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La estampida de los hipócritas (Carta pública al presidente Fox)
13 abr 2004
Carta de un escritor mexicano al presidente de su país en defensa de sus derechos de persona, y por la libertad de expresión y el cese del veto, el hostigamiento y la persecución en mi contra
Orlando Guillén
La estampida de los hipócritas
Carta pública al presidente Fox



El 16 de diciembre de 2001 dirigí esta carta a su destinatario principal y a la opinión pública. Por seguir vigente su línea esencial de contenido, continúa en circulación en ediciones de resistencia civil. La doy aquí por primera vez completa en cualquier medio de comunicación, precisamente mientras por un lado se mantiene en mi contra el veto a publicar en la prensa de mi propio país, por otro el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes se empecina en el secuestro de mis obras, y, finalmente, a este tierno propósito se suma el Fondo de Cultura Económica con la pretensión de âdesvanecerâ y âocultarâ mi libro de libros de traducciones, monumental y de vida âDoce poetas catalanes del siglo XXâ?, con tres Añadiduras, versiones, notas e Introducción mías, y enriquecido con la consultoría en catalán y un Epílogo de Enric Casasses. En principio, y es lo que está en juego, el libro debe comenzar sus presentaciones en Barcelona (en la inminente feria de Sant Jordi) por el ámbito de la lengua hispanoamericana, según el acuerdo original de promoción, difusión y recepción de este acontecimiento espiritual de acercamiento y conocimiento sin precedentes entre dos culturas históricamente tan prójimas como desconocidas. Esta intención contranatura del FCE ha contado sorpresivamente con la colaboración del director del área de cultura del Institut Ramon Llull de Barcelona. El funcionario catalán ha âcompradoâ (¿con dinero gratis?) un asunto mexicano de persecución política por motivos de opinión contra el escritor que soy, hasta ahora sólo imputable al poder político y cultural mexicano. No le arriendo la ganancia ni la lógica. Mucho menos al genio de la estrategia que solito se atacó: el bloqueo y la hostilidad a un título que el mismo Fondo edita, es de una clase tan eminente de infamia que sería irrisoria si no fuera criminal, lesiva y orientada por oscuros fines particulares, y por tanto materia de denuncia pública: se implementa con dinero de la hacienda nacional, desde el gran elefante editorial del estado mexicano -cuyo ya bastante socavado prestigio intelectual añejo lesiona más y pone en duda hoy su cúpula dirigencial, a la cabeza de la cual se encuentra cualquier cosa menos una gente de letras. Cierra este panorama en cerco Sara Bermúdez, actual empresaria de Alejandría en Buena Vista y presidenta del CONACULTA: pero, ciertamente, si las cosas siguen como siguen, va a terminar llevando al despeñadero
a su asesor Felipe Garrido.

Lectora, lector: no les digas nada, que nada son. Simplemente envía mi texto a este buzón electrónico: mexicoenlinea ARROBA presidencia.gob.mx. O a este: alianzaciudadana ARROBA presidencia.gob.mx.





Vicente Fox
Presidente de la República



Señor presidente:

Sea cruenta o incruenta la vía de su práctica, el asesinato selectivo es guerra sucia:porque en el caso como en todo el tiempo es instrumento de la muerte y porque la materia gris del presente escrito es de su incumbencia en términos políticos culturales, de comunicación social, derechos humanos y procuración de justicia, reclamo su inmediata intervención y le doy cuenta del contenido de dos cartas mías a Santiago Creel, secretario de Gobernación -cuyo silencio tripula el absoluto desprecio que le merecemos tanto mi derecho a la vida, al trabajo y al ejercicio de las libertades de expresión y de opinión en mi calidad de escritor y de ciudadano mexicano, cuanto el cumplimiento de su deber: la vigencia del estado de derecho en México.

Señor secretario: En la entrevista que sostuve con su secretario particular Guillermo Huerta de modo previo a otra con usted que todavía no se produce, presenté el estado actual de este asunto de derechos humanos y vigencia de la libertad de expresión en México que afronto, y entregué a este funcionario la carta dirigida a usted que sigue:

