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Anàlisi :: amèrica llatina
Que es ser "moderado" y que "radical" en el lenguaje actual
16 abr 2026
Cuando el término “radical” se usa despectivamente para darle una imagen de intransigencia y de irresponsabilidad a la izquierda que originalmente, alude a ir a la raíz de los problemas, soluciones profundas. Versus el termino "moderado" como si fuera sinónimo de sensatez y cordura.
SEMANTICA Y POLITICA, COMO LA DERECHA Y LOS DERECHOFILOS MANIPULAN CON LAS PALABRAS.
MODERADOS Y RADICALES.
Cuando el término "moderación" se usa (o mal usa) en teoría, como sinónimo de cordura, sensatez, inmovilismo, prudencia, balance entre dos polos, evitar excesos, equilibrio o malabarismo para no tomar posturas concretas ni comprometerse con los llamados “extremos” “estar para donde el sol calienta, como el girasol”, ponerse en el medio, cómodamente, o lavarse las manos como Pilatos, aparentar equidistancia a extremismos “malignos” para no hacer lo que se tiene que hacer bien, se transforma en excusa para no hacer lo que corresponde, lo que se debiera hacer y no se hace, ni comprometerse en nada, “esquivar el bulto” desentenderse de lo fundamental, “sentarse en un espacio vacío entre dos sillas” (dicho noruego) tener dos caras como Jano, pero una para el malo, y la otra, para el bueno, las dos sonrientes fallutamente, lo que equivale a estar bien con Dios y con el diablo, para pasarla bien. Eso es moderación en política.
Muchas veces se usa como un escudo para justificar la inacción o la falta de compromiso con cambios necesarios. Esos se llaman también “neutrales” en todo, no toman partido, y como decía Martin Luther King: no actuar en defensa de las víctimas, en defensa de los que es justo y correcto, con la excusa que se es un político, y no debe opinar sobre las injusticias que se cometen fuera de fronteras, es ampararse en la supuesta diplomacia, pero en la practica no es otra cosa que sumarse como cómplice mudo a las injusticias de los malvados, consciente la injusticia, la permite, es omisión deliberada y es también complicidad.
Lo mismo si se hace política interna, nacional, y se prefiere declararse “ni de izquierda ni de derecha” sino de “centro”, congeniando y trabajando para ambos lados, como ambidiestro. Esa es una táctica muy común de la derecha, que ante el desprestigio que esta tiene a ojos del pueblo, prefiere camuflarse y disfrazarse de izquierda, con careta y antifaz, y se autodenominan izquierda “moderada”. Lo dije siempre; la derecha cuando no logra enderezar a la izquierda hacia la derecha, se infiltra dentro, y desde adentro la tuerce a la derecha mas fácilmente, esto ha ocurrido en el Frente Amplio de Uruguay a partir de la reapertura democrática luego de la dictadura, en que una parte de pesudo izquierda se “modero”, para ser aceptada en la legalidad política. Y luego, con la excusa de ensanchar al ya amplio frente, y “ganar votos a la derecha” oportunista y “pragmaticamente” se volcaron primero al centro, luego a la centroderecha, y ahora incluso a la ultraderecha, con el neoliberalismo económico y el pro-imperialismo en su política exterior y en política de Defensa, y eso, apoyado no solo por los medios de la derecha tradicional, sino también por muchos de pseudoiquierda.
Un término similar a los “moderados” es los “tibios”, son sinónimos.
La inacción de los autodenominados “moderados”, de aquellos que son conscientes de lo que está bien y de lo que no está bien, pero se ponen pragmáticamente casi en todo del lado de los malos, son los que, a través de una inacción, avalan calladamente, que el mal ocurra sin restricción alguna. O por inacción, no hacen los cambios que tendrían que hacer, y llevan una política continuista del gobierno anterior, que en poco o nada se diferencia. Aunque algún cambio positivo que otro, exista, y nos alegramos de eso, porque no somos los que pensamos que” cuanto peor, mejor”, porque toda mejora para el pueblo siempre es bienvenida, si es autentica y verdadera, y no cosmética y transitoria.
