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Venganza infinita
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per Josep Alemany Correu-e: alemanyjcastells@gmail.com |
20 oct 2025
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Bajo un envoltorio deslumbrante, «Mystic River» (2003) contiene un mensaje de venganza infinita, que se inscribe en la política del gobierno de Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. ¿Cuáles son las características de la película?: apología de la violencia y del asesinato, personajes simplistas, situaciones inverosímiles, mala interpretación, tono ampuloso. A pesar de todo ello, ha recibido muchos elogios, lo que evidencia el grado de alienación de los críticos y de los cinéfilos en general. Clint Eastwood no es el continuador del cine clásico americano, sino su sepulturero. |
VENGANZA INFINITA
Al ponerme a pergeñar el borrador de esta reseña, me tiembla la pluma estilográfica. Estoy anonadado por la cantidad y la magnitud de elogios que ha recibido la última película de Clint Eastwood estrenada entre nosotros. A pesar de todo, no se me ha contagiado el entusiasmo.
«Mystic River» posee un buen envoltorio. Y una intriga policial bien hilvanada. Los personajes, sin embargo, son unidimensionales, sin auténtica grandeza trágica. Y el «mensaje» político es lo peor de todo.
El envoltorio, por supuesto, es atractivo, incluso deslumbrante, en el plano superficial: una constelación de actores consagrados, movimientos de cámara, montaje paralelo, saltos narrativos, iluminación, música... Eastwood, por lo demás, no duda en recurrir a la retórica convencional. Uno de los momentos culminantes de «Mystic River» es el montaje paralelo con la primera comunión y el descubrimiento del cadáver. Aquí el director, como ocurrirá a lo largo de toda la película, peca de demagogia lacrimógena. El tono es demasiado enfático, reforzado por la interpretación de Sean Penn, un amasijo de tics faciales.
La intriga criminal es, a mi juicio, el aspecto más logrado de «Mystic River». A medida que los dos inspectores investigan las pistas, compartimos sus hallazgos y equivocaciones, hasta que al final encajan las piezas del rompecabezas. Con todo, no hay que dar demasiada importancia a esa faceta. Al fin y al cabo, responde a un trabajo de buena artesanía.
LEJOS DE «ANTÍGONA» Y DE «MACBETH»
Los personajes son, sin lugar a dudas, el aspecto menos logrado. Monolíticos y chatos, no se sienten atormentados por ningún dilema. Francamente, no entiendo cómo se puede hablar de tragedia griega, clásica o lo que sea a propósito de «Mystic River». En la tragedia griega —el ejemplo, de manual de literatura, es «Antígona», de Sófocles—, surgen contradicciones, los personajes están habitados por fuerzas antagónicas (en el caso de «Antígona», el amor a sus hermanos y las leyes de la ciudad). El protagonista de «Hamlet», para citar otro tipo de tragedia, es presa de dudas constantes. En cambio, el personaje principal de «Mystic River», Jimmy Markum, impulsado por la sed de venganza, actúa de un modo rectilíneo, sin vacilaciones ni matices. Cuando las sospechas de Jimmy recaen sobre Dave Boyle, sigue adelante, impertérrito, con su idea fija. Aunque se trate de su amigo de infancia y Dave haya sido víctima de una violación homosexual, Jimmy no flaquea ni una milésima de segundo, no le asalta ninguna duda.
«Mystic River» se convierte en una apología del asesinato en nombre de la venganza, mostrándose indiferente al sufrimiento de los inocentes. Cuando Annabeth se entera de que su marido ha matado a Dave, no siente ni pizca de compasión. Al contrario, asistimos a una auténtica exaltación de la crueldad y la violencia. A propósito de esta escena entre los dos, algunos han comparado a Annabeth con Lady Macbeth. Se olvidan de mencionar, sin embargo, que Shakespeare en ningún momento ensalza su comportamiento. Eastwood, en cambio, filma la escena de una manera complaciente y comprensiva. Glorifica a Jimmy Markum, pues quiere dar las dimensiones de héroe trágico a un matón de barrio psicópata, a un monstruo cruel.
El único personaje presa de fuerzas antagónicas es el policía, Sean Devine. Pero sólo superficialmente y, al final, también acaba aceptando el asesinato cometido por Jimmy.
Esa actitud tiene, desde luego, connotaciones sociales y políticas. El crítico norteamericano Jonathan Rosenbaum, en su reseña publicada en el «Chicago Reader», escribe lo siguiente: «Lo que más me disgusta de “Mystic River” es la justificación emocional, que no lógica, de este asesinato [el que comete Jimmy], una justificación que me recuerda la aparentemente orgullosa indiferencia de George W. Bush al destino de los 152 prisioneros ejecutados cuando era gobernador de Texas».
El asesinato que perpetra Dave va en la misma línea, lleva implícita la suposición de que, como la víctima había cometido abusos sexuales, merecía morir.
