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Notícies :: dones
Violencia, identidad sexual y salud
26 mai 2004
Dra. Eileen Hoffman

Si nos molestáramos en percibirlo, notaríamos que la mayor parte de las noticias y reportajes sobre la "violencia" tratan, en realidad, de "hombres violentos". Esto no significa que las mujeres estén exentas de violencia, pero el predominio masculino en este comportamiento es abrumador. Sin embargo, utilizamos un lenguaje sexualmente neutro al hablar de la violencia "en la escuela" o "juvenil" o en la agresividad en la bolsa. Cabe preguntarse por qué un comportamiento tan claramente identificado con un sexo específico se menciona sin referencia alguna a ese sexo. En mi experiencia, el lenguaje sexualmente neutro se utiliza para describir comportamientos considerados normales.
En los casos en que la discusión se concentra en la masculinidad de la violencia, inevitablemente se resalta la función de la testosterona como agente impulsor del comportamiento agresivo: los hombres tienen mucha testosterona y las mujeres no. Si el problema fuera así de sencillo, bastaría con medir los niveles de testosterona, determinar quiénes presentan mayor riesgo de cometer actos violentos, y someterlos a la terapia adecuada. Pero los datos empíricos de que disponemos no confirman estas premisas. Los niveles normales de testosterona son un prerrequisito necesario para que se produzcan niveles normales de agresividad, pero estos niveles normales de agresividad admiten un amplio margen de variación en las concentraciones hormonales, las cuales carecen, por lo tanto, de valor predictivo. Resulta que la testosterona facilita la red neuroquímica cerebral responsable del comportamiento agresivo. Su acción es "permisiva". Es decir, si hay flujo de señal eléctrica, la presencia de testosterona aumenta la frecuencia de disparo y acorta el intervalo entre los impulsos de actividad eléctrica. Es como si se aumentara la intensidad mediante un reóstato, pero el interruptor ya estaba encendido. En realidad, existen datos que muestran que el comportamiento agresivo puede provocar un aumento del nivel de testosterona.

Robert Sapolsky, especialista en psicología conductista, describe un experimento interesante relativo a la agresión en los machos y en las hembras. En su entorno natural en Kenia, las hembras de la hiena pinta son más musculosas y agresivas que los machos, y son también el sexo socialmente dominante en esta especie. Es interesante observar que tienen más hormonas relacionadas con la testosterona que los machos. Si embargo, las hembras de esta especie que se encuentran en la Universidad de California en Berkeley (traídas cuando eran cachorros), aunque son similares en tamaño, musculatura y agresividad, tienen dificultad para establecer su dominio social sobre los machos, a pesar de que sus niveles normales de testosterona siguen siendo altos. ¿Qué factor es distinto? La ausencia de un sistema social establecido del cual puedan aprender.

Tal vez este experimento nos enseñe que la violencia entre seres humanos no depende solamente de la testosterona y del instinto natural de los machos de ser machos. Se trata de un comportamiento complejo que depende del contexto social y de la desigualdad de poder. Si no conseguimos entender la interacción entre la identidad sexual y las normas culturales que fomentan la violencia en los hombres, nunca lograremos tratar este problema de manera eficaz. ¿Cómo se pueden crear estrategias de prevención eficaces y coherentes con la declaración hecha por los Centros para el Control de Enfermedades (Centers for Disease Control) y la Dirección General de Salud Pública (Surgeon General) de Estados Unidos, según la cual la violencia es un problema de salud pública?

La identidad sexual es importante de varias maneras en la comprensión de la violencia. Su manifestación varía según el sexo de la víctima. La violencia de hombre a hombre es pública: ocurre en la calle, en las peleas de los bares, en los enfrentamientos en el trabajo o manejando un auto en estado de ebriedad. La violencia de hombre a mujer, en comparación, es privada y ocurre en la casa. Cada año, cuatro millones de mujeres estadounidenses son físicamente maltratadas por hombres con los que están o estuvieron íntimamente relacionadas, y el número de lesiones que las mujeres sufren de esta manera es mayor que todas las demás lesiones producidas por otras causas. El costo de la violencia también varía según el sexo. Los hombres son los responsables de la carga financiera que la violencia impone sobre el sistema judicial. La mayor parte de las personas encarceladas son hombres, y el 85% de los homicidios son cometidos por hombres. Las mujeres, que ya son los usuarios principales de los servicios de atención médica, experimentan muchos problemas de salud derivados de la violencia. La sociedad ve hombres "delincuentes" o "criminales" y mujeres "enfermas". ¿Es éste un problema médico que está siendo tratado por el sistema judicial? ¿O es un problema social que está siendo tratado por el sistema de atención médica? Resulta claro que estamos viendo el mismo fenómeno desde dos puntos de vista diferentes con una etiología común.

