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El Museo Criptológico Nacional de EEUU
10 jun 2004
Articulo proviniente del boletín ENIGMA
El boletín ENIGMA es una publicación gratuita del Taller de Criptografía. Se permite su reproducción y difusión sin ánimo de lucro, citando nombre y referencia.

Página del Boletín Enigma (incluyendo números atrasados):
http://www.ugr.es/~aquiran/cripto/enigma.htm
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El Museo Criptológico Nacional de EEUU
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Hubo un tiempo en que la Agencia de Seguridad Nacional de EEUu
(NSA) negaba su propia existencia. En la actualidad, parecen haber
aprendido las ventajas de un buen sistema de relaciones públicas. Una de
las cosas que han copiado de sus primos británicos ha sido a usar los
éxitos del pasado para justificar sus actuaciones de hoy. ¿Que alguien
se queja de que espiamos las comunicaciones del mundo entero? Pues
mostremos los frutos que dieron ese tipo de pinchazos en la "belle
epoque" de la Segunda Guerra Mundial. De modo que "copypastearon" la
idea de montar un museo criptográfico. Si en Inglaterra tienen Bletchley
Park (una fundación privada), ellos montaron el National Cryptologic
Museum (NCM). En Marzo de 2003 tuve la oportunidad de hacerle una
visita, y ahora compartiré mis recuerdos con vosotros.

En aquel entonces, la situación internacional estaba bastante
caliente -las tropas norteamericanas se acercaban a las afueras de
Bagdad-, así que la llegada al NCM resultó un poco problemática. El
museo se halla a apenas un kilómetro de la sede de la Agencia de
Seguridad Nacional (NSA), lo que lo convertía en objetivo privilegiado.
Esto, unido al clima de paranoia existente, hacía que no me las tuviese
todas conmigo.

Por supuesto, nada de tomar el autobús. En un país donde usar el
coche para todo es norma nacional, la única forma de transporte público
era un taxi. Eso me dio la oportunidad de disfrutar de un increíble
rodeo por la carretera Washington-Baltimore, ya que la salida estaba
cerrada "por motivos de seguridad". El caso es que acabé llegando a una
estructura que recordaba a los moteles que vemos en las películas. No me
equivocaba en mucho, ya que la sede del NCM es un antiguo motel. A pesar
de ello, dentro hay suficiente espacio para estar entretenido un buen
rato.

El NCM contiene diversos artefactos y exhibiciones de material
desde la Guerra de Independencia hasta nuestros días. Libros antiguos
- -algunos cedidos por el criptohistoriador David Kahn-, máquinas de cifra
del siglo XIX y reproducciones de los puestos de escucha "de trinchera"
de la Primera Guerra Mundial dan la bienvenida a visitante. Conforme uno
se adentra en el museo puede asombrarse con sistemas tales como SIGSALY,
un cifrador de comunicaciones telefónicas que ocupaba el espacio de una
gran habitación. También puede verse una talla de un escudo americano
con truco: fue regalado al embajador americano en Moscú, y alberga en su
interior un hueco que servía como cámara de resonancia para facilitar
los pinchazos soviéticos. Podemos también examinar los avances en
computación, a menudo inspirados por las necesidades de la NSA, y
examinar diversos ordenadores antiguos y modernos, incluyendo los
míticos Cray. En clave más dramática, un pasillo nos recuerda los
nombres de los criptoanalistas muertos en acto de servicio, ya en el
campo de batalla o derribados sobre cielos soviéticos.

Pero, entre todas las salas, es la dedicada a la Segunda Guerra
Mundial la que constituye la joya de la corona. En el centro de la sala
se exhibe una "bomba naval", dispositivo criptoanalítico destinado a
reventar los códigos de las Enigmas de Doenitz. A su alrededor se puede
admirar una rica colección de máquinas Enigma: la comercial, la militar,
la naval, el modelo T, la de la Luftwaffe... a fin de cuentas, ¿quién
mejor coleccionista de estas máquinas que la NSA? No sólo eso, sino que
también podemos admirar diversos bichos de esa fauna, como las también
alemanas SZ40 ("Tunny") y T52 ("Sturgeon"), que protegían los más
secretos mensajes del mando alemán; las japonesas Purple y Jade; la
Sigaba norteamericana; e incluso una variante japonesa de Enigma.

En general, la impresión que me dio es que el NCM se merece una
sede más grande y mejor acondicionada. Bletchley Park es un museo vivo y
muy activo, de una gran extensión y atendido por docenas de personas; el
NCM, por contraste, parece contento con limitarse a vegetar a la sombra
de la NSA, en una zona de difícil acceso y donde verdaderas joyas
criptográficas se apiñan en unas cuantas salas. No significa ello que el
trato dado por su personal sea inadecuado, sino más bien al contrario.
Una vez terminé mi visita, no tuve ningún problema en acceder a la sala
de investigación, donde se almacenaban muchos e interesantes documentos.
Cuando tuve que buscar un taxi para salir de allí, los propios empleados
del museo me pidieron uno por teléfono. Mientras esperaba, incluso
tuvieron la amabilidad de regalarme un ejemplar de las Lecturas Friedman
(donde se incluyen diversas conferencias impartidas por el famoso
cripoanalista norteamericano William F. Friedman y su esposa). Y, si
alguien me pilló, por medio de las cámaras de vigilancia, mientras abría
una Enigma para fotografiar sus rotores, piadosamente nadie dijo nada.

