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Notícies :: guerra
El horroroso crimen de no dejar atender a los heridos
18 jun 2004
Publicado en «Rebelión», pero seleccionados los párrafos relativos al tema de los heridos.
Matanza en al-Qaim

Imán Ahmad Jamas
CSCAweb (www.nodo50.org/csca), 7 de junio de 2004

Traducción para CSCAweb de Sinfo Fernández Navarro

(Fragmentos relativos al tema de los heridos)

«Nos pidieron ayuda y no pudimos hacer nada. Murieron desangrados.»

El informe del Centro del Observatorio de la Ocupación en Bagdad que presentamos a continuación y la aportación de testimonios que incluye dan cuenta de uno más de los episodios de ataques indiscriminados de las fuerzas de ocupación estadounidenses en Irak contra población civil de aldeas y ciudades del país. Al-Qaim, una pequeña localidad rural al norte de Irak, sufrió los días 17 al 19 de abril de 2004 una incursión militar por parte de las tropas de ocupación que habría causado la muerte de al menos cinco soldados estadounidenses y más de cien iraquíes. Los hechos que narra este informe no trascendieron entonces porque los duros combates que en las mismas fechas se estaban desarrollando en Faluya, entre los combatientes de la resistencia y los marines estadounidenses, acapararon entonces toda la atención mediática.

El pasado mes de abril fue el mes de Faluya: todas las agencias de los medios de comunicación informaron sobre la batalla que tenía lugar en esa ciudad. En cambio, sólo apareció un corto subtítulo en la lista de noticias del 17 de abril que indicaba que se habían producido combates en al-Qaim, a 420 kilómetros al oeste de Bagdad, que una patrulla estadounidense había sido atacada y que habían muerto entre siete y nueve soldados. Al día siguiente hubo un breve reportaje que mostraba las calles vacías de una pequeña ciudad rural iraquí. La noticia se olvidó velozmente.

Cuando fuimos hasta al-Qaim para averiguar lo que había sucedido en la masacre de la boda del 18 de mayo, todo el mundo, incluso los funcionarios, comentaba lo que había ocurrido allí mismo el 17 de abril. La gente estaba indignada porque más de cien personas habían sido asesinadas; pero lo que más les hería era que la mayoría habían sido niños, mujeres y ancianos que podían haberse salvado si se les hubiera podido prestar ayuda médica inmediata, así como el hecho de que muchos de ellos habían sido asesinados dentro de sus casas.

-Dr. Hamdi al-Alusi: Estuve recibiendo llamadas de socorro durante 24 horas, las ambulancias estaban preparadas para acudir pero las tropas estadounidenses nos lo impidieron. Yo mismo fui a hablar con ellos, envié a varios doctores y siempre nos dieron una negativa por respuesta. Incluso nos amenazaron diciendo que si alguna ambulancia se atrevía a salir del hospital le dispararían y matarían al conductor. Y así lo hicieron con una —puede verla en el garaje—, hiriendo al conductor en el cuello. Pedimos ayuda al Creciente Rojo, al alcalde, a la policía, a los oficiales médicos, pero hasta pasadas 24 horas no nos permitieron movernos y prestar auxilios, y aún así tan sólo a niños y mujeres, no a los hombres, cualquiera que fuera su edad. Se nos murió un niño de 14 años; no nos permitieron rescatarle. Muchos heridos murieron desangrados.

¿A cuántas personas mataron?
Entre 70 y 100 personas.
Pasadas 24 horas, los estadounidenses nos permitieron atender a los heridos y enterrar a los muertos, pero las familias se habían apresurado a enterrar a sus muertos porque temían que los combates estallaran de nuevo. Muchos de ellos habían sido enterrados en el jardín de sus casas. Una de las mujeres, que estaba embarazada, y a la que habían disparado en la cabeza, se estuvo desangrando y cuando enviamos por ella para que la trataran en Hit, una ciudad cercana, se nos murió en el camino. En la actualidad nuestro hospital está arrasado. El 18 de abril, después de permitirnos ayudar a los heridos, muchos vehículos blindados estadounidenses entraron en el hospital; querían ver a los heridos. Les dije que lo sentía profundamente pero que no era posible porque muchos de los heridos habían muerto en las últimas 24 horas. Entonces reunieron a los empleados del hospital, incluidos los doctores y los especialistas, les tumbaron en el suelo, boca abajo, y les registraron por todas partes sin dar explicaciones.

Escribí protestando a los oficiales médicos y todavía estoy esperando la respuesta. Pero esa no fue la única humillación con la que nos obsequiaron. El 20 de abril [los soldados estadounidenses] volvieron y me dijeron que querían a la Dra. Laman. Ella es ginecóloga. Querían llevársela para interrogarla en las oficinas de aduanas [de la frontera con Siria] que utilizan como base militar. Me negué, a menos que yo la acompañara, y les dije que iríamos en ambulancia, no en un vehículo militar [estadounidense]. Accedieron. Tuvimos que esperar 90 minutos. Entonces nos llevaron en tres vehículos multirruedas blindados «Humvees», hasta otra base a 40 kilómetros de al-Qaim, donde nos ataron las manos y nos cubrieron las cabezas con sendos sacos. Cuando protesté nos dijeron que era necesario hacerlo así. Dijeron que la Dra. Laman estaba acusada de ayudar a una persona herida. Les dije que yo, como doctor, la hubiera sancionado si ella no hubiera ayudado a un herido: «Somos médicos; ayudamos a las personas sin importarnos quiénes son», afirmé.

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