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Anàlisi :: antifeixisme
Una carta escrita por Tarradellas en 1971, comnetada por un historiador en el año 2002 a los futuros lectores de un milenio después, para la adecuada comprensión y reflexión sobre un difícil episodio de la prehistoria de la Humanidad: La Guerra Civil
28 mai 2004
Una carta de Tarradellas escrita en 1971, comentada por un historiador en el año 2002 a los futuros lectores de un milenio después.
UNA CARTA ESCRITA POR JOSEP TARRADELLAS EN 1971, COMENTADA POR UN HISTORIADOR EN EL AÃO 2002 A LOS FUTUROS LECTORES DE UN MILENIO DESPUÃS, PARA LA ADECUADA COMPRENSIÃN Y REFLEXIÃN SOBRE UN DIFÃ?CIL EPISODIO DE LA PREHISTORIA DE LA HUMANIDAD: LA GUERRA CIVIL DE 1936-1939.

INTRODUCCIÃN
    Si un arqueólogo, mediante el análisis de la huella de un pie dejada en el barro, o con las inscripciones de unos ladrillos cocidos en la orilla del Eufrates, o con los jeroglíficos labrados en las columnas y paredes de un templo egipcio, puede reconstruir una cultura olvidada de la antigüedad (aunque las más de las veces con mayores dosis de imaginación y capacidad literaria que de metodología científica); si un medievalista, con cuatro viejos pergaminos del año 1100, devorados por las ratas, casi ilegibles, puede reconstruir toda la estructura social y política de la Edad Media; ¿puede un historiador reconstruir con una sola carta una sociedad de hace sesenta años? O mucho más modestamente: ¿una carta de Tarradellas, primer consejero de la Generalidad, puede evocar algunos aspectos fundamentales de la Guerra Civil en Cataluña?
    El historiador de unos hechos contemporáneos se encuentra con el problema opuesto al del arqueólogo, esto es, con el exceso de información. Pero los militantes que intenten estudiar la historia del movimiento obrero del siglo XX se hallan además ante el inmenso obstáculo de la desinformación demócrataliberal y la deformación estalinista o socialdemócrata. Pero imaginemos una sociedad que ha apostado decididamente por olvidar su historia, porque el inmediato y chato futuro pasaba por un pacto de silencio entre vencedores y vencidos (como en Francia e Italia después de la Segunda guerra mundial, en España durante la Transición, o en los ochenta en Chile y Argentina). Supongamos además que la generación que vivió esos acontecimientos ha llegado por razones biológicas a su extinción casi absoluta. Y que a las nuevas generaciones no les interesa el tema, si es que algo hay que les interese cuando está más allá de un palmo de su ombligo. Digamos además que la mayoría de libros que escribieron en su momento los protagonistas tienen escaso valor, salvo contadas excepciones, por su parcialidad. Admitamos la evidencia de que la historiografía académica más reciente sobre ese período histórico es en su mayoría extraordinariamente mema, sosa y aburrida. Y que esto explica también el desinterés de los más jóvenes. Dejemos de imaginar y aceptemos que estamos hablando de España y de la guerra de 1936-1939. Admitamos también que las falsificaciones históricas y la cancelación de la memoria popular son imprescindibles y consustanciales a la propaganda de las clases dominantes, y al método de estudio usado por los historiadores de la burguesía. Digamos que la objetividad y el método científico de la historia contemporánea en las universidades no tiene otra finalidad que la de demostrar que en nuestra sociedades no existen antagonismos sociales, ni intereses de clase contrapuestos, y que vivimos en el mejor de los mundos posibles, esto es, la democracia capitalista. Concedamos que el mercado editorial y el espíritu gremial de los historiadores se encargan de censurar, minimizar y anular cualquier intento de romper con esa historiografía, que forma parte de la ideología dominante del capitalismo. ¿Puede una breve carta evocar por sí sola toda una sociedad? ¿Podemos comprender una etapa crucial de la historia de un país con la lectura de una carta escrita 32 años después de los hechos, aunque no supiéramos nada más sobre esa época? O incluso aún más interesante y factible: ¿puede esa carta permitirnos reflexionar sobre las razones que condujeron al fracaso de los revolucionarios y a la victoria de los fascistas en la guerra civil?
    Imaginemos que han pasado mil años sobre el Museo de Historia de Cataluña, que el día de su inauguración sólo tenía de Tarradellas una foto, y que esos mil años han destruido toda la documentación existente sobre la guerra civil en todos los Museos y Archivos, excepto esa foto y la carta escrita por Tarradellas el 24 de marzo de 197 . Imaginemos que también la foto que el Museo de Historia de Cataluña consagra "tan generosamente" a Tarradellas ha sido destruida por esos mil años. Que sólo nos queda la carta. Concedamos incluso que nadie sabe que ha existido nunca ese Museo de Historia de "Convergència i Unió" de Cataluña, ni mucho menos de sus miserias, servilismos, burócratas a sueldo y otras mezquindades.
    Sí. Sólo con esa carta sería posible, para quienes la leyeran, revivir las luchas de la Guerra Civil, reconstruir la sociedad española de los años treinta, comprender qué se jugaba en esa guerra el proletariado y horrorizarse ante las consecuencias de su derrota. E incluso se podrían plantear y responder preguntas fundamentales: por qué se perdió la guerra y qué tipo de revolución estaba en juego. Y hasta entenderían la existencia de una identidad nacionalista catalana diferenciada del resto de España.
    ¿Sólo con una carta? Sí; pero se trata de una carta muy especial, escrita en un momento oportuno por un destacado protagonista de los hechos, en diálogo con un interlocutor también muy especial. Y sobre todo se trata de un lector del futuro, esto es, de un lector que vive en una sociedad comunista e igualitaria, libre de toda ideología, sin Estados, ni policías, ni fronteras, en la que no hay racismo porque existe una total mezcla de razas, en la que no hay nacionalismo porque no existen naciones, en la que no hay clases sociales, ni dinero. Una sociedad que sitúa al siglo XX en la prehistoria, porque afirma que la historia de la Humanidad empezó, no con el surgimiento de la escritura, sino con la desaparición del trabajo asalariado.
    La carta fue escrita por Tarradellas, que fue "Primer Conseller" de la Generalidad durante la guerra civil, y el único exiliado que regresó a España con el cargo que las instituciones en el exilio le habían otorgado, en continuidad con la legalidad establecida en el período republicano. Dicho de otra forma, fue el único republicano que regresó a España con todos los honores y reconocimientos. Pero tan importante como la persona que escribió la carta lo son el destinatario y la fecha en que fue escrita. El destinatario era Burnett Bolloten, historiador norteamericano no académico (la extranjería y el oficio del interlocutor son en este caso muy importantes), que dedicó toda su vida a estudiar la Guerra Civil española, y aún más concretamente la situación revolucionaria existente en la zona republicana entre julio de 1936 y mayo de 1937.
    La gente joven que vio "Tierra y Libertad" de Ken Loach (en 1995) preguntaba asombrada: ¿pero es que hubo una revolución en España durante la guerra civil? El levantamiento militar, apoyado por la burguesía, los grandes terratenientes, el clero, las derechas en general y los fascistas en particular, fue aplastado en media España por los trabajadores en armas. Y esos trabajadores no luchaban por sostener la legalidad republicana, o una democracia que poco les importaba, sino por una revolución social que les diera la propiedad de las tierras, el control de las industrias y la socialización de las riquezas del país en favor de los desposeídos y asalariados. Pero esa insurrección armada, victoriosa, de los trabajadores no fue coronada por la toma del poder político. La Revolución Española de Julio de 1936 fue una revolución sin organizaciones revolucionarias: FUE UNA REVOLUCION HUERFANA, o si se prefiere, una situación revolucionaria desaprovechada.
