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Notícies :: globalització neoliberal : criminalització i repressió : amèrica llatina
Españoles expulsados presentan queja por la represión sufrida en Guadalajara
10 jun 2004
ARMANDO G. TEJEDA CORRESPONSAL

Con las huellas de los malos tratos y los golpes todavía presentes en el cuerpo, y la indignación por haber vivido una "pesadilla" repleta de "arbitrariedades" y "mentiras", algunos de los ciudadanos españoles expulsados de México durante la cumbre de jefes de Estado y de gobierno de América Latina, el Caribe y la Unión Europea, que se realizó en Guadalajara, formalizaron su queja ante las autoridades consulares mexicanas y reclamaron la suspensión de la pena de tres años sin poder ingresar a nuestro país.
La represión desatada en la capital de Jalisco contra los colectivos altermundistas, que se manifestaron de forma pacífica durante la cumbre para reclamar a los mandatarios europeos y latinoamericanos un cambio en las políticas imperantes, dejó un sinfín de testimonios que confirman la severidad de los métodos utilizados por los agentes mexicanos.

Los ciudadanos españoles Juan Francisco Mestre Morales, Silvia Ordaz Amor y María del Mar Rodríguez Jurado se encuentran entre las víctimas de las supuestas torturas, malos tratos y violaciones sistemáticas del principio universal que garantiza el derecho a una defensa justa y con garantías. Su historia es similar a la de decenas de jóvenes detenidos en aquellos días, sólo que por su condición de extranjeros fueron expulsados del país bajo la acusación de haber vulnerado las condiciones estipuladas en su "visado de turistas".

Después de permanecer seis días detenidos, primero en las instalaciones de la delegación de la Procuraduría General de la República en Guadalajara, y posteriormente en la oficina del Instituto Nacional de Migración en Iztapalapa, en la ciudad de México, estos jóvenes fueron deportados a pesar de tener su documentación en regla y de que en ningún momento fueron informados de los motivos de su aprehensión.

Ellos también forman parte del grupo de extranjeros expulsados del país en aquellos días, además de Mateo Zanetti, Patrick Leet, Jean Domínguez, Roxana Bestrin Fuentes y Laloue Desperrier Roux, procedentes de países como Estados Unidos, Australia, Francia e Italia.

Los relatos

El catalán Juan Mestre, de 31 años y natural de Barcelona, explicó a La Jornada que el día de su detención habían estado "un rato en la manifestación, pero cuando vimos los altercados decidimos alejarnos, porque no estamos por la violencia de ningún tipo. Y cuando pensamos que se habían tranquilizado las cosas, como dos horas después nos detuvieron en plena plaza cuando estábamos esperando el camión. De pronto, vimos que la policía estaba haciendo barridas por las calles contra la gente joven y diferente, como decían ellos. Sin mediar palabra nos llevaron a empujones a una camioneta, sencillamente nos amenazaban, nos golpeaban y nos decían cosas como 'te voy a romper la madre'".

María del Mar Rodríguez llevaba su cámara fotográfica y su acreditación como periodista cuando fue detenida, golpeada y "manoseada" por los granaderos mexicanos. Su testimonio: "cuando me detuvieron me dijeron 'ahora sí güera, te vas a chingar', en ningún momento me dejaron presentar mi credencial de fotógrafa y en cambio me dieron un par de golpes, me empezaron a manosear por todos lados y luego me dejaron como una hora dentro de la camioneta. También me hicieron pasar por el pasillo de la comisaría donde había decenas de granaderos, que me volvieron a manosear y golpear, hasta que me llevaron con el resto de los detenidos".

Ante las reiteradas situaciones de "indefensión" y "arbitrariedad" de que dice haber sido víctima, la joven catalana manifestó que "de esta historia me ha indignado todo lo que ha pasado, desde la detención hasta los engaños, la desinformación y la sensación de derrota e impotencia. Me surgió la sensación de que desde dentro no puedes enfrentarte al monstruo, que nos sobrepasaba la situación y que teníamos hasta miedo de salir a la calle. Además, no entendíamos el interés excesivo que tenían en Migración de sacarnos de México cuanto antes, supongo que porque estaban en juego intereses que se nos escapaban de las manos".

La joven madrileña Silvia Ordaz Amor, de 28 años, confesó que "nunca había sentido un miedo como el que sentí esos días, sobre todo durante las primeras horas en los sótanos, pues no sabía lo que me podía pasar, ya que había insultos, golpes, vejaciones y amenazas de muerte continuas. En algunos momentos tenía la sensación de que estaba en un sueño y no era capaz de asimilar que eso me estuviera pasando a mí, que de repente iba andando por la calle y me vi inmersa en esta historia terrible e injusta. Recuerdo miradas lascivas, amenazas del tipo 'esa güerita se arregla con un par de putazos', humillaciones y risas. Ha sido la única vez en mi vida que he sentido que podían hacer conmigo cualquier cosa".

La querella

Con la "pesadilla" todavía a cuestas, los tres jóvenes decidieron presentar una queja formal ante la embajada de México en Madrid, donde fueron recibidos por el funcionario Francisco de la Lama, a quien le explicaron su intención de solicitar la suspensión de la pena impuesta por Migración de tres años sin poder regresar al país. Mestre explicó que los recibió "con mucha diplomacia Francisco de la Lama y nos dijo que desde el gobierno de México se estaba intentando resolver el problema de los malos tratos y la represión, pero cuando le preguntamos sobre la pena de tres años sin poder entrar al país que nos habían impuesto, él nos dijo que quien lo decidirá finalmente es Migración en México, pero que sí podíamos tramitar los papeles desde el consulado".

Mar Rodrígez confesó que ve "bastante difícil" que les quiten la pena, pero que "estando aquí ya no siento miedo y mi intención es luchar ahora para que se me quite la sanción que se me ha impuesto, ya que asumirla sería igual a reconocer la culpa en algo que no es verdad. De repente siento que de alguna manera nos hemos rendido, y creo que eso es lo que más nos quita el sueño en estos momentos y no sé si me llegaré a perdonar a mí misma alguna vez por haber finalmente subido al avión. Aquí en el Estado español está posiblemente igual de podrido el sistema, pero todavía quedan brechas democráticas desde las que puedes luchar, mientras que en México me parece que todo funciona con mordidas y con mentiras."

La postura de Silvia Ordaz es similar, al sostener que "a pesar de que en el momento de subir al avión sí respiré un poco, al mismo tiempo me sentí mal, porque no había ninguna razón para irme de esa forma y menos bajo la amenaza de que debía elegir entre el avión o la cárcel. Al final me rendí, a pesar de que queríamos resistir, puesto que no habíamos hecho nada, pero sicológicamente no podía más y solamente me quería ir. Siento ese malestar también porque todavía hay mucha gente presa y yo, como extranjera, tuve la oportunidad -entre comillas- de librarme de esos procesos arbitrarios".
Mira també:
http://www.jornada.unam.mx/2004/jun04/040610/019n1pol.php?origen=politica.php&fly=1

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