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Notícies :: educació i societat |
La pérdida del vector social en el Anarquismo Brasilero de los años 1930
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per Felipe Corrêa |
16 abr 2008
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LA PÉRDIDA DEL VECTOR SOCIAL EN EL ANARQUISMO BRASILERO DE LOS AÑOS 1930
Felipe Corrêa
El anarquismo, desde su surgimiento hasta hoy, nunca dejó de ser importante en su crÃtica al capitalismo y al Estado. Por lo tanto, cabe discutir por que, a partir de la década de 1930, el anarquismo brasilero deja de tener la visibilidad social que venÃa teniendo hasta entonces. Lo que nos parece, es que el anarquismo no desaparece como propuesta ideológica contundente y consciente, mas pierde el vector social que en aquel momento era representado por el sindicalismo, conforme comenta el historiador Alexandre Samis:
“Fue sin sombra de dudas, el sindicalismo revolucionario el responsable del primer vector social conseguido por los anarquistas en los grandes centros brasileros. Como querÃa Malatesta, los anarquistas deberÃan entrar en todos los campos que susciten contradicciones en el capitalismo y ahà hacer que funcionen de la forma ‘mas libertaria posible’. En el medio sindical la orientación no era diferente.â€? [Samis, Alexandre. Pavilhão Negro sobre Pátria Oliva: sindicalismo e anarquismo no Brasil.]
Algunos factores, tales como el vÃnculo de los sindicatos al Estado, la represión y la ofensiva bolchevique, contribuyeron para la perdida del vector social, que era constituido en esa época por el sindicalismo. La pérdida del vector social ocasiona, la tal pérdida de visibilidad del anarquismo en Brasil. AsÃ, los anarquistas van a abrigarse en las ligas anticlericales, en los centros de cultura, ateneos, escuelas, colectivos editoriales y de dramaturgia, etc. que eran y son propuestas interesantes, cuando están ligadas a un movimiento social real, por que solas no son iniciativas capaces de realizar la propaganda necesaria, ya que la mayor y mas efectiva propaganda, ocurre cuando está respaldada por una práctica social concreta.
Samis continúa su reflexión sobre el tema, argumentando que: “la crisis del sindicalismo revolucionario quitarÃa de los anarquistas su vector social; sin espacios para la inserción, [...] los libertarios pasan a organizarse en grupos de cultura y preservación de la memoria.â€? [Idem.] Ya habÃa sido instalado, dentro y fuera de Brasil, que el vector social, o sea, la presencia de los anarquistas en los movimientos populares y en la lucha de clases, es fundamental para un anarquismo que pretenda apuntar a la constitución de una nueva sociedad. Un ejemplo de las reflexiones entorno de este fenómeno es encontrado en José Oiticica que, aún en la década de 1920, alertaba para ese problema, colocado y discutido ampliamente por los anarquistas en el inicio del siglo en el Congreso Anarquista de Ã?msterdam en 1907. Oiticica defiende la posición propuesta por Malatesta en el Congreso, en oposición a de Monatte; para Malatesta el sindicalismo no “se bastarÃa a si mismoâ€?, como defendÃa Monatte; el sindicalismo serÃa un optimo campo para la difusión del anarquismo, un medio, un vector social que, en buen funcionamiento, conducirÃa al fin necesario, lo que según él, serÃa la anarquÃa.
Aún en 1923, en Brasil, Oiticica alerta por la falta de trabajo ideológico y la formación de grupos anarquistas especÃficos, para el trabajo dentro de los sindicatos, que serÃan capaces de sustentar su práctica revolucionaria. Muchos anarquistas habÃan entendido que la única actividad del militante anarquista serÃa la actuación sindical, y, si eso reforzaba el trabajo inmediato del dÃa a dÃa por un lado, por otro debilitaba la doctrina y las prácticas polÃticas ideológicas. Oiticica criticaba a los anarquistas que, en aquel momento, daban mucha atención a la acción sindical y poca a la actividad ideológica.
Reflexionando sobre la pérdida del vector social del anarquismo y la posición de Oiticica, Samis afirma que: “una vez perdido el vector social y sin organizaciones especÃficas capaces de soportar el enfrentamiento ideológico, de mayor duración, no fue posible para los anarquistas encontrar, de inmediato, otro espacio de inserciónâ€?. [Samis, Alexandre. Anarquismo, “bolchevismoâ€? e a crise do sindicalismo revolucionário] La dedicación prácticamente exclusiva al sindicalismo confundÃa el medio con el fin, el vector social con la ideologÃa. En su crÃtica, Oiticica tenÃa razón, pues una vez que se pierde ese vector, los anarquistas no tendrán mas la capacidad de elegir uno nuevo, ya que no estaban organizados ideológicamente.
Esa argumentación de Oiticica, que tiene por base diferenciar los niveles de acción social y polÃtico, habÃa sido desarrollada en el siglo XIX por Bakunin. Él definió que el ambiente de formación y de unión entorno de la ideologÃa, o sea, el grupo anarquista especÃfico, serÃa el nivel polÃtico, representado en la época por la Alianza de la Democracia Socialista. El nivel social, o el movimiento social y popular, serÃan la movilización y agitación obrera de masas, que sucedÃan en la época en el seno de la Primera Internacional, o AIT. Encima de este mismo análisis, Oiticica, asà como Bakunin, buscó defender una forma de actuación en que el vector social no suprime la idea del grupo polÃtico, ideológicamente anarquista. Fue entre otros factores, la confusión entre los niveles de actuación que terminó por condenar el anarquismo brasilero a la pérdida de su único vector social de la época, y que nunca mas serÃa retomado en las mismas proporciones.
