Tiene Venezuela dos lacras que anulan su economía y exacerban su vida social. Mientras ellas no sean superadas, seguirá nuestro país retrocediendo en lo material y reventando en lo social...
Dos lacras de Venezuela
Domingo Alberto Rangel
Tiene Venezuela dos lacras que anulan su economía y exacerban su vida social. Mientras ellas no sean superadas, seguirá nuestro país retrocediendo en lo material y reventando en lo social. Nadie que aspire a dirigirlo o a influir siquiera sobre su vida pública, podría aspirar al respeto de sus conciudadanos, si no empieza por ofrecer un programa serio para sanear estas dos lacras. La primera de tales lacras, de la cual deriva hoy todo nuestro drama de país estancado, es la monoproducción. Sigue Venezuela siendo en el siglo XXI, una simple factoría petrolera, especie de emirato enclavado en América Latina. Nunca había llegado como ahora ocurre, la monoproducción a ser tan tiránica. Venezuela es petróleo y sólo petróleo. Y ello la viene condenando desde 1983, cuando el modelo petrolero entra en su crisis final. Cada año baja Venezuela un peldaño en las jerarquías internacionales.
Seguir las estadísticas en las cuales se recopilen o midan las realidades del mundo de hoy es como recorrer un vía crucis, donde al desagrado sigue la postración con una Venezuela cada vez más débil o más retardada frente a sus hermanos de la América Latina.
¿Cómo salir?
De la monoproducción no saldremos sin un cambio de sistema económico, una sustitución del régimen político y una subversión del orden social. Un Estado fuerte que descanse sobre la nación en armas y no en ejércitos veleidosos, donde el ciudadano lo sea porque sabe manejar las armas, debe erigir las industrias que por su fuste, su papel y su número alteren el panorama económico. Gigantescas industrias pesadas como las metalúrgicas, las mecánicas y las químicas vendrían a ser el eje de una nueva economía. Plantas petroquímicas, de construcciones mecánicas, de celulosa y papel, todas ellas de alcance internacional, deberían ser erigidas por el Estado venezolano. ¿No es vergonzoso que Trinidad tenga una industria petroquímica mucho más grande y moderna que la nuestra? ¿No es humillante que mientras los pinos caribe llegaban a la Plaza Bolívar de Maturín sin ser aprovechados, Chile haya erigido una industria de papel de relevancia continental? ¿Y no lastima nuestro decoro nacional el hecho de que hoy produzcamos tanto acero como cuando gobernaba Betancourt y en ese lapso el Brasil haya emergido como quinto o sexto productor mundial? Las grandes industrias de ese ramo debe erigirlas el Estado haciendo el papel de promotor.
¿De dónde saldrán los recursos para financiarlas? Del ahorro que se haga en dos campos: el gasto militar y el gasto burocrático. Un régimen en el cual todo ciudadano sea miembro de la milicia nacional y las armas estén depositadas en arsenales del pueblo, ¿para qué necesita ejército, marina o aviación? Nada es más poderoso que el pueblo en armas; del ahorro en el gasto militar y el gasto burocrático, haciendo en este último cortes profundos, vendrían los fondos para financiar aquellas industrias.
La igualdad social
La desigualdad social es la otra lacra de Venezuela. En los últimos diez años, desde 1993, viene haciéndose más hondo ese abismo y más desgarradora la miseria.
Sobre la inmensa miseria de las mayorías ha cabalgado la demagogia criminosa de Hugo Chávez. El demagogo es siempre un mentiroso consciente o inconsciente.
Chávez lo es como nadie.
Desde 1999 la miseria no ha hecho sino incrementarse, es ella ahora mucho más grave que hace cinco o seis años. Y será más dramática dentro de dos o tres años. Mientras aquí no haya un cambio de sociedad, con otro sistema, otros valores y otros rumbos, la miseria seguirá incrementándose.
Seguirán creciendo las buhonerías, engordando los cinturones de miseria junto a las grandes ciudades y degradándose la nación como ahora sucede.
Chávez es la más cabal demostración del fracaso de la vía electoral para cambiar una sociedad. Con Chávez, como pasó con los adecos, tendremos caricaturas de solución para todo. Si El Mundo me permite una válvula de sinceridad diré que sólo una dictadura popular revolucionaria resuelve esta otra lacra después de haber resuelto la primera afegir comentaris // añadir comentarios // add comments
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