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Anàlisi :: guerra |
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Un misil hipersónico recorre Montevideo
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per SEBASTIAN BESTARD MOLINA Correu-e: sebastian.bestard55@gmail.com |
05 nov 2025
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En el relato en un mundo distopico se explica el peligro nuclear. Un misil similar al Oreshnik va en camino hacia Buenos Aires. Para el escritor de ciencia ficción comprometido con la paz nuclear, es importante esclarecer del peligro de una catástrofe nuclear a través de relatos escatológicos basados en la realidad y en su demostración científico-tecnológica, ilustrados por la realidad geopolítica. No se trata de asustar sino de hacer ver la cruda realidad y la siniestra hipotética pero muy posible tétrica realidad futura, si es que no hacemos nada hoy para impedirla.
La literatura tiene un poder único: puede transformar el horror en conciencia, y convertir escenarios catastróficos en advertencias que movilizan a las personas. Relatar estos eventos —aunque sean hipotéticos— sirve para desnudar la lógica destructiva de la guerra, mostrar sus consecuencias humanas y ambientales, y frustrar los planes belicistas antes de que se concreten. |
CUENTOS ESCATOLOGICOS DEL FIN DEL MUNDO.
UN RAYO DE FUEGO CRUZA MONTEVIDEO.
Eran las primaras horas de la guerra del fin del mundo, los misiles ya habían exterminado las ciudades mas grandes, y Montevideo recién se estaba enterando: el Holocausto nuclear mundial estaba en marcha.
Montevideo todavía no había sufrido impactos directos, su alineación entre los bloques militares en pugna todavía no era definida, o por lo menos no se le había asignado todavía un importante blanco nuclear, ya que no había flota de la Armada de ninguna potencia nuclear en su puerto estratégico.
Pero, en el puerto de Buenos Aires había un portaaviones.
Desde el Océano Atlántico, un buque de guerra dispara contra él, un misil hipersónico de Mach 10, 3.500 kilometro por hora, mas de 3.000 metros por segundo.
Los técnicos desde el buque ya habían calculado que el zarpazo debería ser como un rayo, letal, sin considerar su efecto de paso, el de su trayectoria o de sus efectos colaterales, pues en una guerra global, las fronteras era lo mínimo que se respetan, hablando claro, se desvanecen, dejan de existir.
Las vibraciones inducidas por el paso rasante del misil hipersónico se propagaron a decenas de kilómetros del eje de vuelo, y la mitad sur del país lo oyeron.
Para los técnicos militares lo único que importaba era que el blanco -el portaviones enemigo- se neutralizara inmediatamente. Y habían calculado, además, que la trayectoria rasante no afecte la dirección del misil a su destino final. Lo habían enviado a una altitud de solo 100 metros sobre la superficie, para no sea detectado fácilmente. Sabían que el “efecto rebote” o de onda de choque no lo afectaría, esta, que primariamente se propaga hacia el suelo, al impactar contra la superficie, parte de esa energía se refleja y genera una onda secundaria ascendente, que puede interferir con el flujo aerodinámico del misil.
Las consecuencias posibles serian: turbulencia amplificada: El rebote podría intensificar las turbulencias en la capa límite del misil, afectando su estabilidad.
Interacción de ondas: Las ondas reflejadas podrían interactuar con las ondas de choque oblicuas del misil, generando zonas de presión fluctuante.
Riesgo de pérdida de control: En diseños no optimizados, esto podría desestabilizar el vehículo o alterar su trayectoria.
¿Cómo esta gran potencia militar mitigo este efecto? Los misiles hipersónicos modernos están diseñados para operar en entornos extremos. Algunas estrategias incluyen: Diseño aerodinámico adaptativo: Formas que minimizan la interacción destructiva con ondas reflejadas.
Control activo de vuelo: Superficies móviles y algoritmos que ajustan la trayectoria en tiempo real.
Materiales resistentes al estrés térmico y vibracional: Para soportar las cargas generadas por turbulencias intensas.