* Felipe Correa es militante de la Federación Anarquista de Rio de Janeiro(FARJ). |
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Anarquismo Especifista
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per Felipe Corrêa |
16 abr 2008
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ANARQUISMO ESPECIFISTA
Felipe Corrêa
ORGANIZACIÓN E INSERCIÓN SOCIAL
El anarquismo especifista reivindicado por la Federación Anarquista de Rio de Janeiro (FARJ), o simplemente “especifismoâ€?, es una concepción de organización anarquista. TraÃdo de Uruguay, el término “especifismoâ€?, se refiere a los ejes fundamentales que marcan la actuación anarquista: la organización y la inserción social, basados en los conceptos clásicos del anarquismo, que son la actuación diferenciada en los niveles polÃtico y social, (concepto de Bakunin) y la organización especÃfica anarquista, (concepto de Malatesta). Los primeros en utilizar este término fueron los compañeros de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), a pesar de que se referÃan a una forma de organización que comenzó a desarrollarse en el siglo XIX y que fue perfeccionada en durante el siglo XX. En su Declaración de Principios, la FAU relaciona el concepto de especifismo con el de anarquismo organizado:
“Nuestra crÃtica y nuestro proyecto no se agotan en el levantamiento, la protesta y la rebelión sino que maduran en un modelo de sociedad libertaria inconfundiblemente socialista, en una estrategia de ruptura revolucionaria y en un estilo militante combativo y de agitación permanente en dirección a las transformaciones sociales en gran escala. Este proyecto se canaliza a través de la organización revolucionaria especÃfica y es por tanto, lucha organizada.â€? [FAU. Declaración de PrincÃpios]
La organización y la inserción social no son defendidas por todas las corrientes anarquistas. Sabemos que el anarquismo es bastante amplio y por eso abarca diversas concepciones, muchas de ellas contradictorias.
El especifismo defiende una posición clara en la polémica histórica sobre la cuestión de organización y de la práctica anarquista, es por eso que tiene en su primer eje la organización. En primer lugar, defiende que los anarquistas deben organizarse especÃficamente, como anarquistas, para entonces trabajar con los movimientos sociales. En este modelo organizacional vale la idea que, para actuar con eficiencia en la lucha de clases, es preciso que los anarquistas estén organizados, en el nivel polÃtico como un grupo de cohesión, con discusión polÃtica e ideológica avanzada, con una estrategia bien definida, de forma que eso les dé fuerza suficiente para actuar en el ámbito de las luchas de los movimientos sociales.
La organización especÃfica anarquista, que trabaja en el ámbito polÃtico, actúa en el seno de la lucha de clases, en los movimientos sociales y populares, que constituyen el ámbito social. En este trabajo, los anarquistas, organizados como minorÃa activa, los influencian en cuanto pueden, haciéndolos funcionar de la forma más libertaria posible. Organizados como un agrupamiento especÃfico de cohesión, los anarquistas constituirán una fuerza social mucho mayor y podrán funcionar como un elemento sólido de influencia y persuasión, que tendrá menos chance de ser “atropelladoâ€?, por un partido de izquierda, por autoritarios de cualquier estirpe, por la iglesia, otros individuos y grupos que tentan a todo hora usar el movimiento social para su propio beneficio.
El segundo eje del anarquismo especifista es la inserción social. La idea de inserción social está ligada a aquella búsqueda del vector social perdido por el anarquismo, cuando este terminó por desligarse de la lucha de clases y de los movimientos sociales. Con el episodio del alejamiento de los anarquistas del movimiento sindical en Brasil, ocurrido entre los años 1920 y 1930, hay una pérdida de ese vector social del anarquismo, que termina por organizarse en centros de cultura, ateneos, escuelas, etc. La inserción social refuerza la idea de que los anarquistas deben buscar, además de estos aspectos de refuerzo de la memoria y de la promoción de la cultura libertaria, principalmente tener un papel relevante en la lucha de los movimientos sociales y populares. Muchos tienen un poco de recelo con el término “inserción socialâ€?, por que lo asocian al viejo “entrismoâ€?, de la izquierda autoritaria en movimientos para intentar aparejarlos, o hacerlos funcionar en su propio beneficio. En realidad, eso no es verdad. Este concepto de inserción social de los anarquistas está ligado, solamente, a la idea de retorno organizado de los anarquistas a la lucha de clases y a los movimientos sociales. No en un sentido de vanguardia, de luchar por el movimiento, sino defendiendo la minorÃa activa que lucha con el movimiento.
Hay algunas otras ideas que caminan junto con los conceptos presentados encima. Por ejemplo, la crÃtica a la falta de organización de la mayorÃa de los anarquistas, proponiendo por lo tanto, esa forma de anarquismo organizado, orientado por la concepción de organización especÃfica explicada anteriormente. Hay también una clara oposición al anarquismo individualista y a la exacerbación de los egos, proponiendo una forma de anarquismo comunista o colectivista, que hace de la libertad colectiva su norte estratégico y que sin ella, considera imposible la libertad individual. Esa forma de organización se opone al modelo sintetista, por creer que no funciona, colocar una serie de individuos y organizaciones bajo el “paraguaâ€? del anarquismo, simplemente realzando una identidad alrededor de la crÃtica – pues generalmente solo hay acuerdo en la crÃtica del Estado, del capitalismo, de la democracia representativa – o mismo de la sociedad futura; eso por que no hay ninguna unidad en términos organizacionales, o en las cuestiones constructivas. O sea, no hay una posición clara entorno de la forma de organización adecuada, en “como actuarâ€?. Muchos anarquistas no consideran la organización tan necesaria y otros la hallan hasta autoritaria. En el modelo de organización especifista, se defiende la idea de trabajar con unidad táctica y teórica, lo que facilita enormemente el trabajo con proyectos estratégicos bien definidos y con todos trabajando en el mismo sentido. En esta forma de organización, hay también un papel preponderante para la cuestión de la responsabilidad y del compromiso, lo que veremos con algunos detalles a seguir.