    Pero volvamos a la carta. ¿Podemos creer a pies juntillas todo lo que dice Tarradellas? Algunas cosas sí, y otras menos. Tarradellas escribe su carta en 1971, cuando es Presidente de la Generalidad en el exilio, es decir, cuando es un perfecto don nadie, sin responsabilidades políticas serias y sin una perspectiva próxima de desempeñar ningún cargo público. Podemos creer en la sinceridad de su respuestas, sobre todo si le añadimos además su confeso interés histórico por los acontecimientos vividos. Pero pese a la sinceridad de sus respuestas, no podemos olvidar que Tarradellas es el representante de la burguesía catalana, y por lo tanto la visión de los hechos viene condicionada por su visión de clase y catalanista. Por otra parte, en la carta existe un declarado empeño acrítico por mitificar la figura de Companys, unido a un resentimiento declarado contra esa burguesía catalana, que en el momento crucial de Julio de 1936 "abandonó su puesto", bien por miedo a la revolución, bien por cálculo oportunista en la victoria de Franco. Quizás fue al revés, quizás la burguesía catalana hizo lo que debía: defender sus intereses de clase; y quizás fueron Tarradellas y Companys quienes hicieron lo que no debían y se aventuraron en un gobierno frentepopulista, con anarquistas y estalinistas, en el que la burguesía catalana no veía la defensa de sus intereses de clase (que en realidad defendía mejor Franco). Sin embargo, no deja de ser cierto que jamás el autogobierno de Cataluña alcanzó mayores cotas y competencias que el conseguido por Companys y Tarradellas entre Julio del 36 y Mayo del 37. Pero eso le importaba a Tarradellas, y a cuatro políticos catalanistas, que oficiaban, soñaban y vivían de su profesión de político; no a la burguesía catalana, a la que políticamente debían y decían representar, pero que veía expropiada sus fábricas y en peligro su hegemonía de clase. Esta reflexión es indispensable para comprender por qué Tarradellas en la carta se muestra favorable a la revolución de Julio de 1936; pero el lector de la carta debe preguntarse inmediatamente si el concepto de revolución de Tarradellas es el mismo de los anarquistas. Y en todo caso debe mostrarse alerta ante el carácter del proceso contrarrevolucionario que condujo desde la insurrección obrera victoriosa del 19 de Julio hasta las Jornadas de Mayo del 37. Período en el que la táctica política de Tarradellas, de colaboración con el movimiento libertario, alcanzó su apogeo. Y el carácter de esa táctica política consistía en legalizar y aguar los hechos consumados por la insurrección revolucionaria, de forma que se impidiera su consolidación y profundización. La táctica de Tarradellas conducía a la hegemonía absoluta del gobierno de la Generalidad sobre la economía catalana. Y esto fue posible porque el Comité Central de Milicias Antifascistas fue fruto de la victoria anarquista y obrera del 19 de Julio, pero también de su renuncia inmediata a la revolución proletaria, en aras de la unidad antifascista con la burguesía democrática para ganar la guerra civil que se abría en el horizonte.
    Así pues, hemos dicho que es suficiente leer una carta para comprender aspectos fundamentales de la Guerra Civil española, que no plantean miles de libros sobre el tema. Pero también hemos dicho que leer la carta de Tarradellas no significa que nos creamos todo lo que nos dice al pie de la letra, sino que habremos de interpretarlo y sobre todo DESCUBRIR también lo que no nos dice, porque no puede decirlo. Y quizás sea necesario explicar las cosas que Tarradellas no dice, porque para él son obvias, pero que para un lector de dentro de mil años pueden ser un misterio insondable. Por ejemplo, será necesario decirle a ese futuro lector que en Cataluña hace mil años se hablaba un idioma propio, distinto del inglés y del español, lo cual suponía un enorme hecho diferencial, tanto cultural como político. Y que en Europa (y en el resto del planeta) habían fronteras que separaban unos Estados de otros. Y que el Estado, que pretendía poseer el monopolio de la violencia, era la organización administrativa, militar, legal y judicial que cada burguesía nacional levantaba para defender sus intereses de clase frente al proletariado. Y que el proletariado no poseía nada más que su fuerza de trabajo, y que en la España de los años treinta no existían las vacaciones, ni la seguridad social, ni el seguro de paro o enfermedad, ni las pensiones por vejez o viudedad. Y que los sindicatos de la CNT en la Cataluña de los años treinta podían abarcar toda la vida social, económica y cultural de sus militantes y afiliados, con la formación no sólo de sindicatos, sino también de ateneos, bibliotecas, escuelas racionalistas, editoriales, prensa, deporte y asociaciones en todos los ámbitos de la vida cotidiana... y que el motor económico de una sociedad capitalista no era la satisfacción de las necesidades materiales de los individuos y de la sociedad, sino la obtención de una plusvalía por el capital invertido en las empresas, y que ese motor dominaba todas las relaciones sociales entre los individuos.
    Y que en los años treinta el papel del Estado era fundamental, y que en muchos países controlaba e impulsaba la economía a escala nacional. Que de hecho la naturaleza de la sociedad y economía de la Unión Soviética podía definirse como un capitalismo de Estado. Y que el destacado papel del Estado era también dominante en la economía de la Alemania nazi y en la estrategia del New Deal de los Estados Unidos, aunque la salida a la depresión económica iniciada en 1929 no fue otra que una nueva guerra mundial imperialista. Y el aplastamiento de cualquier veleidad revolucionaria del proletariado era una condición "sine qua non" para el inicio de esa nueva carnicería mundial. El capitalismo no podía desencadenar una guerra mundial sin la previa derrota del proletariado revolucionario español.
    Sin embargo es preciso reconocer que todo eso será un mundo muy difícil de comprender en una sociedad igualitaria como la que existirá dentro de mil años, y que no podrá ver en la guerra civil de 1936 otra cosa que un intento fallido en la prehistoria del comunismo. Incluso sería necesario explicar que en 1971, como en 1936-1939, una carta se escribía a mano, o pulsando unas teclas en una máquina de escribir (que no era aún ni siquiera un ordenador) sobre un papel en blanco, que ese papel se doblaba, se introducía en un sobre, en el sobre se ponía un sello de correos que indicaba el coste del envío de la carta, y que ésta se echaba luego en un buzón de correos, y que ese sobre con la carta en su interior llegaba algunos días (o semanas en el caso de la correspondencia entre Francia y Estados Unidos) a su destinatario. Comprendemos que todo esto le parecerá muy lejano a un lector futuro; pero no ajeno, porque en definitiva no es la carta de Tarradellas lo que nos permite reconstruir una sociedad de hace sesenta años, sino el método y la perspectiva de clase con la que hemos leído ese documento histórico: la conciencia del curso histórico de la humanidad que conduce del comunismo primitivo de los cazadores de la Edad de Piedra al comunismo de las generaciones futuras. Y esa conciencia es la que une las generaciones del pasado con las del porvenir, y la que nos permite entablar un diálogo con un lector que aún no ha nacido; diálogo que quizás no sea posible establecer con un lector enajenado de hoy, quizás incapaz de comprender por qué las aves migratorias no reconocen fronteras, por qué el individuo no juega ningún papel en la historia de la especie humana, por qué no existen más dioses, ni héroes, ni reyes que los de la ignorancia o el miedo.    
    Podríamos decir mucho más, y mejor, pero con lo dicho basta, mientras no hayamos leido la carta de Tarradellas.
    A.G.I., Barcelona, junio 2002.

