Imprès des de Indymedia Barcelona : http://barcelona.indymedia.org/
Independent Media Center
Calendari
«Octubre»
Dll Dm Dc Dj Dv Ds Dg
      01 02 03 04
05 06 07 08 09 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

No hi ha accions per a avui

afegeix una acció


Media Centers
This site
made manifest by
dadaIMC software

Veure comentaris | Envia per correu-e aquest* Article
Notícies :: criminalització i repressió
Las carceles llenas d inocentes,las calles llenas d culpables.
08 abr 2004
Ainara:2años en prision mas torturas por la cara.Termino la farsa Urbasa!!
Gorostiaga, la joven de Pamplona puesta en libertad el martes anterior tras estar dos años en prisión acusada de pertenencia a banda armada y asesinato, denunció en su día ante el juez de instrucción de la Audiencia Nacional, Guillermo Ruiz Polanco, que había sido víctima de presuntas torturasAinara Gorostiaga, la joven de Pamplona puesta en libertad el martes anterior tras estar dos años en prisión acusada de pertenencia a banda armada y asesinato, denunció en su día ante el juez de instrucción de la Audiencia Nacional, Guillermo Ruiz Polanco, que había sido víctima de presuntas torturas y malos tratos durante los 10 días que permaneció incomunicada, en virtud de la legislación antiterrorista española.

Gorostiaga, tras sufrir este calvario, accedió a firmar una declaración policial en la que se autoinculpaba del asesinato de José Javier Mújika, edil de Leiza por Unión del Pueblo Navarro (UPN, derecha), víctima el 14 de julio del 2001 de un atentado con bomba lapa, que fue atribuido a la organización armada vasca ETA.
La citada declaración policial fue la única prueba en que se basó la justicia española para mantener en prisión a Gorostiaga y a otros tres jóvenes vascos, Mikel Soto, Aurken Sola y Jorge Txokarro, todos ellos ya en libertad después de que dos miembros de ETA, que fueron detenidos en Francia, asumieran el atentado.
En el testimonio que presentó ante el juez, Gorostiaga hizo un pormenorizado relato de los interrogatorios en las comisarías: "Cuando llegamos al cuartel de la Guardia Civil de Castellón (que no pude ver si verdaderamente era el cuartel, lo supuse porque de la cárcel al pueblo hay unos 10 kilómetros y nos costó poco llegar), me pusieron contra la pared esposada ante un calendario que me sirvió para memorizar los tres o cinco días que podía estar con ellos. Sólo pude ver la cara de la mujer que me cacheó en la cárcel, al resto no se la vi. Calculo que estaría unas cuatro horas de pie contra la pared esposada hacia atrás y con las muñecas adoloridas".
Esa misma noche fue trasladada a Madrid junto con Mikel Soto, su pareja sentimental, con quien tenía prohibido comunicarse. Gorostiaga narró en su testimonio que "na-da más llegar me pusieron un antifaz en los ojos con el que estuve casi todo el tiempo durante cinco días; no pude ver ninguna habitación del cuartel salvo el calabozo, el baño, la sala del médico forense y la sala de la declaración policial. No vi la cara a nadie salvo a los dos policías que me tomaron declaración y a dos forenses".
Gorostiaga explicó que "la pesadilla" empezó cuando la trasladaron a una habitación donde le ordenaron que se desnudara: "Me desnudé de arriba abajo, y como no decía nada, se enfadaron y se pusieron a gritar como locos, empezaron a hacerme la bolsa (método de tortura que consiste en cubrir el rostro de la persona con una bolsa de plástico que provoca la asfixia), yo estaba sentada en una silla totalmente desnuda, cada vez que rompía la bolsa me golpeaban fuertemente en la cabeza con la mano abierta y con periódicos.
"No sé cuantas veces me pusieron la bolsa, pero yo creo que muchas, escuchaba los gritos de Mikel, lo estaban torturando mucho, de vez en cuando me hacían gritar para que él me oyese, y si no gritaba como ellos me decían, me golpeaban más, yo estaba histérica, eran continuas las amenazas, las humillaciones y los golpes, empecé a inventarme cosas porque era la única salida que veía para que aquello parase, me llevaron al calabozo con un ataque de histeria bastante fuerte. Aquel día me dejaron tumbarme un rato."