Por el puro tino de un azar avieso el 2 de octubre pasado vine a advertir con magnitud de certidumbre (hablando de algo de esto con mi antiguo condíscipulo universitario, el diputado Ranulfo Márquez), y acusé ese golpe de soledad política mas poética cuyo viento de muertos no es estatua: la marca de ignominia que me señala único y no sólo como escritor de la generación de 68 a quien se acosa, persigue y excluye todavía hoy en México, entre otros motivos de opinión por la defensa pública de la memoria de sus muertos -que lo demás tiene que ver con el sostén de su espíritu. Porque, en efecto, la publicación casi simultánea en España y México (1988) de mi artefacto verbal de deslinde histórico y drenaje profundo México, Carlos Salinas y la generación del 68 (hijo de imperativos de conciencia resueltos en mis venas trágica, satírica, poética y âpolíticaâ), está en el origen de esta infamia impune y creciente desde el secuestro sui generis de obra hasta la desaparición. Por la lectura de aquello podrá usted ver cómo, en oposición a textos de usura manipulatoria y ostentación perversa de nuestra memoria histórica reciente firmados por Octavio Paz y por el pseudónimo Alponte (quienes desde El país madrileño buscaron vender ante la opinión pública europea la figura meñique del entonces prójimo presidente mexicano como la de alguien que habiendo âvividoâ el 68 trae consigo aires de ârenovación democráticaâ), ese material ubica en flagrancia a Salinas joven simplemente donde estaba: en el frente contestado por el movimiento emergente de mi generación.
Bien. Ni manda ya el exmandatario citado, y ni siquiera el PRI. Al pacto pragmático de gobernabilidad que sostiene la âalternanciaâ le llaman âtransiciónâ. Bien.
Mi texto pasó al Index Ente y yo a la âlista negraâ. La cuestión fue aprovechada por mis enemigos para borrarme de los medios, y la inercia política y la mediocridad uniformada de los âmandos operativosâ me mantiene a la sombra hasta este mismo día. Ranulfo me puso en contaco con Durán Reveles. A él le dejé claro (vio y tiene en su poder algunos documentos) en primer lugar el carácter de Estado incuestionable del asunto. Después de todo se trata de la defensa de mi derecho a la vida, al trabajo, a la libertad creadora, a la libre expresión de las ideas y a hacerlas circular; y, en suma, a la opinión, a la crítica, a la diferencia, y, desde luego, a vivir de los oficios de mi oficio, entre otros el periodismo, al que he dedicado un largo tranco de vida. Puntualicé incluso por escrito al amigo Reveles la gravedad de este tipo de antecedentes: por un flanco, ningún gobierno puede permitir que exista en México, y mucho menos fomentar, un cacicazgo cultural transexenal capaz de perseguir, excluir, desvanecer, ocultar, desaparecer y condenar a muerte virtual a un escritor reconocido, sea cual sea el motivo que aduzca para ello, y por otro porque los primeros casos no hacen verano pero la dictadura comienza por la supresión de la inteligencia crítica. No sé por qué Reveles no dio solución a un asunto que estaba en sus manos y dentro de sus alcances políticos, e incluso en una de las puntas alternativas que le presenté, dentro de su ámbito administrativo. Lo que sin duda no vio o no quiso ver es que no le fui a pedir chamba sino a defender mi derecho al trabajo y a la vida. Los particulares pueden esgrimir ya que no razón, razones de ese orden para negarse según su bellaquería y desatender el interés público, pero el Estado está obligado a garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos y la riqueza y diversidad de las expresiones artísticas y culturales nacionales. El 2 de octubre pasado Fox clamó honra para quienes participamos (¿nomás poniendo los muertos?) en los finalmente trágicos acontecimientos del 68, pidió fortalecer la recurrencia a las vías institucionales para la resolución de los conflictos en las nuevas circunstancias políticas del país, y aún vindicó el derecho a la libertad creadora. Fuera de la honra, que pertenece por entero a la memoria de los jóvenes y vecinos inermes masacrados en Tlatelolco, me acojo al espíritu de lo dicho 33 años después, y sin embargo significativamente por un presidente mexicano. Pero no olvido que usted ese mismo día ordenó abrir archivos que corresponden a la Secretaría a su cargo. La verdadera forma de honrar la memoria de los muertos en ese crimen de Estado debe empezar por abrir los archivos de la Defensa Nacional.
Lo que me preocupa ahora es el recurso al método. Tras aquella entrevista esperaba como se acordó una respuesta en tres días. La política de avestruz asumida por Huerta y el silencio de usted mismo en momentos de polaridad e incertidumbre en materia de derechos humanos, permiten lecturas que ni su persona ni el Estado pueden avalar, sobre todo cuando desde fuerzas que operan por inercias de impunidad dentro del sistema se amenaza de muerte y se asesina a personalidades de este ámbito, en tanto las señales que emite el gobierno, por ejemplo al desacatar una resolución vinculante de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos en el caso del general Gallardo, son desconcertantes y alarmantes. El Estado está obligado a garantizar mis derechos fundamentales, y tiene medios para ello, y debe ponerlos en práctica. No tengo ningún interés en andar de exiliado por el mundo exhibiendo las vergüenzas de gobierno alguno, y tengo en cambios razones de amor y obra para no holgar de la pitanza salvo en defensa propia, del arte y de la libertad en México, sobre todo después que Siles Suazo y Salinas usurparan el instrumento de hambre de los débiles convirtiéndolo en oscuro sujeto de Guiness. No lo descarto, pero es última instancia.
Hasta hoy, se han negado a recibirme o han escabullido su responsabilidad Gilberto Rincón Gallardo, Emilio Alvarez Icaza y José Luis Soberanes (unanimidad que resulta indicativa de la política oficial -sin distinción de partido en el poder- que se sigue en materia tan âsensibleâ). Y el
mismo camino han escogido las cabezas de playa culturales: la nacional, y la del DF.
Sara Bermúdez, Carlos Fuentes, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, José Emilio Pacheco, Carlos Monsivais, Gonzalo Celorio, entre otros, han o deben haber recibido mi requerimiento para fijar ante usted su postura en este asunto, y callan (por lo menos hacia el público), del mismo modo que los titulares de la SOGEM y el PEN Club Internacional.
Me preocupa, digo, el recurso al método; la omisión, el silencio. Pese a todo esto, no se engañe: no estamos hablando de algo que se debata en la oscuridad y a espaldas de la opinión pública. Aunque este material aún no ha sido ventilado por los medios, es evidente que el aire colectivo es su habitat natural, y que en la aldea global no es bueno votar por el silenciamiento y la supresión de las libertades críticas y creadoras, y así también que mi defensa solitaria está circulando ya en el medio artístico y en el periodístico.
Durante estos 10 días que vienen observaré un estricto compás de espera. A su término, le haré saber la decisión que tome (y que no excluye el riesgo de mi vida -éste, sin duda mayor si lo consolida el método), y se romperá por los extremos. Los asuntos políticos agotan las vías institucionales en la Secretaría a su cargo.

