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Anàlisi :: globalització neoliberal |
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Uruguay, la energía en tiempos de la guerra del Golfo Pérsico
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per Sebastian Bestard Molina. Correu-e: sebastian.bestard55@gmail.com |
15 abr 2026
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Uruguay no produce ni gas ni petróleo, pero se jacta de su gran producción de energía eléctrica "verde" renovable, que es cara, extranjera e insuficiente, Cuando la solución seria la energía nuclear, o explotar sus propias reservas de gas y petróleo. |
URUGUAY, ENERGIA, ¿AL BORDE DEL ABISMO O DE LA REDENCION? AQUÍ TE EXPLICO CLARO: ¿EL FUTURO NEGRO DE URUGUAY SIN PETROLEO ESTOS PROXIMOS MESES, O LA POSIBLE SOLUCION?
Uruguay importó petróleo crudo por última vez en 2022 principalmente desde Estados Unidos (1.947.928 m³) y Nigeria (469.223 m³). También recibió volúmenes menores desde Argentina (76.603 m³). Actualmente no hay un calendario público sobre cuándo volverá a comprar, pero ANCAP suele realizar adquisiciones según las necesidades de abastecimiento de su refinería de La Teja. (Fuente: GubUy)
Contexto actual:
Refinería de La Teja (Montevideo): procesa todo el crudo importado. Uruguay no produce petróleo, por lo que depende 100% de importaciones.
Origen principal: Estados Unidos ha sido el proveedor más constante en los últimos años, (hasta ahora, pero olvídate del futuro) complementado por países africanos como Nigeria y Angola.
Argentina: aparece en 2022 con un volumen muy pequeño, lo que indica compras puntuales en la región y con las cuales ya no podremos tampoco contar.
En general, Uruguay realiza adquisiciones de manera anual o semestral, dependiendo de la evolución del mercado energético.
Uruguay importó petróleo crudo por última vez en 2022 principalmente desde Estados Unidos (1.947.928 m³) y Nigeria (469.223 m³). También recibió volúmenes menores desde Argentina (76.603 m³). Actualmente no hay un calendario público sobre cuándo volverá a comprar, pero ANCAP suele realizar adquisiciones según las necesidades de abastecimiento de su refinería de La Teja.
Importaciones recientes de petróleo crudo en Uruguay:
Año Volumen total (m³) Principales países de origen
2020 2.360.451 EE.UU. (1.366.081),
Angola (624.086),
Nigeria (307.466),
Colombia (62.818)
2021 2.409.147 EE.UU. (722.232),
Nigeria (776.236), Angola (760.669), Noruega (150.010)
2022 2.493.754 EE.UU. (1.947.928),
Nigeria (469.223),
Argentina (76.603)
Fuente: ANCAP – Balance Energético Nacional (BEN)
Contexto actual:
Refinería de La Teja (Montevideo): procesa todo el crudo importado. Uruguay no produce petróleo, por lo que depende 100% de importaciones.
Origen principal: Estados Unidos ha sido el proveedor más constante en los últimos años, (Por eso no le conviene que Uruguay lo produzca, y paga ONG de falsos ecologistas para la propaganda negra contra su extracción de la plataforma oceánica) complementado por países africanos como Nigeria y Angola.
Argentina: aparece en 2022 con un volumen pequeño, o que indica compras puntuales en la región.
Próximas compras:
No hay anuncios oficiales sobre la fecha de la próxima importación. ANCAP ajusta sus compras en función de:
Demanda interna de combustibles.
Precios internacionales del crudo.
Condiciones logísticas y acuerdos comerciales.
En general, Uruguay realiza adquisiciones de manera anual o semestral, dependiendo de la evolución del mercado energético.
Consideraciones importantes:
Volatilidad del mercado: los precios internacionales del petróleo influyen directamente en la decisión de compra, (y eso era antes de la guerra del Golfo Persico)
Diversificación de proveedores: aunque EE.UU. es dominante, Uruguay mantiene relaciones con países africanos y ocasionalmente con vecinos regionales.
Transición energética: Uruguay apuesta fuertemente por energías renovables, lo que reduce en algo la presión sobre las importaciones de crudo, aunque sigue siendo absolutamente necesario para transporte y refinación.
