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Notícies :: mitjans i manipulació : guerra
Cuatro días de paranoia
• El atentado del 11-M llevó al Gobierno a obcecarse con la autoría de ETA y a desinformar a la opinión pública
• La irrupción de Al Qaeda provocó una falta de confianza en Mariano Rajoy y el vuelco electoral

El estruendo del atentado llegó al oído de todos los españoles en cuestión de minutos. La magnitud del ataque y el contador imparable de muertos significaron un antes y un después para todos.

11-M
El jueves negro llevó a 200 personas al final de sus vidas y trasladó a millones de ciudadanos hacia lo que The New York Times denominó como una "paranoia colectiva".
Y el resultado de esa paranoia modificó el resultado del 14-M.
No es de extrañar que fuera el lendakari Juan José Ibarretxe el primer político que se dirigió a los ciudadanos para culpar a los etarras. Se sentía herido. "Alimañas", les llamó. Hacía pocos minutos que el alcalde de Madrid le había dicho que la cadena de bombas llevaba la rúbrica de ETA.
"No son vascos, sino simplemente alimañas y asesinos", dijo en castellano, poco después de su primer parlamento en euskera. Y siguió: "ETA está escribiendo su final". Y pidió, contrariamente a lo que él estaba generando, "serenidad y unidad ante el intento de ETA de dinamitar la democracia".
A media mañana, las cifras del múltiple atentado habían sacudido este país, y no había político alguno que se preciara que no hubiera dado su opinión.
Sobre el mediodía, cuando las estremecedoras imágenes de Madrid habían llegado a todos los rincones del mundo, la palabra Al Qaeda sonó por primera vez en las redacciones de los grandes medios. Las más altas instancias del Gobierno cortaron el rumor por lo sano: "Creednos, ha sido ETA", dijeron a los medios.
Eso provocó que las ediciones especiales de los grandes diarios otorgasen a ETA la paternidad de la masacre, mientras los cabezas de lista de los partidos políticos decidían dar por acabada la campaña a raíz de la matanza. Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero también pidieron "serenidad" y "unidad" ante el terror.
A las 13.30 horas comenzó la caída hacia el abismo. El Gobierno achacó el atentado de Madrid a ETA sin "ninguna duda", y el ministro del Interior, ?ngel Acebes, declaró: "El Gobierno no tiene ninguna duda de que ETA está detrás de los atentados. Esto es absolutamente claro y evidente. Resulta absolutamente intolerable cualquier tipo de intoxicación que vaya dirigida, por parte de miserables, a desviar el objetivo y los responsables de esta tragedia y de este drama".
Ajeno al insulto que el ministro Acebes dedicaba a quienes dudaran de que ETA estaba detrás del atentado, Carlos Enrique Bayo, redactor jefe de Internacional de EL PERIÓDICO, hacía conjeturas sobre la posibilidad de que Al Qaeda estuviera detrás de las bombas. Y como él, muchos españoles empezaron a dudar.
Arnaldo Otegi, en nombre de la izquierda aberzale, atribuyó de inmediato el baño de sangre a "la resistencia árabe". Su inusual condena de un atentado daba, para algunos, pistas de que ETA no estaba detrás del ataque.
Los medios de comunicación de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia también optaron de inmediato por señalar la pista islámica, algo que el ministro Acebes demoró hasta las 20.15 horas del mismo día 11, en su segunda comparecencia. "Todos los indicios de los últimos tiempos apuntan a ETA, (...) pero he dado órdenes de no descartar ninguna línea de investigación. En estas investigaciones se ha localizado una furgoneta sustraída en Madrid con siete detonadores y cintas en árabe que contienen versículos del Corán".
Paralelamente, las Brigadas de Abú Hafs al Masri se atribuían el atentado en un mensaje al diario árabe Al Quds al Arabi. El PP se apresuró a minimizar el comunicado, que relacionaba el ataque con la guerra de Irak. A partir de aquel momento nada volvería a ser igual.

12-M
José María Aznar despertó el viernes con el convencimiento de que no se podía dar a ETA ni el "beneficio de la duda". Aznar dijo: "¿Qué Gobierno con dos dedos de frente no barajaría la autoría de ETA?". Su posición se dejó notar durante todo el día. El PP y los medios de comunicación próximos al Gobierno seguían utilizando las palabras "ETA" y "etarras" en cada manifestación, en cada emisión pública. En aquel momento ya había datos que relacionaban los atentados con Al Qaeda, pero el Gobierno insistía: ETA, ETA y ETA.
El ministro Acebes, que el día anterior había matizado su versión en cuestión de horas, continuaba sosteniendo que ETA era la organización sospechosa pese a que el hallazgo de una furgoneta y una mochila con explosivo y un teléfono móvil personalizado en árabe permitían en aquel momento trazar una línea de investigación clara hacia los fanáticos de Osama bin Laden.
Las manifestaciones, históricas, de los españoles la tarde del viernes se convirtieron en un clamor contra el terrorismo y por la paz. Llegada la noche, el PP seguía sin hablar claro. Parecía como si Aznar, a contrarreloj, quisiera apurar y llegar al 14-M proyectando la sombra de ETA sobre las urnas.
ETA cerró la jornada negando su autoría a la televisión vasca.

13-M
El 13-M, sábado, todo se iba a precipitar. La policía, que al parecer informó tanto a la oposición como al propio ministro Acebes sobre el avance de las investigaciones, había dado en el clavo. El teléfono móvil de la mochila que no estalló permitió llegar hasta cinco sospechosos. Con tres marroquís y dos indios detenidos en relación con el ataque, Acebes continuaba insistiendo sobre las 23.00 horas del sábado en que ETA era el objetivo. Mientras el ministro balbuceaba en Madrid, CNN International titulaba con Al Qaeda. Poco después, la organización de Bin Laden asumía el ataque con un vídeo que fue hallado en una papelera situada junto a una mezquita de Madrid. A diferencia de la primera reivindicación, en esta ocasión la policía dio como bueno el material. El titular previsto por EL PERIÓDICO, Al Qaeda, casi seguro, se cambió por Al Qaeda, confirmado. En aquel momento, miles de españoles ya estaban concentrados ante sedes del PP, sobre todo en Madrid y Barcelona, reclamando transparencia informativa.
El PP iniciaba el calvario.

14-M
El domingo electoral comenzó mal para el Partido Popular. Al Qaeda estaba ya en la mente de los españoles. ETA, la organización que iba a decidir estas elecciones, quedaba a un lado.
El PSOE y la izquierda llegaron a tiempo. La verdad se impuso.
El 11-M barrió al PP. A las 22.31 horas, el ministro del Interior, con voz clara y firme por primera vez en tres días, anunciaba a los españoles: "El PSOE ha ganado las elecciones". Se llevaba escrutado el 77,4% de los votos.
En sólo cuatro días España había cambiado y la rebelión democrática en las urnas dió el triunfo a la izquierda.
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