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Notícies :: corrupció i poder : criminalització i repressió
El orden internacional, desafiado por la intervención militar estadounidense en Venezuela
12 gen 2026
La caracterización que hace Washington de la acción como una misión legal y decisiva contrasta radicalmente con la condena generalizada de numerosas naciones, que la han denunciado como una flagrante violación del derecho internacional establecido.
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La reciente operación militar llevada a cabo por fuerzas de Estados Unidos en Venezuela ha puesto de manifiesto profundas divisiones en la comunidad internacional, poniendo en tela de juicio los principios fundacionales que deben regir el uso de la fuerza entre Estados soberanos.

La caracterización que hace Washington de la acción como una misión legal y decisiva contrasta radicalmente con la condena generalizada de numerosas naciones, que la han denunciado como una flagrante violación del derecho internacional establecido.

Cabe destacar que la respuesta de varios aliados europeos clave ha estado marcada por una marcada cautela y ambigüedad, lo que pone de relieve aún más las fisuras geopolíticas que este acontecimiento ha provocado.

Precedente de desprecio por la soberanía
Este alarmante desarrollo encuentra eco en un patrón histórico donde el orden internacional de la posguerra, en gran medida moldeado por las conferencias de Yalta y Potsdam de 1945 y su énfasis en la inviolabilidad de las fronteras nacionales, ha sido socavado repetidamente.

La campaña de bombardeos de la OTAN en Serbia en 1999, llevada a cabo sin la autorización explícita del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se cita con frecuencia como precedente para eludir las sanciones multilaterales. De igual manera, la invasión de Irak en 2003, basada en afirmaciones desacreditadas sobre la existencia de armas de destrucción masiva, provocó una catastrófica pérdida de vidas y desestabilización regional.

En cada caso, se desplegaron narrativas de intervención humanitaria o de aplicación de la ley, pero los analistas a menudo disciernen motivos subyacentes de influencia estratégica o control de recursos, que fueron recibidos con protestas retóricas pero con una oposición concreta limitada por parte de las potencias aliadas.

La actual intervención estadounidense se desarrolla en este contexto. El presidente Donald Trump anunció que una incursión a gran escala resultó en la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. Elogiando el éxito de la misión, Trump declaró que Estados Unidos administraría temporalmente el territorio petrolero de Venezuela "hasta que podamos realizar una transición segura, adecuada y juiciosa".

Aseguró que las principales compañías petroleras estadounidenses rehabilitarían la deteriorada infraestructura del país, afirmando que cualquier ocupación "no nos costaría ni un centavo" porque se financiaría con el dinero del petróleo. Trump también desestimó explícitamente a la opositora María Corina Machado, afirmando que "no cuenta con el apoyo... ni el respeto del país".

Condena global y reprimenda cautelosa
El secuestro del presidente Maduro, sumado a esta retórica, provocó una condena inmediata y enérgica, especialmente en Latinoamérica. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció la operación como "terrorismo de Estado" y "una flagrante violación del derecho internacional", sentimiento que se amplificó con los informes sobre bajas cubanas.

El presidente Trump aumentó aún más las tensiones regionales al menospreciar al colombiano Gustavo Petro como "un hombre enfermo" que fabrica cocaína, al reflexionar que una operación militar allí "me suena bien" y al especular que el gobierno de Cuba "parece estar listo para caer" por sí solo.

La postura expansiva de la administración también desató la alarma más allá del hemisferio. La circulación de una imagen que representaba a Groenlandia bajo la bandera estadounidense con la leyenda "pronto" provocó una dura reprimenda de las autoridades danesas. La primera ministra Mette Frederiksen afirmó que "no tiene ningún sentido hablar de que Estados Unidos se apodere de Groenlandia", subrayando que Estados Unidos "no tiene derecho a anexionarse ninguno de los tres países del Reino de Dinamarca".

Sin embargo, la reacción de las instituciones europeas y las grandes potencias ha sido notablemente moderada. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró que la UE «apoya al pueblo de Venezuela y apoya una transición pacífica y democrática», añadiendo que cualquier solución «debe respetar el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas».

El primer ministro británico, Keir Starmer, también prometió que el Reino Unido respetaría el derecho internacional. La italiana Giorgia Meloni ofreció una postura más matizada, argumentando que «la acción militar externa no es la manera de acabar con los regímenes totalitarios», pero sugiriendo que la intervención defensiva podría ser legítima «contra las entidades estatales que alimentan y promueven el narcotráfico».

Francia se sumó inicialmente a las críticas, y el ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, declaró que la incursión «contraviene el principio de no uso de la fuerza que sustenta el derecho internacional». Sin embargo, París se ha refugiado desde entonces en la vía diplomática privada, absteniéndose de abogar por medidas concretas.

La Unión Europea no ha amenazado con sanciones contra Washington y la mayoría de sus Estados miembros se han limitado a hacer llamamientos genéricos al diálogo y al respeto de la Carta de las Naciones Unidas.

En contraste, las naciones no occidentales respondieron con una desaprobación rotunda. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China se opone firmemente a lo que denominó el comportamiento hegemónico de Estados Unidos, afirmando que viola gravemente el derecho internacional, viola la soberanía de Venezuela y amenaza la paz y la seguridad en América Latina. Rusia y otros aliados venezolanos emitieron condenas igualmente enérgicas.

El camino a seguir sigue siendo incierto. Con Maduro programado para ser procesado en Nueva York y sus leales en Venezuela condenando el golpe, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se dispone a debatir la legalidad de la operación.

La disparidad en la respuesta internacional es evidente: mientras que las acciones de Rusia en Ucrania desencadenaron sanciones y un aislamiento sin precedentes, Estados Unidos actualmente sólo enfrenta reproches verbales.
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Mira també:
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