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Notícies :: sense clasificar
¡Con el FMI hemos topado!
18 abr 2010
Las grandes potencias aprovecharon la crisis para recolocar al Fondo Monetario Internacional, durante años totalmente deslegitimizado, en el centro de la política económica.
De acuerdo con la Unión Europea, el FMI impone su política de rigor tanto en Europa como en el Sur. Y por lo tanto, continúa imperturbablemente con la misma política neoliberal que ejerce desde los años ochenta en los países empobrecidos, con sus «planes de ajuste estructural», y luego en el Norte bautizados como «planes de rigor económico» o «medidas de austeridad». En el caso de rechazo o insumisión, como sucedió en Argentina en 2001, o en Ucrania y Rumania el año pasado, el FMI aumenta la presión bloqueando sus préstamos, sin importarle las consecuencias sociales. Sin embargo, los sonoros fracasos de estas políticas fueron demostrados infinidad de veces: en todos lados se profundiza la desigualdad y la pobreza aumenta.
«Si al analizar el FMI, se considera que su objetivo es servir a los intereses de la comunidad financiera, entonces sus actos tienen sentido, puesto que de otro modo, parecen contradictorios e intelectualmente incoherentes»
Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, en 2001. El malestar en la globalización (2002)
Las grandes potencias controlan al FMI desde su creación
El FMI, así como su institución gemela, el Banco Mundial, nació en Bretton Woods (Estados Unidos) en julio de 1944. Actualmente, 186 países son miembros de ambas instituciones, cuyas sedes en Washington, a dos pasos una de otra, quedan muy cerca de la Casa Blanca. Pero la vecindad no es sólo geográfica, también es ideológica: estos gemelos promueven el famoso consenso de Washington, |1| cuyos diez mandamientos son prescriptos a los países sobreendeudados mediante los planes de ajuste estructural, en contrapartida a la concesión de nuevos préstamos.
Su funcionamiento según la regla «1 dólar = 1 voto» permite a los países ricos controlar estas dos poderosas instituciones, y en especial Estados Unidos, que dispone de una minoría de bloqueo. Con respecto al FMI, una norma tácita hace que el puesto de director general, elegido por cinco años, esté reservado a un europeo, mientras que el de director general adjunto lo sea a un estadounidense.
1982: Estalla la crisis de la deuda
El 20 de agosto de 1982, México fue el primero de una larga lista de países empobrecidos que no podían pagar una deuda que se había vuelto descomunal. El FMI apareció en escena como prestamista de última instancia y, cual bombero pirómano, repartió sus préstamos, y no fue para salvar a una población sobreendeudada sino para reembolsar a sus acreedores. Esos préstamos tienen como condición la aplicación de un programa de ajuste estructural, que impone tanto medidas estructurales como medidas de choque: privatizaciones masivas; liberalización de la economía y apertura de los mercados; reducción drástica de los presupuestos sociales; supresión de las subvenciones a los productos básicos; desarrollo de monocultivos de exportación en detrimento de los cultivos para consumo propio; incremento de los tipos de interés para atraer capitales, etc. Como ya pronosticaba Michel Camdessus, director del FMI entre 1987 y 2000: “Todas las trabas a la liberalización del comercio serán suprimidas, dejando a las empresas en libertad de producir y exportar sus productos como quieran y como decida el mercado.”
Como resultado de este proceso, estos países se endeudan nuevamente para poder pagar los antiguos préstamos, pero sin embargo esta vez los intereses son elevados... El mecanismo sutil de un neocolonialismo económico se instala a largo plazo: el servicio de la deuda enriquece a los acreedores y las políticas instauradas en los países con acuerdos con el FMI pasan por el control de Washington. Ya no hay soberanía: las instituciones financieras internacionales imponen la voluntad de los prestamistas y abren el camino a las multinacionales, la mayor parte de las cuales tiene su sede en el Norte. Para demostrar la omnipotencia del FMI, recordemos que el presidente brasileño Lula tuvo que firmar una carta comprometiéndose a respetar los acuerdos firmados entre su país y el FMI antes de su llegada al poder en 2002. Su política económica debió entonces seguir los discutibles preceptos del FMI. La prosecución de la austeridad presupuestaria había sido decidida en el acuerdo firmado por su predecesor, el presidente Cardoso, hasta 2005, cualquiera que fuera el candidato elegido en 2002.
