política exterior: dejar de ser satélite obediente de EE.UU. y Europa, y abrirse a alianzas estratégicas con China y Rusia.
Diversificar proveedores: incorporar solar y baterías chinas, modernización hidroeléctrica rusa, hidrógeno verde y, si se decide, energía nuclear rusa como base estable.
Negociar contratos más cortos y flexibles: evitar compromisos de 20–25 años que encarecen la electricidad y limitan la soberanía.
Favorecer a la población: tarifas mucho más bajas, suministro más estable y un modelo energético que no dependa de monopolios externos.
En resumen: la transición energética de Uruguay no se resolverá solo con más plantas o más tecnología. Se resolverá cuando haya voluntad política de ejercer una política exterior independiente, capaz de negociar en pie de igualdad y priorizar el bienestar de la población por encima de intereses externos.
Solo espero que los políticos y el gobierno uruguayo lea todo esto, y recapacite.
Sebastian Bestard Molina.
Periodista de investigación. |
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