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Notícies :: criminalització i repressió
Paseo de aniversario (Carta pública al presidente Fox)
10 abr 2004
Texto escrito al cumplirse un año de estar en circulación mi carta a Fox en defensa de mis derechos fundamentales y por el cese a la persecuión en mi contra, ante la embestida del FCE y el Institut Llull de Barcelona contra mi libro "Doce poetas catalanes del siglo XX
Paseo de aniversario
Carta pública al presidente Fox

Orlando Guillén



En diciembre de 2002, al cumplirse un año de haber puesto en circulación en ediciones de resistencia civil mi carta al presidente Fox, dirigí el texto que sigue a ciertos periódicos de España y México que no lo publicaron. Al desatarse ahora una serie de acontecimientos que ponen en riesgo la resonancia natural en el ámbito de la lengua española de mi libro de libros de traducciones, monumental, panorámico y de vida âDoce poetas catalanes del siglo XXâ? (integrado por libros enteros de los autores incluidos, con tres Añadiduras, versiones, Apéndice, notas e Introducción mías, y enriquecido con la consultoría en catalán y un Epílogo de Enric Casasses), lo doy a conocer hoy aquí por seguir vigente su línea esencial de contenido, por primera vez completo en cualquier medio de comunicación, precisamente mientras por un lado se mantiene en mi contra el veto a publicar en la prensa de mi propio país, por otro el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes se empecina (también) en el secuestro real de mis obras, y, el Fondo de Cultura Económica pretende âdesvanecerâ y âocultarâ mi libro. En principio, y es lo que está en juego, debe comenzar sus presentaciones en Barcelona (en la inminente feria de Sant Jordi) por el ámbito de la lengua hispanoamericana, según el acuerdo original de promoción, difusión y recepción de este acontecimiento espiritual de acercamiento y conocimiento sin precedentes entre dos culturas históricamente tan prójimas como desconocidas, a consecuencia de un oscuro entendimiento entre los titulares del Fondo de Cultura Económica de México y del Institut Ramon Llull de Barcelona que amenaza y linda con el secuestro de obra y el escamoteo de mis legítimos derechos autorales por la traducción. El FCE ha contado sorpresivamente con la colaboración contranatura del actual director del área de cultura del Institut Ramon Llull de Barcelona, Alex Susanna. El funcionario catalán ha âcompradoâ (¿con dinero gratis?) un asunto mexicano de persecución política por motivos de opinión contra el escritor que soy, hasta ahora sólo imputable al poder político y cultural mexicano. No le arriendo la ganancia ni la lógica. Mucho menos al genio de la estrategia que solito se atacó: el bloqueo y la hostilidad a un título que el mismo Fondo edita, es de una clase tan eminente de infamia que sería irrisoria si no fuera criminal, lesiva y orientada por oscuros fines particulares, y por tanto materia de denuncia pública: se implementa con dinero de la hacienda nacional, desde el gran elefante editorial del estado mexicano -cuyo ya bastante socavado prestigio intelectual añejo lesiona más y pone en duda hoy su cúpula dirigencial. Su reciente intento de manipulación de la prensa en México en mi contra y en la del libro sembrando confusión entre los lectores medios, los ha puesto en clara evidencia, y a ella respondo publicando documentos, inéditos formalmente, de mi insurrección civil solitaria en defensa de mis derechos fundamentales y que se resumen en mi carta al presidente mexicano que también me dispongo a publicar. Cierra este panorama la hostilidad particular de la funcionaria pública Sara Bermúdez, actual empresaria de Alejandría en Buena Vista y presidenta del CONACULTA: ciertamente, si las cosas siguen como siguen, va a terminar llevando al despeñadero a su asesor Felipe Garrido.