Dirigida hoy a usted pero naturalmente también a la opinión pública, esa documental se amplía por estas pertinencias puntuales:

ºSegún andaban las cosas en ese momento, presenté a Durán Reveles un paquete de Estado en triple continuo de solución inmediata y simultánea: 1) fluidez al proceso âatoradoâ de contratación y pago de mis libros Versario pirata (para su primera reimpresión en Lecturas Mexicanas) y El costillar de Caín en Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; 2) âdestrabarâ la contratación de mi libro monumental y de vida Doce poetas catalanes del siglo XX, presentado por mí, âaprobadoâ de entrada, pero detenido por el Fondo de Cultura Económica; y 3) âreposiciónâ en NOTIMEX: corresponsalía de escritor con sede en Barcelona, y, en signo real de apertura de espacio en los medios, con impacto asegurado mediante la fórmula de circulación âpor el hiloâ y restricción de exclusividad a uno sólo de los diarios nacionales.
Reveles hizo posible la solución ârelativaâ del primero, pasó del segundo, y no dio salida al tercero pese a caer bajo su responsabilidad directa.
Emulo de Gonzalo Celorio en el Fondo, y dentro de aquella ârelatividadâ, Felipe Garrido se ubica ya en la âlógicaâ de la impunidad y el silencio cuando, como director de Publicaciones del Consejo bloquea a conciencia la aparición a tiempo de El costillar de Caín para su presentación acordada en la Feria de Guadalajara, en comisión y oficio de secuestro de obra, de ocultamiento de bien cultural y escamoteo de espacio y tiempo públicos para la difusión de obra artística en mi perjuicio y en mi daño y en el de los lectores de poesía. La encerrona a El costillar tiene precedente directo. Enumero por ilustrar algunos âtratamientosâ aplicados entre 1993 y 1994 a Versario pirata en esa misma instancia de publicación: a) intento de censura al prólogo. Retirado por su autor, Mario Raúl Guzmán, ese trabajo vio la luz en La Jornada Semanal entonces y hoy precede a El costillar; b) Versario pirata es el único libro de Lecturas Mexicanas que nunca tuvo presentación oficial; c) reducción unilateral del tiro normal en esta colección: de diez a siete mil ejemplares; d) la falsa âsolapaâ de la cuarta de forros es distinta a la que yo corregí: la ânuevaâ me lesiona incluso con el tetepón ágrafo de la delincuencia ortográfica. Bien podría en la testuz Garrido volver a pinchar Reveles para rematar la faena, porque, ciertamente, MI PRIMERA DEMANDA es la aparición inmediata de El costillar de Caín.

ºEn cuanto a mi libro Doce poetas catalanes del siglo XX, lo presenté en las siguientes condiciones: hay interés de coedición en España, y de lanzamiento. La Institució de les Lletres Catalanes ha ofrecido, a través de su director, el poeta Francesc Parcerisas, participación económica en materia de derechos de autor por la traducción, y gestiones ante los poseedores de los derechos de los autores incluidos (para su cesión por motivos de difusión), y ante el Estado español para coedición, apoyo y presentación en los territorios hispanoparlantes. La importancia de la obra ha generado ya prensa en Barcelona. Existe una expectativa real entre poetas y lectores de poesía, no sólo por su singularidad monumental y panorámica con libros completos de los autores incluidos sino en virtud de ser el catalán lengua minoritaria en el Estado español y haberse visto proscrito bajo el franquismo. Se trata de una poesía a la altura de cualquiera otra europea, pero se conoce muy poco y no nomás en nuestra lengua, que, en el caso, resulta asimismo vehículo de alcance y extensión mundial para difundirla. El Fondo de Cultura Económica está obligado a publicar y promover la obra de los escritores mexicanos, aquí y en el extranjero, y no hará nada más que cumplir con su razón de ser institucional al atender MI SEGUNDA DEMANDA: iniciar el proceso de edición de Doce poetas catalanes del siglo XX, establecer los contactos necesarios y firmar el contrato respectivo.