Uruguay consume actualmente unos 53.500 barriles de petróleo por día, por lo que las reservas provenientes de la última gran importación (2022, unos 2,49 millones de m³ ≈ 15,7 millones de barriles) se habrían agotado en menos de un año. Esto significa que el país ya no dispone de reservas de esa compra y depende de nuevas adquisiciones periódicas para abastecer su refinería de La Teja (Fuente: https://www.worldometers.info/es/
Se hicieron los siguientes cálculos:
Cálculo aproximado de duración de reservas
Última importación (2022): 2.493.754 m³ de crudo.
Conversión: 1 m³ ≈ 6,29 barriles → total ≈ 15,7 millones de barriles.
Consumo diario (2024): 53.488 barriles/día.
Duración estimada: 15.700.000 barriles
53.488 barriles/d
→ menos de 9 meses de cobertura.
Implicaciones
Reservas agotadas: Las compras de 2022 no alcanzan para cubrir más de un año de consumo.
Dependencia total de importaciones: Uruguay no produce petróleo, ni gas, ni carbón para energía. (ni bosques de árboles tenemos)
Factores que determinan nuevas compras:
Demanda interna: El transporte y la industria siguen dependiendo de derivados del petróleo.
Próxima compra No hay anuncio oficial sobre la fecha exacta de la próxima importación.
Lo más probable es que Uruguay ya haya realizado nuevas adquisiciones en 2023–2025 para sostener el consumo, dado que las reservas de 2022 se habrían terminado en 2023.
El Ministerio de Industria y ANCAP publican estos datos en el Balance Energético Nacional (BEN) cada año. (Fuente: Catalogo de datos GubUy)
Al ritmo actual de consumo interno, Uruguay necesita realizar compras de petróleo cada año para sostener la operación de la refinería de La Teja.
Esto significa que, incluso si ANCAP hubiera almacenado todo el crudo de 2022, las reservas se habrían agotado en 2023. Por lo tanto, Uruguay ya se vio obligado a realizar nuevas compras en 2023 y 2024, y tendría que seguir haciéndolo en 2025–2026 para cubrir la demanda, pero el precio ya seria astronómicamente superior, y sería muy difícil conseguirlo, dado la escasez aguda del mercado con la guerra en Medio Oriente (que afectara el suministro durante décadas).
Uruguay necesita comprar petróleo cada año para no interrumpir el suministro interno.
En resumen: Uruguay debe volver a importar petróleo cada 9 meses aproximadamente para no quedarse sin abastecimiento. ¿Cuantos meses nos quedarían de sobrevivencia?
Si el Estrecho de Ormuz se cerrara completamente y el precio internacional del crudo se disparará a 200 dólares por barril, (y ayer ya se cerró) Estados Unidos exportaría al precio de mercado internacional, que se ajusta según oferta y demanda. (Quien más paga, más recibe)
Países privilegiados por EEUU en un contexto de crisis y escasez: (no serán aquellos que mas se han arrodillado frente a Trump, sino los que les paguen más, negocios son negocios, y Uruguay ni corta ni pincha en la política internacional, porque no supo posicionarse a tiempo, alinearse con quien debería alinearse).
EE.UU. priorizaría a sus socios estratégicos y aliados comerciales de monta (por ejemplo, Europa, Japón, Corea del Sur) que tienen acuerdos de seguridad energética.
También favorecería a compradores grandes y solventes que puedan pagar rápido y en volumen.
Países pequeños como Uruguay seguirían comprando muy poco, si encuentran quien se lo venda, pero tendrían que competir en el mercado abierto y aceptar precios muy altos.
Implicación para Uruguay:
Uruguay, al ser un importador menor, no tiene prioridad ninguna en el orden internacional del negocio petrolero. (Perdimos la oportunidad preciosa de explotar nuestro propio gas y petróleo: https://barcelona.indymedia.org/newswire/display/537427?fbclid=IwY2xjawR
Ver también: https://www.facebook.com/share/p/1Cqjq7Zw1U/
El costo interno de combustibles se dispararía, porque Uruguay depende 100% de importaciones de crudo.
En resumen: EE.UU. exportaría al mismo precio (o aprovecharía la situación, para venderlo aún mucho más caro) internacional (mas 200 USD/barril), y priorizaría a socios estratégicos y compradores grandes. Uruguay quedaría en, a la vera de Dios, con un futuro muy incierto y muy inestable.
Nigeria y angola priorizarían a sus socios estratégicos y a quienes les paguen más.
Tanto Nigeria como Angola funcionan bajo la misma lógica que EE.UU. en un escenario de crisis.
Cómo priorizan sus exportaciones:
Socios estratégicos: suelen privilegiar a países con acuerdos de cooperación energética o relaciones políticas fuertes (por ejemplo, China, India, algunos países europeos).
