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Notícies :: antifeixisme : corrupció i poder
Subalternidad al PSOE y voto útil: la tenaza definitiva
06 abr 2004
Artículo publicado en El Viejo Topo de abril.
por Ã?ngeles Maestro [03.04.2004 18:08]
âNo se renuncia al programa; lo único que se hace es aplazar su realización... por tiempo indefinido. Se acepta el programa, pero esta aceptación no es en realidad para sí mismo, para seguirlo durante la vida de uno, sino únicamente para dejarlo en herencia a los hijos y a los nietos. Y mientras tanto, âtodas las fuerzas y todas las energíasâ? se dedican a futilidades sin cuento y a un remiendo miserable del régimen capitalista, para dar la impresión de que se hace algo, sin asustar al mismo tiempo a la burguesíaâ?



De la Carta Circular a A. Bebel, W. Liebknecht, W.

Bracke y otros.

K. Marx y F. Engels (1879)



Los recientes resultados electorales constituyen una privilegiada y contundente lección de política de la que quiero resaltar los siguientes aspectos:



En primer lugar hay que destacar, en homenaje a este pueblo, que la reacción ante los terribles atentados del 11 M â a diferencia de lo ocurrido en EE.UU. â no ha sido la exaltación reaccionaria del discurso patriótico y la hegemonía de los valores más conservadores. Se ha exigido desde la calle la verdad al gobierno sobre su autoría, gritando no a la guerra y se ha votado contra el PP. El voto al PSOE, más que la esperanza de cambio, ha sido el privilegiado instrumento popular para echar al gobierno.


En segundo lugar, aparece en Cataluña con inusitada potencia un voto rebelde, contra todos los límites de lo políticamente correcto, expresado en el crecimiento electoral de ERC.


En tercer lugar, y en ello quiero detenerme, se sitúa el hundimiento del voto a IU. Se reproducen patéticamente los resultados del PCE en 1982 y por motivos análogos: ante una conmoción política, entonces el 23-F, con el objetivo de echar a la derecha y ante un mensaje coincidente âjuntos podemosâ?, el electorado apuesta por la opción de la izquierda más útil.


La primera valoración de Llamazares apuntando al âvoto útilâ? como causa del desastre electoral de IU es una perogrullada. Siempre ha existido y existirá el tirón hacia el voto útil para toda fuerza situada a la izquierda del PSOE. El problema es cómo se resiste. Si con el discurso de las dos orillas y la alternativa frente a la alternancia, o con la perspectiva del âgobierno de la izquierda pluralâ? como único horizonte político. La diferencia es un 11% de voto, al alza, frente al 5%, en caída libre.


Es el resultado, otra vez como en 1982, no solo de enviar al cajón de los recuerdos propuestas y principios de transformación social, sino de olvidar una premisa que aparece en cualquier manual de derecho: para que una fuerza política sea capaz de configurar un espacio electoral tiene que diferenciarse suficientemente de las demás.


Lo más grave es que no parece que haya en este momento, dentro de izquierda unida, suficiente voluntad política para hacer frente en serio a la situación. El único síntoma de vitalidad sería la dimisión en bloque de la dirección, el nombramiento de una gestora y la convocatoria de un congreso extraordinario. Por desgracia los indicios no apuntan en esa dirección. Otra vez las palabras de Llamazares tras las elecciones niegan otra perspectiva política que la órbita del PSOE: hemos ganado porque echamos al PP. Es evidente que una IU así, no es necesaria.


Hace poco más de un mes decía en un análisis sobre la VII Asamblea de IU, que lamayoría Llamazares-Frutos había decidido instalarse en el espacio político de subalternidad al PSOE que inauguró el pacto pre-electoral de marzo de 2000. La puesta en escena, que incluyó a Santiago Carrillo y Jose Mª Fidalgo como invitados estrella y un video sobre los 17años de existencia de IU â en el que aparecían profusamente los dirigentes de Nueva Izquierda sin que se mencionara siquiera a Julio Anguita, constituyeron los elementos simbólicos de importantes decisiones políticas. Fue el penúltimo broche â faltaba la rotunda realidad del 14 M â de tresaños destinados a liquidar, política y organizativamente lo poco que quedaba del proyecto originario. Pero la historia viene de mucho más atrás.


La clave de bóveda de la convocatoria para construir un bloque y un proyectoalternativo que pretendió ser IU y que, en consecuencia, desenmascaraba al PSOE situándole en el neoliberalismo en la política económica y como lacayo del imperialismo en relaciones internacionales, chocó pronto con sus tres prolongaciones: el grupo PRISA, la dirección de CC.OO. e Iniciativa per Catalunya.


Estos tres poderes fácticos, al tiempo que socavaban la credibilidad de IU en la âopinión publicadaâ? -que no en la calle, ni en los resultados electorales- engendraron el brevísimo invento de Nueva Izquierda, mientras revitalizaban todo el posibilismo y el oportunismo de la hegemonía carrillista, bien arraigados en amplios sectores de la organización.