En formato normal de artículo periodístico me permito este âpaseo de aniversarioâ (título en homenaje a Joan Vinyoli) que pide por su propia naturaleza la luz pública a un año de la aparición de mi carta a Vicente Fox en defensa de mi derecho a la vida, al trabajo, a la libre expresión de mis ideas, a la diferencia, a la opinión y a la crítica; y a un año asimismo de mis primeros encadenamientos y otras acciones de resistencia artística civil desde la miseria, en solitario o con mi grupo de teatro Las Flores de Uxmal, para aclarar de entrada que mi carta, aunque lo parezca y tenga sustento con qué seguir esas vías, no es una denuncia penal -y menos nunca laboral, leguleyismo prescriptivo y mendaz con el cual la Comisión Nacional de los Derechos Humanos eludió el bulto. Por cierto: se anunció la instalación en México de una oficina del Alto Comisionado de la ONU en la materia, ostentándose el gobierno desde ya libre de tal plaga totalitaria de Estado. Este texto demuestra lo contrario y una copia va con destino a aquella instancia en Ginebra. Esto sin pensar en la vergüenza mundial que significan los crímenes sin castigo seriados de mujeres en Ciudad Juárez, y otros casos que no abundo. La justicia mexicana bajo Fox no ha limpiado los establos, y políticamente ha intercambiado impunidad por impunidad: 1) en el financiamiento ilegal de las campañas electorales foxista y labastidista, el cinismo y el escándalo fársico diluyen y sustituyen la verdadera acción que debiera ejercerse de esclarecimiento y punición de los responsables; 2) en cuanto a quienes lo son de los genocidios de 1968 y 1971 y en general en el crimen de Estado de los 70-80 que se conoce como âla guerra suciaâ, ni siquiera es flor de estupores ver al fiscal especial cortar a la rosa roja del día el pétalo con qué perseguir al principal mandarín vivo de esos crímenes: el expresidente vitalicio Luis Echeverría -a quien su colega José López Portillo no le es zaguero. Esto lo digo como individuo que fui de la generación del 68, y habida cuenta que mi persecución sistemática comienza en México en 1988 (con la asunción de Salinas, y a mi regreso de un largo autoexilio en Cataluña), a ras de la publicación casi simultánime allí y en mi país de mi artefacto verbal de deslinde histórico y drenaje profundo âMéxico, Carlos Salinas y la generación del 68â?, que ubica a este asesino impune simplemente donde estaba en la época: en el frente contestado por mi generación; y defiende la memoria de aquellos muertos. Fox que dice tenernos por contribuyentes al supuesto proceso transicional a la democracia que se vive hoy en México, y que por eso ha pedido honra para quienes participamos en él, me hace el calaco âhonorâ de âhonrarâ su palabra (de qué modo suele âhonrarlaâ lo saben Chiapas, México y el mundo) convirtiéndome en el único de entonces a quien se persigue hoy todavía en mi patria por la defensa y el uso civil de lo mismo que en 1968 también defendiera en ocupación de su ser ciudadano, y que era ayer como es ahora derecho constitucional positivo muy peliagudo de practicar. Pueque Fox y Creel con su despejada videncia de estadistas de partido ya lo hayan advertido, pero su proceder me infiere ominosamente cierta entidad política mitificable y hasta simbólica -distinción política retacada de muertos que no acreditan ni mi vida ni mi obra porque 1) la política real (sobre todo en México) es grotesco tráfago de infamias, y 2) yo sólo soy por lo Ineluctable simbólico de mí mismo, de la poesía y por tanto de la libertad creadora.
No pues a la justicia mexicana me dirijo. Se trata por un lado de un recurso a la conciencia ciudadana internacional (la dictadura, como duramente lo saben los españoles, comienza por la supresión de la inteligencia crítica), y por otro de una denuncia histórica que exhibe (desde Ponchito Reyes hasta Octavio Paz, que la unificó en olor de satrapía) la entraña corrupta y los modos de ser y de operar de la intelectualidad mexicana -forjada a su servicio en el totalitarismo priísta a trueque de impunidades de ego y poder piramidal paralelo, y capacitada en el manejo discrecional y botinero de la estructura y los dineros públicos destinados al fomento del arte y la cultura; apergollada además en la parcela universitaria