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Debates electorales: Todo lo contrario de un verdadero debate
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per Corriente Comunista Internaciona |
04 mar 2008
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Los debates electorales están de moda. En USA, Obama y Clinton se miden cada día en justas oratorias retransmitidas a medio mundo; en Francia se dice que el bufón Sarkozy derrotó a Royal gracias a los errores que esta cometió en los cara a cara televisivos; en España se intenta animar una soporífera campaña electoral mediante la proliferación de debates como el protagonizado el pasado lunes por Zapatero y Rajoy. |
Estos espectáculos producen el efecto de impedir un debate auténtico. Más aún: desprestigian y deforman la idea misma de debate. Para muchos, si el “debate� consiste en la gresca chapucera que aquellos protagonizaron lo mejor es estar callados y no discutir nada con nadie.
El debate Zapatero – Rajoy estaba preparado hasta en los más mÃnimos detalles, cómo tenÃan que sonreÃr, a quién tenÃan que mirar cada vez que hablaban, qué gestos tenÃan que hacer, qué cara tenÃan que poner cuando el otro soltaba su cháchara. Fuimos testigos de una gigantesca farsa, de una obra de teatro minuciosamente preparada donde se estaba interpretando un papel cara la galerÃa. La frescura y la espontaneidad de ideas, la sinceridad -elementos imprescindibles de un auténtico debate- brillaron por su ausencia.
Los candidatos no expusieron el más mÃnimo análisis, no argumentaron lo que querÃan decir, cuando de vez en cuando echaban mano de un gráfico o de una estadÃstica lo hacÃan como arma arrojadiza contra el rival . Su discurso monocorde y aburrido consistió en decir que “yo lo haga muy bienâ€? y “usted la hace (o lo hizo) fatalâ€?.
Cuando uno echaba en cara al otro tal o cual acción, la defensa siempre consistÃa en que “usted hizo lo mismoâ€?, con lo que se ponÃa en evidencia que ambos participaban de una misma polÃtica, que no representaban más alternativa que defensa cerrada del interés de la minorÃa explotadora frente al interés de la gran mayorÃa.
La crisis económica, la situación mundial, la guerra, la emigración, la vivienda, la situación social no fueron enfocadas como una realidad que habÃa que analizar, comprender y trazar perspectivas, sino como una excusa descaradamente utilizada para presentar promesas electorales o para descalificar al contrario.
Ambos candidatos hablaban siempre en primera persona: “yo haréâ€?, “usted no ha hechoâ€?…, como auténticos autócratas del siglo XXI, revestidos con el manto protector de la mascarada electoral, cada uno nos venÃan a decir que “El Estado soy yoâ€?. La actividad colectiva y unida, la decisión adoptada sobre la base de un esfuerzo común, elementos inseparablemente unidos al debate y que le dan sentido, no tienen nada que ver con ellos, fueron los grandes ausentes del plató.
La mentira más burda, la manipulación de los datos más grosera, el insulto y la calumnia más vergonzosos, recorrieron el "debate" de principio a fin. Conceptos como respeto mutuo, escuchar al interlocutor, empatÃa, honestidad... -elementos imprescindibles para un mÃnimo debate- habÃan sido radicalmente proscritos; la inmoralidad más absoluta, el todo vale, las trampas al contrario..., fueron los protagonistas estelares.
Viendo el “debateâ€? Zapatero – Rajoy se llegaba a la conclusión que razonar y debatir son verbos antagónicos imposibles de conjugar. Ningún razonamiento apareció, lo único que mostraron fueron “argumentosâ€? inverosÃmiles y pueriles, afirmaciones absurdas difÃciles de tragar que ofendÃan la inteligencia y la sensibilidad de los espectadores, tomados como niños estúpidos a los que hay que engañar y manipular.
La única pregunta que no figuró en las innumerables encuestas que se hicieron durante y después del debate, era sobre la altura intelectual, el rigor analÃtico, de los contendientes. Si se hubiera hecho la respuesta hubiera sido un cero absoluto. Del “debateâ€? pudo obtenerse un retrato bastante fiel de gran mayorÃa de los actuales gobernantes capitalistas: nulidades intelectuales cuyo único mérito es el aplomo en la mentira y la manipulación.
Ninguno de los dos contendientes pretendió aclarar nada ni analizar lo más mÃnimo, su única pretensión era apabullar, impresionar, mistificar y confundir. Se supone que estos "debates" son un medio de clarificación de los "ciudadanos", de proporcionarles los medios para que decidan su voto. Cualquiera que viera el espectáculo con un mÃnimo sentido crÃtico pudo comprobar fácilmente que ese no era el objetivo, que lo único que |
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