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Anàlisi :: amèrica llatina |
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La nueva doctrina Monroe de Trump
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per SEBASTIAN BESTARD MOLINA Correu-e: sebastian.bestard55@gmail.com |
30 gen 2026
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EEUU llama a una cumbre de jefes militares de America Latina, para reforzar la hegemonia de EEUU sobre todo el hemisferio. |
La ministra de Defensa uruguaya Sandra Lazo, está actuando como gestora de la nueva Doctrina Monroe, vulnerando la Constitución y comprometiendo la soberanía nacional. El desembarco de marines en Montevideo es visto como un precedente peligroso, que abre la puerta a una mayor injerencia militar estadounidense en Uruguay y en toda América Latina.
Se acusa al Ejecutivo de actuar de manera unilateral y de “subordinar la soberanía nacional” a los intereses de EE.UU.
Reclamo de transparencia: exigen que el gobierno explique públicamente los acuerdos militares con Washington y someta cualquier decisión al Parlamento.
PIT-CNT (central sindical): expresó preocupación por la “militarización del país” y advirtió que Uruguay no debe convertirse en plataforma de operaciones extranjeras.
Organizaciones barriales del Cerro: denunciaron que el desembarco de marines en una zona urbana es un acto de provocación y un precedente peligroso.
Movimientos estudiantiles y de derechos humanos: recordaron la historia de dictaduras militares y señalaron que permitir tropas extranjeras sin control democrático es un retroceso fascistoide.
Excusa del narcotráfico: denuncian que el discurso de “lucha contra el crimen transnacional” es solo una cobertura para instalar presencia militar estadounidense en el continente americano, y la participación en la cumbre de Washington como una señal de alineamiento con la nueva Doctrina Monroe de Trump.
El gobierno uruguayo participara en la Cumbre de jefes militares convocada por EEUU.
Muy obedientemente 34 países acudirán a recibir las ordenes del amo del norte.
¿Quién convoca a esta cumbre extraordinaria e inédita?
La cumbre se desarrollará el 11 de febrero. Lugar: Washington D.C.
La convoca, el Jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., general Dan Caine.
Impulso político: Se enmarca en la nueva estrategia de seguridad del presidente Donald Trump para América Latina y el Caribe (America Latina para los EEUU).
La supuesta finalidad es:
Consolidar una alianza estratégica hemisférica bajo liderazgo (absoluto) de Washington.
“Reforzar cooperación en defensa y seguridad regional, especialmente contra:
Crimen organizado transnacional.
Narcotráfico.
Amenazas a la estabilidad democrática.”
EEUU como garante de la “estabilidad democrática” parece un chiste escuchar eso… el término aparece como parte de las amenazas que justifican la reunión, pero no hay una definición oficial publicada por EE.UU. que diga exactamente lo que significa “estabilidad democrática” en sus palabras.
Lo que EE.UU. considera “estabilidad democrática”
En sus comunicados oficiales y en la convocatoria a la reunión de Washington, EE.UU. usa la expresión para referirse a:
Gobiernos alineados con sus intereses estratégicos, aunque no siempre sean democráticos. (léase: aceptan las dictaduras, siempre y cuando sean serviles a EEUU)
Instituciones que garanticen previsibilidad y orden, incluso si eso implica apoyar regímenes autoritarios (regímenes que suprimen la lucha de clases, y las huelgas/protestas) que aseguren “estabilidad” o paz de los cementerios, frente a movimientos populares o gobiernos considerados hostiles. Los gobiernos que favorecen la conciliación de clases, y reprimen por ley (como nuestra LUC) las protestas, criminalizándolas, son bienvenidos.
Prevención de crisis políticas que puedan abrir espacio a actores contrarios a Washington (por ejemplo, gobiernos de izquierda en la Guerra Fría).
En otras palabras, para EE.UU. “estabilidad democrática” no siempre significó elecciones libres y respeto irrestricto a los derechos humanos, sino un entorno político estable y favorable a su influencia regional.
Antecedentes históricos:
Plan Cóndor (década de 1970): Coordinación represiva entre dictaduras militares de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil, con apoyo logístico y de inteligencia de EE.UU.
Golpes de Estado apoyados o fomentados:
Guatemala (1954, contra Jacobo Árbenz).
Chile (1973, contra Salvador Allende).