ÉTICA Y RESPONSABILIDAD
Junto con la noción de organización e inserción social, caminan dos principios: la ética y la responsabilidad.
La ética es entendida siempre como un sinónimo del anarquismo, constituyéndose en su “espina dorsalâ€?. No debe ser entendida como un sistema de ideas y valores teóricos; no aplicables, sino como un principio aplicable, de valores que toma en cuenta los intereses colectivos y universales; que define los principios de conducta. La ética anarquista es justamente una necesidad de coherencia entre nuestra conducta y los principios que defendemos, en el caso de la FARJ, por ejemplo, libertad, federalismo, autogestión, internacionalismo, acción directa, clasismo, práctica polÃtica, inserción social y apoyo mutuo.
La ética se diferencia radicalmente de la moral. La moral es algo que se coloca de fuera para dentro, un contenido no elaborado y que por medio de la coerción, se acepta, o simplemente se somete a ella. Distintamente, la ética es algo que viene de dentro hacia fuera, o sea, algo que es procesado, pensado sin coerción, que después norteará la conducta. La moral puede ser considerada una victoria sobre el individuo, al paso que la ética es el “vencer con� (o convencer), siendo la conducta orientada por la ética el resultado de la elaboración y del procesamiento de los conceptos.
Se relacionó mucho, durante la historia del anarquismo, la ética con la coherencia entre los medios y los fines. Por eso se defiende una forma de actuación, que sea adecuada con el fin que se desea alcanzar, la llamada coherencia entre los medios y los fines. Se entiende que si la lucha tiene por objetivo la libertad, debe ser hecha en libertad. Eso se explica de diferentes formas, desde rechazando un medio autoritario como el Estado para llegar a la libertad – el concepto marxista de socialismo –, hasta defendiendo una actuación honrada, Ãntegra y honesta polÃticamente, muy al contrario de las historias de militancia de Netchaiev, por ejemplo, que creÃa que todo valÃa la pena, para llegar a la revolución, mismo mintiendo, engañando, chantajeando, traicionando compañeros, etc.
En la propia historia del anarquismo en Rio de Janeiro, se relacionó bastante a la ética con el respeto mutuo, entendiéndola como un principio que exigirÃa la necesidad de respetar a los compañeros de lucha y hacer del ambiente polÃtico un lugar de solidaridad, sea con militantes antiguos, sus compañeros, sea con los nuevos interesados. Se recomienda asÃ, una consideración a la pluralidad de ideas, un derecho a la manifestación y a la voz, siempre tratando a las personas con el debido respeto y repudiando conductas antisociales, desagregadoras y divisionistas. [CELIP. Ética no CELIP]
Además se puede relacionar le ética con la responsabilidad, de la forma que lo hizo Ideal Peres, cuando afirmo que “un sujeto que tiene una ética libertaria sabe por que está luchando y consigue explicar los motivos ideológicos de la lucha, tiene compromisos y autodisciplina para llevar a cabo las tareas asumidasâ€?. En esta relación Ideal Peres, que siempre reforzó los valores de ética y responsabilidad, coloco la necesidad de los militantes anarquistas, de conocer los motivos de la lucha, es decir, contra lo que se lucha y por lo que se lucha, consiguiendo justificar ideológicamente sus argumentos. El compromiso y la autodisciplina serÃan fundamentales para colocar en práctica esa ética libertaria, siendo por lo tanto antiéticos, los anarquistas que defienden una posición muy común en el universo libertario de descompromiso e irresponsabilidad.
Al entender que la responsabilidad es contraria a la libertad, muchos anarquistas imposibilitan la relación de cualquier actividad seria, con objetivos mÃnimos. Los anarquistas que defienden la idea de responsabilidad creen que sin ella es imposible hacer cualquier proyecto de medio o largo plazo, de colocar en práctica un proyecto de corto plazo, o establecer una forma de acción y cumplirla. A partir de esa división se entiende que para la realización de cualquier actividad en una organización, debe haber una discusión previa, un planeamiento estratégico que se desdoble, en un planeamiento táctico, con las diversas acciones que la organización realizará. Para que esto ocurra, se deben dividir las responsabilidades y cada uno debe hacer lo que asumió. Como recientemente escribió la FARJ, “la autodisciplina es el motor de la organización autogestionariaâ€? [FARJ. Reflexões sobre a Responsabilidade, o Comprometimento e a Autodisciplina], y debe funcionar sin disciplina servil, mas con coherencia con las ideas aceptadas, con la realización de las tareas asumidas y con la obligación severa, para con el trabajo de militancia y de lucha.
* Felipe Corrêa es militante de la Federación Anarquista de Rio de Janeiro (FARJ). |
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Construir el Socialismo Libertário - Autogestión y Federalismo Hoy
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per Felipe Corrêa |
16 abr 2008
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CONSTRUIR EL SOCIALISMO LIBERT�RIO - Autogestión y Federalismo Hoy
Felipe Corrêa
“La autogestión supone la abolición de la propiedad privada o
del Estado de los instrumentos de producción y su transferencia a los
trabajadores que tienen la ‘posesión’ de esos instrumentos,
que les transmiten cuando dejan la empresa
a los que les suceden�
Maurice Joyeux
ASPECTOS CONSTRUCTIVOS DEL SOCIALISMO LIBERTÃ?RIO
Una reflexión actual sobre autogestión y federalismo debe, ciertamente, tener en cuenta el fardo cargado por los anarquistas, hace años, que son acusados de criticar y acusar, y de proponer y construir poco. La afirmación tiene cierta base, visto que parte de los anarquistas se dedicó mas a fomentar su crÃtica sobre el principio de la autoridad y de la exploración, de que desarrollar los aspectos constructivos libertarios.