«Mystic River» se inscribe en la política oficial de venganza infinita surgida en Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, sin tener en cuenta que el autor de los atentados «fue ante todo una creación del servicio secreto norteamericano» (Eduardo Subirats, «Violencia y civilización», Editorial Losada, p. 80).
Rosenbaum ha captado muy bien el «mensaje» de «Mystic River»: «Jimmy, a pesar de sus defectos, es presentado como un personaje grandioso. El deseo de venganza —por ilógicas, equivocadas y desastrosas que sean sus premisas— es probablemente la emoción más defendida en las películas americanas actuales y en la política americana actual. Se considera tan noble y honrada que para algunos justifica la pérdida de libertades civiles, así como la pena capital, las guerras santas y los daños colaterales. Aunque mueran las personas equivocadas, al menos sabemos que nuestras intenciones eran buenas».
SITUACIONES INVEROSÍMILES
El carácter unidimensional de los personajes tiene consecuencias desastrosas: un conjunto de excelentes actores naufragan en las aguas del «Mystic River» y nos ofrecen una interpretación pobre, forzada, repetitiva. La palma del martirio se la lleva Sean Penn: su derroche de muecas y lágrimas se queda en una versión caricaturesca del auténtico dolor. Después de Sean Penn, la que sale peor parada es Marcia Gay Harden, pésima aquí, excelente en «Pollock».
La pobreza de los personajes se debe a que el argumento y las situaciones son simplistas e inverosímiles. Se trata de una concatenación mecánica de crímenes y desgracias, sin alcanzar las dimensiones de una auténtica tragedia.
El comportamiento de Boyle y su mujer es de lo más inverosímil y absurdo. (Dicho sea de paso, el trabajo del psiquiatra Boris Cyrulnik con los traumas de infancia da un rotundo mentís al fatalismo de «Mystic River».) Es inverosímil que Celeste crea en la culpabilidad de Dave y que acepte su asesinato sin chistar. También es inverosímil que Dave le confiese a Jimmy un crimen que no ha cometido, mientras que en la comisaría ha sabido escabullirse del interrogatorio. Es inverosímil... En fin, vale más que no nos lancemos a enumerar incongruencias, porque no acabaríamos nunca.
La sed de venganza ha dado pie a un sinfín de películas. Me limitaré a dos ejemplos situados en las antípodas de «Mystic River». En «Los sobornados» («The Big Heat», 1953), Fritz Lang plantea la cuestión de la violencia y su autolimitación. En el enfrentamiento final, Dave Bannion (Glenn Ford), vencedor, renuncia a la venganza y no aprieta el gatillo contra Vince Stone (Lee Marvin). En «Bajos fondos» («Underworld USA», 1961), de Samuel Fuller, frente a la sed de venganza del protagonista, su novia intenta ayudarlo a dominar la violencia, le señala los peligros de su obsesión. En «Mystic River» se echa en falta un personaje antagonista que exprese una alternativa a la violencia irracional de Jimmy y Dave.
Apología de la violencia y el asesinato, personajes simplistas, argumento inverosímil, mala interpretación, tono ampuloso... No, «Mystic River» no es, ni mucho menos, una obra maestra. Es representativa, eso sí, de cierta tendencia del cine actual: un envoltorio efectista, con la intención de encandilar al espectador, pero, por dentro, poca calidad y mucha demagogia.
La mayoría de los críticos presentan a Clint Eastwood como el continuador del cine clásico americano. Es, en realidad, su sepulturero. De los géneros que toca —western, biografía de músicos, cine negro, boxeo…—, ofrece versiones pobres y simplistas, muy lejos de los mejores títulos clásicos.
No vale la pena analizar tota su filmografía. Entre otras razones porque no es nada interesante. Con «Mystic River» es suficiente. Por hoy… y para siempre.
Josep Alemany
«Mystic River». Estados Unidos, 2003. Título original: «Mystic River». Dirección: Clint Eastwood. Guion: Brian Helgeland, basado en la novela de Dennis Lehane. Interpretación: Sean Penn (Jimmy Markum), Tim Robbins (Dave Boyle), Kevin Bacon (Sean Devine), Marcia Gay Harden (Celeste Boyle), Laura Linney (Annabeth Markum), Laurence Fishburne (Whitey Powers). |
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Comentaris
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Re: Venganza infinita
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per no actor |
23 oct 2025
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Menos mal que vivimos en la realidad y no en una típica película americana. Porque hablar de una cultura de mierda en público? Aburrido de tu vida, Josep? A quien interesa esto? Como mucho a otrxs aburridxs, eh? La burgeosia intenta mantenernos durmidos mediante sus espectaculos cinematograficos preparando el terreno para sus próximos experimientos con la humanidad...
Tristemente consiguen mucha atención en circulos 'artisticos' ya que es la manera de querrerse hacer 'famoso' o 'rico' en un mundo cada vez más loco. El sueño americano se convirte en una pesadilla para las personas que intentan mantenerse ajenas de sus putas tragedias de hollywood. Que se comen sus peliculas de mierda con patatas fritas! |
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