y las tajadas editoriales y comunicacionales del Estado, y con el control cerrado y circuito de los medios de comunicación. Tal Aparato permite a los figurones atender con relumbrón y eficacia al patronazgo excluyente que lo sostiene, despacharse con la gran cuchara de la fama y los âprestigiosâ, pontificar, y blindarse espaldas y cuclillas. Y desterrar cualquier disidencia o señal de originalidad o independencia crítica. Así pues con total impunidad menos la histórica, han âdesvanecidoâ, ocultado, perseguido, desaparecido y condenado a muerte virtual a este réprobo poeta que nunca manso acatará virtuoso la ingestión de la cicuta podrida en función de la permanencia institucional mediocrática en México, y cuya obra no se encuentra entre lo que pueden pepenar los de abajo mentales agachados rebuscando los anteojos.
A los medios no los cuestiona nadie en torno a sus pasados y presentes sucios ni en términos de reformas políticas internas exigibles acordes con los tiempos. De su intocabilidad y blindaje da cuenta la defensa ritual, apabullantemente unanimista y acrítica del âhistoriadorâ Enrique Krauze y su revista âLetras Libresâ?. Mas cuando este gallo salta al palenque, basta con soltarle a López Gallo. El profesor universitario desnuda con fea ciencia el simulacro intelectual de este operador político del pacismo hoy en funciones de cabecilla encargado de una parte del despacho, en su libro âLas grandes mentiras de Krauzeâ?, sin duda recomendable, y desde luego de inmediato âdesvanecidoâ y ocultado al público amplio lector por el procedimiento de la descalificación. No todo lo pueden sin embargo. Yo lo leí en su tercera edición. La inverecundia metódica de Krauze merece el encomio Ripley: es acaso el único biógrafo del mundo que no sabe dónde nació su biografiado: en el caso, el prócer independentista Morelos.
PASEO DE ANIVERSARIO: en el curso del año resistencial que hoy se cumple, han aparecido dos de mis libros retenidos en Conaculta: âEl costillar de Caínâ?, y la primera reimpresión en Lecturas Mexicanas de âVersario pirataâ? (mi poesía de juventud que así llega a su cuarta edición desde 1979), pero sólo después de encadenamientos y actos teatrales al propósito. Dos textos publicados: uno en la edición catalana de âEl Mundoâ? y otro en el diario mexicano âLa voz de Michoacánâ? (que salva la honra periodística nacional) son por ahora suficientes para horadar el silencio en torno a mi carta, y para mantener vivo mi asunto en la opinión pública interesada en la poesía y en la vigencia de los derechos de las personas en ambos bordes atlánticos, y de eso es precisamente de lo que se trata para detener este crimen de lesa humanidad y de lesa poesía. En este momento el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes ha frenado unilateralmente la firma del acuerdo de salida escalonada de mis libros privados de la luz por administraciones anteriores, y el Fondo de Cultura Económica la contratación de mi libro monumental y de vida âDoce poetas catalanes del siglo XXâ?, cuya importancia está fuera de duda y ha generado, siendo inédito, prensa cultural catalana cuyas firmas de primer orden lo validan; de la misma manera que con diverso signo signo político e intelectual ha recibido el resplado de la Institució de les Lletres Catalanes.
Los medios mexicanos mantienen el veto en mi contra (aunque históricamente en la suya), y el gobierno de Fox ni me ha respondido ni garantizado mis derechos intrínsecos.
Los asuntos de lesa humanidad sólo en México pasan pero no suceden. Aquí se vive en estado de gracia legal discursivo: es oficial, y punto. La corrupción de las ONG locales seguramente producirá diputados. Agotadas las vías institucionales y las civiles selectivas e inmerecedoras de confianza, a la víctima de este tipo de agravios no le queda de otra que las instancias internacionales. Por eso este âpaseo de aniversarioâ anda de pata de perro por el planeta.

ORLANDO GUILLÃN, Acayucan, México, 1945. Escritor, poeta, dramaturgo y periodista. Autor de âCherezada en la noche de los alfanjesâ?, âHombres como madrugadas: la poesía de El Salvadorâ? y âRey de bastosâ? entre otros títulos. Ha traducido a los grandes poetas catalanes del siglo XX.

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