Al terminar mi visita, debió haberme picado el bicho de la
curiosidad, porque no se me ocurrió otra cosa que dar un paseo higiénico
... en dirección a la sede central de la NSA, que como digo se encuentra
muy cerca. No pensé que llegaría muy lejos, porque la descripción que
hace James Bamford en su libro "Body of Secrets" me hizo temer que sería
uno de esos lugares donde el primer aviso que te dan es una ráfaga a tus
pies. Pero qué diablos, me dije. Así que puse cara de turista despistado
y me lancé a la aventura. Lo primero que me encontré es una discreta
estación de servicio. Recordé las palabras de Bamford: "... una vez,
cuando un reportero llegó a la gasolinera y comenzó a tomar notas, dos
coches de policía provenientes de la ciudad secreta [el complejo de la
NSA] se precipitaron y exigieron una identificación al periodista" El
caso es que entré como Pedro por su casa, pasé de largo sin ser
molestado y seguí unos cuantos pasos más.

Al poco, me encontré con un rincón dominado por un antiguo avión
de hélice. Formaba el núcleo del National Vigilance Park, un monumento
en recuerdo de los espías electrónicos que fallecieron mientras volaban
sobre los cielos de la Unión Soviética y otros países en busca de
señales. Resulta extraño ver un monumento oficial a unos caídos en actos
que, hasta hacía poco, eran considerados Top Secret, y que en su tiempo
bien pudieron provocar la Tercera Guerra Mundial.

Y, finalmente, llegamos al momento culminante. A mano derecha,
la mole de los edificios de la National Security Agency se alzaban sobre
mí. Un enorme aparcamiento se extendía a su base. Bamford describía el
lugar en términos amenazantes:

"... una rampa de salida [de la carretera], especialmente
construida desaparece rápidamente de la vista... la rampa conduce a un
laberinto de vallas con púas de espino, bloques masivos, detectores de
movimiento, ingenios hidráulicos anticamiones y gruesas barreras de
cemento. Durante las alertas, rápidamente se movilizan los comandos
vestidos en uniformes paramilitares negros, armados con diversas armas
uncluidos subfusiles Colt de 9 mm. Las cámaras de vigilancia por
teleobjetivo vigilan, la policía armada patrulla los límites, y diversas
señales amarillas avisan de que no se tomen fotografías ni se haga
siquiera una nota o bosquejo, so pena de la Ley de Seguridad Interna..."

Considerando esta descripción, hecha apenas dos años antes, y el
hecho de que la invasión de Irak tenía al país en un grado de alerta
elevado, me imaginaba encontrarme cualquier cosa ... menos lo que vi en
realidad. Las mil vueltas que tuve que dar en el taxi para entrar en el
NCM no me permitieron ver ninguna de esas barreras de cemento. Nadie me
pidió identificación ni me paró. Y en cuanto a las patrullas armadas, no
apareció ni un sólo guardia para preguntarme qué diablos hacía yo allí.
Me planté a la orilla de un pequeño cauce, tras el cual se alzaba la
verja delimitadora, y ni un signo avisando de no hacer fotos. De hecho,
saqué la cámara y tomé un par de fotos. A mi izquierda, en la entrada al
aparcamiento, pude ver un par de guardias de seguridad, más preocupados
en dirigir el tráfico que en la amenaza terrorista que yo pudiera
suponer. Junto a la garita, como testimonio del nivel de alerta
reforzaba, un Humvee del ejército servía como refuerzo de seguridad.

A pesar de que algunos árboles me tapaban parcialmente a la
vista de la garita de entrada, imagino que la NSA no sería tan tonta
como para no disponer cámaras de seguridad. Así que permanecí unos
minutos observando. Nada. Ni un guardia, ni un coche patrulla con
agentes ceñudos. Los pocos automovilistas que pasaron a mi lado de
camino al aparcamiento creo que ni me miraron. Considerando que yo
podría haber sacado un misil anticarro de la mochila y disparado
impunemente contra los bloques de edificios de la Agencia, me sentí
insultantemente ignorado. Una de dos: o me tenían enfilado por media
docena de francotiradores ocultos, o no creían que una simple persona, a
pie y con cara de turista bobo, constituyese una amenaza para ellos.

Pensé en ir un paso más allá y gritar "Allahu Akbar", o incluso
caminar hasta la puerta de entrada para pedir un taxi. Pero la sensatez
se impuso, y finalmente decidí dar por terminada mi exploración de
campo. Volví sobre mis pasos y pedí un taxi en el museo, no sin antes
haber saqueado el expositor de folletos. Tengo uno sobre la historia de
la Bomba criptoanalítica, otro sobre las matemáticas de Enigma, un
tercero sobre el descifrado de mensajes de los barcos contrabandistas de
alcohol en tiempos de la prohibición... ah, sí, y para las chicas, nada
mejor que el titulado "mujeres en criptología durante la Segunda Guerra
Mundial" Por no hablar de las fotos de mi visita, que podéis disfrutar
en el Museo Camazón del Taller de Criptografía. Como de costumbre, el
autofoco de mi cámara de fotos se pasó al enemigo. Pero qué diablos, ya
sabemos que esto del espionaje no es cosa fácil.

This work is in the public domain

Comentaris

Re: El Museo Criptológico Nacional de EEUU
10 jun 2004
tienes las fotos colgadas en algun sitio??
Sindicat