Muchos países empobrecidos que eran autosuficientes en productos alimentarios a principios de los años ochenta, actualmente deben importar los alimentos necesarios para su población. La agricultura subvencionada de los países occidentales ha inundado el Sur, arruinando a decenas de miles de familias y expulsándolas de sus tierras hacia barriadas de chabolas. Cómo ejemplos: Senegal tiene que importar todos los ingredientes de su plato nacional, el pollo Yassa y Haití debe importar de Estados Unidos el arroz, que antes cultivaba en cantidad suficiente para alimentar a su población. Cuando los especuladores se abalanzan sobre estos productos en la Bolsa de Chicago, como ocurrió en 2008, los precios se multiplican en los mercados locales y decenas de países se ven en dramáticas situaciones de hambruna.
Las protestas van en aumento
Como consecuencia directa del abandono de las subvenciones a los productos de primera necesidad impuesto por el FMI, los movimientos de oposición a estos expertos ultraliberales se han multiplicado en el último cuarto de siglo. Los disturbios contra el FMI estallan a intervalos regulares en el Sur. Por ejemplo, en Perú, en 1991, cuando el precio del pan se multiplicó por 12 en una noche, o el del Caracazo (Venezuela), en 1989, tres días de disturbios que ocasionaron numerosos muertos, tras la aplicación de un plan de ajuste estructural.
Ante la impopularidad de las condiciones vinculadas a sus préstamos, varios países (Brasil, Argentina, Uruguay, Indonesia, Filipinas, Turquía...) reembolsaron anticipadamente su deuda con el FMI a principios del siglo XXI con el fin de desembarazarse de una tutela muy pesada. El monto de los créditos concedidos por el FMI cayó en picado y, en la primavera de 2008, la institución se vio obligada a despedir a 380 de sus 2.634 empleados y a vender parte de su stock de oro. Por otra parte, la institución se enfrenta a una grave crisis de legitimidad y los tres últimos directores del FMI han dimitido antes del final de su mandato.
El FMI y la crisis
Como consecuencia de las negociaciones del G-20 en Londres, reunido en abril de 2009, el FMI vio como se triplicaban sus recursos con el fin de que pudiera multiplicar sus préstamos en todo el mundo. Pero sus condiciones continúan siendo severas: reducción o congelación de los salarios del empleo público, reducción de las pensiones de jubilación, privatización de las empresas públicas, etc. El FMI ha abierto líneas de crédito con una decena de países de Europa del Este en menos de un año. Si Letonia quiere seguir recibiendo financiación del FMI y de la UE, debe tomar la decisión de reducir en un 20 % los salarios de los funcionarios y un 10 % las pensiones de jubilación. Estas políticas suscitan reacciones en la población, que se echa a la calle: huelgas generales como las que se suceden en Grecia, manifestaciones de profesores en Letonia, de funcionarios en Rumania, o el rechazo por referéndum del 90 % de la población islandesa a pagar una deuda que consideran ilegal...
John Lipsky, el número dos del FMI y ex alto cargo del banco JP Morgan, previno a los países desarrollados de que deben preparar a la opinión pública para próximas medidas de austeridad, tales como la disminución de los subsidios por enfermedad y de la jubilación. |2| Los pueblos deben oponerse de inmediato y con tenacidad a las exigencias del FMI y de los gobiernos del Norte al servicio de los mercados financieros, en caso contrario, se producirán grandes regresiones sociales. Y es urgente impedirlo.

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