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Notícies :: corrupció i poder |
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El fuego que no cesa
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per Marusia Niki Forova |
15 ago 2025
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Hace años estuve por la zona de Los Ancares leoneses y tras el paso por diversos pueblos como Aira da Pedra, llegamos a Campo del Agua caminando más de siete kilómetros, durante unas dos horas, a través de una pista forestal de tierra, apenas transitada, y en la que solo coincidimos con una manada de ciervos que pacían tranquilamente. |
En Campo del Agua nos encontramos con unas pocas pallozas, las antiguas casas tradicionales de esa zona, la mayoría de ellas se veían calcinadas y solo quedaba en pie sus muros de piedra. Seguimos el pequeño "torrente" artificial que nos dirigía hacia las casas, y allí encontramos a una mujer lavando ropa con jabón hecho con grasa de animales y tras saludarla, nos quedamos un rato hablando con ella, preguntándole sobre cómo vivía y cómo es que se habían quemado esas pallozas. La mujer, mientras golpeaba y frotaba la ropa sobre una roca por la que circulaba el agua, nos contestó que las administraciones no habían enviado a los bomberos porque preferían dejarlas arder y que solo se habían librado del fuego un par de pallozas, una era la suya en la que estaba viviendo, pero que pasaba los crudos inviernos en la población más cercana.
Aún extrañadxs por ese abandono, seguimos preguntando y nos explicó que la zona esta alejada y no había carretera de acceso asfaltada y las administraciones preferían que se quemaran las casas, porque así no tenían que desplazar efectivos por la pista forestal, a un lugar tan retirado y con tan pocas viviendas, y que esa era la realidad política que seguían en la zona. También nos habló de la dificultad que tenían para la reconstrucción, pues ya no se cultiva el centeno con el que cubren e impermeabilizan sus tejados. Las pallozas o teitos, son construcciones que se les supone un origen celta y propias de esa zona de León y la parte colindante de Lugo que conforma la comarca de Los Ancares. La disposición interior también siguen culturalmente la tradición celta de tener animales dentro de casa y junto a los camastros donde van a dormir y un fuego a tierra, siempre encendido con un enorme caldero colgado con una cadena del techo, que pueden hacer rotar fácilmente, y en el que siempre pueden encontrar algo con lo que calentarse y alimentarse.
Esa misma disposición en casas labriegas en los alrededores de Los Ancares, lo pudimos ver en construcciones no tan antiguas y con dos plantas, en Fabero, y en las que encerraban por la noche a los animales en la planta baja, para que el calor de sus cuerpos subiera a la planta de arriba donde estaban las camas. También tenían el fuego a tierra y el caldero colgado con una cadena de un brazo giratorio que les permitía separar fácilmente el caldero del fuego.
Los incendios no solo arrasan la naturaleza, queman vivos a los animales, humanos y no humanos, que habitan esos espacios y destruyen bienes materiales, sino también acaban con un legado cultural e histórico importante, de manera que, como hicieron los invasores europeos en Abya Yala, luego, tras la desaparición de todo vestigio, resulta sencillo reconocerse como los pobladores originarios y alimentar mitos y cualquier patriotismo.
La recuperación de las pallozas solo ha interesado a las administraciones cuando detrás han visto la posibilidad de obtener beneficios con el turismo, creando un parque temático que convierte la cultura, no en conocimiento de nuestros orígenes, sino como otras formas de divertimento y ocio asociadas a las rutas gastronómicas, hoteleras y de turismo de aventura y "riesgo" que, en vez de integrarse en la zona, arrasa y destruye con sus invasiones multitudinarias esos espacios naturales y convierte a sus moradores en parte del casting involuntario en el que deben de interpretar el papel que les demandan los "invasores".
Contrasta el interés que tienen esas administraciones, que no son más que "emprendedores" instrumentos para abrir vías de negocios privados, con su desinterés en preocuparse por las necesidades de los entornos rurales y la falta de todo tipo de servicios y recursos que tanto escasean en esos territorios, con la única intención de explotarlos y exprimirlos económicamente mucho más. El dinero de los presupuestos que deberían invertirse en esas infraestructuras públicas inexistentes, acaba en las cuentas de empresas o en los bolsillos de políticos, familiares y amigos. No importa que esos presupuestos no sean millonarios, hoy es difícil encontrar una administración, por muy pequeña que sea, que no dilapide o desvíe fondos públicos hacia sus intereses, y eso lo consiguen de múltiples maneras.
