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Notícies :: guerra
Los EEUU bloquean e impiden el acceso de la ayuda humanitaria en Fallujah
21 abr 2004
Las tropas estadounidenses que sellan el sitio de Fallujah solo atienden a las órdenes de sus superiores. Los argumentos humanitarios tienen poco peso.
Material médico bloqueado en una barrera que impide el acceso a Fallujah


Los estadounidenses bloquean la ayuda humanitaria frente a Fallujah
Didier François
Libération

Traducido para Rebelion por L.B.

Con un gesto cansado y repleto de hastío Mohamed Ibrahim Abbas acepta retirarse. Las palabras han fracasado. Las tropas estadounidenses que sellan el sitio de Fallujah solo atienden a las órdenes de sus superiores. Los argumentos humanitarios tienen poco peso. Por cuarto día consecutivo el convoy organizado por el secretario general adjunto de la Media Luna Creciente irakí debe dar marcha atrás. Y con él los medicamentos, los anestésicos y el bloque operatorio que reclaman urgentemente los médicos de la ciudad insurrecta no pasarán el bloqueo impuesto por las fuerzas de ocupación. "Los marines han prohibido en primer lugar el acceso a Fallujah a las ONGs, a las que acusan de transportar armas escondidas en los cargamentos humanitarios. Somos el único organismo caritativo que puede franquear sus barreras", subraya Mohamed Abbas. "Nuestro mandato emana de la Federación Internacional de Asociaciones de la Cruz Roja para actuar en situaciones de catástrofes naturales o humanas", explica. "Pero el ejército estadounidense ha exigido que cursemos nuestras solicitudes para acceder a la ciudad con 24 horas de antelación para que nos autoricen a circular. Más tarde han pretextado razones de seguridad para rechazar nuestros camiones".

Poco amables

La semana pasada, los estadounidenses instalaron puestos de control en todas las rutas asfaltadas e incluso en los principales caminos de tierra que conducen a Fallujah. En lugar de asaltar la ciudad la coalición ha bloqueado sus accesos. Atrincherados en sus casamatas de hormigón reforzadas con sacos terreros o encerrados en el interior de sus vehículos blindados los soldados estadounidenses se muestra poco amables con quien trata de aproximárseles. Sabah al-Rawi, un habitante del barrio de Al-Nazal y profesor de la universidad de Al-Anbar, pudo abandonar Fallujah el viernes pasado utilizando el salvoconducto ofrecido por los estadounidenses a una delegación llegada desde Bagdad para negociar una tregua con los insurrectos. La víspera, aprovechando un momento de calma, probó fortuna en esta barrera situada a una decena de kilómetros de Fallujah.

"Formábamos un convoy compuesto por siete vehículos que ondeaban banderas blancas", nos cuenta el profesor. "Ni siquiera pudimos llegar a la barrera de control. A unos cincuenta metros de la posición estadounidense un blindado nos disparó ráfagas de ametralladora. Los cristales de mi automóvil quedaron hechos añicos. Afortunadamente, había aconsejado a mi esposa y a mis hijos que se acurrucaran bajo los asientos. Ninguno de ellos ha resultado herido. Pero en un segundo vehículo que se hallaba detrás del mío los estadounidenses han matado a toda la familia. El padre, la madre y sus tres hijos. Un niño y dos niñas". Ahmed, voluntario de la Media Luna Creciente, confirma la escasa protección que proporcionan los símbolos reconocidos por la Convención de Ginebra para la identificación de los no-combatientes en una zona de guerra. "Habíamos montado un pequeño campamento de tiendas para las personas que deseaban abandonar los barrios más afectados de Fallujah", atestigua. "La primera noche dimos cobijo a 12 familias y otras 25 se habían registrado para el día siguiente. Pero la batalla se acercó de forma brutal. Bombardeos, tiros de cañón, aviones, helicópteros... Y los francotiradores. Pensé que iba a morir. Sin embargo nuestro campamento estaba claramente identificado. Abandonamos el lugar y dejamos allá todos nuestros enseres, las tiendas, las mantas, los bidones de combustible, los grupos electrógenos...".

"Sin anestesia"

Pero Mohamed Ibrahim Abas no desespera. "No tengo derecho a hacerlo". La última vez que un convoy pudo entrar en Fallujah, el martes pasado, descubrió una "ciudad fantasma". "La única calle donde pude ver a gente era la que conducía al dispensario. El acceso al hospital general es difícil pues está situado en plena zona de combate", cuenta. "Los médicos han requisado un dispensario y tres casas adyacentes, cerca del mercado, para montar una clínica improvisada donde atender a los heridos. Han instalado como han podido una sala en bloque quirúrgico, pero no disponen de ningún tratamiento postoperatorio y están perdiendo a muchos pacientes. Dado que les faltan anestésicos todas las intervenciones quirúrgicas se realizan sin anestesia. Les hemos podido suministrar algunos productos de primera necesidad que les durarán cerca de una semana, pero precisan urgentemente de fijaciones para las fracturas, instrumentos de cirugía craneal, un bloque operatorio de campaña. En fin, mañana volveré a intentarlo con los estadounidenses y espero que esta vez me autoricen a entrar".

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