*

CARTA DE JOSEP TARRADELLAS:

                            "24 de marzo de 1971.

Mi querido señor Bolloten:

    Le ruego perdone si hasta hoy no me ha sido posible contestar a sus cartas de Enero y Febrero últimos. El motivo de esta demora se debe a no haber recibido su libro La revolución española. Las izquierdas y la lucha por el poder, que ha tenido la amabilidad de remitirme hace muy pocos días.
    Le agradezco profundamente su gentileza y le estimo muy de veras las cordiales palabras con las que ha tenido a bien acompañar su envío.
    Permítame que le exprese la fuerte impresión que me ha causado la lectura de su estudio que considero como uno de los más importantes entre los 15 ó 20 mil volúmenes que se han publicado sobre la guerra de España.
    Había ya leído la falaz introducción y adaptación que, sin su previa autorización, se había editado en España bajo el título El gran desengaño. Su lectura no produjo en mí decepción alguna porque ya de antemano sabía los procedimientos que había adoptado para publicar una versión que muy poco tenía que ver con la obra original. Además, mi querido amigo Herbert Ritledge Southworth ya me había señalado que la obra amañada que ha visto la luz en España era incompleta y que no debía atribuirle la importancia que en realidad tiene su trabajo y el pensamiento que usted expone en el mismo.
    No hay duda alguna y Mr. Southworth tenía perfecta razón, puesto que el libro que usted ha tenido la bondad de enviarme no tiene, en absoluto ninguna relación con El gran desengaño.
    Le ruego que acepte mi sincera felicitación y mi profundo reconocimiento. Su libro ha producido en mi un gran impacto. Lo he leído, he releído una y otra vez sus capítulos más importantes. Se trata en realidad de una obra que habrá de tener constantemente presente porque gracias a sus investigaciones y a su aguda inteligencia pone al descubierto hechos e intenciones que ignoran todavía hoy muchos españoles, como los ignoran muchos de los que, tanto en España como en el extranjero, se han dedicado al estudio de la proclamación de la República española y de la revolución iniciada el 19 de Julio de 1936.
    Le repito, pues, mi cordialísima enhorabuena y tenga seguridad que ha servido muy eficazmente nuestra causa y que todos los antifranquistas hemos de guardarle un gran afecto y reconocimiento.
    Representa para mi un gran honor que usted haya considerado oportuno solicitar mi opinión y preguntarme cual fue la acción de Cataluña durante la guerra provocada por el general Franco y muy especialmente durante las jornadas de Mayo.
    Debo manifestarle que ésta es una de mis mayores preocupaciones y siempre he sentido no disponer del tiempo necesario para poder escribir o informar con toda amplitud sobre lo sucedido en Cataluña durante todo el período de la República y de la guerra civil.
    Desgraciadamente el pasado no me interesa excesivamente porque toda mi lucha y todo mi esfuerzo están dedicados al presente y, sobre todo, al futuro de mi país. A esta labor dedico lo mejor de mi vida. Pero a medida que transcurren los años me doy cuenta que tal vez debía haber destinado una parte de mi existencia a poner en conocimiento del público unos acontecimientos que, por circunstancias diferentes, todavía son desconocidos de la gran mayoría.
    Los catalanes que tenemos la inmensa suerte de poseer una lengua con resonancias culturales y espirituales extraordinarias, principalmente hasta el final de la guerra, nos encontramos también con el inconveniente, llegado el momento de triunfo del franquismo, que todos los extranjeros y también muchos españoles que han querido hablar de la República y de la sublevación militar, olvidan constantemente Cataluña. Unos por voluntad deliberada y otros por desconocimiento del catalán que les impide consultar la prensa y los documentos oficiales y por lo tanto no pueden informar debidamente de lo que en realidad ha sucedido.
    Esta dificultad que por un lado nos ha causado gran perjuicio y que por otro constituye el orgullo de nuestra existencia nacional, es la causa fundamental de que el problema de Cataluña y su intervención en la guerra quede desdibujado y a menudo presente una imagen totalmente opuesta a la que tuvo en realidad.
    Afortunadamente, desde hace unos años, principalmente en Barcelona, la juventud, los profesores y estudiantes de nuestra tierra, se han lanzado con entusiasmo a la investigación guiados por el deseo de conocer, exactamente, lo sucedido en los años 1936 y 1939 y ya podemos celebrar hoy, en las escasas posibilidades que ofrece la censura franquista, algunos estudios muy interesantes.
    No sé si conoce usted el que ha publicado recientemente el Profesor de la Universidad de Barcelona, D. José María Bricall: Política económica de la Generalitat: 1936-1939 y el de que es autor el Sr. Albert Pérez Baró: 30 mesos de col.lectivisme a Catalunya.
    Estos son los dos libros más importantes, más objetivos y los que más se acercan a la realidad de lo sucedido en Cataluña durante aquel período glorioso de su existencia. Pero, como podrá comprobar, se trata de estudios sobre la política económica y financiera de la Generalidad, dejando de lado los problemas políticos, que por lo demás, no les hubiera sido posible publicar bajo la dictadura franquista.
    Ãltimamente se ha publicado también un libro de D. César M. Lorenzo, hijo de un Ministro de la CNT en el gobierno de Negrín, libro aparecido bajo el título Les anarchistes espagnoles et le pouvoir, supongo que debe conocerlo. Se trata de una obra interesante pero tan apasionadamente parcial que, a veces, cae en errores graves debido en parte a que su autor es, como le decía, hijo de un Ministro y tiene interés en defender la labor de su padre. A pesar de su interés general tiene el defecto de interpretaciones desmesuradamente parciales.
    Ha salido a la luz pública otro libro que trata de las Jornadas de Mayo en Barcelona pero padece del defecto de haber sido construido gracias a recortes de prensa más que con testimonios directos de aquellos acontecimientos.
    Quizás en esta inmensa bibliografía sobre la guerra de España el libro que da una visión más clara e inteligente de los sucesos de Mayo es el que ha publicado el escritor Noam Chomsky, que seguramente usted ya conoce. Sin ser exactamente lo que en realidad sucedió, su estudio es el único que plantea el problema y deduce unas conclusiones que, a mi entender, son las más acertadas y han provocado como consecuencia el nuevo resurgir del interés por aquellas Jornadas, por el trotskysmo, por Andrés Nin y otros.
    No hay duda que tengo un gran interés en hablar de éste y otros problemas ya que, como usted no ignora, durante los acontecimientos de Mayo era Presidente del Gobierno de la Generalidad de Cataluña y me encontré ante la situación más dramática de mi vida política puesto que le Gobierno tenía representantes de la CNT y del PSUC. Fueron momentos que nunca olvidaré.
    Los hechos de Mayo me han apasionado y me interesan profundamente porque los viví como nadie antes, durante y después de su explosión.
    Naturalmente su estudio requiere un tiempo del que yo no poseo. En cierta ocasión Mr. Hilton, de la Universidad de Stanford, hace de ello ya algunos años, me escribió también comunicándome su interés por aquellos acontecimientos extraordinarios. Un día u otro deberá aparecer el historiador que explique clara y científicamente, sin partidismo alguno, el motivo de aquellas jornadas.
    Por esto me perece muy acertado y le deseo muy sinceramente que tenga usted la oportunidad y las posibilidades necesarias para poder publicar el segundo volumen que ha tenido la amabilidad de anunciarme en su carta.
    Con toda franqueza debo decirle, contestando a su pregunta, que la política de la Generalidad, desde el 19 de Julio de 1936, a las 5 de la mañana, momento en que el Presidente Companys tomó el mando del ejército y de las Fuerzas de Orden Público en la Jefatura de Policía, hasta el fin de nuestra guerra fue, tanto en su posición como en la mía, en las responsabilidades que me incumbieron, de constante transacción.
    Tenga en cuenta que en el momento de la sublevación militar el Gobierno de la Generalidad, excepto naturalmente el Presidente Companys y su Ministro de Gobernación, puede decirse que desapareció totalmente. El Presidente Companys se halló ante la grave responsabilidad personal de realizar una acción que, si todas las fuerzas políticas democráticas hubieran cumplido con su deber, hubiera sido mucho más fácil. Desgraciadamente no fue así. A estas circunstancias se debe que poco tiempo después fuera yo nombrado Jefe del Gobierno, aunque gracias al curriculum vitae que me permito adjuntarle, verá que en los años 1931 y 1932, había ya formado parte del Gobierno de Cataluña.
    Pero "Esquerra Republicana de Catalunya", el Partido político del Presidente Maciá, que era mayoritario en todas las elecciones, se encontraba en minoría, en el momento de la guerra, en el Gobierno de la Generalidad. Este constaba, a partir del 19 de Julio de 1936, de 3 Ministros de la CNT, 3 Comunistas, 1 de la "Unió de Rebassaires" y 3 de "Esquerra Republicana de Catalunya". Durante todo el tiempo que tuve el honor de presidir su Gobierno fue precisamente el período durante el cual existió en Cataluña una coalición completa. Me encumbió una labor dificilísima porque frente a nuestras ideas y a nuestra manera de pensar teníamos a los comunistas y a los anarquistas que querían, cada uno de ellos, imponer sus convicciones.
    Más que de transacción podríamos decir que nuestra tarea fue una lucha permanente para impedir, en primer lugar, el choque entre dos fuerzas tan opuestas, choque que podía ser fatal para la continuación de la guerra. Y en segundo lugar, la necesidad de contrarrestar, con nuestro dinamismo y nuestra voluntad, la posición algunas veces demagógica de unos y otros. Creo que lo conseguimos pero la historia se ha explicado de manera diferente a lo que fue en realidad.
