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Anàlisi :: antifeixisme
Al interes sano del anarquismo, despertar, tomar conciencia y hacer de la anarquia un hecho real.
04 des 2025

Cuando desde la democracia se legaliza el totalitarismo antifascista, poniendole el adjetivo democratico, empieza la imposicion de la disciplina autoritaria, que refuerza la obediencia ciega, que crea el panico, que lleva a la sumision, solo desde desde el hecho que reconforta , el comprender que las raices anarquistas llega a profundidades infinitamente mayores que el orden antifa.
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A pesar de los límites evidentes
impuestos por la guerra, la anarquia en su funcionamiento no sólo es posible, sino indispensable para dar
rienda suelta a la creatividad de las masas. La anarquia, es decir, en primer lugar, unos órganos dirigentes
elegidos y revocables (no en pleno combate, ¡eso va de suyo!). El espíritu revolucionario, el convencimiento de
que se está realizando con las armas en la mano la lucha por las transformaciones sociales en toda la sociedad,
constituye la «fuerza de choque» de las milicias, y es exactamente lo contrario al respeto a la jerarquía que, junto
con la prohibición de pensar, es la base del ejército clásico. Finalmente, la militarización de las milicias anarquistas se llevó a cabo en contra de la voluntad de sus integrantes desde otoño de 1936 -con el gobierno de Largo Caballero y su Decreto de militarización de las Milicias Populares y la aprobación de los miembros de la cnt-fai con carteras gubernamentales-, hasta entrado 1937, periodo en el que no faltaron numerosos conflictos en torno al asunto. Un conocido ejemplo fue el del fundador de la Columna de Hierro, José Pellicer, el cual se opuso a los cenetistas que habían decidido colaborar con el gobierno que decretaba la militarización. Y es que los sucesivos decretos del Gobierno restauraron obligatoriamente la disciplina castrense propia del antiguo Ejército, al tiempo que establecieron organizaciones de logística y suministros bajo criterios militarizados. Finalmente, tras la Batalla de Madrid de noviembre de 1936, el Gobiernó negó los servicios de intendencia y municiones a las milicias que se resistieran a la militarización.
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