El problema es que el pueblo a pesar de su paciencia infinita, si no ve cambios verdaderos, puede cometer el error de considerar a todos los políticos por igual, y nos pasaran factura inevitablemente en la próxima elección nacional. Ya nos ocurrió cuando gano Lacalle Pou, y no sacamos enseñanza, por el terror de algunos de exigir autocritica y enojar al sector derechoide de nuestra fuerza política mayoritaria.
Por eso aquí encaja muy bien la frase de Martin Luther King Jr: "No me asustan los malos sino el silencio de los buenos" de Martin Luther King Jr. que resalta la importancia de la acción moral frente a la inacción de aquellos que son conscientes de lo que está bien y sin embargo se cruzan de brazos.
Hay una frase parecida de Einstein, que detestaba la inacción de la gente que podría intervenir ante la injusticia, pero no hacía nada, permaneciendo pasiva, y y callada: “El mundo no será destruido por los que hacen el mal, sino por los que observan sin hacer nada”
El silencio y el “no te metas” de los “buenos” da luz verde y visto bueno a que la maldad y la injusticia reine y se imponga, esa gente, además, de su miedo a tomar partido contra el mas poderoso, refleja falta de empatía, solidaridad y de ética. Prefiere “acomodarse”, su cómodo sillón en el parlamento o gabinete, si se trata de un político, o el oportunismo del ciudadano común, que prefiere mirar para el costado o “hacer la vista gorda”, el desentendido, o el sordo.
Ahora el sector mijiquista-emepepista que integra todo el gobierno a excepción de un comunista y un socialista en ministerios de poca trascendencia nacional, intenta agrandar mas al Frente Amplio con gente de los partidos nacionales de derecha, para consolidar una política de derecha 100%, y a este Frente Ancho Gordo, lo denominan “Nuevo Encuentro, para acercar a gente que esta (ideológicamente) muy lejana al Frente Amplio, en un claro electoralismo para favorecer sus posiciones ideológicas derechistas y “moderadas”. Desprecian la lucha ideológica y de clases, a la que califican de obsoletas y “radicales” prehistóricas, en este nuevo mundo desideologizado, de capitalismo “moderado” y Mas humano que antes” como decía el político José Mujica. Quieren mas capitalismo, menos empresas del Estado, mas neoliberalismo tipo Chica Boy de Pinochet, y se alejaron tanto del Frente Amplio que dicen ser un gobierno de todos y de unión nacional, independientes de FA y de su programa, incluso de las Bases del Frente Amplio, aunque no los abandonan, y hasta controlan burocráticamente la mayoría de sus estructuras de media para arriba, prohibiéndose voces disidentes de los “dinosauros rojos” que ayudamos a construir aquel Frente Amplio del cual hoy estos tibios se alejaron, siguiendo, en vez del Programa, su propia Hoja de Ruta, donde los delegados de izquierda tienen cada vez menos incidencia y peso, y acusan a los izquierdistas de dogmáticos radicales que poco menos deseamos asaltar el Palacio Legislativo de Invierno al gripo palado de “Viva la Revolución Proletaria”. Solo porque no deseamos este giro a la derecha y buscamos cambios de estructura, consolidados en una nueva Constitución -Asamblea Constituyente mediante. Pero estos moderados solo quieren que todo siga como esta, con unos pocos que concentran toda la riqueza, y casi todos que comen de la pobreza. Cambios de forma no de estructura, administrar la crisis del capitalismo, perfumándolo.
Nada de esto ocurriría hoy, si la Dictadura no hubiera impuesto la desideologización de la sociedad, la democracia restringida y tutelada por ellos a través de la ley de Impunidad, y ahora, de la LUC, especie de Prontas Medidas de Pacheco Areco. Y tampoco hubiera ocurrido si el gorbachismo y anticomunismo no hubieran impregnado la izquierda y la sociedad.