El propio término anarquÃa, del griego an(a) “sinâ€? y arkh(os) “gobierno/autoridadâ€?, trabaja con un concepto de negación, en este caso del principio de gobierno y de la autoridad – y no de construcción.
Aún en medio de la Revolución Francesa, en el siglo XVIII, el término anarquismo ya era utilizado, aunque sin una definición clara, tanto para referirse a una concepción que apuntaba a promover la revolución, cuanto a una otra, que estarÃa dispuesta solamente a perturbarla.[1] Desde entonces, la utilización de los términos anarquÃa y anarquista fue constante, como se puede leer en los periódicos de los siglos XVIII y XIX. La utilización generalmente era hecha por personas defensoras del “ordenâ€? o por la prensa conservadora, con el objetivo de desclasificar adversarios polÃticos, generalmente aquellos que defendÃan cierto “exceso de libertadâ€?, para referirse al estado de guerra civil, o a una tentativa de mudanza del orden social. O sea, ya se estaba creando en el imaginario popular, una ligación entre el concepto de anarquÃa, o anarquismo, y la subversión, el elemento desestabilizador del orden y el caos. Un concepto de crÃtica y repulsión de algo establecido.
El concepto solo fue utilizado de forma positiva por Proudhon, ya en el siglo XIX, como describe Alexandre Samis al decir que:
“La anarquÃa, palabra recurrente en los discursos que tenÃan como objetivo desclasificar los oponentes, generalmente partidarios de la libertad, era entonces vista de forma diferente de la conceptualización que le dio Pierre Joseph Proudhon, en su tratado presentado a la Academia de Ciencias de Bensançon, Que es la propiedad?,en 1840â€?.[2]
Aunque reivindicándose anarquista, Proudhon sustentó prácticamente solo este adjetivo, hasta la formación del concepto de aquello que se llamarÃa anarquismo, algunos años después. Los seguidores de Proudhon, entre ellos Bakunin, solo pasarÃan a llamarse anarquistas años después. Mientras tanto, debemos atribuir a Proudhon la primera tentativa de transformar el concepto de anarquismo, de un concepto de simple negación, con connotación peyorativa, en un concepto constructivo, “que serÃa el distintivo de toda una generación de revolucionariosâ€?.[3] Es asà que debemos concordar nuevamente con Alexandre Samis, cuando afirma que:
“Proudhon tomó para sà la difÃcil tarea de habilitar un término con significado negativo y con postura estoica resistió durante mucho tiempo solitario con sus convicciones. Él afirma en Que es la propiedad?: ‘la propiedad y la autoridad están amenazadas de derrumbarse desde el principio del mundo: asà como el hombre busca la justicia en la igualdad, la sociedad aspira al orden en la anarquÃa.’ Proudhon transforma asà la anarquÃa en vehÃculo para alcanzar el thelos cualitativo de la sociedad; es la piedra de partida que llevará al hombre al orden en oposición al caos que, según él, es la autoridad. El imperativo moral anunciado por Proudhon es una mudanza radical en el concepto de ‘anarquÃa’ y confiere a los anarquistas un papel privilegiado en las mudanzas sociales.â€?[4] (comillas mÃas).
A pesar de éste intento de Proudhon en traer el anarquismo para una esfera constructiva, y tantos otros que fueron hechos después, el hecho es que el anarquismo acabó conservando, hasta hoy, en su interior, gran parte de éste aspecto crÃtico, de destrucción, en detrimento de los aspectos positivos, de construcción. Fue asà que el pensamiento libertario terminó fundamentando importantes crÃticas (como la crÃtica al capitalismo, a la autoridad, y principalmente al Estado), más muchas veces se restringió a ellas. En nuestros dÃas el anarquismo no es más considerado, en todos los casos, con un sentido peyorativo y busca tener un sentido positivo. A pesar de la llamada “diversidadâ€? que existe dentro del anarquismo acabar por convertirlo en una cierta “bolsa de gatosâ€?, hay una lÃnea común en todas sus tendencias; ella es formada por las crÃticas, que terminan por sustentar aquel concepto de anarquismo como “elemento desestabilizador del ordenâ€?.
Fue la continuidad de esta tradición, juntamente con la pluralidad de las ideas libertarias, sumada a las facilidades de las personas para adoptar slogans, que hicieron que las frases como “la pasión de destruir es también una pasión constructivaâ€? de Bakunin, acabasen no siendo entendidas en su totalidad y siendo repetidas insistentemente, y asà construyendo la realidad, no necesariamente semejante a aquella expresada por su autor. Se concluyó a partir de esta frase, por ejemplo, que para edificar una nueva sociedad bastarÃa destruir la actual, lo que es un completo absurdo. En la concepción anarquista, la destrucción serÃa representada por la revolución social, que derrumbarÃa la estructura de la vieja sociedad y abrirÃa las puertas para la construcción de la nueva. Asà fue en la historia de las revoluciones con participaciones libertarias significativas, como en Rusia en 1917 y España en 1936.
