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Testimonios y ultimas noticias de lo que pasa y lo q se avecina en Iran. viene
22 gen 2026
“El sistema no puede sobrevivir: en Irán todo el mundo está simplemente desbordado por esta dictadura. Ya hemos tenido suficiente de ellos”.
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Manifestantes jóvenes recibieron disparos por la espalda, un médico sufrió perdigones en el rostro y numerosos heridos evitaron hospitales por temor. “Todas las familias se han visto afectadas” por la represión mortal contra la última ola de protestas en Irán, afirmó uno de los participantes. En declaraciones a AFP en Estambul, un ingeniero de 45 años que pidió llamarse Farhad —nombre ficticio— relató su implicación en las movilizaciones masivas que recorrieron su ciudad natal, una urbe de alrededor de un millón de habitantes situada en las afueras de Teherán.
Con el país aún sometido en gran parte a un bloqueo de internet tras semanas de disturbios, los relatos directos de testigos se volvieron esenciales para reconstruir el desarrollo de los acontecimientos y comprender el alcance real de la violencia desplegada durante las protestas. Las concentraciones, motivadas por el malestar económico, comenzaron a finales del año pasado y derivaron en las mayores manifestaciones contra el gobierno desde la Revolución Islámica de 1979, extendiéndose rápidamente por numerosas ciudades iraníes.
“El primer día había tanta gente en las calles que las fuerzas de seguridad simplemente mantenían la distancia”, contó a AFP. “Pero el segundo día entendieron que, sin disparar, la gente no se iba a dispersar”.
Con el aumento de las protestas, las fuerzas de seguridad lanzaron una represión a gran escala, amparada por un apagón de las comunicaciones que se inició el 8 de enero y limitó severamente la circulación de información. Sentado en el interior de una iglesia en el lado europeo de Estambul, este trabajador del sector petrolero, de tono sereno, explicó que se encontraba en su coche con su hermana la noche en que comenzaron los disparos. “Vimos a unas 20 personas militares saltar de los coches y empezar a disparar a jóvenes que estaban a unos 100 metros. Vi a la gente correr, pero les disparaban por la espalda” con fusiles y escopetas, dijo a AFP.
“Delante de mis ojos vi a un amigo nuestro, un médico, recibir perdigones de escopeta en la cara”, afirmó Farhad, quien indicó que desconoce qué ocurrió después con él tras el ataque.
Amnistía Internacional y Human Rights Watch acusaron a las fuerzas de seguridad de disparar fusiles y escopetas con perdigones metálicos directamente contra las cabezas y los torsos de los manifestantes durante la represión. “Vi a dos personas siendo trasladadas; estaban muy gravemente heridas, quizá muertas”, dijo Farhad. Añadió que muchas personas murieron “en sus coches porque las balas venían de la nada”.
El verdadero alcance de la represión empezó a conocerse de forma lenta, en medio de restricciones informativas y del temor generalizado entre la población a dar su testimonio públicamente.
Pese a las dificultades para obtener datos, la ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega, aseguró haber confirmado la muerte de 3,428 manifestantes a manos de las fuerzas de seguridad, aunque advirtió que la cifra real podría ser mucho mayor, con estimaciones “entre 5,000 y 20,000”.
Según Farhad, muchos heridos evitaron acudir a centros médicos por miedo a ser detenidos tras recibir atención sanitaria por lesiones relacionadas con las protestas.
“La gente no puede ir al hospital porque las autoridades y la policía están allí. A cualquiera con heridas de bala o de escopeta [perdigones] lo detienen e interrogan”, dijo. “Los médicos han estado yendo a las casas de la gente para darles asistencia médica”.
Él mismo sufrió golpes con una porra propinados por dos personas en una motocicleta y creyó tener el brazo roto, aunque descartó acudir al hospital porque consideró la situación “demasiado peligrosa”. Numerosos vecinos “abrieron sus casas para dejar entrar a los manifestantes y darles primeros auxilios”, entre ellos su hermana y una amiga, quienes acogieron a “unos 50 chicos y les dieron té y pastel”.
Farhad destacó la gran presencia de personas muy jóvenes en las calles, incluidas “muchas chicas y mujeres”, y señaló que vio niños de “seis o siete” años coreando consignas contra el líder supremo de Irán, el Ayatola Alí Jamenei.
También denunció controles aleatorios por parte de las fuerzas de seguridad para identificar a personas con lesiones vinculadas a las protestas o con grabaciones en sus teléfonos móviles. “Es muy peligroso porque revisan los teléfonos al azar. Si ven algo relacionado con esta revolución, estás acabado. También hacen que la gente se levante la camisa para buscar señales de heridas de bala o de escopeta”, dijo. “Si ven eso, los llevan a interrogar”.
Horas antes de regresar a Irán —“porque tengo un trabajo al que ir”— sostuvo que “absolutamente no tenía miedo” pese a la situación vivida.
Aun así, afirmó que la población mantiene la disposición a protestar “porque está muy enfadada” frente al sistema político vigente.
Farhad expresó su convicción de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumplirá pronto su promesa de intervenir, aludiendo a informes recientes sobre la llegada de buques de guerra estadounidenses a la región.
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