Si, este misil hipersónico estaba diseñado para compensar los efectos del rebote de onda de choque en vuelos rasantes, gracias a su arquitectura aerodinámica avanzada y sistemas de control adaptativo.
¿Cómo compensa el efecto rebote? Incorporando varias tecnologías para mitigar los efectos de la onda de choque reflejada desde el suelo:
Diseño aerodinámico optimizado: su forma está calculada para minimizar la interacción destructiva entre la onda de choque primaria y la reflejada.
Control de vuelo adaptativo: sensores y superficies móviles que ajustan la trayectoria en tiempo real ante turbulencias o rebotes.
Materiales resistentes al estrés térmico y vibracional: para soportar las cargas generadas por el vuelo a baja altitud y alta velocidad.
Capacidad de maniobra hipersónica: puede cambiar de altitud y dirección durante el vuelo, lo que le permite evitar zonas de rebote intenso o interferencias, orográficas/topográficas, incluido montañas y edificaciones altas.
Resumiendo: este misil hipersónico estaba diseñado para operar en entornos complejos, incluyendo vuelos rasantes sobre terreno irregular o urbano. Esto lo hacía prácticamente imposible de interceptar, y para un ataque letal y preciso a una velocidad de rayo.
Los ojos de los uruguayos no pudieron captar lo rápido que paso volando sobre sus cabezas.
Para los uruguayos solo segundos transcurrieron al paso de este dragón hipersónico, lo primero que se percato el humano es su sordera: El efecto de 150 dB en la población fue fatal: Ruptura de tímpanos. Desorientación y vértigo: por daño en el oído interno, la gente no podía permanecer en pie, y no sabia la causa de ello. La pérdida auditiva fue permanente. Se sumaba una sensación de presión torácica: el sonido se sintió como una onda física.
Aproximadamente 1.5 millones de personas en el sur de Uruguay oirían o sentirían el paso del misil, desde un estruendo ensordecedor hasta un zumbido. En un contexto de guerra, sin electricidad ni comunicaciones, este sonido es aún más impactante: una señal audible del colapso.
El impacto psicológico fue grande: impacto psicológico: por el estruendo y vibración.
El trauma acústico y la sensación de explosión sin impacto visible, agudizaron el terror y la conmoción colectiva.
Todos se hacían preguntas, pero los oídos estaban sordos, y sus cerebros no tenían las respuestas. Nadie sabía que pasaba, ni porque no podían mantenerse en pie, pero lo sufrían en carne y hueso. Lo mas serenos comenzaban a comunicarse en forma escrita, ya que los oídos no escuchaban, y todos los medios de comunicación de masa ya habían dejado de existir desde el primer día del conflicto.
Pero el primer efecto, además de ruido atronador ensordecedor, fue el impacto del golpe de choque generado por el misil. Misil que solo estaba de paso, rumbo a una meta-objetivo no dentro del país.
Se genero un pánico colectivo: por la intensidad y la percepción de peligro, por la desorientación y desconocimiento de lo que había ocurrido, sumado de que, por esa altura de la guerra, Uruguay no disponía de ninguna información de cómo esta se había iniciado en ese conflicto dantesco, del que muchos creían imposible, lejano, o “cosa no-nuestra”. La gente en carne propia ya sufría las primeras consecuencias colaterales de ella.
Demasiado rápido para ser visto por el ojo humano, pero si, ensordecedor, atronador.
Cuando un misil hipersónico surcó el cielo a muy baja altitud, generó, comprimió, el aire frente a él de forma extrema. Esto genero una onda de choque supersónica, que es una perturbación violenta en la presión del aire. Esta onda: se propagó en forma de cono desde el misil,
rebotando contra el suelo y estructuras cercanas.
Generó una presión de hasta 10 atmósferas en el eje de vuelo. Presión extrema: a Mach 10, el misil generó una onda de choque con presiones que superaron las 10 atmósferas cerca del trayecto. Esto equivale a una explosión sónica masiva que se propagó en todas direcciones. Y lo mismo la presión física; Las vibraciones destructivas: Las ondas de presión rompieron ventanas en un radio de varios kilómetros, colapsaron techos livianos, dañaron estructuras históricas y comprometieron edificios altos o mal mantenidos.