En las concepciones de Bakunin sobre la revolución social, podemos ver claramente, en la mayorÃa de las veces, un concepto de destrucción, cuando enfatiza, por ejemplo, que:
“Ésta pasión negativa está lejos de ser suficiente para elevar la causa revolucionaria al nivel deseado; pero, sin ella, esta causa es inconcebible, y también imposible, pues no hay revolución sin destrucción profunda y apasionada; destrucción salvadora y fecunda, justo por que de ella y solo por ella, se crean y nacen los nuevos mundos�. [5]
A pesar de eso, son evidentes también los conceptos constructivos, que eran traÃdos por Bakunin, al tratar de la revolución cuando, por ejemplo, afirmaba que:
“Nadie puede querer destruir sin tener por lo menos una remota imaginación, real o falsa, del orden de cosas que deberÃa a su parecer suceder al que existe actualmente; y cuanto más viva está en el dicha imaginación, más poderosa se vuelve su fuerza destructora; y cuanto más se acerca a la verdad, o sea, está más en armonÃa con el desarrollo necesario del mundo social actual, más saludables y útiles se hacen los efectos de su acción destructora. En efecto, la acción destructora está siempre determinada, no solo en la esencia y en el grado de intensidad, sino también en los modos, las vÃas y los medios que emplea, por el ideal positivo, que constituye su inspiración primera, su almaâ€?.[6]
Como el propio Bakunin demuestra[7], después de la revolución hay un perÃodo intermedio, que no debemos confundir con la “dictadura del proletariadoâ€?, que generalmente es de guerra civil, en el que la contra revolución ataca, intentando retomar el poder. Hay una gran ofensiva de la reacción, lo que torna aún mas difÃcil la construcción de la nueva sociedad, pues, si por un lado se tiene que ocupar de esta construcción, al mismo tiempo se debe preocupar con la cuestión de la “ defensa de la revoluciónâ€?.[8] El caso en España de la guerra civil de 1936-1939, en que fábricas de alimentos tuvieron que ser ajustadas para la producción de armas es un ejemplo claro que la construcción de España no era simplemente la revolución. No era simplemente una nueva construcción después del éxito de la revolución de julio. Era obviamente mantener los logros conquistados, al mismo tiempo abrir el campo para la construcción de la sociedad, y pasada la amenaza de la contra revolución, edificar la sociedad libertaria, poniendo en práctica la autogestión y el federalismo, con todas las dificultades que eso implica: cambiar la cultura, la conciencia, el funcionamiento de la industria, de las empresas, de las comunidades, etc.
Cuando Bakunin desarrolló este tema de la destrucción y de la construcción, su inspiración estaba en Proudhon, y por tanto en uno como en otro, también hay ciertas ambigüedades con relación asunto. Veamos un ejemplo de Proudhon. En 1849 él escribÃa: “[...] soy socialista [...] no apenas por que protesto contra el régimen actual de la sociedad, sino por que afirmo un nuevo régimen[...]â€?.[9] En esta frase, Proudhon coloca claramente la cuestión constructiva del socialismo, insistiendo que ser socialista no significa simplemente negar el capitalismo, sino afirmar una nueva sociedad, es decir, concebir y luchar por una sociedad anhelada; socialista en este caso.
Sin embargo, Proudhon también tiene pasajes relativamente ambiguos que pueden posibilitar una doble interpretación. Es el caso, en este mismo artÃculo de 1849, cuando continúa: “Soy socialista, esto es simultáneamente reformador e innovador, demoledor y arquitecto; pues, en la sociedad, esos términos son sinónimosâ€?. De ese trecho, podemos tener dos interpretaciones. La primera que nos parece equivocada, que “demoledor y arquitectoâ€? son sinónimos, o sea, la misma cosa. Está claro que destruir no es la misma cosa que construir. La segunda interpretación, que nos parece más coherente, es que destruir no significa construir, pero el destruir implica el construir. Es decir, de nada adelanta nos afirmar en la destrucción de algo, sino sabemos, con alguna claridad, lo que queremos colocar en el lugar.
Esta segunda interpretación justifica una noción constructiva que es importante, inclusive, para la persuasión de otras personas, sobre los ideales por los cuales luchamos, y también para que podamos pensar estratégicamente en las alianzas, en los acuerdos y en las reivindicaciones que hacemos.
Los anarquistas, varias veces, fueron vÃctimas, pues se aliaron a otros, en la expectativa de hacer una revolución, para después, ver lo que serÃa hecho. El resultado fue obvio: en la “obra de la destrucciónâ€?, todos los que eran contra los regÃmenes vigentes se aliaron para destruir aquellos regÃmenes, o sea, para la revolución. Los problemas vinieron en el momento de construir algo después de la revolución, pues en ese momento, los anarquistas aliados en la obra de la destrucción, terminaron por tornarse enemigos, en la obra de la construcción. Muchos anarquistas fueron muertos, simplemente eliminados por eso.[10]
Fue justamente por la conclusión de la necesidad de trabajarse los aspectos constructivos que el anarquismo se pautó, en gran medida, sobre el desenvolvimiento de los conceptos de federalismo y autogestión. Toda esta discusión se caracterizó por la búsqueda de la respuesta a dos preguntas:
a. Como funcionará la sociedad autogestionaria y federalista, defendida por los anarquistas, después de la revolución social?
b. Como aplicar los principios del federalismo y de la autogestión hoy, por lo menos parcialmente, y hacer con que ellos, se constituyan como herramienta, en la lucha contra la exploración y la opresión, llevándonos en la dirección de los objetivos de largo plazo?
Fue siempre en busca de esas respuestas que los libertarios intentaron desarrollar conceptos para el funcionamiento de la sociedad futura y para las luchas cotidianas.