ºMI TERCERA DEMANDA se expresa como reposición en NOTIMEX. De esta agencia noticiosa estatal fui ârecortadoâ selectivamente por la administración de Medina Viedas en días en que Dionisio Pérez Jácome asumía la condición de vocero del gobierno federal y NOTIMEX caía bajo su coordinación general. Hay que remontar los motivos de Medina a la triple entrega de la primera versión de mi sátira âOctavio Paz en libertad bajo palabraâ? - cuya testa puesta en bandeja es pista de origen, y explica por qué DPJ (mi antiguo profesor de Derecho Romano) âno podía hacer nadaâ en el caso, según me dijo. En 1989 había escrito esto el historiador Gastón García Cantú: âPor falta de moral republicana hemos llegado al punto en que criticar a Octavio Paz es peor que criticar al gobierno. No vivimos el terrorismo político pero sí el cultural. Toda la venganza y toda la pluma contra los disidentesâ?. Un Cadáver Jediondo, pues, y el exsecretario de gobernación Chuayffet Chémor sabrán sin duda más que aquellos dos excolaboradores de este, y por supuesto que yo. La cuestión se presta para que los mílites espíritas de la Procu citen a comparecer al muerto y continúen forjando patria y Tradición de la Ruptura del orden constitucional. Mas mi exigencia actual se delimita como una corresponsalía de escritor con sede en Barcelona, y su plena atención no aparece así más que como un acto tardío de justicia laboral.

ºHoy en torno a mis reclamos se ha desplegado el silencio absoluto de los medios. Esto se comprende sólo por la medida en que confirma sin excepción el acatamiento en su momento de la orden de proscripción en mi contra (ignominia sin embargo río abajo corriente bajo el dominio del PRI) âimplementadaâ desde Gobernación y Comunicación Social de Los Pinos. Así, donde los intereses y el atrincheramiento de Salinas y Octavio Paz funden y confunden ambas vanidades descomunales y ciegas es en el propósito criminal de procurar mi desaparición. Tras la demostración chicharróntronante de los plenos poderes pacianos al obtener la caída de Flores Olea (históricamente primer virtual secretario de Cultura del país), Rafel Tovar y de Teresa, engendro de aquel contubernio, âoperóâ con eficacia (pero no sin dejar huellas: las suyas, las de Javier González Rubio, y las de Sabás Huesca) la puntilla a mi revista ZonAeropuerto, reducto de mera resistencia que sucumbió al impago del apoyo publicitario autorizado por la administración anterior, y a su retiro definitivo -esto contra toda lógica de continuidad institucional y contra la naturaleza jurídica del propio CONACULTA.

