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Notícies :: ecologia
Terminator, la batalla de Curitiba
21 mar 2006
Del 20 al 31 de marzo, se celebra en Curitiba, Brasil, la Octava reunión del Convenio de Diversidad Biológica (CDB)de la ONU.
Camino libre para su aprobación en la ONU
Los opositores a las semillas suicidas se preparan para la batalla en la COP 8
en Curitiba, Brasil, del 20 al 31 de marzo de 2006


Los pueblos indígenas fueron traicionados y se hizo trampa a los derechos de los agricultores en la reunión de Naciones Unidas las últimas dos semanas, cuando los gobiernos de Australia, Nueva Zelanda y Canadá -siguiendo indicaciones de Estados Unidos y de una docena de Gigantes Genéticos corporativos- dieron un paso muy importante para terminar con la actual moratoria sobre la tecnología Terminator (plantas modificadas genéticamente para producir semillas estériles). Las nocivas recomendaciones que resultaron de la reunión de Granada, España, irán a la 8ava reunión bianual del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) de la ONU en Curitiba, Brasil, del 20 al 31 de marzo de 2006.

El "Grupo de Trabajo sobre el Artículo 8(j)" del CDB que se reunió en Granada del 23 al 27 de enero, se estableció para proteger el conocimiento tradicional, las innovaciones y prácticas de los pueblos indígenas y agricultores campesinos. Sin embargo, representantes de pueblos indígenas y de la sociedad civil miraron atónitos cómo los gobiernos pasaban por alto los impactos profundamente negativos que tienen para la sociedad, la economía y el ambiente las "semillas suicidas", impactos que se han resaltado en numerosos estudios del CDB así como en investigaciones presentadas oficialmente ante el CDB por pueblos indígenas y organizaciones de agricultores. El resultado de la reunión en Granada es una nueva amenaza a la biodiversidad mundial y al futuro de la agricultura basada en la conservación de semillas y la adaptación a condiciones locales.

"Terminator es una amenaza a nuestro bienestar y soberanía alimentaria, y constituye una violación de nuestro derecho humano a la autodeterminación", dijo Mariano Marcos Terena de Brasil, representante del Foro Indígena sobre Biodiversidad.

Aunque en la reunión se "reafirmó" la frágil moratoria de la ONU sobre Terminator, las recomendaciones surgidas en Granada podrían usarse para bloquear el enfoque precautorio del CDB, cuando los gobiernos se reúnan en marzo en Brasil. La reunión no sólo fracasó en prohibir Terminator como tecnología inmoral y anticampesina, sino que Australia y Estados Unidos argumentaron falazmente que Terminator, tecnología de esterilidad de semillas, "aumentaría la productividad".

La delegada de Australia -con un consultor del gobierno de Estados Unidos permanentemente a su lado- insistió en quitar la referencia al "enfoque precautorio" y utilizó su insistencia como moneda de cambio para lograr que se incluyera la "evaluación caso por caso" de Terminator. "La nueva referencia a la evaluación caso por caso es extremadamente dañina porque sugiere que se pueden hacer revisiones sobre la regulación de esta tecnología en cada país, anulando la moratoria del CDB, y abriendo la puerta a la aprobación de Terminator", advierte Hope Shand del Grupo ETC.

La agresiva jugada de Australia confirma que la industria y los gobiernos tienen una estrategia específica para revocar la moratoria de Naciones Unidas sobre Terminator", dijo Lucy Sharratt de la Campaña Terminar Terminator. "El proceso y su resultado ignoraron las contribuciones de los pueblos indígenas y comunidades locales."

A pesar de los intentos inescrupulosos de un puñado de países ricos por anteponer las ganancias de la industria a los Derechos de los Agricultores, la mayoría de los gobiernos presentes se mantuvieron sólidamente en contra de Terminator y comprometidos con la moratoria existente. En su discurso de bienvenida, la ministra española de medio ambiente reconoció los peligros de la tecnología Terminator. Durante la reunión, el Grupo de �frica, Egipto y Filipinas pronunciaron apasionados discursos acerca de los impactos potencialmente devastadores de Terminator para la biodiversidad y la seguridad alimentaria y la necesidad de prohibiciones nacionales. Noruega, Pakistán, Kenya y la Unión Europea defendieron la moratoria. India y Brasil se refirieron a sus legislaciones nacionales en que prohíben la tecnología de esterilización genética de semillas. A pesar de esta fuerte oposición a Terminator, la posición extrema de Australia y su determinación a bloquear el consenso dejó a los gobiernos poco margen para negociar.