En primer lugar, el funcionamiento de la sociedad futura, como un proyecto de largo plazo, un esbozo de las lÃneas generales del funcionamiento, de las instancias económicas, polÃticas y sociales, que en el momento apropiado, sustentarÃan la “nueva sociedadâ€?. Vale resaltar que mucho mas relevante de que crear proyectos acabados de sociedad, como fue el caso de los falansterios de Fourier, es importante la discusión y la determinación de las “lÃneas maestrasâ€? que permitirán una adaptación según el tiempo y el momento.
En segundo lugar, la aplicación de los principios inmediatamente, pues de nada servirÃa tener un proceso en funcionamiento de sociedad, que quedase “guardado en el cajónâ€?, para nunca ser aplicado, como ocurrió con el proyecto de “comunismoâ€? de Marx. Eso implica exactamente la discusión de fines y medios. Para los anarquistas, los fines están en los medios, es decir, si queremos una sociedad en la que funcionen plenamente los principios de la autogestión y del federalismo, no existe otra forma para llegar a ella, que no sea por las luchas federadas y autogestionarias. O sea, los fines son los propios medios. Aquà está un proyecto de lucha bastante diferente de la concepción desarrollada por la escuela marxista, que afirmaba que los fines justificaban los medios, y basados en esta máxima justificaban un Estado autoritario como medio de lucha (la concepción del socialismo como estadio intermediario de Marx), para alcanzar un fin comunista, sin Estado, algún dÃa quién sabe. Las previsiones anarquistas se confirmaron: de las luchas con carácter autoritario, solamente se originan proyectos de sociedades autoritarios. Es decir, el medio autoritario – el Estado “socialistaâ€? – no desaparece nunca y el medio se torna el fin; exactamente como aconteció con el proyecto de la Unión Soviética, entre otros, que intentaron llegar al comunismo siguiendo la escuela marxista-leninista. Hallamos muchos ejemplos.
Es exactamente por este motivo que, se defendemos los principios del federalismo y de la autogestión para dirigir el funcionamiento de una sociedad futura, es imprescindible que ellos comiencen a ser aplicados inmediatamente y nos ayuden en la aproximación de la revolución social, o mismo para las luchas que tienen objetivos de corto plazo, pero que no dejan de ser revolucionarias. [11]
LA NECESIDAD DE APLICACIÓN DE LOS PRINC�PIOS DE AUTOGESTIÓN Y FEDERALISMO HOY
Estos aspectos constructivos del anarquismo no deben ser pensados solamente a partir de una perspectiva de “post-revoluciónâ€?. Muchos escritos sobre el tema, reflexionan sobre la autogestión y federalismo solamente como un sistema que deberá entrar en la orden del dÃa cuando se haga la revolución, o sea, en la implantación del socialismo o del comunismo libertario. El mejor proyecto al que tuve acceso, en este sentido, fue el llamado “PARECONâ€?, un acrónimo del inglés, utilizado para el término Participatory Economics, o economÃa participativa, desarrollado por Michael Albert y otros autores.[12]
El PARECON parte de una premisa libertaria de construcción de una sociedad futura y que tiene como principales pilares equidad, solidaridad, diversidad, autogestión y equilibrio ecológico. Las discusiones en torno de ese proyecto son bastantes grandes y hay contribuciones significativas a la cuestión sobre el funcionamiento de la sociedad futura. El PARECON defiende una estructura de consejos democráticos de trabajadores y consumidores que permitirÃan una forma diferenciada de toma de decisiones, en varios niveles, sustentada por la autogestión. Hay otro eje central, en la propuesta del PARECON, que es la creación, de complejos balanceados de tareas, lo que permitirÃa acabar con la separación entre el trabajo manual y el intelectual. En el centro de la discusión del PARECON, hay todavÃa, todo un debate, en torno de economÃa, propiedad privada, remuneración, distribución, producción, consumo, eficiencia, productividad, creatividad, innovaciones, entre otros temas.
La idea del PARECON, fue construida mezclando parte de los conceptos anarquistas, parte de los conceptos de otras corrientes socialistas de cuño libertario, como es el caso de los comunistas consejitas, y desenvolvió caracterÃsticas propias, profundizando las tradiciones clásicas. Tratando la relación, entre la propuesta del PARECON y el anarquismo, Michael Albert afirmó, en una entrevista:
“Creo que el propio PARECON es un proyecto económico anarquista, por que el realiza funciones económicas deseables, de manera de incorporar rápidamente la influencia y el envolvimiento de cada persona. El PARECON no posee jerarquÃas fijas y estructura de clases. Genera, no solo participación y justicia en los resultados sociales y materiales, como también autogestión real, lo que es claramente un objetivo del anarquismo. Debo pensar, en otros términos, que los anarquistas no deben hallar el PARECON simplemente adecuado, y sà verlo como un compañero muy próximo de sus aspiraciones.[13]
Antes e este proyecto, fueron varios los autores que intentaron trazar las lÃneas maestras para una organización de la sociedad futura, de manera anti-autoritaria. Entre estos ejemplos, podemos resaltar el libro La Conquista del Pan de Piort Kropotkin, El Organismo Económico de la Revolución de Diego Abad de Santillán, El Comunismo Libertario de Isaac Puente, Idées sur l’organisation sociale [Ideas sobre la Organización Social] de James Guillaume, Los Sindicatos Obreros y la Revolución Social[14] de Pierre Besnard, Sobre el Contenido del Socialismo II de Cornelius Castoriadis, Consejos Obreros de Anton Pannekoek, entre otros.
Debemos reconocer que hay una gran importancia en la discusión y en la definición de nuestro propio proyecto socialista libertario, describiendo, en lÃneas generales, la sociedad en que quisiéramos vivir. Es este proyecto que nos permitirá imaginar donde queremos llegar, y evaluar las acciones que tomamos hoy, verificando si ellas están caminando rumbo a nuestros objetivos de largo plazo o no. Puede parecer obvio, mas es fundamental, para un militante o un grupo de militantes, saber donde se pretende llegar con su trabajo. Es responder a la cuestión: donde queremos llegar?