Quienes paguen más: en un mercado tensionado, los cargamentos se destinan a los compradores que ofrecen el mejor precio inmediato.
Volumen y logística: grandes compradores con capacidad de recibir y pagar cargamentos completos tienen ventaja sobre países pequeños como Uruguay.
Implicación para Uruguay:
Uruguay, al ser un importador menor, no tendría prioridad ninguna ni con Nigeria ni con Angola.
Expertos han calculado las cifras, y es bueno siempre tenerlas en cuenta para cuando tengas que pagarlas, no te dé un infarto, o seas previsor y hagas reservas previas:
Si el barril de crudo llegara a 200 USD por un cierre total del Estrecho de Ormuz, (y ya se cerró, y el precio será aún más alto) los precios internos en Uruguay se dispararían porque ANCAP tendría que importar al mismo valor internacional.
Estimación de impacto en combustibles en Uruguay:
Precio internacional del crudo: 200 USD/barril.
Costo actual de referencia (2024–2025): ~80–90 USD/barril.
Incremento: más del 120%.
Nafta (gasolina)
Hoy: ~75–80 pesos uruguayos por litro.
Con crudo a 200 USD: podría subir a 160–180 pesos/litro.
Gasoil (diésel)
Hoy: ~65–70 pesos uruguayos por litro.
Con crudo a 200 USD: podría subir a 140–150 pesos/litro.
El impacto económico sería muy fuerte: transporte, producción y costo de vida se encarecerían de manera inmediata.
Pasaje de ómnibus; (Montevideo es de las pocas urbes donde el transporte no es eléctrico)
Hoy: ~42–45 pesos en Montevideo.
Con crudo a 200 USD: el pasaje podría subir a más de 100 pesos, incluso más si la escasez obliga a pagar primas adicionales para asegurar el suministro.
En un escenario extremo de lucha por el petróleo, el pasaje podría superar los 150 o 200 pesos, porque las empresas trasladarían el costo directamente al usuario, y ya sabemos como opera Cutcsa…Además, la frecuencia seria mucho menor, los buses pasarían repletos, y peor que sardinas en lata, y todo por no haber renovado el sistema de transporte a uno eléctrico con Metro, tranvías y trenes metropolitanos eléctricos. Los trabajadores tendrían que usar bicicletas o sus propios zapatos. (Ver: https://barcelona.indymedia.org/newswire/display/537462?fbclid=IwY2xjawR
Factores adicionales:
Escasez real: no es solo precio, sino disponibilidad. Si Uruguay no logra asegurar cargamentos, podría haber reducción de frecuencias o racionamiento de combustible, en otras palabras, no habría transporte público.
Subsidios estatales: el gobierno podría intervenir para evitar que el pasaje se dispare, pero eso implicaría un costo fiscal enorme y una militarización por personal para conducir.
Competencia internacional: países grandes y estratégicos acapararían la oferta, dejando a Uruguay en clara desventaja y sin opciones.
Factores que agravan el impacto:
Nigeria y Angola priorizarían a socios estratégicos y compradores grandes (China, India, Europa), dejando a Uruguay en desventaja.
EE.UU. vendería al precio global y privilegiaría a aliados estratégicos. Uruguay ni contaría en la ecuación.
País pequeño y dependiente: Uruguay no produce crudo, por lo que no tiene margen de negociación.
Conclusión: Uruguay enfrentaría precios internos de combustibles al doble o cuádruple de los actuales.
El gas licuado de petróleo (GLP) es otro punto crítico para Uruguay en un escenario de crisis global.
Situación de Uruguay:
Uruguay no produce gas licuado depende de importaciones. Desaprovecho la construcción de una terminal para recibir gas licuado muy barato de Venezuela y Rusia hace algunos años.
El GLP se usa principalmente para cocinar y calefaccionar, sobre todo en hogares que no tienen acceso a gas natural por red.
ANCAP importa y distribuye el GLP, pero está sujeto a los mismos vaivenes del mercado internacional que el crudo.
ANCAP tendría que importar cada 9–10 meses, pagando precios internacionales sin prioridad.
El impacto económico sería fuerte: transporte, producción y costo de vida se encarecerían de manera inmediata.
Impacto con barril a 200 USD y escasez:
El GLP se deriva del petróleo y del gas natural. Si el crudo sube a 200 USD y hay escasez, el GLP también se encarece. El precio de una garrafa de 13 kg, que hoy ronda los 300–400 pesos uruguayos, podría duplicarse o triplicarse, llegando a más de 1.000 pesos.