"Intensos interrogatorios"
Gorostiaga recordó que ese día la interrogaron entre cuatro y cinco veces, en una de esas sesiones asegura que le "chocaron cables y me pusieron los pies en un balde de agua, pero no llegaron a enchufármelos, estaba desesperada también".
La joven vasca asegura en su testimonio, que forma parte de la denuncia presentada ante la justicia para aclarar su detención: "Me decían que me iban a meter el palo por el culo, me lo llegaron a rozar, tuve que soportar todo tipo de vejaciones sexuales, que si iba a tener un hijo de guardia civil, que si les estaba poniendo cachondos, que Mikel se lo hacía con otras, que si mi cuerpo era no sé como, se me arrimaban por detrás como si me la fueran a meter (...) no sé, fueron continuos comentarios, también me amenazaban con la bañera".
Gorostiaga recordó que a pesar de que se negó a comer y beber los primeros días por temor de ser "envenenada" o "drogada", pero después fue obligada a comer un poco: "una manzana y el chorizo o el jamón de los bocadillos mirando si veía algo raro dentro y sin ninguna gana. También pensé que si no comía nada no había quien aguantase aquello, y en el tono en el que me lo dijeron preferí comer por mi cuenta a que me diesen de comer a la fuerza con el antifaz y sin ver lo que me daban".
Según señala en su testimonio, el peor día de su detención fue cuando fue sometida a cuatro "intensos interrogatorios con descansos muy breves y sin poder dormir ni tumbarme en la cama, salvo cuando me caía, entonces me dejaban estar sentada en la cama cinco minutos".
En esa jornada, Gorostiaga reseñó que "estando totalmente desnuda, me ataron a una silla sujetándome los brazos con precinto y goma espuma, me colocaron innumerables veces la bolsa, cuando la rompía me golpeaban en la cabeza y me la volvían a colocar, me llegaron a poner tres o cuatro bolsas juntas (...) Yo lo único que quería era desmayarme y perder el conocimiento, pero cuando estaba a punto, me levantaban un poco la bolsa y otra vez vuelta a empezar. Me decían, yo creo que para darme fuerzas, aunque no lo lograban, que era muy fuerte y que estaba aguantando mucho, que poca gente aguantaba aquello y cantaba todo el mundo, que yo me sabía muy bien el ma-nual de la tortura, y que quien ha escrito ese manual no ha sido torturado".
Gorostiaga también recuerda que "en cuatro ocasiones me colocaron los electrodos (por lo menos eso decían ellos), pero no los llegaron a activar salvo en una ocasión que dijeron que los activaban pero que no podían aumentar la potencia porque tenían una máquina nueva que hacía saltar los fusibles. Me hicieron colocarme dos cables en la espalda mojada y yo solo noté un cosquilleo, pero la sensación anterior, pensar en los electrodos, fue una pesadilla. En esas cuatro ocasiones me colocaron cables que parecían ser de teléfono en los brazos, en el pecho y en la espalda. En una ocasión me pusieron un aparato redondo en la mano que no supe lo que era".
El testimonio de la joven vasca también destaca que "en tres ocasiones me pusieron una pistola en la mano. Me dieron a entender que era la que mató al concejal de Leitza y que estaba en mis manos tener una acusación por colaboración o por asesinato. Además me amenazaban muchas veces con que no iba a poder tener hijos o si los tenía iban a ser de la Guardia Civil".
