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Comentari :: guerra
"La guerra no es una aventura, es una enfermedad".
09 abr 2004
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Dice A. Saint - Exupéry:

"La guerra no es una aventura, es una enfermedad".

y dice Antonio Marín Segovia:

"Hay que denunciar la violencia, pero también hay que exigir siempre cambiar las causas que provocan la existencia de la violencia... algo que parece que nadie quiere hacer.

Tengo la extraña sensación de que al Poder, al Sistema, a cualquier gobierno le conviene siempre (ahora lo veo con total claridad) no analizar con rigor, con frialdad, con exquisita calma las verdaderas y muy sencillas causas de tanta crispación, de tanta violencia...

Veo también ahora que para los poderosos y dueños del Sistema, del Poder, de cualquier gobierno siempre les resulta mucho más cómodo y fácil, culpabilizar y condenar a los débiles, a los que se atreven a expresar, a definir sus alternativas contra una sociedad cada día más injusta, insolidaria y cruel...

No hay dudas: al Sistema, al Neoliberalismo vigente no le interesa luchar contra las causas de tanta degradación, de tanta violencia. Al Poder y a sus fieles servidores y portavoces le interesa mucho que exista terror, miedo, inseguridad e incertidumbres. Ya sabemos todos que "a río revuelto, ganancia de pescadores". El enorme negocio que genera el terrorismo demuestra que interesa mantener la actual situación: así todos ganan, especialmente los grandes dueños de los monopolios.

Y es ya una verdad que para lograr sus objetivos y rentabilizar situaciones de pavor colectivas, el Sistema emplea a portavoces que antaño tuvieron cierto brillo y prestigio entre los sectores intelectuales y progresistas, dado que la cultura, el arte y el pensamiento nunca fueron patrimonio de la derecha neoliberal e imperialista. Los explotadores no tienen tiempo para cultivarse, para deleitarse de los goces que la naturaleza nos regala. Esos menesteres son propios de gente desocupada, de personas diletantes, de pueblos y naciones decadentes.

En España, en esa España que nadie sabe muy bien que es y que fue alguna vez, tenemos una representación de conversos, activos adictos a repetir hasta el hartazgo consignas emanadas por los nuevos mandarines del terror de estado... Esos portavoces del Sistema no tienen reparo alguno en emitir juicios y sentencias sin ni siquiera tener la precaución de contrastar y conocer las veloces y dinámicas realidades que conforman el tejido social... un tejido que cambia a una velocidad vertiginosa a pesar del control policial imperante.

Savater es hoy en día un representante destacado, la punta de lanza de lo que no debe hacer nunca una persona que aspire a vivir dentro de la dignidad y la coherencia, dentro del respeto y la honradez. Savater ha mancillado su prometedor pasado con su actual comportamiento irreflexivo y su falta de reflexión y de compromiso. El pensador y docente vasco se olvida de algunas premisas fundamentales que todo alumno conoce y respeta: es urgente, antes de emitir juicios y expresar teorías, analizar, contrastar y conocer las causas primeras que fomentan y desarrollan los comportamientos violentos.

Si de verdad queremos ser justos y coherentes, debemos siempre condenar todo tipo de violencia, empezando por condenar y repudiar a los que tienen el absoluto monopolio del terror: el Estado, el Sistema, los gobiernos que aceptan las reglas del mercado, del imperialismo neoliberal.

Mientras Fernando Savater y sus amigos Terroristas no tengan a bien condenar y analizar las causas de la violencia en todas y cada una de sus diversas manifestaciones y expresiones, no podremos creer en sus palabras. Tenemos el deber ineludible de considerar al escritor vasco, un enfermo peligroso para él mismo y para todo el conjunto de la sociedad, al olvidar que debe analizar, conocer, intentar entender las causas y las consecuencias que provocan los estados de conflicto que en todo núcleo habitado y organizado surgen.

Demasiados olvidos, demasiadas renuncias. Demasiadas traiciones... Los hombres de verdad no olvidan nunca que hay otros (ocultos y agazapados en sus castillos) que no quieren que los anónimos mortales podamos recuperar nuestros sueños, podamos ser dueños de nuestras palabras.

Hay unos pocos que no quieren ver ni escuchar nuestras alegrías y nuestras miradas... Pero su tiempo termina y el nuestro renace con suave y feroz determinación...



Antonio Marín Segovia
Cercle Obert de Benicalap

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