    A partir del primer momento de la sublevación franquista los anarquistas han querido dar una significación a su intervención en la revolución que, en ciertos aspectos, es realmente exagerada. Y me parece obvio señalar que los comunistas, para combatirla han ofrecido de nuestra revolución una versión errónea que ha demostrado más interés en denigrarla que no en honrarla a pesar de que ellos tuvieran gran responsabilidad en la misma. La prueba la tenemos en la Historia de la Revolución española, publicada en Moscú.
    Le decía que los anarquistas habían exagerado la importancia de su intervención y esto es evidente. En la actualidad todo el mundo puede saber que los vencedores de los militares y fascistas sublevados no fueron los militantes de la CNT, ni los Comunistas que en aquella fecha no habían constituido todavía el PSUC, sino las fuerzas de Orden Público, la Policía, la Guardia Civil, y el ejército leal a la República, es decir, las fuerzas que controlaba y dirigía la Generalidad de Cataluña.
    Fue a las cinco de la tarde del 19 de Julio que las Fuerzas de la Guardia Civil asaltaban el Edificio de la Telefónica y reducían totalmente la sublevación militar. Fue el Comandante Pérez Farrás quien detuvo al Capitán General Goded, Jefe de los insurrectos en Cataluña y lo conducía, prisionero a la Generalidad de Cataluña y allí, por exigencia del Presidente Companys, se dirigió por radio a la población anunciándole su capitulación.
    Este acontecimiento extraordinario lo recuerdo perfectamente por encontrarme presente. Después de haber hablado por radio el general Goded, reconociendo el fracaso de su intento y rindiéndose sin condiciones, el Presidente Azaña telefoneó al Presidente Companys para asegurarse de la veracidad de esta rápida victoria de Cataluña, temiendo que se tratara de una maniobra contra la República. No llegaba a comprender que Goded hubiera sido ya vencido y que solicitara a sus fuerzas que se entregaran a las que habían permanecido leales a la República. Cuando el Presidente Companys le aseguró personalmente que acababa de salir de su despacho el general Goded, detenido, el Presidente Azaña no alcanzaba a comprender que pudiera ser así. Días después confesó que había quedado sin saber que decir ante un hecho tan extraordinario.
    Al saber Madrid que Cataluña había triunfado total y rápidamente de la sublevación, que el Jefe de los rebeldes, el general Goded había sido detenido y que ya no quedaba ninguna fuerza fascista en condiciones de continuar la lucha, se produjo en la capital española aquel entusiasmo popular que transformó rápidamente en victoria una lucha que en aquellos momentos no estaba decidida todavía.
    Si Cataluña fue en ciertos momentos la pieza determinante - y crea, mi querido amigo Bolloten, que no me guía al escribir ningún espíritu chauvinista, sino la estricta realidad -, se debe, repito, a la presencia, al valor y al patriotismo del Presidente Companys que desde la Jefatura de Policía, dirigió con energía las fuerzas de la República. Naturalmente, una vez vencida la sublevación surgieron las fuerzas populares que si en ciertos momentos contribuyeron con entusiasmo al aplastamiento de la rebelión, adquirieron su mayor preponderancia unos días después.
    En primer lugar debido al error monumental que cometió el Gobierno Central del Sr. Casares Quiroga. En efecto, el entonces Ministro de la Guerra, que era al mismo tiempo Presidente del Gobierno, quiso disolver el ejército de la República. Creía que con sus decretos y decisiones podría influir a los soldados que encuadraban los oficiales sublevados. En realidad sucedió todo lo contrario. Es decir que esta medida incomprensible tuvo efecto sólo entre los soldados de la República que abandonaron las armas regresando a sus hogares y provocando con ello un desorden en nuestro bando. Al deshacer una fuerza armada que hasta el momento se había opuesto, con éxito, a los insurrectos, se facilitó la tarea a los enemigos de la República y luego tuvo que rehacerse de nuevo, con intervención de todas las fuerzas políticas y sindicales. Esta grave decisión pocas veces ha sido comentada públicamente y creo que en aquellos momentos fue decisiva.
    Cataluña había vencido rápidamente, gracias a sus fuerzas de Orden Público y también a la intervención del pueblo. Pero no se contentó con esta victoria. A los pocos días salían de Barcelona y de toda Cataluña, fuerzas para ocupar el frente de Aragón. A primeros de Septiembre yo llegaba a Madrid, como Jefe del Gobierno de la Generalidad, acompañando 2 Regimientos de las Fuerzas de Guardia Civil leales a la República que fueron destinadas al frente de la capital puesto que como usted ya sabe en Septiembre de 1936, los franquistas habían llegado casi a sus puertas. Estas fuerzas participaron inmediatamente en las operaciones de Brunete.
    Cataluña pues, no sólo venció totalmente gracias al Gobierno de la Generalidad y a la colaboración de su pueblo, sino que alimentaba exclusivamente el frente de Aragón, enviaba sus fuerzas más disciplinadas al frente de Madrid, ayudaba con los escasos aviones que poseía a las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa, asediadas por los facciosos y se lanzaba también a la ofensiva de Mallorca que el Ministro de la Guerra, entonces D. Indalecio Prieto, boicoteó totalmente y por este motivo la expedición no pudo alcanzar sus objetivos posibles en aquellas circunstancias, de haber contado con la simple aquiescencia del Gobierno central. El error del Sr. Prieto lo pagamos después muy caro puesto que Mallorca constituyó más tarde la plataforma desde la que se lanzaron las fuerzas rebeldes para bombardear Cataluña y todo el litoral republicano. [...]
    Del Comité de Milicias Antifascistas se ha hablado ya mucho. Se ha dicho, incluso, que constituyó el verdadero Gobierno de Cataluña. No es cierto. Sepa que en el momento de su creación yo no era todavía Consejero del Gobierno de la Generalidad pero fui nombrado por el Presidente Companys, representante de este Gobierno en el Comité de Milicias. Formaron parte de él, como usted ya sabe, los Sres. Durruti, Ascaso, García Oliver, Gorkín, Vidiella entre otros, es decir, todas las fuerzas revolucionarias y ya puede suponerse el poco peso que teníamos en su seno los Delegados de los Partidos que yo presidía, en nombre del Gobierno de la Generalidad.
    Pero sería una injusticia decir también que el Comité de Milicias Antifascistas no representó un papel importante. Evidentemente su acción fue decisiva pero en todo momento estuvo controlado o poderosamente influido por la gigantesca figura del Presidente Companys y por todos aquellos que desde el primer instante nos mantuvimos sin dudas ni vacilaciones, en el lugar que nos correspondía.
    En el Comité de Milicias se creó un contacto personal que fue sumamente importante y que tuvo gran repercusión durante todo el tiempo que duró la guerra. Personalmente no conocía a ninguna de las personas que le he indicado. Pero nuestro contacto se convirtió en un espíritu de camaradería y en una voluntad de unificar la lucha. Este estado de espíritu me permitió, más tarde, presidir los Gobiernos de la Generalidad. Sin vanidad alguna debo comunicarle, sólo con el fin de una aclaración histórica, que en el período de la guerra fui el único que tuve el honor de presidir Gobiernos donde estaban representadas todas las fuerzas políticas y sindicales de Cataluña.
    El problema de la CNT, de los Comunistas, del Gobierno de la Generalidad, la circunstancia que el Presidente de la Generalidad, yo mismo, y "Esquerra Republicana de Catalunya" - partido al que pertenecíamos el Presidente Companys y yo - no rectificaron en ningún momento las apreciaciones y los juicios emitidos en aquel momento por el Comité de Milicias, han creado la confusión que permite decir - erróneamente - que este Comité representaba el verdadero Gobierno de Cataluña.
    En aquel período de la guerra mantuvimos aquella posición que usted cataloga como de control o de mediación de las fuerzas que nos acompañaban. Comprenderá que nos veíamos obligados a ello. Sin el ejemplo dado desde el primer momento, sin el deseo de salvar nuestro país, sin olvidar ni un solo momento nuestro deber de ayudar a Madrid y a los demás pueblos de España en su lucha contra el franquismo, la política del Presidente Companys y la que yo seguí como Presidente del Gobierno y más tarde como Ministro, fue siempre de contemporización de seguir siempre avanzando, nunca de retroceder.
    Por todo esto, como le he dicho, conseguimos el triunfo que un día no sólo el pueblo catalán, sino también el pueblo español y la conciencia mundial, deberán reconocer.
    Después, naturalmente, llegaron las Jornadas de Mayo ¡Existen tantas versiones de aquellos acontecimientos! Incluso hemos podido comprobar en París, el año 1968, a raíz de la explosión de la juventud estudiante, que los sucesos de Mayo en Cataluña y todo el período del Gobierno de la Generalidad con sus colectivizaciones, sus Consejos de obreros, despertaron un gran interés.
    Por el papel que representé me resulta muy difícil explicarle como pudo llegarse a aquella situación y por qué se produjo aquella explosión que fue causa de nuestro desastre y de la pérdida de la guerra. Porque en realidad, a partir de aquellas jornadas, empieza el gran declive de nuestra preponderancia, no catalana sino antifranquista, en el ámbito de la política española.
    Ya habla usted de esto en su libro y creo que sus explicaciones son perfectamente claras en lo que se refiere a la actitud del Presidente Largo Caballero. Siempre he tenido el convencimiento que uno de los factores que más decidió contra la victoria total de Cataluña fue debido a que muchos de los dirigentes españoles no creían en esta victoria.