Gorostiaga, antes de que finalmente accediera a firmar la declaración policial, explicó que en aquellos momentos "les dije que me mataran si querían, y me dijeron que ellos no habían dicho eso. A mí ya me daba igual lo que me hicieran, sólo quería acabar con todo aquello, no podía más, les decía que hiciesen lo que quisieran con mi cuerpo, que no tenía nada para contarles. Lo más duro fue eso, recibir palos sin saber qué querían escuchar, tenía que estar todo el rato dándole vueltas a la cabeza pensando en historias inventadas (padres, contraseñas, cartas, gente). Inventé unas cuatro historias diferentes, cada vez que creía que aquella era la buena, en el siguiente interrogatorio empezaban de cero las torturas, me golpeaban más por mentirosa y más todavía por callarme. Me resultaba muy difícil inventarme cosas que no había vivido".
En otra sesión de interrogatorios, Gorostiaga recuerda que la envolvieron "en mantas y cuando estaba sentada me agarraron por todas partes (esta vez vestida), atada a la silla. Me pusieron al final tres o cuatro bolsas a la vez, me taparon la nariz y la boca y al final, a punto del desmayo, me oriné en los pantalones con tanta fuerza que casi los salpico. Tuve que permanecer el resto de los días con los pantalones totalmente orinados".
A la 1.30 horas "realicé la primera declaración ante la policía; yo no podía ver al abogado, en ningún momento me enseñó el carnet de identificación, hice la declaración tal como la habíamos preparado, y a continuación me dejaron dormir. Yo calculo que habría dormido unas cuatro horas, las únicas en cinco días", según el testimonio de Ainara Gorostiaga.

TESTIMONIO AINARA GOROSTIAGA
El pasado 24 de febrero (domingo -2002), cuando salía de realizar un vis a vis con un preso político vasco, fui detenida en la puerta de la cárcel de Castellón, a las 8.45 de la noche. En la puerta pude ver un movimiento extraño, había mucha gente que me miraba, yo salí y se abalanzaron sobre mí diciéndome que estaba detenida por colaboración con ETA (...) Enseguida me agarraron, me agacharon la cabeza y me llevaron a una habitación de la misma cárcel. En la habitación se presentó el capitán de la Guardia Civil (no me enseñó ningún carne ni placa). Yo estaba muy preocupada por mi compañero y estaba continuamente preguntándoles dónde se encontraba. Me dijeron que estaba bien.
(...) Hacia la 1.30 de la madrugada me cambiaron las esposas hacia delante y me bajaron a un garaje a presenciar el registro del coche con el que habíamos viajado a Castellón. Me dijeron que a la única persona que podía mirar era al secretario, que ni se me ocurriese mirar a Mikel [Mikel Soto, compañero de Gorostiaga, detenido en la misma operación]ni a ellos, y en cuanto levantaba un poco la vista, me agachaban la cabeza (...)
Llegamos a Madrid por la mañana del 25 de febrero (lunes), ya había amanecido (...) Entonces empezó la pesadilla. Me llevaron a una habitación donde había más de un guardia civil, me preguntaron si creía que la Guardia Civil torturaba. Yo les dije que ya lo iba a comprobar durante aquellos días. Entonces me dijeron que sí que era cierto que la Guardia Civil torturaba y me preguntaron qué tipo de torturas conocía. Yo les dije que la bolsa, los electrodos, la bañera... y me dijeron que estaba en mis manos conocer todas aquellas y más, que estaba en mis manos que aquellos días fueran un infierno o no, que allí todo el mundo cantaba pero que había algunos, que eran «los tontos», que sí aguantaban un poco más.
Entonces me dijeron que me desnudara. Me desnudé de arriba abajo, y como no decía nada se enfadaron y se pusieron a gritar como locos. Empezaron a hacerme la «bolsa», yo estaba sentada en una silla totalmente desnuda, cada vez que rompía la bolsa me golpeaban fuertemente en la cabeza con la mano abierta y con periódicos.
No sé cuantas veces me pusieron la bolsa, pero yo creo que muchas. Escuchaba los gritos de Mikel, le estaban torturando mucho. De vez en cuando me hacían gritar para que él me oyese, y si no gritaba como ellos me decían, me golpeaban más. Yo estaba histérica, eran continuas las amenazas, las humillaciones y los golpes. Empecé a inventarme cosas porque era la única salida que veía para que aquello parase. Me llevaron al calabozo con un ataque de histeria bastante fuerte. Aquel día me dejaron tumbarme un rato.