Nada de lo edilicio resulto ajeno al paso del misil, que en su paso rasante hipersónico fue algo comparable, en términos de efectos físicos y atmosféricos, con el ingreso de un pequeño meteoroide o bólido a la atmósfera terrestre.
Velocidad similar: el meteoro de Cheliábinsk en Rusia, 2013, ingresó a ≈19 km/s, (este misil, lo hizo a 3 Km por segundo, con energía cinética menor que la del meteoro) pero a Mach 10 se acercó a la velocidad de los meteoroides más lentos que generan ondas de choque perceptibles y catastróficas.
Pero este misil no estaba diseñado para ocasionar daño colateral en la ciudad, que solo estaba de paso, sino en el objetivo militar final, el Portaaviones.
Ambos generan una compresión violenta del aire, que se traduce en una onda de choque capaz de dañar estructuras y afectar a personas sin contacto físico. Pero el misil es un vector que, tanto puede entregar al objetivo una carga convencional, o nuclear, de impacto directo, según su cabeza de guerra.
Estas son las comparaciones y diferencias.
La otra diferencia clave, era que el misil está diseñado para mantener trayectoria controlada, y maniobrable para evitar obstáculos o ser interceptado por misiles interceptores, o sea: misiles-antimisiles. mientras que, el meteoro es natural y caótico, su destino es previsible.
Montevideo no era la meta, sino el camino, involuntario, de ese rayo fulminante.
Aunque el paso del misil hipersónico no genero un terremoto en el sentido geológico, su onda de choque indujo efectos sísmicos locales comparables a un sismo superficial de moderada magnitud, especialmente en zonas urbanas densamente construidas y con infraestructura envejecida.
El efecto fue de 10 segundos intensos a su paso, y de 4.0 en la escala de Richter. Pues genera una onda de choque atmosférica que se comporta como una explosión móvil.
Comprime el aire violentamente, generando presiones de hasta 10 atmósferas.
Se transmite al suelo como una onda mecánica superficial, similar a un sismo. Y genera o provoca vibraciones perceptibles en estructuras hasta 30 km del eje de vuelo.
Aunque un sismo de 4.0 no suele causar efectos catastróficos, en condiciones normales, en una ciudad con baja actividad sísmica y estructuras no preparadas para temblores como Montevideo, ocasiona consecuencias significativas, especialmente si ocurre en un contexto de vulnerabilidad de Uruguay debilitado y contaminado por la guerra mundial que acababa de comenzar.
El colapso urbano, sus efectos ya son nefastos: colapsos localizados, lesiones, interrupción de refugios y agravamiento del caos social.
Esta fue la trayectoria del misil crucero en su hiperTrayectoria: Desde Atlántida (Costa de Oro) → Ciudad de la Costa → Carrasco → Pocitos → Centro → Aguada → Cerro → Río de la Plata.
Salida: Hacia el oeste, cruzando el Río de la Plata rumbo al puerto de Buenos Aires.
Duró el cruce: ≈10 segundos. Uruguay ya sufría días antes las primeras consecuencias catastróficas colaterales del conflicto bélico nuclear mundial, este fenómeno fue algo singular y fortuito, pero que no hacia otra cosa que confirmar al uruguayo: el fin de los días estará muy próximo, y no hay salvación posible.
Repetimos como fueron esos 10 o 15 segundos; Población afectada:
Costa de Oro: ≈100.000 personas.
Ciudad de la Costa: ≈120.000 personas.
Montevideo (trayectoria directa): ≈500.000 personas.
Total estimado: más de 700.000 personas fueron afectadas.
Todavía no contabilizan el numero total de muertos, nada funciona en Uruguay desde el primer día de la guerra, no hay electricidad y las ondas EMP fundieron todos los circuitos electrónicos: no hay agua potable, de saneamiento, vehículos motorizados, radios, televisores, ni teléfonos, hospitales, ambulancias, transporte público o privado, ni el propio Estado, nada de nada, poco y nada hay para tratar heridos o enterrar muertos, las primeras estimaciones muestran un escenario de máxima letalidad, hipotético, de decenas de miles de víctimas mortales.