    Soy testigo de esta afirmación porque los meses de Agosto y Septiembre de 1936, estuve en Madrid, en los momentos que la capital se encontraba sitiada. Nunca me he encontrado con un Gobierno tan desmoralizado y con tan poca autoridad como el que presidía el Sr. Giral e incluso el que más tarde presidió el Sr. Largo Caballero. Con lo que acabo de expresarle no pretendo que no hicieran todos los esfuerzos necesarios para continuar la lucha y salvar los principios elementales de nuestras Instituciones pero sí que les faltaba el aliento revolucionario y al mismo tiempo constructivo que existía en Cataluña.
    Tanto era así que uno de los motivos de mi viaje - como ya debe saber - fue, además de acompañar las fuerzas de la Guardia Civil para ponerlas a la disposición del comandante militar de Madrid, para solicitar al Gobierno Central que trasladara rápidamente a Cataluña la fábrica de armamento y cartuchos de Toledo. Acompañado por el Coronel Giménez de Abraza, director de la fábrica de armas de Oviedo, del Coronel de Aviación, Ramírez Cartagena, uno de los jefes de la aviación de Barcelona en los momentos de la sublevación, acompañado pues de estos dos militares republicanos y fieles a su juramento de defender la República, tuve diferentes entrevistas con el Sr. Largo Caballero y sus consejeros. Sintiéndolo como usted no puede tener idea, tuve que regresar a Barcelona sin haber conseguido que la fábrica de armamento y municiones de Toledo fuera trasladada a Cataluña.
    ¿Qué paso después? Pues muy sencillamente, que la fábrica en cuestión se quedó en Toledo y después cayó, intacta, en manos de los facciosos.
    Sería interesante sobre este aspecto, y permítame este ruego, leer de nuevo la voluminosa obra del Sr. Manuel Aznar: Historia de la Guerra de España. Podrá comprobar precisamente la actitud del Gobierno de la República respecto al general Moscardó, sobre la fábrica de armas de Toledo. Este general hizo todo lo posible para no ejecutar las órdenes dictadas por el Gobierno de Madrid y consiguió, sin un solo tiro, apoderarse del millón de cartuchos que existía en la fábrica de Toledo y pasarlos al interior de El Alcázar. Si durante el mes de Agosto, cuando yo me encontraba en Madrid, el Gobierno de Largo Caballero y sus consejeros hubieran tenido una visión más clara del peligro que realmente corríamos, creo que debían imponer otras medidas. En primer lugar, evacuar hacia un lugar seguro el millón de cartuchos que allí se encontraban y después trasladar la maquinaria para la construcción de armamento puesto que la única que existía en España - además de la de Toledo - se encontraban en manos de los facciosos en Oviedo. De haber percibido la importancia de aquella fábrica creo que la evolución de nuestra situación hubiera sido rápidamente más favorable. Leyendo el capítulo que el Sr. Aznar dedica a este incidente podrá juzgar de la ingenuidad, del infantilismo y de la falta de entusiasmo en nuestros ideales de muchos de los hombres que ocupaban cargos de responsabilidad en la lucha contra el franquismo.
    Si usted quiere se trata de una pequeña anécdota ante la amplitud de nuestra guerra civil, pero demuestra claramente el estado de espíritu en aquellos momentos en Madrid, desde el Presidente Azaña, que visité repetidas veces, hasta los cargos subalternos de la política española. Existía el recelo de que se creara una fuerza militar en Cataluña. Y esto puedo asegurarle que no era nuestro propósito. Si en aquel momento deseábamos ser fuertes era única y exclusivamente para estar en condiciones de colaborar eficazmente en la lucha contra el franquismo no como catalanes, sino como españoles. Pero este recelo hacia Cataluña fue más fuerte que el deseo de ganar la guerra y pude comprobarlo en todas las personalidades que en aquella ocasión tuve la oportunidad de visitar.
    Regresé a Barcelona con la desilusión de no haber sido comprendido y con el presentimiento - que se realizó - de que la fábrica de armas de Toledo, que habría podido suministrar municiones suficientes al ejército republicano caería, fatalmente, en poder de los franquistas.
    Es evidente que 35 años después puede parecer que mi fracaso tuvo poca importancia. No lo creo así. A pesar de los años transcurridos puedo recordar la unánime indignación del Gobierno de la Generalidad cuando le informé del resultado de mi gestión, y esta indignación fue mayor si cabe entre las organizaciones políticas y sindicales a las cuales, ante la gravedad de la situación, también informé ampliamente. En la actitud del Gobierno de Madrid podía comprobarse una falta de visión del futuro, un odio hacia Cataluña, un pesimismo desmesurado o un optimismo infantil. La realidad es que hallándose en poder de los sublevados las fábricas de armamento de Oviedo y las de Guipúzcoa y Vizcaya sitiadas por el ejército franquista no pudiendo ser de alguna utilidad para el sector republicano, Cataluña guiada por su espíritu creador debía poner en pie una industria de guerra. Para ello era urgente poner a su disposición aquella maquinaria que corría el riesgo de caer en manos del enemigo.
    Por esto no solicité el traslado a Barcelona de la fábrica de pólvora de Murcia, porque no corría el mismo peligro que la de Toledo. Desgraciadamente sucedió lo que era de temer, tal como me he permitido poner a su consideración.
    Por los informes que usted facilita en la tercera parte de su libro y por la lucidez de sus comentarios, supongo que no le extrañará lo que acabo de exponerle. Estoy plenamente convencido que si el Sr. Largo Caballero, en aquellos momentos, es decir, durante los meses de Agosto y Septiembre de 1936, hubiera tenido a su lado a los Ministros de la CNT, su reacción ante mis requerimientos hubiera sido muy diferente. Porque siempre he tenido la certeza de que si bien es cierto que existían fuerzas que intentaban frenar la revolución, no hay que olvidar también la existencia de otras a las que esta actitud convenía porque creían, con razón, que al mismo tiempo conseguían amortiguar el espíritu de lucha y desvirtuar nuestro combate contra el franquismo.
    En definitiva, el estado de espíritu, tanto del Gobierno Giral, como el de Largo Caballero, durante los primeros meses es todavía incomprensible para mi y fue de graves consecuencias que pesaron negativa y poderosamente en la conducta [¿dirección?] de nuestra guerra.
    Me permito añadirle que el problema de las Industrias de Guerra fue una de las batallas que dio la Generalidad. Desde los tiempos de la Monarquía y después, de la República, nunca había existido en Cataluña ni una fábrica de artillería, de fusiles y ni tan sólo de pólvora. No existía la posibilidad de transformar rápidamente nuestra industria para ayudar eficazmente a los que luchaban contra la sublevación del general Franco. Tuvimos que crearlo todo de nuevo y a menudo contra la misma voluntad de Madrid que prefería comprar el material a Rusia o a otros países de Europa, antes de facilitar su construcción en Barcelona o en otro sector de Cataluña.
    Este es uno de los sentimientos más amargos que guardo de mis primeras visitas a Madrid. Porque pude darme cuenta de que tal vez existía una animosidad contra Cataluña por el hecho de haber triunfado rápidamente de la sublevación franquista mientras que en la capital española se creía que se trataba simplemente de una acción como la del general Sanjurjo, el 10 de agosto, que no tuvo trascendencia en el país.
    Cataluña no fue de esta opinión y así fue como su Gobierno y todas las fuerzas políticas y sindicales se lanzaron heroicamente a la lucha, con fe y entusiasmo. Y en aras de esta libertad amenazada por los franquistas millares y millares de catalanes ofrendaron la vida.
    Esta es, a mi entender, la gran explicación que un día habrá de hacerse pública, con documentos y toda clase de detalles, como los que en este momento improviso y pongo a su consideración.
    Naturalmente, el gran dilema hoy todavía sin dilucidar consiste en saber si podíamos hacer la guerra y la revolución al mismo tiempo o si sólo debíamos preocuparnos de ganar la guerra manteniendo en su estado las estructuras financieras, económicas y sociales, tal como existían antes del 19 de Julio. Sobre este punto todo el mundo ha dado su opinión pero yo no sé de ningún país levantado en armas contra un ejército que le ataca alevosamente, que haya continuado con el mismo vivir de siempre sin reformar profundamente y sin aniquilar aquellos privilegios de una clase que representaban los sublevados.
    He aquí, en líneas generales, mi opinión sobre lo que usted ha tenido la atención de consultarme. Le ruego me perdone si a lo largo de lo que le he manifestado puede parecerle que hago una apología de la acción de Cataluña. Usted sabe que si bien la gran mayoría de los hombres que en ella luchaban eran catalanes, también existía una gran cantidad de ciudadanos de otros pueblos de España que unieron fraternalmente su esfuerzo a nuestra acción y así vemos que aportaron todo su entusiasmo y su inteligencia al Gobierno de la Generalidad hombres tan significados de la CNT y de la FAI, como Diego Abad de Santillán, Pedro Herrera, García Birlán, Manuel Molina, etc. es decir, que la compenetración fue siempre total entre la CNT y la Generalidad y a menudo también, porque negarlo, con el Partido Comunista, aunque las dificultades con éste aumentaron a medida que aumentaba la intervención de Rusia en nuestro país ya que su influencia se repercutía también en la política que llevaban a cabo los comunistas españoles.
    Ya sabe usted la inmensa bibliografía que existe sobre la guerra civil española. Pero considero que las cosas fundamentales todavía no se han hecho públicas. Le puedo asegurar que por mi parte es la primera vez que hablo de ello, a excepción de las conversaciones que he tenido con mi amigo el Sr. Southworth, con quien, a menudo, discurrimos de esta época gloriosa, como también lo hacemos con otros catalanes y españoles que compartieron nuestros ideales. Es la primera vez que hago mención por escrito de un pasado reciente y esto se debe a que la lectura de su libro me ha demostrado que usted es merecedor de la confianza que le manifiesto a través de mi visión de la guerra de mi país y de las realidades que nadie podrá, ni hoy ni mañana, desmentir.
    [...] afectuosos saludos.