Ese lunes me interrogaron unas 4 ó 5 veces, con descansos muy cortos, en el calabozo. El resto de descansos fueron de pie contra la pared, por lo que no pude dormir. En todos los interrogatorios no pararon de hacerme la «bolsa» (aunque fueron más flojas que al día siguiente) y de darme golpes (....) También me amenazaban con la bañera.
No puedo decir cuanto tiempo duraban, yo ya estaba completamente desorientada hasta que me llevaron otra vez a donde la forense y ésta me dijo que eran las 10.30 ó 12.30 de la mañana del martes 26 de febrero. Me miró, pero yo no tenía ninguna marca. No le dije nada de las torturas, le dije que me mirara pero que no le iba a decir nada por miedo a que se lo dijese a los otros. Ella me dijo que tenía que comer y que beber mucha agua.
Con el tema de la comida, al principio no probé bocado y solo bebía del grifo del baño. A la Guardia Civil le decía que no iba a comer y que sólo iba a beber de botellas cerradas, por miedo a que me drogasen (...) Me dijeron que de allí no salía nadie ni para ir al hospital, así que ya podía empezar a comer a no ser que prefiriese comer a la fuerza (...)
El martes fue el día más duro, fueron otros cuatro (no lo sé con certeza) intensos interrogatorios con descansos muy breves y sin poder dormir ni tumbarme en la cama, salvo cuando me caía. Entonces me dejaban estar sentada en la cama cinco minutos, hasta que me volvía a levantar y me volvía a caer, entonces otros 5 minutos sentada... Cada vez que escuchaba el ruido del cerrojo me daba un vuelco el corazón. Todos estos interrogatorios fueron muy duros.
Estando totalmente desnuda, me ataron a una silla atándome los brazos con precinto y goma espuma, me colocaron innumerables veces la bolsa. Cuando la rompía me golpeaban en la cabeza y me la volvían a colocar. Me llegaron a poner 3 ó 4 bolsas juntas.
En una ocasión me llevaron a otra habitación que llamaban la «Sala Bit» o algo así, donde me inmovilizaron todo el cuerpo con un colchón o algo parecido, me levantaron y me dejaron inmovilizada de los pies a la cabeza. Entonces me pusieron la bolsa y me tapaban la boca y la nariz. Yo lo único que quería era desmayarme y perder el conocimiento, pero cuando estaba a punto me levantaban un poco la bolsa, y otra vez vuelta a empezar. Me decían (yo creo que para darme fuerzas, aunque no lo lograban), que era muy fuerte y que estaba aguantando mucho, que poca gente aguantaba aquello y cantaba todo el mundo (...)
También me hicieron hacer innumerables flexiones, me agarraban del pelo, y bajaba y subía. Esto era también muy duro. Al final no podía andar, me tuvieron que llevar al calabozo ya que las piernas no me respondían. Para ir al baño me tenía que apoyar en la pared puesto que me caía. En el resto de interrogatorios continué haciendo flexiones, muchas de las veces con la bolsa puesta en la cabeza. Al final no podía ni sentarme del dolor de agujetas (...)
En cuatro ocasiones me colocaron los electrodos (por lo menos eso decían ellos), pero no los llegaron a activar salvo en una ocasión que dijeron que los activaban pero que no podían aumentar la potencia porque tenían una máquina nueva que hacía saltar los fusibles. Me hicieron colocarme dos cables en la espalda mojada y yo sólo noté un cosquilleo, pero la sensación de pensar en los electrodos fue una pesadilla (...)
En tres ocasiones me pusieron una pistola en la mano. Me dieron a entender que era la que mató al concejal de Leitza y que estaba en mis manos tener una acusación por colaboración o por asesinato.