Por consiguiente, tan importante cuanto la discusión sobre las perspectivas posibles de largo plazo, es la discusión de como esos objetivos estratégicos, es decir, nuestro proyecto polÃtico a largo plazo – en que la autogestión y el federalismo ciertamente tienen un lugar preponderante –, deben orientar las prácticas de la lucha cotidiana, o sea, como podemos aplicar inmediatamente esos principios en las luchas del dÃa a dÃa, en la militancia por los logros de corto plazo, en las movilizaciones cotidianas, o en nuestra actuación que se coloca más en el ámbito táctico de que en el estratégico. Es responder dos cuestiones. Que hacer hoy, para comenzar a caminar rumbo hacia donde queremos llegar en el futuro? Como actuar para poder avanzar en la dirección correcta?
Buscar respuestas para estas dos cuestiones es importante, hace que las ideas libertarias salgan del plano ideal, de un concepto teórico, para tornarse una realidad concreta. La crÃtica hecha a los anarquistas que acabaron “en las torres de marfilâ€? ocurrió exactamente por el distanciamiento que la teorÃa libertaria acabó teniendo de la práctica y por eso terminó creando un hiato monstruoso entre aquello que se pregonaba y aquello que se realizaba. Eso fue fundamental para una radicalización bastante mal sucedida con los miembros de la tradición libertaria cuando el anarquismo se distanció de su bies mas importante, que es la realidad social, y pasó a propagar una teorÃa cada vez mas “radicalâ€?, terminando por transformarse en sectarismo absoluto, con acciones individualistas entre otras prácticas contraproducentes. Son muy comunes los ejemplos de grupos que simplemente no consiguen tener trabajo social por creer que todos los ambientes en que esta actuación social serÃa posible: sindicatos, escuelas, movimientos sociales, etc. son completamente “contaminadosâ€? por partidos polÃticos y por las ideologÃas autoritarias. Hay una confusión entre lo que se trata en el plano polÃtico y lo que se trata en el plano social, se escapa de la realidad por ser ésta muy diferente del plano teórico y ideal. De esa forma, crece la “violencia verbalâ€? presente en los discursos, que no existe minimamente en la práctica. O sea, hay una idealización del plan futuro, que no tiene cualquier acción de corto plazo que puede apuntar para los objetivos deseados. Se construye una teorÃa que es vacÃa y no da cuenta de la realidad.
Es justamente la aplicación de los principios libertarios en la realidad cotidiana, que encamina la teorÃa, asà como la teorÃa inspira la práctica del dÃa a dÃa. Como viene a colocar la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), en Huerta Grande: Importancia de la TeorÃa, cuando resalta:
“Por eso, a partir de esta comprobación básica es que surge como fundamental y prioritario el actuar, la práctica polÃtica. Solamente a partir de ella, en su existencia concreta, en las condiciones comprobadas de su desarrollo puede llegar a elaborarse un pensamiento teórico útil. Que no sea gratuita acumulación de postulaciones abstractas con más o menos coherencia y lógica interna, pero sin coherencia con el desarrollo de los procesos reales. Para teorizar con eficacia es imprescindible actuar.â€?[15]
Un ejemplo mas visible de eso es el siguiente: los grupos más sectarios, menos dispuestos a trabajar con personas diferentes (no anarquistas), que todos acusan de ser reformistas, etc. son exactamente los grupos que menor trabajo social poseen. Los grupos más dogmáticos y que más slogans profieren, sin cualquier sentido práctico, son exactamente esos grupos, sin contacto con la realidad social. Sin movilización social, como es posible pretender caminar, rumbo a una sociedad en que impere la libertad y la igualdad? Fue asà que acabaron siendo constituidos los “destruir el capitalismo y el Estado�, “ser revolucionario�, entre otros slogans que, a pesar de tener un contenido por detrás, vienen siendo repetidos como un dogma, si cualquier reflexión que apunte para una acción cotidiana, que pavimente el camino rumbo a estos objetivos.
Es una cuestión simple, observemos las letras siguientes:
A B C D E
Si deseamos salir de “Aâ€? y llegar en “Eâ€? por el camino mas corto, debemos pasar necesariamente por “Bâ€?, “Câ€? y “Dâ€?. Considerando que la sociedad de hoy, en que estamos viviendo, sea la letra “Aâ€? y que la sociedad en que el comunismo libertario esté plenamente establecido sea la letra “Eâ€?, necesariamente tendrÃamos que realizar acciones que hiciesen con que pasásemos por “Bâ€?, “Câ€? y “Dâ€?, respectivamente. El ejemplo de los radicales sin contacto con la realidad, citado encima, podrÃa ser caracterizado como personas que viven en “Aâ€? y que pregonan la “Eâ€?, mas no realizan nada en términos de “Bâ€?, “Câ€? y “Dâ€?. Muchas veces, ni hallan que deben hacer alguna cosa, en esos términos. Como pretenden caminar sin querer mover las piernas?
Es justamente en la aplicación hoy de los principios de la autogestión y del federalismo que harán con que las prácticas militantes de los socialistas libertarios caminen de “Aâ€? hasta “Eâ€?. La organización y la actuación del dÃa a dÃa crean condiciones para que se establezcan logros de corto plazo y para que se acumule una gran fuerza social libertaria lo que podrÃa ser considerado “Bâ€?. Con gran fuerza social y significativo apoyo popular se podrÃa pensar en la realización de una revolución social, con la lucha por el fin del capitalismo y del Estado, lo que podrÃa ser considerado “Câ€?. El perÃodo de defensa de la revolución, de guerra civil y de reorganización (o lo que algunos llaman socialismo libertario, como perÃodo intermediario), podrÃa ser considerado “Dâ€?. El establecimiento de la sociedad comunista libertaria, con la implementación efectiva de la autogestión y del federalismo, que podrÃa ser considerado “Eâ€?.