En los pasillos: a pesar de sus compromisos públicos a no desarrollar la tecnología Terminator, los Gigantes Genéticos Syngenta y Monsanto cabildearon agresivamente todos los días. Harry Collins de Delta & Pine Land, la compañía de semillas de algodón más grande del mundo, que está probando Terminator en invernadero, asistió en representación de la International Seed Federation. Roger Krueger de Monsanto apareció como representante de la Cámara Internacional de Comercio. En los pasillos se les unieron los de CropLife Internacional, un grupo de cabildeo de la "industria de la ciencia de vegetales".

Fuera de la reunión de la ONU, españoles de todas las edades se reunieron para recordarle a los gobiernos que existe una fuerte resistencia pública contra la tecnología Terminator. Ecologistas en Acción organizó eventos públicos, protestas callejeras y exposiciones educativas sobre el tema a lo largo de la semana como parte de la campaña internacional Terminar Terminator (www.banterminator.org). Cuando los resultados de Granada llegaron a la plenaria del Foro Social Mundial en Caracas, Venezuela, se escucharon los gritos de protesta de miles de campesinos reunidos.

"Permitir una aprobación de Terminator caso por caso significa dictaminar una muerte lenta para los campesinos, ataúd por ataúd", explicó Silvia Ribeiro del Grupo ETC durante un discurso en Caracas.
La campaña Terminar Terminator trabajará con grupos y movimientos en todo el mundo para fortalecer la resistencia global contra Terminator. La batalla se mueve ahora hacia la reunión de la COP8 en Brasil, del 20 al 31 de marzo.

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Comentaris

Semillas genocidas
21 mar 2006
Guerra biológica contra los campesinos

Verónica Villa
La Jornada/Ojarasca 107 marzo 2006

Las empresas de biotecnología están seguras de que ya inventaron algo para lograr el control total de los pueblos campesinos: nuevas semillas transgénicas incapaces de reproducirse, apodadas Terminator.

Los agricultores de India que apostaron al algodón transgénico en los noventa quedaron atrapados en deudas impagables por el alto costo de las semillas, sus insumos agroquímicos y una plaga imposible de erradicar. Deudas tan terribles de las que sólo se pueden librar quitándose la vida. Más de 40 mil campesinos se han suicidado por esa causa. Más del 90 por ciento de quienes se suicidaron en 2005 habían sembrado algodón transgénico de Monsanto.

El último modelo de transgénico son semillas que producen un veneno y se autointoxican después desarrollarse lo suficiente para servir como grano procesable. Esta invención es el gran orgullo de las empresas de biotecnología, pues la pueden aplicar a todo tipo de cultivos independientemente de la forma en que se reproduzcan. El arroz y el trigo, que no llamaban mucho la atención de las empresas porque al cruzarlos no había forma de introducirles características de interés comercial, se convierten en las víctimas más urgentes de Terminator, pues alimentan al menos a una tercera parte de la humanidad.

La idea "genial" detrás de los transgénicos es que quien controle las semillas, y más aún, los genes de las semillas, tendrá el control de toda la cadena alimentaria. Ni con los híbridos ni con los transgénicos las empresas pudieron obtener el control que ahora sueñan con Terminator. Con las semillas suicidas se acabará, en dicho de las empresas, el desorden en la agricultura: a las semillas híbridas, los campesinos les quitan lo malo y las incorporan a su familia de semillas. A las transgénicas, las han pirateado, dejando de pagar derechos a las empresas por cualquier beneficio obtenido. Se terminarán las "variedades obsoletas" y los campesinos dejarán de hacer lo que ha mantenido la vida en el planeta: criar semillas. También se acabarán muchas variedades de insectos y animales (pues no se sabe bien qué ocurrirá a quien coma esas semillas que se autointoxican), y se devastarán los cultivos que se contaminen, pues la semilla que nazca será suicida también. Semillas suicidas. En realidad, semillas genocidas.