Me amenazaban muchas veces con que no iba a poder tener hijos, o si los tenía iban a ser de la Guardia Civil. Me dijeron que Iñigo Vallejo estaba con ellos y a ver si yo quería acabar como él. En aquellos momentos les dije que me mataran si querían y me dijeron que ellos no habían dicho eso (...) Lo mas duro fue eso, recibir palos sin saber qué querían escuchar (...). Me inventé unas cuatro historias diferentes. Cada vez que creía que aquella era la buena, en el siguiente interrogatorio empezaban de cero las torturas, me golpeaban más por mentirosa, y más todavía por callarme. Me resultaba muy difícil inventarme cosas que no había vivido.
También recibí muchos golpes en la cabeza y en el estómago (en el estómago menos) con periódicos enrrollados. Yo creía que me iba a estallar la cabeza y que estaba sangrando. Fueron muchos golpes durante mucho tiempo. Cuando se cansaron me los tuve que dar yo en la cabeza, y mientras me dañaba sentía una especie de desahogo.
También me hicieron dar una rueda de prensa contando todas las torturas recibidas. Luego tuve que cantar el ''Eusko Gudariak'' y más adelante gritar ''Viva la Guardia Civil'' y cosas por el estilo.
Me cambiaron de antifaz porque el que tenía puesto me estaba un poco prieto, y con las lágrimas y tanto tiempo puesto me debió de salir un sarpullido en la zona de los ojos. Me los estaban mirando continuamente.
El miércoles 27, por la mañana, me volvieron a llevar a la forense. Antes, me enseñaron un fax en el que me alargaban el tiempo de incomunicación. La forense me desnudó y yo vi cómo tenía el pecho rojo, y la espalda también la debía tener totalmente roja (...) Le pregunté a la forense si tenía algo en los ojos porque me habían cambiado de antifaz y me estaban venga mirar los ojos. Ella apuntó en un papel algo y me dijo que eso estaba prohibido. Me dolían mucho la cabeza y las piernas, pero aparentemente no tenía nada. Se cuidaban muchísimo en no lesionarme. A causa de la ansiedad y los nervios me estaba continuamente tocando las uñas y quitándome los pellejos y mordiéndome los labios. Ellos siempre me decían que tuviese cuidado, que me iba a hacer daño.
Aquella mañana, el primer interrogatorio fue durísimo. Me envolvieron en mantas, y estando sentada me agarraron por todas las partes (esta vez vestida), atada a la silla. Me pusieron al final 3 ó 4 bolsas a la vez, me taparon la nariz y la boca, y al final, a punto del desmayo, me oriné en los pantalones con tanta fuerza que casi les salpico. Tuve que permanecer el resto de los días con los pantalones totalmente mojados y orinados. En esta última sesión de bolsa me mordí el labio por dentro y me dieron agua para enjuagarme porque debía de estar sangrando. Tenía bastante herida, y me asustaron diciéndome que me lo iban a coser con aguja e hilo.
A partir de aquí pararon los golpes, me quitaron el antifaz y me sentaron en una esquina de la habitación, donde empezaron a preparar mi declaración policial. Estuve hasta la 1.30 de la madrugada sin ir al calabozo para descansar, fueron todo preguntas y una presión psicológica muy fuerte. Cuando me aprendí la declaración, me dijeron que me la iban a hacer tres o más veces, que en una de ellas estaría el abogado de oficio pero yo no iba a saber en cual porque no le podría ver, y que si cambiaba algo de la declaración, volverían los golpes.
La tortura psicológica fue muy fuerte. En la declaración impliqué a cuatro personas; una ya estaba detenida, era Mikel, y yo llevaba desde el miércoles sin escucharle. Me dijeron que sufría del corazón y que estaba muy mal. También impliqué a mi madre y a mi hermano.
Me vino un guardia civil nuevo, aquella voz no la había oído nunca, y me dijo que él era el que le había torturado a Mikel y que si no quería acabar como él, más me valía declarar todo como habíamos acordado. A la 1.30 horas realicé la primera declaración ante la policía (...) Hice la declaración tal y como la habíamos preparado y me dejaron dormir. Yo calculo que habría dormido unas cuatro horas (las únicas en cinco días), y en esas cuatro horas me despertaron varias veces preguntándome dónde vivía la gente a la que yo había implicado (aunque ya se lo había dicho antes en la declaración).