Los incendios ponen en evidencia las carencias en las que, por más que digan que han ampliado los presupuestos para esas partidas, se demuestra que eso que llaman "ampliación de presupuestos", significa privatizar recursos y precarizar la parte pública que solo dejan como muestra para encubrir su indignidad y corrupción.
Si escuchamos a cargos políticos, como por ejemplo al consejero de la presidencia de la Junta de Extremadura, descubriremos como en su discurso, una vez más, desvía la responsabilidad hacia las actuaciones de "voluntarios", residentes de la zona, que no obedecen a la autoridad, y se quedan en su población para intentar evitar el avance de las llamas hacia sus casas y sus animales, quien los tenga, y para los que ninguna administración ofrece ayudas ni le interesa disponer de medios o recursos para su evacuación.
Desde los gobiernos, sin importar su posible ideología, no apoyan ni permiten que el ganado pueda pastar libremente por los montes, ni que se pueda recoger madera seca de árboles caídos, ni mantienen las brigadas forestales todo el año, para que puedan hacer un trabajo de prevención durante los meses en los que hay más humedad y menos calor. Antaño, y para desviar los fondos dedicados a esos trabajos en los montes, las administraciones utilizaron personas presas y esas partidas presupuestarias se desviaban hacia supuestas empresas creadas con mano de obra de los reos, o directamente a los altos responsables de gestionar dicho presupuesto. Cuestiones como estas no se deberían repetir, el trabajo de prevención deberían de estar en manos de personas realmente preparadas para ello y dependiendo de la administración pública en vez de las empresas privadas, que siempre evitan la formación y los medios porque así reducen costes y obtienen mayores beneficios, sin importarles más vida que la suya.
Hoy vemos que las administraciones, aparte de obligar a que la mayoría de trámites se hagan virtualmente reduciendo la contratación de personal, tienen la política de derivar ciertas tareas hacia el "voluntariado" y no a la contratación de personas capacitadas. Sin embargo para esas labores "voluntarias", también hay partidas presupuestarias que, al tratarse de "voluntariado", solo les dan una acreditación y con suerte un chaleco identificativo para que desarrollen una tarea sobre la que, probablemente, no tengan mucho conocimiento y experiencia, y sí más voluntad y necesidad de ocupar su tiempo libre con una actividad que tranquilice sus conciencias y les haga sentir y creerse que hacen una labor "humanitaria" necesaria e imprescindible, sin plantearse las causas que provocan la situación para la que realizan esa labor exclusivamente asistencial y que reafirma y enmascara las causas que la crean.
A ningún político le interesa repensar sobre las causas de las catástrofes que se producen, la mayoría como consecuencia de la actuación humana e industrial, pues entienden que no están ahí para eso y hacerlo, supondría una limitación de beneficios destinados a entidades empresariales y financieras que les apoyan y financian para acceder al gobierno.
Las administraciones no están al servicio de las personas, sino de los beneficios empresariales. Estoy seguro que si hoy fuera a Campo del Agua, me encontraría un paisaje totalmente cambiado, con pallozas restauradas para que se pueda hacer "turismo rural o verde". Hasta es posible que hayan mejorado el acceso en vehículo y les interese tener a personas en épocas turísticas para que todo el mundo pueda hacerse un "selfie" y subirlo a redes sociales.
En nuestro paso por Aira da Pedra, ya en aquella época había un bar junto a un río de aguas cristalinas y, en la zona al lado del bar, el fondo se veía cubierto de chapas metálicas de botellas y latas de todo tipo de bebidas.
El viaje lo continuamos por Los Ancares de Lugo y llegamos hasta Piornedo, allá habían convertido una palloza en museo en el que se podían ver aperos, herramientas, telares y todo tipo de utensilios que se utilizaban antaño, muchos de ellos en desuso o desaparecidos.