            Josep Tarradellas.
                Presidente de la Generalidad de Cataluña.
                37 Saint Martin le Beau."

*


CONCLUSIONES.
    La ambigüedad ideológica fue un elemento consustancial al movimiento libertario. Y esa ambigüedad fue elevada a los altares por los compromisos y lealtades antifascistas de los líderes anarcosindicalistas y por los avispados políticos burgueses, que supieron llevar a su molino las turbias aguas de la incoherencia anarquista.
    Para poder comprender la ambigüedad ideológica de los libertarios y de Tarradellas, en el proceso contrarrevolucionario iniciado con la victoria de la insurrección obrera del 19 de Julio en Barcelona, ES IMPRESCINDIBLE establecer unas definiciones teóricas claras sobre los siguientes conceptos: Estado, revolución, poder, doble poder, anarquismo, guerra revolucionaria, guerra imperialista.
    El Estado es la organización del monopolio de la violencia al servicio de la clase social dominante. En un Estado burgués ese monopolio se hace en favor de la burguesía, en un Estado proletario se haría en favor del proletariado. El Estado no es pues, como creen los anarquistas, ni bueno ni malo POR NATURALEZA PROPIA. El Estado capitalista es uno de los instrumentos más importantes del dominio de la clase burguesa sobre el proletariado, esto es, el aparato de represión que asegura las relaciones sociales de producción capitalistas. La primera tarea de una revolución proletaria es la destrucción total de ese Estado capitalista. Sin LA VOLUNTAD Y LA ACCION PRACTICA (de un partido revolucionario) de destrucción del Estado capitalista no puede hablarse de revolución proletaria. Quizás pueda hablarse de movimiento revolucionario, de una situación revolucionaria, de revolución "popular", de unidad antifascista, de guerra contra el fascismo, de los brillantes análisis "verbales" del POUM, etc... pero no de revolución proletaria.
    El poder es siempre el poder de hacer algo: la capacidad de hacerlo. Tarradellas decía que el poder consistía en tres botones: apretabas un botón y aparecía el coronel de la guardia civil, que se cuadraba y se ponía a tus órdenes. Apretabas un segundo botón y se presentaba el secretario de Hacienda para recaudar efectivamente nuevos impuestos. El tercer botón servía para llamar a un secretario y redactar un decreto, que una vez publicado en el Boletín Oficial sería de obligado y efectivo cumplimiento. El 19 de Julio, y las semanas siguientes, esos botones no funcionaban porque se había cortado el suministro eléctrico, y si salías del despacho tampoco encontrabas al conserje, ni al secretario de Hacienda, porque habían huido, y si hubiera funcionado el timbre, no podías estar seguro de si el coronel de la guardia civil estaba a tus órdenes o venía a destituirte, o lo que es peor, si en su lugar podía presentarse un bruto "anarquista de Tarrasa". En cuanto a los decretos no valían ni el papel en que estaban impresos.
    Tomar el poder significa asegurarse una posición que te permite pulsar con eficacia esos botones, y que esos botones funcionen.
    ¿Qué es una situación de doble poder?: una situación revolucionaria en la que frente al viejo poder constituido aparece un nuevo poder ANTAGONICO. La situación es de enfrentamiento, rivalidad y lucha sin tregua por desplazar al contrario para hacerse con todo el poder, y por supuesto, por evitar que el contrario consiga aplastarte. No caben los pactos ni las componendas. Es una lucha a vida o muerte.
    En Barcelona, el Comité Central de Milicias Antifascistas fue fruto de la victoria obrera y anarquista del 19 de Julio, pero también de la renuncia de los anarcosindicalistas a tomar el poder. El CCMA, propuesto por Companys y aceptado por los libertarios, fue un organismo de colaboración de clases, mediante el cual se aseguraba al Gobierno de la Generalidad el control de aquellas funciones que los anarquistas habían conquistado en la calle: fundamentalmente de policía, orden público y militares. El CCMA no fue nunca, ni nunca lo pretendió, un órgano de poder obrero, esto es un órgano de doble poder enfrentado al Gobierno de la Generalidad. Es cierto que entre los anarquistas existían dos concepciones sobre la situación revolucionaria surgida en Cataluña tras las jornadas del 19-21 de julio de 1936: la primera, y hegemónica, propugnada por Durruti, entre otros, de aplazar la revolución "hasta despúes de tomar Zaragoza" de absoluta y confiada colaboración con el resto de fuerzas políticas (incluidas las burguesas) en una unidad antifascista que creían indispensable para ganar la guerra; se trataba de una colaboración provisional con el gobierno de la Generalidad como mal menor para conducir al mismo tiempo la revolución y la guerra. La segunda (propugnada "testimonialmente" por García Oliver) consistía teóricamente en "ir a por el todo", esto es, en la implantación de una dictadura de carácter leninista en la que un vanguardia de iluminados sustituye al proletariado, y en la práctica en "congelar la situación revolucionaria" en espera de que se produzcan unas condiciones más favorables para el definitivo triunfo revolucionario. La primera posición, claramente reformista, era coherente; la segunda era totalmente incoherente, porque no se puede esperar que un gobierno burgués facilite las tareas indispensables para el mantenimiento y triunfo de una revolución proletaria. Ambas posiciones anarquistas evolucionaron rápidamente hacia la misma táctica de integración del movimiento obrero en la unidad antifascista con el POUM, estalinistas y burguesía, con el objetivo único de ganar la guerra a los fascistas. Esto propició a su vez la aparición, entre los anarcosindicalistas, de una división entre "piel rojas" y "pájaros carpinteros" o colaboracionistas, que no tenía paralelismo alguno con anteriores divisiones entre faistas y trentistas. La crítica de los "piel rojas" a los colaboracionistas, puramente verbal y moralista, evolucionó hacia un pesimismo que llevó a la mayoría a la pasividad y a una huida hacia adelante, que les condujo a no hallar más salida que el suicidio o el alistamiento militar para ganar la guerra al fascismo. Aunque ese ejército fuera, desde el verano de 1937, el Ejército Popular, esto es, el ejército burgués de la República, puesto que ya se había producido la militarización de las Milicias. La oposición más coherente fue la que cristalizó en la Agrupación de Los Amigos de Durruti, que a partir de enero de 1938 fue prácticamente inoperativa, porque había sucumbido a los ataques combinados de la represión estalinista y el rechazo de los cenetistas "gubernamentales".
    No existió ningún partido ni vanguardia que propugnara la destrucción del Estado burgués y la vía revolucionaria de potenciación, coordinación y centralización de los órganos de poder surgidos en julio de 1936: los comités obreros.
    Pero para comprender la renuncia a la toma del poder y el papel jugado por los anarquistas en la Revolución Española es necesario antes definir al anarquismo. El anarquismo no es una teoría de la lucha de clases, sino un liberalismo radical, que defiende al individuo frente al poder abstracto, y que no ve en el Estado ningún componente de clase, sólo la encarnación concreta de ese poder abstracto, que por definición es monstruoso y malvado, compendio de la esclavitud del "individuo libre por naturaleza".
    Y ese liberalismo radical, enfrentado a las tareas de consolidar y profundizar un movimiento revolucionario proletario, rechazó implantar la dictadura del proletariado por razones éticas, al mismo tiempo que decidió colaborar ingenua y lealmente con el Estado de la burguesía republicana en la lucha contra el fascismo. Y AHÃ? ENTRABA DE PLENO LA TÃ?CTICA POLÃ?TICA DE TARRADELLAS. En Cataluña no hubo en ningún momento una situación de doble poder. La clase obrera española no estaba madura para tomar el poder y consolidar la revolución social iniciada espontáneamente. Ninguna organización obrera fue capaz de coordinar y centralizar el poder de los comités revolucionarios locales, de fábrica, milicianos, etc..., sino que muy al contrario cada organización mantuvo su particular reino de taifas, su milicia de partido, sus siglas, en rivalidad con el resto, dejando la coordinación y la centralización en manos del gobierno de la Generalidad, o de organismos interclasistas de unidad antifascista como el CCMA. FUE UNA SITUACION REVOLUCIONARIA HUÃRFANA.
    Es indudable que el 19 de Julio, pese a la colaboración con otras fuerzas antifascistas, fue una insurrección revolucionaria. Pero el movimiento revolucionario careció de organizaciones revolucionarias capaces de plantear una situación de doble poder, y mucho menos de transformar la victoria insurreccional del 19 de Julio en una toma del poder por ese movimiento obrero revolucionario.
    En Cataluña, el triunfo de la insurrección obrera el 19-21 de julio sobre los militares y fascistas, provocó un vacío de poder. El Estado republicano vio como el poder central del Estado se fragmentaba en múltiples organismos de carácter regional: el CCMA en Cataluña, el Comité Ejecutivo Popular en la ciudad de Valencia y alrededores, y otros similares en Alicante, Murcia, Badajoz, Málaga, Asturias, País Vasco, Madrid, el Consejo de Aragón (formado al principio sólo por anarcosindicalistas).
    Además de esa fragmentación regional del poder central del Estado republicano, en algunos de esos espacios regionales se dio un vacío de poder centralizador, como en Cataluña.