¿Y cuando el término “radical” se usa despectivamente para darle una imagen de intransigencia y de irresponsabilidad a la izquierda? Desde hace poco. “Radical”: originalmente, alude a ir a la raíz de los problemas, al meollo, a la causa, y a plantear soluciones profundas. Un radical no es una persona a medias, ni mitad esto, y mitad lo contrario, no tiene dos caras ni obra a medias. Sin embargo, en el discurso dominante burgués, suele usarse (por la derecha y pseuizquierda) de manera peyorativa, como si implicara fanatismo, irresponsabilidad o incapacidad de dialogar. Se convierte en una etiqueta para descalificar propuestas de transformación, aunque esas propuestas puedan ser perfectamente racionales y necesarias. Se asocia a extremismos jacobinismo etc etc, tratando de asustar a la gente con poco seso, o que no suele pensar por si misma, sino a través de los medios de desinformación masivos que lo rodean.
En el lenguaje político, ciertos términos se cargan de connotaciones que distorsionan su sentido original.
Y se emplean manipuladamente para desprestigiar una causa, distorsionarla, o darle un sentido peyorativo. Así, “radical”, parece algo así como peligroso, extremista, ilegal, violento, e improcedente, y esta en boca de todo derechista y falso izquierdista (centro-derecha o derecha pura disfrazada de izquierda).
La derecha presenta los cambios radicales como innecesarios e ilegales, pues dentro de la legalidad burguesa toda transformación revolucionaria o de estructura es violenta. Ellos son partidarios de solo cambiar un poquito, para que todo siga igual, es decir, el poder en sus manos. El reformismo pseudoiquierdista, lo mismo, dice que lo principal es respetar la sagrada legalidad burguesa, y que todo cambio de verdad es radicalismo, infantilismo de izquierda, voluntarismo etc, sin conocer un rábano de lo que significan teoréticamente esos conceptos.
La izquierda considera necesarias que se den las condiciones objetivas y subjetivas para una revolución, pero dentro de la propia legalidad burguesa se pueden hacer cambios de estructura, que nos acerquen cada vez mas a un nuevo tipo de sociedad que apunte hacia el socialismo, la autodeterminación rompiendo con el neocolonialismo que sufre Latinoamérica en casi su totalidad.
Europa, siglo XIX, países como Francia o España, los movimientos “radicales” defendían el sufragio universal y la secularización del Estado. Los sectores conservadores los tachaban de “radicales intransigentes”, mientras se presentaban a sí mismos como “moderados” para justificar la defensa de privilegios.
El término “radical” se aplica en Latinoamérica en forma peyorativa a partidos de izquierda que plantean transformaciones estructurales, o se denominan comunistas, socialistas, etc.
El lenguaje político convierte virtudes en defectos según la conveniencia: “moderado” puede significar inmovilismo disfrazado de sensatez, y “radical” puede ser usado para deslegitimar la coherencia transformadora de los partidos auténticamente de izquierda.
Para Lenin, por ejemplo, la radicalidad no era irresponsabilidad, sino coherencia revolucionaria: atacar las raíces del sistema capitalista y no conformarse con reformas superficiales.
Lenin se identificaba claramente con una postura radical: defendía la necesidad de una transformación revolucionaria profunda, no una moderación limitada al reformismo. Para él, ser “moderado” significaba caer en el reformismo y en la conciliación con la burguesía, conciliación de clases, algo que consideraba una traición al movimiento obrero.
En su obra “El Estado y la Revolución” (1917), Lenin planteó que el Estado burgués no podía reformarse ni moderarse: debía ser destruido y reemplazado por un Estado obrero basado en los soviets.