Es muy probable que actualmente esta palloza museo sea lugar de paso obligado para el turismo, cuando nosotrxs estuvimos por ahí apenas había alguien, salvo quien se encargaba de abrir y cerrarlo que, al ser lxs únicxs visitantes, nos fue explicando algunas de las curiosidades como que, con el calor doblaban varas para hacer bastones, o cómo tejían en el viejo telar y obtenían los hilos, o las hierbas que cubrían el tejado, de sus propios cultivos y que, en el momento que nos lo explicaba, tenían problemas para restaurarlos porque esos cultivos se habían abandonado. Nos explicó que había varias pallozas solo con los muros de piedra, precisamente por causas como esa. Las administraciones subvencionaban otro tipo de cultivos y hacían caer los precios de los cultivos tradicionales, lo que provocaba que se fuese abandonando paulatinamente lo que les había convertido en comunidades casi completamente autosuficientes.
Vivimos en un mundo tecnológico e industrializado, pero no todo el mundo se beneficia de ello, pues ese "desarrollo" está enfocado a donde hay gran concentración de población, originada a raíz de los flujos migratorios provocados por las sistemáticas y continuas actuaciones desde las administraciones, que han hecho difícil o imposible la vida en el mundo rural, contraponiendo las imágenes de un supuesto "progreso" en las grandes ciudades, en donde se pueden encontrar todo tipo de servicios que, antaño también existían en los pueblos, pero que se han ido cerrando con la excusa de falta de rentabilidad o haciéndonos sentir que no eran servicios, sino gasto público.
Es por eso que cuando arden los montes por acciones deliberadas o accidentales, me aterra porque me golpeó esa experiencia en la que, las administraciones responsables de sofocarlos, permitían y dejaban que los fuegos avanzaran y devastarán parte de los territorios y las vidas que viven en ellos, sin mostrar ningún sentimiento de dolor y convirtiendo esas vidas arrasadas, en "daños colaterales" para el avance de sus megalómanos y beneficiosos proyectos devastadores, sin importarles los daños que ocasionan, ni plantearse el sinsentido de instalarlos en esos lugares. Lo que les importa es mover grandes cantidades de dinero en las reconstrucciones y hacerse con las millonarias comisiones que se van a llevar por aprobar recalificaciones de terrenos, para absurdas instalaciones.
Al igual que la catastrófica dana de Valencia, ante estos incendios se reacciona tarde y con escasez de medios, porque lo importante no es disponer de infraestructuras de prevención, sino la construcción de todo lo destruido, y cuando más, mejor y más grande será la parte que se llevarán empresarios y políticos. También vemos como ante situaciones como esas, muchas aseguradoras se desentienden o evalúan muy por debajo lo asegurado, de manera que las personas que han perdido los medios para su forma de vida, deban continuar en penosas condiciones o emigrar.
En catástrofes como estas, el pueblo siempre aparece muy presente y mostrando su solidaridad. De hecho hemos visto en muchas ocasiones, como había administraciones haciendo llamamientos a que no se enviasen más alimentos u otros tipos de ayudas materiales que no fueran dinero en metálico, dejando que los enseres, ropas, calzados o alimentos se quedaran almacenados y abandonados en naves, pudriéndose. Uno de los proyectos del capitalismo son las grandes ciudades, "inteligentes" tecnológicamente y estúpidas humanamente, para las que se emplearán la mayoría de tecnologías y agotarán recursos naturales y en donde las poblaciones trabajadoras emigraremos a los márgenes, a sus periferias, porque seremos la mano de obra y de servicio para quienes vengan a ocuparlas.
La corrupción es la radiografía de este sistema y está en el ADN de las distintas manifestaciones del capitalismo que, como comprobamos en todas estas tragedias y en las guerras, las clases populares siempre somos vidas prescindibles y desechables. Por eso es preciso mantener muy viva la lucha de clases y extender la conciencia contra todos esos criminales desde todo tipo de organización, tanto individual, colectiva, formal e informal, para socavar todos esos cimientos que sustentan este devastador sistema. |
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