La accesibilidad sería el mayor problema: aunque se pueda pagar, conseguir garrafas sería difícil porque los grandes compradores (China, India, Europa) acapararían la oferta.
No me extrañaría que la gente comenzara a cortar arboles de la vía pública para cocinar.
Consecuencias sociales:
Para muchos hogares uruguayos, cocinar con gas se volvería casi imposible por el costo y la escasez.
Podría haber racionamiento o subsidios estatales para evitar que las familias más vulnerables queden sin acceso, pero de donde lo sacarían, siendo que el gobierno se niega a ponerle el 1% de impuesto, al 1% más superrico de Uruguay?
En resumen: con un mercado global tensionado, el problema del GLP en Uruguay sería doble: precios altísimos y dificultad para conseguirlo. Cocinar con gas se volvería un lujo.
Uruguay eléctrico? Ojalá así lo fuera, como la propaganda intenta inculcarnos.
La matriz eléctrica de Uruguay es casi 90% renovable, pero su confiabilidad depende de factores naturales como lluvias y viento. En años de sequía (prácticamente todos los años) o baja producción eólica, el país debe recurrir obligatoriamente a generación térmica con petróleo, lo que lo expone a la volatilidad internacional.
Los expertos acotan datos reales, las estadísticas, también: Limitaciones de las renovables
Sequías: todos los años, reducen drásticamente la generación hidroeléctrica.
Variabilidad del viento: puede provocar déficit en momentos de alta demanda.
Dependencia fósil residual: aunque pequeña, la generación térmica es crítica en emergencias.
Transporte y GLP: siguen dependiendo 100% de hidrocarburos importados, fuera del alcance de la matriz eléctrica renovable.
Costos y control: Más baratas que fósiles: la transición redujo los costos de generación a la mitad respecto al petróleo.
Control estatal: UTE (empresa pública) gestiona la red y gran parte de la generación.
Privados (con sus propios intereses…): participan en parques eólicos y solares, pero bajo contratos de venta a UTE.
Conclusión:
Uruguay, que se vanagloria de ejemplo mundial de transición energética, con más del 90% de su electricidad renovable. Sin embargo, la dependencia de lluvias y viento obliga a mantener obligatoriamente el respaldo fósil.
En un escenario de crisis global de hidrocarburos, el país estaría un poco protegido en electricidad en condiciones normales, pero muy vulnerable en transporte, GLP y en años de sequía, es decir, casi siempre.
Impacto de las sequías en la energía:
Hidroelectricidad: cuando los embalses bajan, la generación se reduce drásticamente.
Respaldo fósil: UTE debe recurrir a centrales térmicas con gasoil o fuel oil, lo que encarece la electricidad y aumenta la dependencia de importaciones.
Variabilidad anual: en años húmedos, la matriz puede ser casi 100% renovable; en años secos, el aporte fósil puede subir al 20–25%.
Consecuencias:
Costos más altos: el precio de la electricidad sube porque el respaldo fósil es caro.
Dependencia externa: Uruguay queda expuesto a la volatilidad del petróleo, justo en los momentos de crisis global.
Uruguay es de los países con electricidad más alta del mundo.
Inestabilidad: aunque el país pretenda ser, en su autopropaganda, un líder en renovables, la seguridad energética no está garantizada en absoluto en años de sequía prolongada, y estos, son más que los normales.
Conclusión:
La matriz renovable de Uruguay es un logro enorme, pero las sequías recurrentes obligan a mantener generación térmica fósil como respaldo casi continuo. Esto significa que, en un escenario de crisis internacional del petróleo, el país no estaría blindado: la electricidad se encarecería muchísimo y la vulnerabilidad reaparece. La única solución inteligente seria la energía nuclear, (Ver: https://barcelona.indymedia.org/newswire/display/537476?fbclid=IwY2xjawR
Si, Uruguay tiene una de las tarifas eléctricas residenciales más caras de America Latina y está entre las más altas del mundo en relación al poder adquisitivo. Y aunque Uruguay se autodenomina líder mundial en renovables, los beneficios no se reflejan en tarifas bajas.
Conclusión: Uruguay logró una matriz eléctrica casi 100% renovable y más barata de producir, pero los consumidores pagan tarifas de las más altas del mundo debido a impuestos, costos de red y la necesidad de respaldo fósil en sequías. Esto genera una paradoja: el país es “líder” en energía verde, pero su población enfrenta precios elevadísimos.