Brasil (1964, contra João Goulart).
Honduras (2009, contra Manuel Zelaya, con ambigüedad en el rol de EE.UU.).
Apoyo a dictaduras militares: Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, entre otros, bajo la lógica de “contener el comunismo” durante la Guerra Fría.
Ahora, se trata de contener la influencia de Rusia, China y el Nuevo Mundo Multipolar de los BRICS.
Del anticomunismo, se pasa ala rusofobia, por ejemplo, aunque sigue siendo siempre el comunismo/socialismo, el enemigo fundamental del imperialismo yanque.
Aunque en general, todo país que busque su camino independiente y quiera salirse del neocolonialismo político y económico de EEUU es considerado un Estado hostil y peligroso, al que se debe aislar con sanciones, bloqueos, o intervenir militarmente.
Línea de tiempo de intervenciones y golpes apoyados por EE.UU.
Década de 1950
Guatemala (1954): Derrocamiento de Jacobo Árbenz, quien había impulsado una reforma agraria que afectaba a la United Fruit Company. La CIA organizó la operación PBSUCCESS, instalando un régimen militar.
Década de 1960
Brasil (1964): Golpe contra João Goulart. Documentos desclasificados muestran apoyo logístico y político de EE.UU. a los militares brasileños.
República Dominicana (1965): Intervención militar directa de EE.UU. para frenar el regreso de Juan Bosch, considerado demasiado cercano a la izquierda.
Década de 1970
Chile (1973): Golpe contra Salvador Allende. La CIA y el gobierno de Nixon apoyaron a las Fuerzas Armadas chilenas, que instalaron la dictadura de Augusto Pinochet.
Argentina (1976): Golpe contra Isabel Perón. EE.UU. brindó apoyo político y luego respaldo a la dictadura militar, en el marco del Plan Cóndor, una red de coordinación represiva entre dictaduras del Cono Sur.
Uruguay y Paraguay: También integrados al Plan Cóndor, con apoyo de inteligencia estadounidense para perseguir opositores, encarcelarlos o hacerlos “desaparecer”. (en mi caso, sobreviví a dos dictaduras.)
Bolivia (1971): Golpe de Hugo Banzer, con respaldo de Washington.
Década de 1980
El Salvador y Nicaragua: EE.UU. financió y entrenó fuerzas militares y paramilitares en el contexto de las guerras civiles, apoyando gobiernos autoritarios y contrainsurgencias.
Honduras: Base de operaciones para la “Contra” contra el gobierno sandinista en Nicaragua.
Granada (1983): Invasión militar directa para derrocar al gobierno de Maurice Bishop, acusado de vínculos con Cuba.
Década de 2000
Venezuela (2002): Golpe fallido contra Hugo Chávez. Aunque EE.UU. negó participación, documentos y testimonios muestran apoyo a sectores golpistas.
Honduras (2009): Golpe contra Manuel Zelaya. EE.UU. condenó formalmente, pero mantuvo relaciones con el gobierno de facto, lo que fue interpretado como un aval indirecto.
En resumen, la noción de “estabilidad democrática” usada por EE.UU. históricamente ha sido contradictoria:
Discurso oficial: defensa de la democracia.
Práctica: apoyo a dictaduras militares más nazi-facistas y crueles golpes de Estado cuando gobiernos electos no coincidían con sus intereses estratégicos o económicos.
El discurso oficial: EE.UU. plantea que el narcotráfico y el crimen organizado son amenazas compartidas que requieren cooperación militar y policial.
Se presenta como un problema “neutral” y “técnico”, pero en realidad se usa para definir aliados y enemigos. Las mafias principales de la droga, están dentro de EEUU.
La práctica histórica:
Venezuela: Fue señalada como “narcoestado” y “amenaza regional” en informes del Departamento de Estado y del Pentágono, lo que sirvió para justificar sanciones y presiones diplomáticas. Aunque jamás se probo nada contra Venezuela.
Colombia: en cambio, aunque es uno de los principales productores de cocaína, EE.UU. lo considera aliado estratégico, pues allí tiene muchas bases militares. Por eso la narrativa se centra en “apoyar” a Colombia con planes como el Plan Colombia, más que en denunciarlo como amenaza.