El párrafo que se avecina ahora proviene de México, Carlos Salinas y la generación del 68: âPara Paz la crisis mexicana es una crisis de crecimiento (...) y la salida hacia formas âmás plurales y democráticasâ de convivencia debe ser pacífica y gradualâ?. Y de súbito dorsal un cable desde el laberinto de la soledad sociológica revela al mundo lo que todo el mundo sabe: en México, hoy por hoy, está enquistado un compacto grupo social que domina al gobierno y la vida entera. Abstrae en la insuficiente palabra âburocraciaâ tan ingente mole de mierda: âes un estrato social muy extenso y poderoso, situado en lo alto de la pirámide y con ramificaciones en los puntos vitales de la economía y la culturaâ. En este último sobrecultivado campo, âPaz es muestra extrema de que lo que aquí dice es cierto. Por eso resulta complementario que añada que el mayor obstáculo para la modernización resulta ser el inmovilismo de la burocracia dominante. Y absolutamente consecuente que diga que no es fácil renunciar a los privilegios. Su autoridad en el asunto es inapelable. El, desde luego, no da señal alguna en este sentido volitivaâ?. A partir de esta abundante autocita, pueden establecerse las responsabilidades que corresponden al gobierno de Salinas. Y poner en su sitio lo que toca a los medios: salvo Luis Gutiérrez, exdirector de unomásuno, que en esto tiene, cómo no, embijada sabiduría, continúan en sus puestos la mayoría de los directores de periódicos y revistas, y los ânuevosâ son de cuño añejo y uniforme. Y las secciones de cultura siguen tomadas por los mismos escuderos de escritores de relumbrón, de intocables de espaldas blindadas y manto pontifical; por protectores de reseñistas mediocres, escritorzuelos atildados o no, y por comadrones y comadronas ensangrentados de los falsos prestigios, para rabieta acrónica pero no fuera de ring de púgiles de la calaña incisiva y encimista de Jack London. Y para establecer los límites de la acción cultural privada en su beneficio con los recursos públicos.
En México se destinan sumas formidables teóricamente a fomentar el arte y la cultura. En la práctica resultan botín de burócratas sólo por dedazo eminentes, políticos de poca monta, falsos escribas, críticos que son en verdad agazapados legitimadores del sistema, reyezuelos y reinetas de ocasión, mediocridades afines y farsantes a nómina. El cordón de la ubicuidad los ata a la hora de la paga, y el Lúculo sexenal distribuye prebendas en casa de Lúculo. Con las excepciones confirmatorias para la cuenta de las cuales sobran dedos al puño presto a abolir el azar, los intelectuales y artistas reales (los trabajadores de conciencia) somos aquí poco menos que apestados: no sólo por ninguneo como imagen adrede de la envidia sino por miedo a los tenientes de la verdad y la belleza, y por impunidad. Crítica de Estado de la Razón Pura, la política cultural mexicana es como el patronazgo al que sirve y atiende: excluyente, elitista, suntuaria y mitómana: sostiene uno gordo y bastantes cacicatos flacos y de este modo asigna papeles, privilegia al privilegio, corona la adulación y el servilismo, y aún surte con prestigio prestidigital el almacén de las medianías útiles: los funcionarios del ramo, y del racimo. Ningún renglón aparte titula en este sentido la orientación de las políticas universitarias. En este momento no es sucesión sino arrebatinga desvergonzada la que se traen por los despojos del poder que Paz unificara en olor de satrapía. Mientras la cultura bajo manto oficial parece decantarse por Carlos Fuentes sobre las pretensiones sangrerrealengas de Enrique Krauze, el aparato, la estructura, permanecen incólumes.
Mi cabeza es prueba en vilo de cómo desde la cúpula de la corrupción administrativa de la inteligencia no en abstracto apuestan por el silencio, el veto, la omisión. Lo que pasa aquí es que estamos hablando de un caso de persecusión de un escritor hasta la desaparición desde el poder político real y desde el totemato del poder cultural, colusión que dada la intrincada imbricación del Estado con las chollas de su cámara de resonancia y legitimación intelectuales, se sostiene en una red de complicidades y escudos comprometidos donde los unos se salpican o se cubren a los otros.
Pero, a todo esto, con estupor mirónico pregunto: ¿qué mal obré para tamaño enojo? La poesía es la canción absoluta de la especie, y la sangre literaria de un vil es fango rojo. Aunque con sus ribetes, la proscripción pazsalinista debe estimarse de lesa humanidad sexenal. Así pues, lo que permanece es más que nada la proscripción que nace de las vanidades arrasadas por algunos de mis escritos, sostenida hoy como ayer por las estructuras de uniformación, blindaje e inexpugnabilidad para toda inteligencia crítica, en torno a los y las consagretas usureros de la cultura y el arte mexicanos, desde lo alto del lomerío.
Gastón/ García/ Cantú/ En México/ Se piensa/ Mucho en tú: âescribir es un deber contraído en la libertad de la conciencia. Y más aún en pueblos como el nuestro, desposeídos de todo. Ni grupo ni partido sino relación autónoma para que la crítica cumpla su fin social. La dictadura de la inteligencia conduce a la rendición de los espíritus. Nada más deleznable y sucio que la vanidad, que es su rostro común, sea instituida como limpieza de sangre. En países desdichados es frecuente conocer a intelectuales que usan su soberbia como un rayo para estigmatizar a los disidentes (...); rayo que, desde el poder, se ve como arma invencible que debe ser aliada para sobrevivir en el juicio de la historia. Es el instante en que se levanta el pedestal para el soberbio que exige la sumisión de los espíritusâ?, según aquel maestro. En ese momento del gigante liliputo apareció rompiente entre el general vasallaje mi sátira a imponer verdad histórica. La consecuencia sin embargo es desmesura reaccionaria del agandalle cupular: sobre Octavio Paz (pero también sobre Jaime Sabines, José Emilio Pacheco, Carlos Monsivais, Juan Bañuelos o tangencialmente Carlos Fuentes) me he desplegado únicamente en términos de sátira, y a este propósito no cabe establecer polémica: el objeto rey de burlas es de capirote. Doy el satiricaudal que viene, leproso de
opinión como de genio, brevísimo, por comisión y muestra:

    Sábado 27 de setiembre de 1980. Sábado, suplemento de unomásuno.
En esta esquina José Emilio Pacheco, con la adarga al brazo/ toda tontería, jubilosamente se lanza contra la sombra de aquel a quien en sus días Cervantes llamó âflagelo de los poetas memosâ y en los nuestros el curioso Casona âcaballero de las espuelasâ: Quevedo, cuatricentenario, sembrador de la poesía en lengua española y uno entre los poetas de la humanidad. En el contexto de una Noticia, juicio y recomendación de Francisco de Quevedo y Villegas, fatua desde el título que la anuncia, la premiada y más premiable impunidad de Pacheco dice: De la crítica universitaria mexicana, que no suele incluirse en las bibliografías españolas, aparecen muestras representativas de Antonio Alatorre y Sergio Fernández (falta J. M. Lope Blanch), a quienes se debe en gran medida que se lea y se aprecie entre otros a Quevedo. Admito sin conceder y concedo sin admitir la errata y leo nosotros donde dice otros. Pero ni entre nosotros ni entre otros Quevedo necesita tecomates para nadar:Nadar sabe mi llama la agua fría, escribió por algo. Parangonaríase tanta estulticia sólo con aquella de Carlos Fuentes nombrando a Monsivais el Quevedo mexicano. A mayor abundamiento y a más amplio regodeo: ¿por qué habrían de recoger las bibliografías españolas muestras de crítica (universitaria) mexicana?Y, ¿por qué si P. advierte que falta en su singular catálogo el desvelo de algún ilustre no mejor lo incluye?¿Por qué omite quien se queja de omisiones? Comparte este José Emilio con aquel Luis Pacheco de Narváez no sólo el lustre de un rancio entronque heráldico sino el empaque, el pulmón de la medianía... y el osado desenfado de la prepotencia. Quevedo tuvo en Pacheco su contemporáneo ocasión para dictar una cátedra de esgrima; su sombra recibe del Pacheco de ahora ocasión para alzarse una vez más, saludando de mano a los mancos, como flagelo de los poetas memos.