Claro que eso en Latinoamérica no es obra de un dia para el otro, y todo tiene su tiempo, conformación de las condiciones subjetivas, política de alianzas con fuerzas verdaderamente revolucionarias y no meramente reformistas. Dimitrov luego lo definido con sus Frentes Populares. Buscar mas los puntos de coincidencias que los de divergencias, y ver en el camino hasta cuan lejos va una fuerza política antes de no arrepentirse por ver afectados sus intereses económicos por las transformaciones sociales.
El factor subjetivo no brota de la nada se construye con concientización y lucha ideológica, incluida la de clases, quien abandona ambas, se entrega al reformismo oportunista.
Lenin consideraba oportunistas reformistas a los socialdemócratas de su época, y consideraba a los “moderados” algo que equivalía a mantener intacto el poder de la burguesía bajo la apariencia de cambios democráticos. Aunque Lenin nunca pensó que una revolución solo lo harían los comunistas revolucionarios, sino en alianzas con otras fuerzas con el mismo fin en común. Pero la moderación la vio como una traición y una concesión a la burguesía.
Aunque su objetivo era radical (la revolución socialista), Lenin era pragmático en la táctica: sabía negociar, retroceder o pactar temporalmente si eso fortalecía al movimiento obrero.
Ejemplo: la Nueva Política Económica (NEP, 1921), que introdujo elementos de mercado para estabilizar la economía tras la guerra civil. La actual China en esta etapa, tiene sesgos claros de la NEP.
Sin embargo, esta flexibilidad nunca significó abandonar la meta radical de construir el socialismo.
“El oportunismo -remarcaba Lenin- reduce la lucha de clases a una lucha por reformas, y así mutila el marxismo.” Así, criticaba directamente a los moderados que buscaban cambios superficiales sin tocar la estructura de poder.
En ¿Qué hacer? (1902) Lenin escribia:

“Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario.” (Para él, la radicalidad no era solo acción, sino también claridad ideológica. Los moderados, al carecer de esa teoría, terminaban diluyendo el objetivo socialista.
Para Eduard Bernstein -el gran referente del revisionismo dentro de la socialdemocracia alemana- sostenía que el camino mismo era más importante que el objetivo final revolucionario. Su famosa frase fue: “El movimiento lo es todo, el objetivo final no es nada.” Conclusión: los trabajadores debían esperar para las Calendas Griegas llegar al poder. La burguesía y los actuales reformistas uruguayos hacen lo mismo.
Marx fue muy crítico con el reformismo porque lo veía como una desviación del objetivo revolucionario. Para él, las reformas podían ser útiles en el corto plazo -mejorar condiciones de trabajo, salarios, derechos-, pero nunca debían sustituir la meta de fondo: la abolición del sistema capitalista y la construcción de una sociedad sin clases.
En el Manifiesto Comunista (1848), Marx y Engels escriben:

“Los comunistas luchan por los intereses inmediatos de la clase obrera, pero al mismo tiempo defienden el futuro del movimiento.”
Es decir, aceptaban las luchas por reformas transitorias, pero siempre subordinadas al objetivo revolucionario final.
Para Marx: las reformas son útiles, pero sin revolución no hay emancipación real. El objetivo final (abolir el capitalismo) era irrenunciable.
Marx condenó el reformismo porque lo veía como una trampa ideológica: podía dar concesiones parciales a los trabajadores, entrenarlos por el momento, pero mantenía intacto el poder burgués. Para él, la radicalidad era indispensable: las reformas podían ser pasos tácticos, pero nunca el fin en sí mismo.
José Gervasio Artigas es considerado por muchos como el primer gran revolucionario del Río de la Plata y, en cierto sentido, el primer líder que planteó un proyecto político verdaderamente revolucionario, popular en America Latina.
Por qué se lo considera revolucionario:
Proyecto federal: Artigas defendía la idea de una confederación de provincias libres, con autonomía frente a Buenos Aires. Esto chocaba con el centralismo porteño y lo convirtió en un líder radical para su tiempo.