Las causas directas de muerte se mencionan en:
Ruptura de tímpanos y hemorragias internas por presión extrema (>150 dB)
Colapso de estructuras precarias (techos, paredes, balcones) edificios antiguos.
Proyectiles secundarios: fragmentos de vidrio, tejas, postes.
Accidentes masivos: no de tránsito, pues ya no funcionaba ningún vehículo con motor, pero si por caídas, estampidas, etc.
Ignición en zonas industriales: refinería, depósitos químicos, sin cuerpo de bomberos los incendios son inextinguibles.
Las muertes fueron indirectas, el misil no impacto ni exploto, sino solo sobrevoló parte de nuestro territorio, como ya lo habían hecho antes misiles balísticos por encima de nuestra soberana atmosfera nacional. La letalidad es alta pero no tan catastrófica como en un ataque directo.
Se los cuento, la trayectoria total del misil fue de unos 50 kilómetros, y el área afectada fue de un kilometro y medio a cada lado del eje de vuelo. Es decir: Hubo una franja de terreno de tres kilómetros a lo largo de su trayectoria.
¿Qué incluye esta superficie?
Costa de Oro: Atlántida, Parque del Plata, Salinas, Neptunia.
Ciudad de la Costa: Solymar, Lagomar, El Pinar.
Montevideo: Carrasco, Malvín, Pocitos, Parque Rodó, Centro, Aguada, Cerro.
Esta franja incluye zonas residenciales, comerciales, industriales, educativas y sanitarias. La densidad poblacional varía, pero en promedio supera los 14.000 habitantes por km² en Montevideo.
Consecuencias en Montevideo: Estructuras edilicias;
Edificios antiguos (Centro, Aguada, Ciudad Vieja):
Demoliciones de antiguos edificios.
Grietas en muros y columnas.
Desprendimiento de molduras, balcones, cornisas.
Riesgo de colapso parcial si los ya debilitados.
Casas precarias (Cerro, zonas costeras):
Colapso de techos y paredes.
Efectos de la onda de choque en la trayectoria
Zona de ingreso:
Carrasco y Canelones Este
Casas residenciales: Techos livianos y ventanas destruidas por la presión.
Aeropuerto de Carrasco: Ya estaba en desuso desde el primer día del conflicto.
Centro de Montevideo;
Barrios como Pocitos, Parque Rodó, Centro:
Fachadas de edificios altos se desprenden.
Vidrios rotos en torres de oficinas y apartamentos.
Conclusión: El misil afecto en su trayectoria, a una superficie de aproximadamente 150 km², con impacto directo en estructuras, personas y servicios dentro de esa franja. La intensidad del daño sería mayor en el eje central (bajo el misil) y disminuiría hacia los bordes laterales.
Efectos edilicios y subterráneos
Cimientos: vibraciones que pueden agravar grietas existentes o desestabilizar estructuras antiguas.
Cañerías: riesgo de roturas por presión diferencial o resonancia.
Cableado subterráneo: desplazamiento de ductos, cortocircuitos si aún hay energía residual.
Túneles y pasajes: riesgo de colapso parcial si no están reforzados.
La devastación no encuentra medidas del Estado para proteger a la gente.
¿Por qué el misil resulto “nefasto”?
A diferencia de un sismo natural, no hubo advertencia previa, y lo peor, el Estado uruguayo no supo crear autenticas estructuras de sobrevivencia para una población afectada por una guerra nuclear, tampoco se crearon refugios anti-nucleares para la población, con sus medios de subsistencia. Solo algunos ricos muy ricos habían creado tales refugios, pero les quedan días contados.
Al no disponer Montevideo de un Metro, la gente no encuentra donde refugiarse.
La onda de choque se combina con presión atmosférica, ruido extremo y vibración, generando un efecto multisensorial devastador.