Pero las figurolas luminarias del panteón intelectual mexicano atañen muy poco a mi cacumen, y así nunca he escrito nada más acerca de Fuentes. De Monsivais sólo esta línea como paletada en alguna de mis ediciones de âcalaverasâ: Su cadáver es un pájaro excagao por un baño de pureza. Y a Pacheco espero no volver a verlo ni siquiera vapuleado por El Fantasma Vengador de Sergio Magaña en el castillo como ring de la pureza del plagio.
Pensar que de cosas como estas puede derivarse una persecución encarnizada que no se detiene ni ante el crimen por parte de âsobriosâ y ârespetablesâ intelectuales es cuestión que ofende el mero ejercicio del pensamiento. Sucede llanamente que la maquinaria intelectual mexicana es el correlato corrupto y prepotente del autoritarismo ejecutivo priísta, de Ponchito Reyes a Octavio Paz. Una intelectualidad corrupta es propia de los regímenes totalitarios, y el del PRI, sui generis y todo, lo fue. En la âalternanciaâ política que vivimos es tiempo de comenzar a derruir bases que no se compadecen con los afanes sociales de un cambio que no se ve por ninguna parte, y socavar la estructura piramidal del cacicazgo cultural es urgente y es justicia distributiva. En principio, y al margen de las violaciones de derechos fundamentales que esta actividad floreciente supone, el Estado está obligado a desarticular las bandas delincuenciales organizadas, y esta se mueve en la más pura impunidad. Pero hasta las peras del olmo están hoy en las puertas al campo de enfrente. El silencio, el ocultamiento y secuestro de obra, el veto, la omisión, la persecución, la desaparición y la condena a muerte virtual de un escritor no pueden ser validados, avalados o simplemente permitidos por el Estado porque está obligado al bien general y a cumplir y preservar el estado de derecho. Se lo dije en su día a Carlos Salinas, pero ahora se lo hago extensivo a usted: yo he hablado siempre en nombre propio y a título del arte. Ni pertenezco ni he pertenecido a partido político alguno, y he procurado en ese sentido no más que sostener mi derecho a la lucidez, a la crítica y a la libertad. La política no es de mi incumbencia salvo por lo que tiene de farándula y por cuanto el poder cobra formas de persona en ella -lo que podrá usted comprender cabalmente si toma en cuenta mi condición de autor teatral. No he llegado hasta este extremo por razones políticas sino dentro de la circunstancia que mi ocupación artística me impone inseparable de mi ser ciudadano. Soy conciente de que mi caso conlleva un juicio a los medios, a la intelectualidad mexicana y sus maneras, y a la política de Estado en términos culturales, de comunicación social, derechos humanos y procuración de justicia. Por eso presenté un paquete de renuncia y contenida mesura en quien ha recibido tan graves agravios: así, mi propuesta lleva puesto el autoexilio, y se limita a la voluntad política pues su costo real es irrisorio; en cambio, concede al gobierno la posibilidad de tener un gesto de verdadera apertura a la inteligencia crítica, lo que eventualmente podría redituarle prestigio de prensa. Por eso me sorprende el silencio y la actitud de su secretario Creel. ¿Qué, quién o quiénes más allá del bien y del mal están detrás de todo esto para que Gobernación no pueda tomar una determinación en justicia en el caso? ¿O es que, como cabe concluir por los hechos, el gobierno apuesta no sólo por avalar sino por asumir la política que denuncio? Eso sería gravísimo. No son crímenes de su gobierno, pero si los avala y aún los practica se pasa al bando de los criminales. Así pues, demando de usted garantía fehaciente, a mi entera satisfacción, de que como ciudadano, escritor y artista el Estado protege mi derecho a la vida, al trabajo, a la libre expresión de mis ideas, a la libertad creadora del espíritu, a la disidencia, a la inteligencia crítica, a la independencia y a la diferencia. Esa garantía da por hecha la atención de mis tres primeras demandas. No entro ni salgo en el rodaje de cabezas: soy poeta no político, y además las clonan y ponen a alguien igual o peor. No soy propulsor de jucios sumarios, pero es tiempo ya de que se oreen los pasados y presentes sucios de los medios en beneficio emergente de su ejercicio libre. ¿O estamos ante un caso de âextraterritorialidadâ asumida y tomada por los medios o graciosamente concedida por Gobernación frente a unas supuestas âreformasâ política y del Estado que no los alcanzan? ¿Quién se mocha con tanto, y a cambio de qué tipo de impunidades mutuas y adyacentes? En la hora actual con su vientre de caca no es posible hablar de una relación a través de ellos con el poder público desde el punto de vista de la expresión y la presencia crítica de la sociedad: los intereses mediáticos, cuando no pertenecen abiertamente a él, juegan el juego del poder.
Por otro lado, no quiero adquirir, por desprecio a las gloriolas políticas alrededor de la tatema de los escritores, la condición de exiliado, a menos que salve la piel y sus contenidos solamente por ese cauce. No recabo premios, becas, posiciones, privilegios o reconocimientos. Soy poeta, dramaturgo y periodista. Trabajo y respeto a mi trabajo, a mi obra y a mi vida es lo que importa y lo que pesa.
Miente usted, presidente Fox, y encima lo hacen mentir sus colaboradores. Recurrir hasta su agotamiento a las vías institucionales no conduce todavía en México a la resolución de los conflictos -esto, en mi caso, desde la comisión de Cultura de la Cámara de diputados que preside el exactivista del 68 que en la UdeG lleva la fama José Manuel Correa Ceseña, hasta Gobernación, pasando por la dicriminadora Comisión de Estudios contra la Discriminación, y las supuestas Comisiónes de Derechos Humanos oficiales. En su búnker la señora Bermúdez no recibe más que a quienes no vienen a âamargarle el díaâ, actitud que comparte en la misma medida con su esperpéntica y energuménica contraparte en el DF, Enrique Semo... y con usted a la hora selectiva de informarse. Por eso las Comisiones nacional y del DF esperan a ver pasar el cadáver de la víctima (y la poesía política para protegerla) para ocuparse de un caso. Por eso también la actitud omisa y silente de Santiago Creel viene a insertarse en la âlogicaâ de la impunidad contra un escritor a quien previamente han reducido a la miseria y le han arrebatado los medios para defenderse públicamente en condiciones iguales. Eso, señor, se llama valentía de Estado, y de los medios, y la impunidad que sostiene es caló de la sombra. Pero sea cruenta o incruenta la vía de su práctica, el asesinato selectivo es guerra sucia. El conjunto de la embestida en contra de mis derechos fundamentales me ha hundido en la absoluta miseria por años, y me ha puesto en la condición última de tener que defender mi vida con la que me queda.
Soy sin embargo de la opinión de que la anécdota no es más que ilustración y mayor abundamiento. No diré en consecuencia los costos personales y familiares de mi impronta pagada en la lista negra del salinato para no entorpecer las investigaciones de mis biógrafos.