    Tarradellas, con otras palabras, afirmaba con razón EN SU CARTA que el CCMA fue sólo una especie de Ministerio (más o menos díscolo) del Interior y de la Guerra de la Generalidad. Y dejaba muy claro que el Gobierno de la Generalidad no perdió en ningún momento el poder, y que el CCMA no fue nunca un centro de doble poder, sino que en todo caso llegó a ejercer durante un par de meses una molesta duplicidad de poderes. Y precisamente en aquel terreno, policíaco y militar, que la insurrección del 19 de Julio había arrebatado al gobierno central en favor de la CNT. En román paladino: el CCMA no fue un centro de doble poder, sino un duplicado, incompleto y provisional, de algunos ministerios del Gobierno de la Generalidad, que ante el descalabro del Estado republicano y del gobierno central de Madrid, asumía competencias que estaban más allá de las que le concedía el Estatuto de Autonomía. Es muy significativo al respecto que la sede del CCMA, ya en el mes de agosto, sea trasladada del edificio del Club Náutico al edificio de Capitanía, que comparte con la Consejería de Defensa de la Generalidad. El gobierno de la Generalidad sitúa en el mismo edificio de Capitanía General "sus" dos consejerías de Defensa.
    Si no hubo situación de doble poder, ¿cómo iba a darse una conquista del poder, esto es, una revolución proletaria? Naturalmente aquí entra la ambigüedad del lenguaje que muchas veces responde indudablemente a una falsa concepción ideológica sobre la naturaleza del poder y de la revolución. Quien carece del concepto no puede aplicar la palabra adecuada al fenómeno histórico que vive.
    ¿Fue el 19 de Julio fue un revolución proletaria? ¿Cómo debemos definir el movimiento revolucionario y la insurrección armada victoriosa de los obreros en Cataluña?
    Tarradellas habla de revolución. ¡El nacionalista burgués Tarradellas es favorable al proceso revolucionario iniciado el 19 de Julio! ¿Estamos soñando? ¿Cómo es posible que Tarradellas sea favorable a la revolución de los anarquistas, a las colectivizaciones, a la expropiación de la burguesía catalana? ¿Miente, o se ha hecho anarquista? ¡Pero hacerse anarquista, cuando los anarquistas se hacen ministros, no tiene demasiada importancia, ni demasiado mérito! Pero no: Tarradellas no miente, ni se ha hecho anarquista. La cosa es mucho más sencilla. Tarradellas es un político pragmático, y su táctica política está explícita y claramente detallada en su carta a Bolloten:
"Naturalmente, el gran dilema hoy todavía sin dilucidar consiste en saber si podíamos hacer la guerra y la revolución al mismo tiempo o si sólo debíamos preocuparnos de ganar la guerra manteniendo en su estado las estructuras financieras, económicas y sociales, tal como existían antes del 19 de Julio. Sobre este punto todo el mundo ha dado su opinión pero yo no sé de ningún país levantado en armas contra un ejército que le ataca alevosamente, que haya continuado con el mismo vivir de siempre sin reformar profundamente y sin aniquilar aquellos privilegios de una clase que representaban los sublevados".
Este párrafo explica con nitidez la diferencia de Tarradellas con los políticos republicanos y socialistas de Madrid. Tarradellas cree inevitable cierto cambio en las estructuras económicas y sociales, que sustentaban los viejos privilegios de clase de la derecha más reaccionaria, que ha provocado el alzamiento militar y fascista. Y ello por una sencilla razón de cálculo: el pueblo que se ha enfrentado a ese alzamiento no lucha por razones abstractas de defensa de la legitimidad, de la democracia, etc... sino por cambiar su vida, sus condiciones de trabajo y de existencia. Esto no significa que Tarradellas, representante de la pequeña burguesía nacionalista catalana, sea un revolucionario. Significa que sabía que para que los anarquistas lucharan por la burguesía republicana había que ceder en algo, sobre todo cuando esos anarquistas estaban armados, controlaban la calle, y sustentaban el frente de Aragón. La táctica de Tarradellas radicaba en canalizar esa revolución, no en frenarla, ni tampoco en volver a la situación anterior al 19 de Julio, sino en desviarla hacia cauces que permitieran la supervisión y control de la Nueva Economía por el Gobierno de la Generalidad. Gobierno de la Generalidad que, por otra parte, entre Julio del 36 y Mayo del 37, no sólo alcanzó cotas de autogobierno (respecto al gobierno central) que jamás había soñado, sino que abarcó también competencias económicas de planificación y gestión estatales de carácter extraordinario e inusual en la época (salvo en la URSS).
    La revolución que defiende y ensalza Tarradellas es una revolución popular y populista. Ese concepto de revolución popular, dado el caos ideológico y teórico de los anarquistas y su inexperiencia e ingenuidad políticas, permitió a Tarradellas utilizar al movimiento libertario como una poderosa palanca para afianzar el gobierno de la Generalidad como árbitro y director de la "nueva" sociedad y de la "nueva" economía catalanas.
    La burguesía republicana hizo creer al movimiento libertario que la naturaleza del Estado podía cambiar si algunos ministros eran anarquistas. Quienes afirman que el Gobierno de la Generalidad desapareció tras las jornadas revolucionarias del 19 de Julio, o que el poder real estaba en manos del CCMA, y que la Generalidad sólo poseía un poder legal "ficticio", no hacen sino exagerar el papel jugado por los anarquistas y la importancia del poder alcanzado y asumido por los anarquistas en el CCMA.
    Tarradellas, en la carta que hemos reproducido, hace bien en protestar contra esas exageraciones que afirman que el gobierno de la Generalidad carecía de todo poder real. De otro modo resultaría inexplicable que sólo diez meses después el poder estatal se haya recuperado plenamente, y que la amenaza potencial de los revolucionarios haya desaparecido completamente. En el mes de agosto de 1936 se produjeron tres hechos que demostraban la capacidad operativa y el poder efectivo que detentaba aún el gobierno de la Generalidad. Primero, el intento de Companys de formar un gobierno Casanovas con el PSUC el 31 de Julio, que fue rechazado por los anarquistas, aún lo bastante fuertes y alertas. Segundo, la formación del Consejo de Economía, que iniciaba una colaboración de todas las organizaciones antifascistas para planificar y controlar la economía catalana, que en realidad ponía la financiación de las empresas y la planificación económica catalana en manos de la Generalidad. La famosa y cacareada colectivización anarquista sometía el control financiero, y por lo tanto el éxito o fracaso de cada empresa colectivizada, en manos de un interventor de la Generalidad, y la planificación de cada sector industrial era sometida a la organización, control y dirección del gobierno de la Generalidad, con lo cual ésta adquiría funciones de planificación estatal que jamás había tenido, y que sólo podían compararse a las ejercidas por el Estado soviético. Esa planificación estatal resolvía unas necesarias medidas de coordinación y centralización económicas que los sindicatos cenetistas eran incapaces de realizar. La famosa colectivización o "autogestión" ácrata en Cataluña sería más adecuado definirla como un capitalismo sindical de planificación estatal. Las bases de la contrarrevolución y de la rápida recuperación del Estado no podían ser más sólidas. En tercer lugar, el gobierno de la Generalidad tenía aún suficiente capacidad y poder como para organizar una expedición militar a Mallorca. ¿Es éste el poder "ficticio" de la Generalidad en agosto de 1936?
    Por otra parte, el argumento de quienes afirman que la Generalidad sólo disponía de un poder legal "ficticio", de conservación de las viejas formalidades legales e institucionales frente a las potencias extranjeras, temerosas de una auténtica revolución, no suelen desarrollar todas las consecuencias de tal afirmación. Intentemos hacerlo: toda revolución victoriosa crea su propia legalidad. En Cataluña, como consecuencia del enfrentamiento al levantamiento militar y fascista, hubo un movimiento revolucionario que alcanzó cotas muy profundas en el ámbito social y económico, pero que renunció a la conquista del poder político, dejando intacto el Estado burgués, al que permitió legalizar las "conquistas revolucionarias" del 19 de Julio. Esa separación entre revolución social y política, y esa sumisión a la legalidad del gobierno burgués dieron alas a la contrarrevolución, que pronto declaró ilegales esas conquistas revolucionarias y las reprimió por la fuerza. Mantenerse en el plano legal durante una revolución significa moverse en el ámbito de la legalidad "vieja" y favorecer el triunfo de la contrarrevolución, porque esa revolución (encorsetada, domesticada y encauzada por la normativa legal) pronto será declarada "ilegal" y reprimida. NO ENTENDER EL RASGO DICTATORIAL DE TODA LEGALIDAD NUEVA significa no ver, por detrás de lo legal, los mecanismos del poder.
    Quienes consideraban inofensiva la capacidad y el poder "legal" y "ficticio" del gobierno de la Generalidad deberían prestar más atención a lo que realmente sucedió: Tarradellas en octubre del 36 firmó el Decreto de Colectivizaciones y Control Obrero, que sometía la economía catalana a la planificación del Gobiern
Mira també:
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Comentaris