¿Cómo se propagan esas vibraciones? La onda de choque comprime el aire violentamente.
Esa presión se transmite al suelo como una onda mecánica superficial, similar a un temblor.
Las estructuras rígidas (edificios, puentes, cimientos) amplifican y transmiten esa vibración.
En zonas urbanas, las redes subterráneas (cañerías, túneles, cableado) resuenan con la onda.
En un contexto post-nuclear, con estructuras ya debilitadas, el riesgo de colapso se multiplica.
Uruguay no ha sido atacado, todavía, directamente, pero ya sus consecuencias son catastróficas, a la falta de electricidad y telecomunicaciones, y de que, hospitales colapsados y vehículos inutilizados paralizan todo, se suma la situación de alta contaminación radioactiva ambiental, que agrava el paso del misil, y entonces, el cielo, opaco por la polución, vibra con un rugido de algo que no se ve.
Los contaminantes radioactivos en suspensión, las partículas radioactivas se redistribuyen por la onda de choque, por turbulencia.
Contaminación ambiental: redistribución de radionúclidos, ozono, óxidos metálicos es una triste realidad. Polvo radioactivo es reactivado por la onda de choque. Se liberan partículas metálicas y de ozono por fricción del misil con el aire.
Zona del Cerro y salida hacia el oeste
Puerto y refinería de ANCAP: Aumentan los incendios por vibraciones en instalaciones industriales.
Casas precarias: Colapsos parciales o totales en asentamientos vulnerables.
La refinería de ANCAP, abandonada, vibra como si fuera a estallar.
El misil desaparece sobre el Río de la Plata, dejando una estela de ozono y partículas metálicas. El aire se vuelve más denso, más tóxico. El silencio vuelve, pero ya nada es igual.
Barrios como Malvín, Pocitos, Parque Rodó, Centro, Aguada, y el Cerro concentran una gran cantidad de viviendas, escuelas, hospitales y oficinas.
En un corredor de unos 10 km de largo por 2 km de ancho, se estima que viven y transitan más de 500.000 personas, todas ellas resultaron afectadas.
En Uruguay el misil entro en una ciudad ya sin electricidad, sin luz ni agua, que yace en silencio y desesperanza, la gente está tomando conciencia de que la guerra fue la causante del colapso del país y sus servicios. El misil rompe esa quietud con un estruendo que sacude los cimientos.
Efecto sísmico local: Aunque no es un terremoto, la onda puede genera temblores similares, afectando cimientos y redes subterráneas como cañerías y cableado.
Acabo de recoger un testimonio de uno de los sobrevivientes al paso del misil:
Ubicación: Tres Cruces, Montevideo Narrador: XX, técnico en redes, refugiado en el subsuelo de una terminal abandonada
“No fue un terremoto. Lo sé porque los sismógrafos ya no funcionan. Pero lo sentí. Todos lo sentimos. Estábamos en el túnel bajo la terminal, donde antes pasaban los ómnibus. Ahora es un refugio. O eso creemos.”
“Primero fue el silencio. Ese tipo de silencio que solo existe cuando el mundo se apaga. Sin motores, sin radios, sin viento. Después, un zumbido. Como si el aire se tensara. Y entonces, el rugido.”
“El suelo vibró. Las paredes se agrietaron. El techo crujió como si algo lo aplastara desde arriba. Algunos gritaron. Otros rezaron. Yo solo me cubrí los oídos. No por el ruido, sino por la presión. Sentí que me explotaban los pulmones.”
“Cuando pasó, salimos. La ciudad estaba igual… pero muy distinta. Vidrios rotos, polvo en el aire, postes caídos. Gente que vagaba como zombis hablando solas, pero sin el sentido auditivo, se caían continuamente, había fuego, había humo. Solo ese eco, como si el cielo hubiera gritado.”
“Dicen ahora los expertos que podría haber sido un meteorito o un misil hipersónicos que cruzó desde Atlántida hasta el Cerro en pocos segundos. Que no tocó nada, pero lo sacudió todo. Yo no lo vi. Pero lo sentí. Y eso basta.”