Ecuador: En los últimos años ha enfrentado una crisis de violencia ligada al narcotráfico, con carteles infiltrando instituciones. Sin embargo, al ser un aliado de Washington, no se lo etiqueta públicamente como “narcoestado”, sino que se lo presenta como “socio en la lucha contra el crimen”.
La contradicción:
Selección política: EE.UU. no aplica el mismo criterio a todos, no los mide a todos con la misma vara. Los países alineados con su política exterior, serviles y útiles, son tratados como “víctimas” del narcotráfico, mientras que los gobiernos considerados hostiles son acusados de ser “cómplices” o “narcoestados”.
Uso estratégico: El narcotráfico y el crimen transnacional funcionan como nuevas excusas para legitimar intervenciones, presiones diplomáticas o militares, igual que en la Guerra Fría se usaba la “amenaza comunista”.
Conclusión: Cuando EE.UU. invoca el narcotráfico y el crimen transnacional en reuniones como la de Washington, no solo está hablando de seguridad: está redefiniendo el mapa de aliados y adversarios en América Latina. “O estás conmigo, o estas contra mi” Venezuela es demonizada, Colombia es protegido, y Ecuador es invisibilizado como “narcoestado” porque conviene mantenerlo como socio.
¿Y nuestro “santo” Uruguay? Uruguay suele quedar fuera del discurso oficial de EE.UU. sobre narcotráfico, aunque en la práctica cumple un rol clave en la cadena del negocio ilícito.
El rol de Uruguay en el narcotráfico
Lavado de dinero: Uruguay ha sido señalado como un país donde el sistema financiero y la economía dolarizada facilitan operaciones de lavado vinculadas al narcotráfico.
Puertos estratégicos: Montevideo es uno de los principales puertos de salida de cocaína hacia Europa. En los últimos años se han incautado cargamentos récord en contenedores marítimos. Y en Europa, incautaciones récord de droga procedente de Uruguay.
Ruta atlántica: La cocaína producida en Bolivia, Perú y sobre todo Colombia llega a Uruguay para ser embarcada hacia Europa, especialmente España, Bélgica y Países Bajos.
Baja visibilidad internacional: A diferencia de México o Colombia, Uruguay no es productor, sino país de tránsito y lavado, lo que hace que EE.UU. no lo mencione en sus discursos de “narcoestados”.
Por qué EE.UU. no lo menciona:
Alianza política: Uruguay mantiene relaciones estables con EE.UU. y no es visto como un adversario político, sino como un amigo muy obediente y obsecuente.
Narrativa selectiva: Washington prefiere centrar el discurso en países que considera “amenazas” (Venezuela, Bolivia, paisas con gobiernos de autentica izquierda) o en aliados que necesita justificar con planes de ayuda (Colombia, México).
Imagen internacional: Uruguay proyecta hacia afuera una imagen de democracia estable y país seguro, lo que contrasta con la realidad del narcotráfico en sus puertos.
Conclusión: Uruguay es un eslabón silencioso pero fundamental en el tráfico de cocaína hacia Europa: centro de lavado y salida marítima. Sin embargo, EE.UU. evita mencionarlo porque no encaja en su narrativa de “enemigos” o “narcoestados”, y porque políticamente le resulta más conveniente mantenerlo como socio discreto.
Aunque Uruguay no es productor, se ha convertido en un hub logístico y financiero del narcotráfico internacional, invisibilizado en el discurso oficial de EE.UU. por su condición de aliado íntimo.
¿Por qué se considera una cumbre “inédita”?
Primera vez que EE.UU. convoca a tantos jefes militares del hemisferio occidental en una reunión formal de alto nivel.
Enfoque regional coordinado, no bilateral ni multilateral tradicional como en la OEA o en ejercicios conjuntos.
Participación simultánea de países latinoamericanos y algunos europeos (como Dinamarca, Francia y Reino Unido), lo que amplía el alcance geopolítico.
¿Quién es el general que convoco a esta cumbre? es el general Dan Caine, Cargo: Jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU.
Responsabilidad: Coordinar operaciones militares, definir estrategias hemisféricas y liderar alianzas regionales.
Perfil: Conocido por su enfoque duro en seguridad hemisférica y por impulsar una doctrina de “alianza militar occidental” (política del gran garrote) frente a las supuestas amenazas, como el narcotráfico, el crimen transnacional y la inestabilidad democrática.