(...) Después empezó de nuevo el interrogatorio. Era jueves 28 por la mañana y estuve hasta las 12 de la noche o algo así, no lo sé seguro. Ellos me hicieron creer que era miércoles y que todavía quedaban dos días. Calculo que fueron casi 14 horas de interrogatorio seguido. Yo estaba más tranquila porque creía que ya había pasado lo peor, pero vinieron a gritos diciendo que era una mentirosa y que todo lo que había declarado ante la policía era mentira. Me empezaron a golpear de nuevo en la cabeza y me hicieron escribir en folios nombres de gente conocida.
Había dos grupos de policías, unos eran los «buenos» y los otros eran los «malos». Los «buenos» tenían una voz tranquilizadora y dialogante, aunque también torturaban, y con los «malos» no se podía hablar. En estos interrogatorios los «buenos» estaban todo el rato amenazando con que iban a venir los otros, «El salvaje», como le llamaba uno de los «buenos», si no colaboraba con ellos.
Me preguntaron cómo podía haber implicado a mi madre, que habían estado en su casa y que no habían encontrado nada, pero que se la habían traído a Madrid porque tenían orden de detenerla, que lo estaba pasando muy mal por la enfermedad que padece, que cada dos por tres la tenían que llevar al hospital (...)
Por la mañana del viernes 1 de marzo, vinieron y me dijeron que me iban a entregar, que estaba en mis manos que mi madre y mi hermano siguieran detenidos, que podía declarar lo que quisiera ante el juez, pero si lo aceptaba todo, soltarían a mi madre de inmediato, que mi caso lo llevaba Polanco y que a él le daba lo mismo lo que le contase, que si lo negaba iba a ser peor, que sería mejor si lo aceptaba todo porque entonces estaría unos meses en la cárcel pero luego saldría en libertad, porque yo no tenía nada. No sabía si verdaderamente mi madre estaba detenida, les creía capaces de cualquier cosa. En el viaje a la Audiencia (lo realicé esposada), antes de entrar pude ver a mi madre por la ventanilla del furgón. Entonces me tranquilicé muchísimo, decidí negarlo todo, pero aún así tenía mucho miedo de que la detuvieran.
En la Audiencia Nacional ya podía ver y mirar a todo el mundo, pero todavía estaba asustada de mirar a la cara de la gente, todas las voces me parecían las de los guardias civiles (...) Luego me llevaron ante el juez Polanco, negué todo lo que se me imputaba y denuncié que la declaración fue obtenida bajo torturas, que fui sometida a largos interrogatorios desnuda, que me aplicaron la bolsa numerosas veces hasta estar a punto de perder el conocimiento, que tuve que realizar muchas flexiones hasta el punto de no poder andar, que en cuatro ocasiones me pusieron los electrodos sin llegar a enchufarlos y que fui objeto de vejaciones sexuales. El juez me insistió en un par de puntos, pero le dije que todo era mentira.
P.D: Gorostiaga permaneció incomunicada, ya en prisión, todavía varios días. Su denuncia de torturas está siendo tramitada por los tribunales.

This work is in the public domain

Comentaris

Re: Las carceles llenas d inocentes,las calles llenas d culpables.
08 abr 2004
es profundamente asquerosa esta democracia de mierda. una cosa como esta debiera suponer un escandalo de estado. mierda, mierda y mierda!!!
Re: Las carceles llenas d inocentes,las calles llenas d culpables.
10 abr 2004
porque hay dos testimonios ligeramente distintos?
Re: Las carceles llenas d inocentes,las calles llenas d culpables.
10 abr 2004
como es uqe todo esto de las prisiones y de las torturas no aparece en ningun lado oficial? ninguna cadena ningun programa no es que los escuche todos pero que no lo haya escuchado nunca y solamente como si fuera una mentira por ser presos de eta. Pero lo que dice aqui es muy fuerte

Ja no es poden afegir comentaris en aquest article.
Ya no se pueden añadir comentarios a este artículo.
Comments can not be added to this article any more