Otro testimonio, “Las palabras bajo los escombros”
Testimonio de un escritor uruguayo.
“Yo vivía en el piso bajo del viejo edificio histórico de 21 de Setiembre y Bulevar Artigas, Punta Carretas, cuando el barrio tenía ese aire de elegante, con sus cafés cerrados y sus balcones que miraban el Parque Rodo, y a los juegos infantiles. Esa mañana, el cielo estaba más gris que de costumbre. No por nubes, sino por polvo radiactivo de la guerra desatada entre bloques militares.”
“El rugido llegó sin aviso. No fue un trueno. Fue como si el aire se partiera en dos. Las paredes vibraron. Los libros cayeron. El techo se agrietó como papel mojado. Yo me lancé bajo el escritorio, ese viejo roble que había resistido dictaduras y tormentas. Esta vez, resistió otra cosa.”
“Cuando todo se detuvo, el silencio fue peor. Salí entre los escombros. La fachada estaba abierta como una herida. En la calle, los autos estaban quietos, como si el tiempo se hubiera rendido. No había gritos. Solo polvo y ojos abiertos.”
“Caminé hasta la rambla. El río seguía ahí, indiferente. Pero Punta Carretas ya no era Punta Carretas. Era un recuerdo. Y yo, un testigo.”
“Escribo esto con lápiz, en una libreta que encontré entre los restos. Porque si algo aprendí, es que las palabras también sobreviven. Y que hay que contarlo. Para que no vuelva a pasar. Para que alguien, algún día, lea y diga: ‘Esto no puede repetirse’.”
También recogí el testimonio de un presidente que ya no lo es, pues ni el Estado funciona.
“El eco que no escuché”
Testimonio del presidente desde el búnker presidencial, Montevideo
“No fue una explosión. Fue algo peor. Un rugido que partió el cielo y dejó a la ciudad temblando. Debe haber sido un castigo divino. No hubo impacto, pero todo se quebró. Las ventanas, los muros, los edificios, las certezas.”
“Estoy en el búnker. Rodeado de concreto, pantallas apagadas y asesores que ya no asesoran. El aire huele a polvo, a cables quemados, a miedo. Afuera, Montevideo se sacude como un animal herido. Y yo, el presidente, me siento más pequeño que nunca.”
“Recuerdo las voces. Los pacifistas. Los científicos. Los estudiantes. Me pedían una rectificación. Me rogaban que no alineáramos nuestra política exterior con los bloques que empujaban hacia la guerra. Me hablaban de paz nuclear, de tratados, de humanidad. Yo los escuché. Pero no los oí.”
“Elegí el pragmatismo. La neutralidad estratégica. El silencio diplomático. Pensé que era lo correcto. Que Uruguay podía mantenerse al margen. Que no ser blanco directo era suficiente. Qué ingenuo.”
“Hoy, la electricidad se ha ido. Los hospitales están colapsados. Los vehículos no se mueven. Y el aire está lleno de partículas que no deberían estar ahí. No fuimos atacados. Pero fuimos alcanzados.”
“¿Qué es un presidente sin país? ¿Qué es un líder sin pueblo? Me pregunto si el poder sirve de algo cuando no puede proteger ni una sola vida. Me pregunto si las palabras que no dije podrían haber cambiado algo.”
“Si salgo de aquí, si queda algo con vida, algo que gobernar, juro que no volveré a callar. Juro que escucharé a los que claman por la paz, aunque sus voces sean débiles. Porque hoy aprendí que el silencio también mata.”
Yo sigo aquí, con mi lápiz ya sin punta, para poder describir más este espectáculo apocalíptico, para que alguien del futuro alguna ves lo descubra, y si entonces hay algún sobreviviente, y haya inventado una maquina para viajar en el tiempo, retroceda y advierta a la gente, de que, si no somos activos en el hoy, seremos radiactivos mañana.
Sebastian Bestard Molina
Escritor de ciencia ficción y analista político-militar. |
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