Rol: Principal asesor militar del presidente Donald Trump y comandante de las Fuerzas Armadas.
Responsabilidad: Coordinar operaciones militares, definir estrategias hemisféricas y liderar alianzas regionales. (supeditar America Latina a la hegemonía absoluta de EEUU, alejando a Rusia y a China del hemisferio)
¿Por qué es relevante esta diferencia?
La cumbre de Washington marca un giro estratégico: EE.UU. busca consolidar una alianza militar hemisférica bajo su liderazgo, en un contexto de creciente competencia geopolítica (China, Rusia, los Brics).
A diferencia de las reuniones del Comando Sur, que suelen ser operativas o técnicas, esta cumbre tiene un carácter político y doctrinario, con graves implicancias para la soberanía regional.
La presencia de países europeos sugiere una internacionalización del control militar sobre América Latina, algo que no ocurría en reuniones anteriores.
La cumbre militar de Washington (febrero 2026) encaja dentro de la reinterpretación contemporánea de la Doctrina Monroe que impulsa Donald Trump en su segundo mandato.
La Doctrina Monroe original (1823)
Frase clave: “América para los americanos”. (los del Norte)
Sentido histórico: advertencia a Europa de que no debía intervenir en los asuntos del continente americano.
Función práctica: sirvió como justificación para la expansión de la influencia y dominio de EE.UU. en América Latina durante el siglo XIX y XX.
La “nueva Doctrina Monroe” bajo Trump
Relectura doctrinal: ya no se trata solo de excluir a Europa, sino también de contener la influencia de China y Rusia en América Latina.
Seguridad hemisférica: se plantea como excusa, que el narcotráfico, el crimen transnacional y la “inestabilidad democrática” son amenazas que requieren una alianza militar bajo liderazgo estadounidense.
Cumbre de Washington: es la expresión práctica de esa doctrina, al reunir a 34 jefes militares y sumar incluso aliados europeos para consolidar un bloque occidental.
Conclusión:
La reunión de Washington no es un evento aislado: es la materialización de la nueva Doctrina Monroe trumpista, que redefine la seguridad hemisférica como un proyecto de hegemonía militar y política. En lugar de hablar de cooperación multilateral genuina, se trata de reafirmar el control absoluto de EE.UU. sobre América Latina bajo el discurso de “estabilidad democrática” y lucha contra el crimen.
Repetimos:
Evolución de la Doctrina Monroe:
1. Doctrina Monroe original (1823)
Frase clave: “América para los americanos”.
Objetivo: advertir a las potencias europeas que no intervinieran en el continente americano.
Función: abrir el camino para la hegemonía de EE.UU. en la región.
2. Versión de la Guerra Fría (1947–1990)
Relectura: la Doctrina Monroe se usó para justificar la “contención del comunismo” en América Latina.
Práctica: apoyo a golpes de Estado y dictaduras militares fascistas bajo el argumento de “defender la democracia” frente a la “amenaza soviética”.
Ejemplo: Plan Cóndor, invasiones (República Dominicana, Granada), y respaldo a regímenes dictatoriales en Chile, Argentina, Brasil, Uruguay. etc.
Narrativa: “estabilidad democrática” significaba gobiernos alineados con Washington, aunque fueran dictaduras.
Nueva Doctrina Monroe trumpista (2026)
Reinterpretación: ya no se trata de excluir a Europa, sino de contener la “influencia de China, Rusia e Irán” en América Latina.
Instrumento: reuniones militares hemisféricas (como la cumbre de Washington) para consolidar un bloque obediente bajo liderazgo estadounidense.
Doctrina: “América para los americanos… bajo control de EE.UU.”, ahora con participación de aliados europeos para reforzar el bloque occidental.
Conclusión;
La Doctrina Monroe ha pasado de ser una advertencia a Europa en el siglo XIX, a una herramienta de la Guerra Fría contra el comunismo, y hoy bajo Trump se convierte en una estrategia de supuesta “seguridad hemisférica contra el crimen y contra la influencia de potencias extrahemisféricas”. En todos los casos, el trasfondo es el mismo: mantener la hegemonía de EE.UU. en América Latina. Y a todos nosotros bajo la bota del Tío Sam.
Sebastian Bestard Molina
Analista sobre geopolítica militar. |
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