Pero cruenta o incruenta la vía de su práctica, el asesinato selectivo es guerra sucia. Por ello, por este documento estoy acusando históricamente de intento de asesinato continuado y maquinado en mi contra, y de los demás tipos penales que puedan configurarse, en el grado que establezcan las leyes y las averiguaciones a que haya lugar, a Carlos Salinas de Gortari, a Otto Granados Roldán, a Fernando Gutiérrez Barrios, a Rafael Tovar y de Teresa, a los directores de periódicos y revistas culturales y a los coordinadores de esa clase de secciones de la época; a Octavio Paz y a la totalidad de cacicazgos más o menos flacos de la cultura nacional cuyos cabecillas sumisos al becerro de oro se conocen o saldrán a la superficie; a Carlos Monsivais (autor o no del veto directo en La Jornada, por cuanto este sujeto por donde quiera deja indicios y, ergo, debe ser indiciado), a José Emilio Pacheco, a Alfonso de Maria y Campos, y en general a quienes resulten responsables.
Para que vea, presidente Fox, que yo también y no sólo la Constitución de la República y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le ponen plazos: si mediante este recurso extremo que asumo como agravio de lesa humanidad por su gobierno no obtengo la solución al problema, me veré obligado a defender mi vida paradójicamente poniéndola en riesgo de apagarse, y entraré en una suerte de ayuno de conciencia equiparable a huelga de hambre a partir del término de esta serie de encadenamientos sobre móviles precisos, a modo de dar tiempo y espacio para la respuesta oficial, forzar a los medios a cumplir su deber de informar del caso, y llamar al interés de las organizaciones civiles internacionales ante el silencio de las mexicanas -ocupadas en condecorarse con los despojos de la última abogada muerta por causas perdidas... y en la salvaguardia de la propia dermis ante el aluvión de la amenaza, y ante la evidencia de cumplimientos más recientes. Hoy corrijo para imprimir otro muerto, y este del 68.
La entrada definitiva en la fase de ayuno significará un brinco de cualidades: la acusación de asesinato se amplía en tal caso al gobierno actual, y la nueva lista, complementaria, obvia y escasa, la encabezaría usted. En esa virtud, y considerando en peligro desde hace ya bastante tiempo pero más desde este momento mi vida (y nótese que no exceptúo ni la mera inanición) aprovecho la condición pública de este documento para hacer un llamado de conciencia: a los 56 y medio años de mi edad, magro pero corrioso en amores, en pleno uso de mis facultades de ser y de espíritu, con secuelas de poliomielitis que el tiempo ha hecho compañía en quiebra, con el aparato digestivo ulcerado e incapaz de reponer por propia cuenta la flora intestinal, y con el hígado agasajado por crudos mensajetas de mi muerte entre otros achaques gloriados por destino terminal, me declaro físicamente inapto para sostener un ayuno prolongado pero dispuesto a ello por convicción de vida y juego de poesía, y si caigo será cosido a puñaladas traperas. La llamada es a la conciencia ciudadana, a mis supuestos amigos políticos, a los intelectuales, escritores y artistas incluidos los veracruzanos (si es que todavía existen o alguna vez existieron), a mis lectores, a la generación de 68 ubicable en los medios (y de la cual no he vuelto a ver más que las espaldas nobles de Marcelino Perelló... y de uno que otro galeote de la libertad de opinión tales Jorge Meléndez o Humberto Mussachio, que no importa para quién remen, y que no merecen registro salvo para demarcar la franja que usurpan y que sólo la corrupción intelectual de este país activa); a los llamados líderes de opinión y a los académicos, a todos quienes cumpla gremialmente, y a cualquiera que teniendo interlocución con Creel o Fox pueda hacerlos entrar en razón frente al asesinato a mansalva, y detener este crimen. Por eso pido aquí públicamente la intervención del cardenal Norberto Rivera Carrera, a quien prendas públicas y confesión religiosa obligan mansamente.
No soy mártir ni kamikaze. Mis razones de amor y sinrazones de obra están profundamente afincadas en la vida, y si dijera como la gallina de los huevos del Siglo de Oro en la gallola de Neruda que muero porque no muero, denme un puntapié en el culo como premio a un mentiroso. La bala que habrá de alojarse algún día ciego en mi cráneo aguarda por ahora los dedos agarrotados de mi prójima vejez, y no es esta hora la hora del suicidio. Si muero asistirán ustedes al espectáculo poco frecuente pero virgen no de un poeta asesinado en México. Y a la salud de Antonio Plaza, el asesinato se persigue de oficio. Los nombres de mis asesinos aquí han quedado consignados. Lo insto, presidente Fox, a no sumarse a mis criminales, a dictar las instrucciones necesarias para dar solución a este asunto en lo que atañe a hechos pasados, y a atajar acciones, movimientos y omisiones que en mi contra se están produciendo ya dentro de su administración.
El gobierno de un país que precisamente por hambre sirve el plato de la muerte a sus poetas no se los merece en absoluto, pero tampoco un pueblo que no defiende su poesía.
He aquí lo que larga Edgar Alan Poe a Sara Whitman: â¿y me preguntas por qué se me juzga tan mal; por qué tengo enemigos? He brillado por mi audacia de conservarme pobre para mantener mi independencia (y sin embargo desde cierto punto de vista he âtriunfadoâ en la profesión literaria); he sido un crítico escrupulosamente probo y en ocasiones bastante duro, pues he atacado (cuando los ataqué, cuando los atacaba) a quienes ocupaban las más altas esferas del poder y del prestigio, y tanto en mis escritos como en el trato social jamás me he vedado expresar directa o indirectamente el absoluto desdén que me inspiran las pretensiones de la ignorancia, de la arrogancia y de la imbecilidad. Y tú, que sabes bien todo esto, ¿me preguntas por qué tengo enemigos?â?
Pero no se preocupe, presidente Fox: puede usted dar por seguro que hurtaré el cuerpo a quienes pudiera ocurrírsele dejárselo en lo oscuro en el callejón de los derechos humanos, y de que me propongo llevarme lleno de mundo el cadáver puesto.

Soy un hombre de teatro.
Este es un acontecer escénico snuf, del cual soy el director y en el cual la víctima, y esta sobrevivirá de todos modos a las mañas victimarias. El espacio y el tiempo de mis presentaciones móviles, que concluirán un día de estos ya en Gobernación ya en Los Pinos, es el espacio-tiempo que ofrezco para oír y conocer la respuesta de su gobierno. No es cosa suya, presidente Fox: los picos de los cuervos más picudos capturados por el forense en mi hígado parrandero fueron sembrados en verdad por esbirros de los dioses.
Lo saluda atentamente

                Orlando Guillén


OG. Acayucan, México, 1945. Autor entre otros libros de âUn muerto rema rayo abajoâ?, âRey de bastosâ?, y âEl costillar de Caínâ?. Ha traducido a los grandes poetas catalanes del siglo XX.

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