Terminator, la tecnología de protección de genes o de restricción del uso genético es un invento que acota la vida desde lo más íntimo, y desde allí, desde ese núcleo invisible, busca asegurar la destrucción de la autonomía campesina. ¿Cuál autonomía campesina? La que contundentemente y sin alardes resuelve la vida de 1 400 millones de personas, la cuarta parte de la humanidad. La humanidad que cuida la tierra, que resguarda la diversidad de plantas y animales, que asegura el fluir infinito del agua, que tiene la posibilidad de producir sus alimentos, es decir, ser dueños de su existencia sin rendir cuentas a las transnacionales. La humanidad que produce al menos el 20 por ciento de toda la comida del mundo.

Las empresas sienten como una ofensa personal la crianza de los cultivos, el que haya redes de semillas nativas, que haya quien ejerza una relación directa con la tierra, que exista la posibilidad del autogobierno comunitario. Que la cuarta parte de los habitantes del planeta sean campesinos que gestionan su propia existencia es un desafío directo a su poderío.

La guerra biológica contra los campesinos, en una fase más cruenta de lo que ha sido la revolución verde, está a punto de comenzar, si en las reuniones del Convenio de Diversidad Biológica de la onu se da luz verde a la venta de semillas Terminator (esto se discutirá en Brasil, las próximas dos semanas). Los coyotes mundiales de los alimentos quieren burlar y controlar el secreto de la vida de las comunidades (que es la vida de la humanidad), transmitido por las hormigas y los pájaros en las historias mayas, o custodiado en las casas sagradas del maíz de los pueblos wixárika.

El ciclo agrícola campesino, ejercicio de una relación sin intermediarios entre la comunidad y el territorio y sus frutos, que incluye no solamente los "insumos agrícolas" sino también las celebraciones, las enseñanzas, las historias, el emparentarse y resolver en colectivo, es el botín que codician los vendedores de Terminator. No para suplantar a los agricultores sobre la parcela, sino para transformarlos irreversiblemente en cualquiera de los tipos de esclavos modernos, en el campo y en la ciudad, de cuya sangre se alimenta el capital.

Sería inalcanzable e imposible suplantar en la milpa el conocimiento profundo que han construido miles de pueblos durante 12 mil años. La sabiduría de enfrentarse a todos los vientos, lluvias y soles imaginados; tratar con el sinfín de suelos y animales, o persistir ante el paso de las revoluciones políticas, luchas armadas y gobiernos del cambio sería demasiado para la lógica burda de las empresas que sólo piensan en ganar más y más. La ruta segura es la destrucción de la vida campesina desde sus fundamentos.

Ya se saben los horrores, con todo detalle. Los países de �frica han opuesto su voz desgarrada desde 1998 a la invasión de las semillas genocidas. Cimbrar la onu es una tarea de héroes solitarios que ofrecen su último aliento ante la catástrofe (los negociadores africanos se cuentan entre quienes de manera más necia han frenado, hasta ahora, la comercialización de Terminator). Es necesario. Cada día más organizaciones de todo tipo, en todo el mundo, profieren alguna maldición contra esta tecnología de control genético.

Sin embargo, insistir en el ciclo campesino, de saberes ancestrales, es camino cierto e inmediato: hablarle al maíz en su idioma, honrar los primeros frutos, heredar un puñado de semillas de los abuelos el día de la boda, experimentar con los granos más rozagantes, negarse a individualizar las tierras, desconfiar de los que nos piden registrar el agua que hacemos fluir cuando cuidamos los bosques, ganar un pleito agrario contra los narcos o los ganaderos o los empresarios; es decir, seguir siendo campesinos, cobra más fuerza que nunca en esta época en que la ciencia bizarra cree que con algunos genes puede destruir esto que aquí se describe nomás un poquito.

La fuerza contra Terminator reside en la persistencia de los sembradores que mantienen viva la posibilidad de escaparse del mercado, que saben del orgullo de tener su saber tecnológico en sus manos, que habitan en los rincones del planeta densos de plantas y animales y espíritus, donde los bosques cuidan la asamblea y la fuerza del agua que llueve, riega y corre nos mantiene alerta. La fuerza contra Terminator está en los lugares del planeta donde las semillas son respetadas como a un igual que carga en su ser la vida que garantizará la existencia por siempre de las comunidades.

Verónica Villa: integrante del Grupo de Acción sobre Erosión, <>Tecnología y Concentración
(Grupo ETC). Para profundizar esta información, consulten www.etcgroup.org

http://www.jornada.unam.mx/2006/03/20/oja107-maiztransgen.html

http://chiapas.mediosindependientes.org/display.php3?article_id=113436
Sindicato Sindicat