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Comentari :: globalització neoliberal
NO BASTA CON CASTIGAR A LOS PERPETRADORES
18 mai 2004
HAY QUE CASTIGAR AL SISTEMA, TAMBIÃN; Y LO MÃ?NIMO PARA ÃSO ES QUE BUSH DEBE DESPEDIR A RUMSFELD Y DESPUÃS RENUNCIAR ÃL MISMO DE LA PRESIDENCIA.
Yo no creo el argumento que dice que las torturas de los prisioneros iraquíes eran âUN ACTO AISLADOâ? de âunos pocosâ? soldados norteamericanos âdesquiciados y sadistas.â? Tampoco creo en las palabras de Bush que esos abusos âNO REPRESENTAN LA AMÃRICA QUE YO CONOZCO.â?

La razón por la cual no creo en esas posturas es porque hay abundante evidencia que demuestra que las torturas de los prisioneros iraquíes representan un fenómeno SISTÃMICO con profundas raíces en la cultura etnocentrista norteamericana. Y digo âsistémicoâ? por varias razones.

Tal vez recuerdan que en el mes de abril unos oficiales británicos condenaron las tácticas militares de los norteamericanos en Irak por ser demasiado âopresivas y desproporcionadasâ? y que éso estaba causando âansiedad y frustraciónâ? dentro de las fuerzas aliadas. Lo más grave es que los oficiales británicos dijeron que parte del problema era que las tropas norteamericanas consideraban a los iraquíes como âUNTERMENSCHEN,â? la cual es la palabra de âSUB-HUMANOSâ? que usaban los Nazis.

[Pero no me malentiendan. No estoy citando esa evidencia para implicar que la conducta de los soldados británicos sea noble; ellos también han cometido repugnantes atrocidades en Irak, y lo peor es que las autoridades inglesas, según Amnistía Internacional, ya sabían de las torturas desde hace un año].

Pero el punto es que si esas actitudes supremacistas prevalecían o prevalecen en la cultura de las tropas norteamericanas, es lógico que nos preguntemos: ¿Cuál puede ser el VALOR DE LA VIDA de los niños, de las mujeres, y de los hombres iraquíes que han sido matados y masacrados en la guerra? Ante esa lógica etnocentrista, ¿Qué importancia debería tener la inmoralidad o la brutalidad de las torturas de unos prisioners considerados âUNTERMENSCHENâ?? El sentido común nos dice que estamos atestiguando una protuberante expresión de etnocentrismo y racismo con profundas raíces culturalmente sistémicas en la conciencia de los individuos. Y tal protuberancia del fenómeno se ha reflejado en la entera cadena de comando responsable de las torturas, como de hecho lo han documentado algunas fuentes.

Por ejemplo, una de las soldadas enfrentando cargos, Spc. Sabrina Harman, dijo que ella y otros miembros de la compañía Número 37 de la Policía Militar ârecibieron órdenes desde oficiales de inteligencia militar del ejército, desde funcionarios de la CIA, y desde los paramilitares contratados que condujeron las interrogacionesâ? (Louis Meixler, AP). La General de Brigada Janis Karpinski le dijo a ABC: âPienso que hay otros responsables. Esto no está limitado a una persona o cualquier individuo o comando." Karpinski también le dijo a CNN: "No sé cómo ellos permitieron que esas actividades se salieran fuera del control, pero yo sé con absoluta confianza que ellos no se despertaron un día de repente y decidieron hacer ésto." (Beth Gorham).

Uno de los interrogadores de una compañía militar privada que ha estado implicada en las torturas de los prisioneros iraquíes ha estado incluso suministrando interrogadores a los militares norteamericanos por casi una década. Se ha dicho también que hay actualmente algunos 20,000 mercenarios paramilitares en Irak. La administracion Bush llama a estos mercenarios âcontratadosâ? para dar la impresión que ellos son constructores o que están haciendo actividades constructivas en Irak. Pero el hecho que ellos fueron âcontratadosâ? para hacer el trabajo sucio de las torturas no exonera de responsabilidad a la mentalidad sucia etnocentrista que los contrató.

¿Qué más evidencia se puede pedir para apreciar la naturaleza estructural y culturalmente sistémica del fenómeno en cuestión?

Decir que las torturas eran âactos aisladosâ? de unos cuantos soldados âdesquiciados y sádicosâ? es una perspectiva que no le hace justicia a la magnitud del fenómeno. Es una postura que oculta la lógica de una política de opresión y dominación subyacente en la cultura supremacista, y que pretende ignorar que sadismo y otras aberraciones podrían haber sido la conducta consecuente requerida para infligir el sufrimiento adecuado y efectivo a los prisioneros âsub-humanos.â? ¡Ãse es nuestro Bravo Mundo!

El presidente Bush ha prometido castigar a los culpables inmediatos. Y está bien que lo haga. Pero éso no es suficiente. HAY QUE CASTIGAR AL SISTEMA, TAMBIÃN. ¿Pero cómo? Lo ideal, por supuesto, sería la transformación total de las estructuras militares y políticas. ¿Y por qué no, una revolución? Pero esa alternativa está más allá de lo que la VOLUNTAD política podría hacer por el momento. Pero para castigar al sistema, Bush, al menos, debería despedir a Rumsfeld, y después, renunciar el mismo de la presidencia de Estados Unidos.

Si Bush no puede, o no tiene la valentía moral para hacerlo, o porque no alcanza a ver la magnitud del desastre moral y político de su administración, confiemos en la fuerza de la opinión pública mundial que pueda redoblar sus esfuerzos de conciencia para echarle una mano.

--Wilfredo Gutiérrez.

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