Cómo funciona el negocio de la energía verde en Uruguay:
UTE (Administración Nacional de Usinas y Trasmisiones Eléctricas):
Controla la red eléctrica y la distribución.
Vende energía a hogares e industrias y también exporta a Argentina y Brasil.
Obtiene ganancias importantes por la venta de excedentes.
Empresas privadas de renovables (principalmente eólicas y solares):
Entre 2012 y 2018 firmaron contratos de 20–30 años con UTE.
UTE está obligada a comprar toda la energía que producen a un precio fijo, incluso si es más caro que el costo actual de generación.
Esto generó sobrecostos estimados en 5.000 millones de dólares para los usuarios.
¿Quién se lleva las ganancias?
Privados:
Empresas de generación eólica y solar con contratos garantizados.
Reciben ingresos estables y elevados, independientemente de la demanda o del costo real de producir energía. Contratos rígidos: los acuerdos con privados no se pueden renegociar fácilmente, aunque hoy la energía renovable podría producirse más barata.
UTE:
Obtiene ganancias por exportar excedentes a Argentina y Brasil. Sin embargo, los ingresos no compensan totalmente los sobrecostos de los contratos privados.
Usuarios: (los que pagan el pato)
Son quienes pagan las tarifas más altas del mundo, casi (290 USD/MWh en 2026) .
En la práctica, financian tanto las ganancias de UTE como las de los privados.
El negocio de la energía verde en Uruguay es un modelo mixto: UTE controla la red y obtiene ganancias por exportaciones, pero los contratos con privados garantizan ingresos multimillonarios a esas empresas privadas, trasladando sobrecostos a los usuarios.
El resultado es una paradoja: Uruguay produce electricidad renovable barata, pero los hogares pagan tarifas de las más caras del mundo.
Pero buena parte de las ganancias, la parte del león, se las llevan empresas privadas extranjeras -principalmente de España, Italia y Alemania- que firmaron contratos de largo plazo con precios garantizados.
Todos estos actores venden la energía a UTE, que está obligada por contrato a comprarla a precios fijos durante 20–30 años. Privados extranjeros: reciben ingresos estables y elevados gracias a contratos blindados, independientemente de la demanda o del costo real de producir energía.
Sobrecostos: medios uruguayos señalan que los contratos con privados generan sobrecostos de miles de millones de dólares, trasladados a los consumidores.
Se señala que UTE exporta excedentes a Argentina y Brasil, pero esas ganancias no se traducen en tarifas más bajas para los hogares.
Se debate si el modelo energético uruguayo, aunque exitoso en lo ambiental, ha perdido de vista su misión social.
Creo que UTE, siendo una empresa estatal y, por su naturaleza, debería priorizar el acceso universal y asequible a la energía como un servicio social esencial, antes que enfocarse en maximizar ganancias financieras.
Ganancias vs. servicio social: se critica que UTE actúe como una empresa que busca rentabilidad (exportando excedentes y generando utilidades) en lugar de priorizar tarifas accesibles para los hogares.
En resumen: UTE debería ser, ante todo, un instrumento de política social, garantizando energía accesible y estable. Sin embargo, los contratos con privados y la lógica financiera han generado una tensión entre su rol social y su rol empresarial.
Y los cándidos usuarios: terminan financiando el sistema a través de tarifas super altas.
Críticas desde sindicatos y sociedad civil:
Rol social debilitado: sindicatos de trabajadores de UTE sostienen que la empresa debería ser un instrumento de política social, garantizando acceso universal y tarifas justas, no un actor financiero.
Privatización encubierta: se denuncia que la participación de empresas extranjeras en parques renovables implica una “privatización parcial” del sistema eléctrico, con ganancias que se van fuera del país.
Falta de beneficios al usuario: organizaciones sociales remarcan que los uruguayos no ven reflejado en sus facturas el éxito de la transición energética.
Conclusión:
La crítica central es que UTE, siendo estatal, debería priorizar el servicio social por encima de la lógica de negocio.
Pero como los uruguayos somos muy obsecuentes y obedientes a EEUU, preferimos seguirle comprando su caro petróleo en vez de optar por la opción eléctrica de la energía nuclear, o integrar el BRICS y obtener todos los beneficios energéticos en un bloque que prioriza los intereses de sus pueblos y no de los empresarios y monopolios del imperialismo de EEUU.
Sebastian Bestard Molina.
Periodista de investigación y geopolítica. |
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