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Notícies :: antifeixisme : educació i societat
Trabajos forzados: la memoria enterrada
27 mai 2004
Fernando Mendiola Gonzalo - Historiador
A pesar del manto de silencio con el que el régimen franquista quiso cubrir la contribución de los perdedores de la guerra a la reconstrucción de la posguerra, las investigaciones y las iniciativas de diversos colectivos durante los últimos años están sacando a la luz una realidad dura y muchas veces desconocida. Minas, tramos de ferrocarril, carreteras de montaña, obras de regadío... son algunos de los trabajos en los que participaron presos y prisioneros, dentro de una política que compartía con el régimen nazi la voluntad de utilizar de manera masiva el trabajo esclavo de los opositores. A este respecto, parecía que la iniciativa de indemnizar a las víctimas del franquismo tam- bién iba a contribuir a restituir socialmente a estas personas, y a dar a conocer la explotación de que fueron objeto. Sin embargo, la realidad reciente nos indica algo muy diferente.

Se ha escrito mucho sobre el largo recorrido de las ayudas prometidas por el Gobierno Vasco a los represaliados por el franquismo. Han sido muchos los retrasos, las dificultades para obtener la documentación... También es verdad que la convocatoria de las indemnizaciones es un avance. Sin embargo, la decisión de rechazar gran parte de las solicitudes de indemnización alegando que los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores (BDST) equivalían al servicio militar es especialmente grave, y esperemos que pueda ser rectificada. El Gobierno vasco reconoce como tiempo de reclusión la estancia en Batallones de Trabajadores (BT), pero rechaza el tiempo en BDST por considerarlo servicio militar, una decisión injusta y falseadora de la realidad, y todo esto por diferentes razones que explicaré, tomando como base una investigación colectiva sobre el trabajo de 2.000 prisioneros en una carretera entre las localidades navarras de Igal, Vidángoz y Roncal, desde 1939 a 1941.

En primer lugar, es necesario explicar el origen de estos batallones, teniendo en cuenta que ambos casos son un castigo político al margen del sistema penal. Los BT son creados durante la guerra, desde 1937, a partir de la clasificación de prisioneros realizada en los campos de concentración, y fueron integrados por quienes fueron clasificados como «desafectos» o «afectos dudosos», pasando a depender directamente de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP). Mientras quienes habían ocupado cargos de responsabilidad en organizaciones políticas, sindicales o en el ejército republicano fueron pasados al sistema penal, juzgados, y muchos de ellos fusilados, unos 100.000 «desafectos», integrados en los BT, realizaban diferentes trabajos forzados en los meses de posguerra, según los datos proporcionados por el historiador Javier Rodrigo.

Este sistema sufre una importante reordenación en los primeros meses de 1940, cuando se propone una criba en el sistema de batallones paralela a un nueva orden sobre el servicio militar (20/12/1939). En ésta y sucesivas órdenes se propone que los mozos comprendidos entre las quintas de 1936 y 1941 que no habían hecho el servicio militar con el Ejército franquista deban realizarlo, medida que afecta también a quienes forman parte de los BT, para lo cual se ponen en marcha nuevas órdenes de clasificación dictadas por la ICCP (15/1/40, Archivo General Militar de Avila, caja 20972) basadas en criterios políticos. Más de 40.000 jóvenes, la mayor parte de ellos integrantes de los BT, son clasificados con la letra «D» (desafectos), y son enviados a los campos de concentración, donde en verano de 1940 se forman los nuevos BDST. Estos, al igual que los BT disueltos ese mismo año, están integrados en el mismo organigrama que los campos de concentración, ahora llamada Jefatura de Campos de Concentración y Batallones Disciplinarios (JCCBD). En julio de 1942 la JCCBT presenta un estado de sus efectivos en el que aparecen 48.972 personas sometidas a esta jefatura, de los cuales 46.678 son «soldados trabajadores (reemplazos en filas clasificados D por cajas de recluta)» (AGMA, caja 20.772).

Las condiciones de vida, con algunos cambios, eran similares en ambos batallones: hambre, frío, agresiones, humillaciones, asesinatos y castigos complemen- tarios, además de reclusión continua en edificios o barracones creados para la ocasión. El día a día también era similar: hileras de prisioneros trabajaban bajo la atenta y amenazadora mirada de los fusiles de los soldados de escolta. Los testimonios que hemos recogido a las personas que trabajaron en esta carretera no hacen sino repetir esas constantes, como podemos ver en las palabras de Andrés Millán, integrante del BDST nº 6 y natural de Huescar (Granada), quien nos resumía así su situación en Igal: «Es como un ganado que se ha mojado, y que el pastor le ha pegado, ánimos no tienes ninguno, no tienes defensa, estás tan acobardado que es igual que te hagan una cosa que otra. (...) Esperanza ninguna, si no había libertad, ni quien te ayudara, ni te diera un ánimo. Es como el que está en el callejón de la muerte... que está esperando que le llegue». ¿Cómo puede alguien negarse a calificar esto como reclusión y castigo político? Incluso las autoridades militares y religiosas les recordaban una y otra vez que estos trabajos respondían a la necesidad de purgar sus penas por apoyar al régimen republicano. Es precisamente con la disolución de la JCCBD, (31/12/42) cuando «quedará incorporado a las Unidades del Ejército el personal de los Batallones de Trabajadores, con excepción de los penados, y de los sancionados por la Fiscalía de Tasas» (Orden del 28/10/ 1942). Es entonces cuando estas personas a quienes se ha denegado la indemnización pasan a hacer la mili. Todos a los que hemos entrevistado para nuestra investigación tienen clara la diferencia entre el tiempo de batallones y el de mili. ¡Como para no tenerla!

También sucede lo mismo en el mundo historiográfico. Los BT y los BDST están conceptualizados como parte del sistema concentracionario y de la red de trabajos forzados que el régimen desarrolló en los años de guerra y posguerra. Es verdad que es necesario hilar fino y dejar al descubierto las diferencias legales y burocráticas, pero tanto estos dos tipos de batallones como los presos acogidos al sistema de Redención de Penas por el Trabajo entran dentro del conjunto de lo que ya es llamado de manera conjunta «los esclavos del franquismo». Así lo ha entendido también la asociación Memoriaren Bideak, que el 19 de junio próximo organiza un homenaje en Vidángoz a los luchadores antifascistas que abrieron esa carretera.

A diferencia de otras cuestiones en las que los problemas derivados de la tramitación de las indemnizaciones a las víctimas del franquismo se deben a factores variados y a veces también externos al Gobierno Vasco, la decisión de excluir de las ayudas a los BDST supone no sólo un error histórico, sino también un insulto a la memoria de quienes pasaron años trabajando como esclavos. Lo grave no es que se niegue una indemnización, sino que se elimine de la historia el carácter político del castigo y su relación con la defensa que esas personas hicieron de la libertad frente al fascismo, algo que las propias autoridades franquistas recordaron. Ahora, muchos de ellos nos han dicho, resignados unos, enfadados otros, que no entienden nada. Tampoco lo enten- dería el bilbaíno Antonio Martínez, preso (así firma él mismo) del BDST nº 38 en Vidángoz, donde en 1941 escribía: «Ya se van madre los prisioneros/ cargados con su pico al hombro/ la larga fila se pierde al fondo/ entre los riscos del Pirineo». Entre esos riscos nos veremos el día 19 de junio.

http://www.gara.net/orriak/P27052004/art84019.htm

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Sindicat Terrassa