La ausencia de identificación explícita, en los medios de comunicación, entre el sexo femenino y los costos de atención médica relacionados con la violencia, es similar a la ausencia de identificación entre el sexo masculino y el comportamiento violento. Debido a que las mujeres rara vez se identifican ante los proveedores de atención médica como víctimas de agresión, es fácil ver los numerosos síntomas producidos por el abuso físico o sexual desde una perspectiva sexualmente neutra: fatiga, insomnio, palpitaciones, respiración entrecortada, dolores de cabeza, etc. Los médicos de atención primaria, insuficientemente capacitados para detectar y tratar de manera adecuada los problemas psicosociales subyacentes, observan a menudo estos síntomas sin acertar siquiera a diagnosticar trastornos como depresión, ansiedad, estrés postraumático, síndromes de dolor crónico, disfunción sexual, alcoholismo o drogadicción, y mucho menos percibir que estos trastornos pueden haber sido causados por la violencia. Muchos problemas obstétricos frecuentes son interpretados simplemente como tales por los obstetras, pero un estudio realizado en Cook County Hospital reveló que el 46% de la mortalidad maternal es atribuible a la violencia doméstica. Las mujeres embarazadas maltratadas también presentan un mayor riesgo de parto prematuro, peso demasiado bajo del recién nacido, lesiones fetales y muerte del feto. La etiología social de ciertas condiciones médicas, como el trauma vaginal consecuente a una violación o la fractura de huesos debida a una agresión, resulta relativamente más fácil de identificar cuando la atención médica tiene lugar en la sala de emergencias, pero es mucho más difícil detectar el contexto social de problemas médicos comunes en el consultorio de un médico de atención primaria, especialmente si el trauma ocurrió en un pasado lejano, durante la niñez. La mayoría de las víctimas de abuso sexual en la niñez son niñas, y los perpetradores del abuso suelen ser hombres de la familia o amigos cercanos. Las muchachas que han sufrido abuso sexual durante la niñez tienen muchas más probabilidades de quedarse embarazadas en la adolescencia, sufrir alcoholismo o drogadicción, contraer VIH, sufrir trastornos de la alimentación, sufrir dolor pélvico crónico y tener relaciones sexuales sin protección. Los embarazos no planificados y las infecciones transmitidas por vía sexual que provocan infertilidad en las muchachas y mujeres que tienen relaciones sexuales sin protección, son también un factor esencial de los costos de atención médica de las mujeres.

¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? El análisis basado en la identidad sexual no trata solamente de las mujeres. Los hombres también tienen identidad sexual. Tanto en el área de atención médica general, como en las de salud mental y obstetricia, este tipo de análisis es acuciantemente necesario para comenzar a exigir responsabilidades a los hombres y a los muchachos, así como para identificar las normas culturales que fomentan este tipo de comportamientos. De esta forma podremos desarrollar estrategias para diagnosticar y tratar adecuadamente (e incluso tal vez prevenir) los trastornos causados por la violencia masculina y mejorar así la salud para todo el mundo.

Dra. Eileen Hoffman, American College of Women's Health Physicians. EHoffman ARROBA aol.com
Mira també:
http://www.zmag.org/Spanish/1101viol.htm

This work is in the public domain

Comentaris

Re: Violencia, identidad sexual y salud
27 mai 2004
La imagen de la soldado americana torturando irakis nos demuestra que las mujeres pueden ser tan violentas como los hombres. En los campos de concentracion nazis para mujeres las guardianas eran tan sadicas o mas que los guardianes.
Re: Violencia, identidad sexual y salud
14 jun 2004
Me gustaría que comentaras de la violencia que sucede en tierra santa donde torturan, violan y matan no solamente hombres. Si no que mujeres y niños, donde nunca se a juzgado un israelí por matar un "autóctono palestino" Donde la tortura es legal y donde solo los inmigrantes del estado judío tienen derechos y la población autóctona tiene solo el derecha a irse de su país milenario.
Re: Violencia, identidad sexual y salud
20 jun 2004
Resulta sorprendente (o, mejor, "debería resultar sorprendente") que nuestra doctora no hable en ningún momento de la violencia de las mujeres contra los hombres, o de la violencia de unas mujeres contra otras. En su texto sólo hay dos posibilidades: la violencia de los hombres contra los hombres, y la violencia de los hombres contra las mujeres. En fin, que este texto es una buena muestra de cómo los prejuicios de que parte un supuesto estudio condicionan sin más sus conclusiones. Esta perspectiva sin duda es muy útil para conseguir subvenciones (como debe de necesitar un organismo que se llama precisamente "American College of Women's Health Physicians"), pero hace imposible cualquier avance objetivo del conocimiento.
Re: Violencia, identidad sexual y salud
16 mai 2005
la salud publika es a la sociedad lo ke el vatikano a la iglesia

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