Re: Una carta escrita por Tarradellas en 1971, comnetada por un historiador en el año 2002 a los futuros lectores de un milenio después, para la adecuada comprensión y reflexión sobre un difícil episodio de la prehistoria de la Humanidad: La Guerra C
28 mai 2004
no em cansaré d dir-ho: d tant en tant deixeu línies en blanc! paràgrafs! és una cosa q la gent q s'ho intenta llegir agraeix
Re: Una carta escrita por Tarradellas en 1971, comnetada por un historiador en el año 2002 a los futuros lectores de un milenio después, para la adecuada comprensión y reflexión sobre un difícil episodio de la prehistoria de la Humanidad: La Guerra C
28 mai 2004
tampoc em cansaré: deixeu de posar noticies senceres en el titol!
totalment d'acord
28 mai 2004
els ull ho agraeixen, i la columna dreta tambe.
bueno...
28 mai 2004
tarradellas....
no es una vision q me interese mucho. burguesia media alta... q no busca un mundo mejor si no seguir apalancada.
lo q me cuenta me lo miro con lupa porq... yo busco q tod*s estemos mejor y el no.
Re: Una carta escrita por Tarradellas en 1971, comnetada por un historiador en el año 2002 a los futuros lectores de un milenio después, para la adecuada comprensión y reflexión sobre un difícil episodio de la prehistoria de la Humanidad: La Guerra C
29 mai 2004
Acte de campanya a Orriols


L’acte ha estat presentat per un membre de l’assemblea de veïns d'Orriols, el company Toni Terrones, qui també està participant en la creació de la CUP-València.

Amb els ponents Màrius Fullana i Teresa Jordan, s’ha fet una xerrada-debat amb les veïnes i veïns. L’acte s’ha centrat bàsicament en dos temes: la proposta de les CUP als ajuntaments i en concret al de València, remarcant el caire participatiu de la ciutadania que volem oferir. També hem escoltat els plantejaments que es fan des d’aquest barri de treballadores i treballadors. Hem tractat, entre d’altres, el tema de l’especulació urbanística, la desaparició del poble i l’horta d’Orriols, la substitució lingü´sitica, i el tema de la integració dels i les immigants. La connexió de les propostes de la CUP amb els i les membres de l’Assemblea ha estat molt bona i ha servit per concretar unes bones expectatives de treball conjunt per al futur. El segon tema principal ha estat el nostre NO a la Constitució Europea. En aquest NO, ens hem centrat en els aspectes positius, en la lluita per una altra Europa, dels Pobles, Socialista: una Europa on els Països Catalans tinguem la nostra veu junt amb la resta de nacions lliures. Finalment, els i les assistents s’han mostrat disposats a reclozar la nostra candidatura a les Europees i extendre el nostre missatge en la contesa electoral.
Re: Una carta escrita por Tarradellas en 1971, comnetada por un historiador en el año 2002 a los futuros lectores de un milenio después, para la adecuada comprensión y reflexión sobre un difícil episodio de la prehistoria de la Humanidad: La Guerra C
29 mai 2004
VAYA PARRAFADITAAA,hay leréleeee.....
Re: Una carta escrita por Tarradellas en 1971, comnetada por un historiador en el año 2002 a los futuros lectores de un milenio después, para la adecuada comprensión y reflexión sobre un difícil episodio de la prehistoria de la Humanidad: La Guerra C
29 mai 2004
"El Estado es la organización del monopolio de la violencia al servicio de la clase social dominante. En un Estado burgués ese monopolio se hace en favor de la burguesía,"

Fins aquí anem bé.

"en un Estado proletario se 'haría' en favor del proletariado."

El fet d'utilitzar el condicional és potser per obviar el munt d'exemples històrics que ens demostren tot el contrari?

"Y ese liberalismo radical (parla de l'anarquisme) enfrentado a las tareas de consolidar y profundizar un movimiento revolucionario proletario, rechazó implantar la dictadura del proletariado por razones éticas"

Sí això ho planteges com una crítica, ja no cal que en parlem més.

Igual de "dictador" va ser Hitler que Stalin. L'un recolçava la dictadura feixista al territori español, l'altre en recolçava una de comunista però igual de totalitària i igual de fonamentada en el terror. Els uns establien jerarquies i elits nacional-socialistes i els altres n'establien de soviètico-comunistes. Els uns explotaven i fomentaven el capitalisme burgés més ferotge. Els altres desenvolupaven un capitalisme d'estat tant ferotge o més que el burgés i no tenien cap mirament alhora de fer negocis amb tota mena de capitalistes privats del món.

Per aquí baix, els uns van contribuir a fer de quatre feixistes minoritaris l'elit de les oligarquies dretanes españolas, mentre els altres maldaven per fer del micro moviment comunista existent aleshores l'elit que havia de dirigir a la massa proletària convenientment adoctrinada. Tots dos van aportar-hi grans volums d'armament, diners, espionatge, sabotatge i maquinacions de tota mena per tal d'aconseguir els seus respectius objectius totalitaris. Als feixistes no els va costar gaire de fer-se amb el lideratge de tots aquells (terratinents, oligarques, capitalistes...) que tenien molt a perdre, que tenien por. Als comunistes totalitaris els va costar molt més dominar a aquells que no volien ser jerarquitzats per ningú i a més no tenien res a perdre, van haver d'implantar la dicòrdia i l'enfrontament per aconseguir el poder d'imposar el terror. Al final, papa Stalin ho va aconseguir. Va aconseguir que les elits comunistoides militarment jerarquitzades (ai les guerres!)i a les ordres de Moscou lideressin la derrota final.

Dues "ideologies" aparentment oposades compartint els mateixos mètodes. Milions i milions de víctimes arreu del món en són la conseqüència.

Mai més.
Re: Una carta escrita por Tarradellas en 1971, comnetada por un historiador en el año 2002 a los futuros lectores de un milenio después, para la adecuada comprensión y reflexión sobre un difícil episodio de la prehistoria de la Humanidad: La Guerra C
29 mai 2004
muy interesante.lastima que mi abuelo ya no me pueda comentar la carta. una situacion donde los criterios "viejos" no pudieron gestionar una realidad nueva (por eso digo viejos.tampoco es un juicio de valor.solo una triste reflexion)
cuantos comentarios
29 mai 2004
de verdad toda esa gente se ha leido el (farragoso y aburridisimo, por otra parte) articulo completo ?

de verdad tarradellas se habia leido las 10.000 obras para afirmar que esa es la mejor ?

en fin, ke mal rollo en general...
Re: Una carta escrita por Tarradellas en 1971, comnetada por un historiador en el año 2002 a los futuros lectores de un milenio después, para la adecuada comprensión y reflexión sobre un difícil episodio de la prehistoria de la Humanidad: La Guerra C
29 mai 2004
i que voleu que digui el Tarradellas? hauria de donar gràcies que els jerifaltes de la CNT no van deixar que el poble en armes prengués el poder i fes la revolució... el que diu no s'ho creuràn ni d'aqui a 1000 anys. Quin personatge... tracta al Lorenzo de parcial perque es fill d'un ministre de la CNT... ell en canvi és l'objectivitat en persona, com q només era el Molt Honorable a l'exil·li...
trotsko... tu ets una mica imbècil
30 mai 2004
i no t'enteres de rés...

i em de recordar que Tarradellas i la seva banda de burguessos nacionalistes es van dedicar durant la guerra a evacuar diners i joies per quan arribés el moment de marxar amb la cua entre cames...
Re: Una carta escrita por Tarradellas en 1971
01 jun 2004
tranqui company o companya, sense insultar... sino podriem pensar que l'imbècil ets tu. Completament d'acord amb tu, però posats a recordar, recorde-m'ho tot, no?
Sindicat