Reforma agraria: En 1815 impulsó el Reglamento de Tierras, que distribuía tierras a los más pobres, especialmente a “los negros libres, los zambos, los indios y los criollos pobres”. Fue una medida profundamente transformadora, que lo enfrentó a las élites. Fue una revolución agraria un siglo antes que la de Zapata. El Programa del Frente Amplio del 1971 lo planteaba, ahora los grandes terratenientes y estancieros tienen el poder real en Uruguay y en el mismo gobierno que dice ser de origen frenteamplista.
Y fueron los grandes terratenientes y estancieros de entonces los que pusieron precio a su cabeza, traicionándolo.
Soberanía popular: Su lema “Que los más infelices sean los más privilegiados” sintetiza su visión revolucionaria: poner en el centro a los sectores marginados. “Mi poder emana de vosotros, y cesa ante vuestra presencia soberana” ¿Qué jefe de Estado latinoamericano dijo algo semejante?
Resistencia al poder imperial: Se enfrentó tanto al dominio español como a las pretensiones portuguesas y al centralismo de Buenos Aires, y las potencias europeas, defendiendo la independencia real de las provincias y el poder popular.
El radicalismo de José Artigas: Mientras muchos caudillos buscaban acomodos con las élites, con potencias europeas, o con Buenos Aires, Artigas fue más radical en su defensa de la justicia social y la autonomía provincial.
Por eso, algunos historiadores lo llaman el “primer revolucionario social” de Latinoamérica, más allá de la independencia política.
Fragmentos clave del Reglamento de Tierras de 1815, el documento más revolucionario de José Gervasio Artigas, que muestran su visión social y política:
Fragmentos del Reglamento de Tierras (1815)
Distribución a los más pobres:
“Los más infelices serán los más privilegiados.”
Esta frase resume el espíritu del reglamento: priorizar a quienes no tenían nada.
Asignación de tierras:
“Se entregarán tierras a los negros libres, zambos, indios y criollos pobres.”
Artigas rompe con la lógica de las élites, otorgando propiedad a sectores marginados, incluso a los esclavos africanos.
Condiciones de uso:
“El que las reciba deberá vivir en ellas y trabajarlas.” (La tierra para el que la trabaja)
No era un reparto para especular, sino para producir y sostener la vida de las familias.
Significado revolucionario:
Fue una reforma agraria inédita en América en ese momento.
Desafió directamente a los grandes terratenientes y a los intereses de Buenos Aires.
Colocó a los sectores populares en el centro del proyecto político, algo muy radical para su época.
Conclusión:
El Reglamento de Tierras muestra por qué Artigas es considerado el primer revolucionario social del Río de la Plata y del continente americano: no se limitó a la independencia política, sino que buscó transformar la estructura social y económica, privilegiando a los más pobres y marginados.
Artigas no fue solo un prócer militar: fue un revolucionario político y social, que planteó un proyecto radical de país basado en la igualdad, la justicia social y el federalismo. Su radicalidad lo llevó a ser marginado y finalmente exiliado en Paraguay, todos los poderosos se unieron contra él, y lo vieron como un gran peligro radical, pusieron precio a su cabeza, pero su legado sigue siendo central en la identidad uruguaya.
Artigas fue radical y revolucionario en lo social y práctico: repartió tierras a los marginados, adelantándose a debates que Marx y Lenin darían en el plano teórico y revolucionario.
Conclusión:
Artigas fue un revolucionario social pionero, adelantado a su época, que aplicó en el Río de la Plata medidas que equivalían con la tradición marxista-leninista: poner la tierra en manos de los pobres y marginados, y entender que la justicia social exige ir a la raíz de las estructuras de poder.
Esta es la diferencia entre moderados y radicales.
Sebastian Bestard Molina.
Escritor y analista político.

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