Es exactamente la lucha por la constitución del paso “B�, es decir, acumulación de fuerza social significativa por parte de los defensores del federalismo y de la autogestión, que podrá preparar el terreno para el “C�, o sea, para la revolución social. Si no, cuál será el camino para la revolución social? Es por medio de ese raciocinio que llegamos a la conclusión de la necesidad, de la aplicación inmediata de los principios del federalismo y de la autogestión.
Primeramente, como un medio libertario de alcanzar los fines deseados. En segundo lugar, como una forma de aumentar la lucha por nuestros objetivos y acumular fuerza social. Es solamente asà que se puede caminar rumbo al comunismo libertario “Eâ€?. Simplemente profesar: vamos a acabar con todo!, vamos a construir el comunismo libertario – o sea “Eâ€? –, sin trabajar de hecho para la consolidación de “Bâ€?, es caer en el discurso vacÃo, en la práctica de discursos frágiles, que no se sustentan en la práctica.
* Felipe Corrêa es militante de la Federación Anarquista de Rio de Janeiro (FARJ).
NOTAS:
1. Samis, Alexandre. “As Matizes do Sentido: anarquismo, anarquia e a formação do vocabulário polÃtico no século XIX. [Los matices del sentido: anarquismo, anarquÃa y la formación del vocabulario polÃtico en el siglo XIX]â€?. In: Revista Verve 2. San Pablo: Nu-Sol, 2002 p.48.
2. Idem. p.52.
3. Idem. p.61.
4. Idem. p.54-55. La citación de Proudhon en el artÃculo de Samis fue extraÃda de Proudhon, Pierre Joseph. Que es la propiedad? Barcelona, Tusquets, 1975, p.283.
5. Bakunin, Mikhail. Estatismo e AnarquÃa [Estatismo y AnarquÃa]. San Pablo: Imaginário, 2003, p.52.
6. Bakunin, Mikhail. “Protesta de la Alianzaâ€?, citado en Mintz, Frank. Bakunin: crÃtica y acción. Buenos Aires: Colección UtopÃa Libertaria, 2006, p. 33.
7. Ver especialmente el “diálogo� de Bakunin con Maximov en el libro de Mintz citado encima.
8. Ver la discusión hecha por Nestor Makhno sobre eso, especialmente en su artÃculo “Sobre la Defensa de la Revoluciónâ€?, además del documento que originó la discusión, escrito por su grupo Dielo Trouda “Plataforma Organizativa por una Unión General de Anarquistasâ€? – hay una nueva traducción para el español revisada y hecha directamente del ruso [http://www.fondation-besnard.org/article.php3?id_article=517] A pesar que tenemos ciertos puntos de discordancia en relación a lo que defiende Makhno, la mayor parte de sus argumentos es correcta, debiendo ser considerada con atención.
9. Proudhon, P, J. “Le socialisme jugé par M. Proudhon� en La Voix du Peouple 1849, apud Leval, Gaston. “Concepções Construtivas do Socialismo Libertário [Concepciones Constructivas del Socialismo Libertario]�. In: Autogestão e Anarquismo [Autogestión y Anarquismo]. San Pablo: Imaginário, 2002. p.19.
10. Para un ejemplo práctico de eso basta que observemos la historia de la Revolución Rusa de 1917. Los anarquistas acabaron aliados a las otras tendencias de izquierda para la destrucción del zarismo. En las batallas contra el Ejército Blanco, Nestor Makhno y los revolucionarios ucranianos fueron solicitados, algunas veces, por el Ejército Rojo, y su ayuda fue fundamental para alejar la amenaza de la contra revolución. Los bolcheviques cuando vieron la amenaza de la restauración del zarismo pasar, colocaron a los makhnovistas en una emboscada, diezmando todo el ejército que tanto los ayudara. El ejemplo es exactamente ese: en la obra de la “destrucciónâ€?, estaban todos “juntosâ€?. En la obra de construcción, para los bolcheviques, los anarquistas podÃan constituirse como un obstáculo a sus objetivos centralistas y autoritarios.
11. Trabajé ese concepto un poco mas detalladamente en un artÃculo, transformado posteriormente en libreto, llamado de Reforma e Revolução [Reforma y Revolución], publicado por FaÃsca Publicaciones Libertárias en 2006.
12. Michael Albert publicó, hace algún tiempo, un libro con el nombre de PARECON: Life After Capitalism (2003), en el cual sintetiza sus ideas sobre el PARECON, que fueron siendo desenvueltas, principalmente, en tres libros anteriores, llamados Looking Forward (1996), Thinking Forward (1997) y Moving Forward (2001). Hay mucho material sobre el tema en otros idiomas, principalmente en inglés, en el sitio www.parecon.org. A pesar de su trabajo sobre el posible funcionamiento de una sociedad libertaria futura ser muy bueno, hay muchos equÃvocos de su parte al discutir los medios, tales como las formas de organización, lucha, alianzas, etc.
13. Albert, Michael, entrevistado por Andrej Grubacic. Regarding PARECON.
14. Ver la obra completa, en el original en francés.
15. Federación Anarquista Uruguaya (FAU). Huerta Grande: Importancia de la TeorÃa. |
Mira també:
http://www.farj.org |
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