La venta del proyecto político de transformación social y de la propia organización, a cambio de un lugar al sol -durante poco tiempo, como bien comprobó el PCE en la transición e IU en Aragón, Baleares, etc. - en instituciones, gobiernos y medios de comunicación, no fue descubierta por âhombres de Estadoâ? como Santiago Carrillo; la cita que reproduzco al comienzo da cuenta de que la patética búsqueda dela respetabilidad del poder por parte de sectores de la izquierda es tan antigua como la lucha de clases.


Sorprendentemente a medida que se intensificaba la explotación y aparecía la guerra a gran escala como instrumento privilegiado del imperialismo, iba diluyéndose la resistencia sindical, en un auténtico suicidio de los intereses de clase. Frente a la precarización masiva, la Ley de extranjería y la sucesión de recortes en derechos yprestaciones sociales y laborales, la respuesta por parte de CC.OO. y UGT es â a partir de la contrarreforma laboral de enero de 1994 â una espesa paz social, levemente alterada por huelgas generales testimoniales.


Al mismo ritmo, el acoso interno y externo al discurso deâlas dos orillasâ? y la experiencia de pactos generalizados de IU con el PSOE en diferentes federaciones, sobre todo Madrid, iban preparando el terreno para elabandono, uno a uno, de sus rasgos alternativos. El 11 de noviembre de 1999, en su última intervención parlamentaria y menos de tres meses antes de los pactos IU-PSOE, Julio Anguita defendió la Iniciativa Legislativa Popular de las 35 horas, en cómputo semanal, sin reducción salarial, eliminación de las horas extraordinarias, reducción de la edad de jubilación, contrato de relevo, salario social, etc. Esta iniciativa estaba destinada a ser â según los documentos aprobados por IU â el pilar de todo un proceso de relanzamiento unitario de la lucha por parte la organización junto al movimiento obrero crítico y combativo y otros movimientos sociales. En su informe al Consejo Político Federal (CPF) del 13 de noviembre, tras perderse la votación en el Congreso â como estaba previsto -Anguita afirmó: âLa batalla por las 35 horas continúa. Deben continuar la movilizacióny las iniciativas legislativas, así como las alianzas, sobre todo socialesâ?. En ese mismo CPF, Julio Anguita preguntó a Joaquín Almunia: âSi os hacen falta los votos de IU,¿pactaréis un programa de izquierdas?â?. En el informe se reiteraba la soberanía y la voluntad de independencia de IU frente al PSOE, pero era ya el canto del cisne. Anguita se vio obligado a aceptar una enmienda de Frutos que anticipaba el golpe de timón que se avecinaba: âSi dentro de los plazos que IU se fije para la elaboración del programa y de sus listas electorales, apareciera una situación de diálogo con fuerzas políticas de carácter estatalen torno a un programa y las consecuencias derivadas de dicho diálogo (sic), la dirección federal dirigirá tanto el proceso como la aplicación, en su caso, de las consecuencias del mismo para todo el Estado españolâ?[1].


Dos meses después, con Anguita fuera de juego, estaba cocinado el pacto. Frente a las protestas de una militancia, que en diciembre aprueba unprogramaelectoral y en enero se encuentra con que en la propuesta común se han eliminado los contenidos clave, y, sobre todo, que se había dejado la piel â junto a otras organizaciones â recogiendo 1.750.000 firmas para la ILP de las 35 horas[2], se respondía desde la dirección diciendo que ésos eran los mínimos del acuerdo, pero que IU mantenía su programa para... tiempos mejores (otra vez, lúcido Marx).


Con elprograma común PSOE-IU del año 2000 â del que desaparecía la salida de la OTAN y la eliminación de las Bases, la liquidación de las ETT,s, las 35 horas por ley, la paralización y revisión de las privatizaciones, la progresividad fiscal, etc. â la instalación de IU entre las fuerzas del sistema, en lo âpolíticamente correctoâ? adquiría ámbito estatal. Las palabras del candidato del PSOE J. Almunia ante la patronal catalana â en el mismo hotel en el que medio año antes 400 empresarios aportaron 100.000 Ptas. cada uno a la campaña electoral de Pascual Maragall â son suficientemente explícitas: âEl acuerdo alcanzado sitúa a IU, una fuerza que ha tenido un papel importante en los últimos 20 años, en el área de la gobernabilidad (â¦) en el marco económico que fija la Unión Europea y su pacto de estabilidad â?, de forma que sus propuestas âsirvan para ser llevadas a la práctica y no para discutir o contestar desde fuera un sistema político, económico y socialâ?; aunque⦠âlo que mejor cayó entre los empresarios catalanes fue el anuncio de Almunia de que un eventual gobierno presidido por él no aplicará por ley la semana laboral de 35 horasâ?[2]


Contra toda lógica, el impresionante descalabro electoral (se pierden 1.400.000 votos, más del 50% de los obtenidos en 1996) no lleva a cuestionamiento alguno de la estrategia política. Se había entrado en un camino sin retorno.


Mientras en todo el territorio, el sector de la militancia situado más a la izquierda abandonaba la organización, la dirección insistía en que el pacto era correcto pero que no había habido tiempo suficiente para explicarlo bien. No existía otra política que la de la unidad de la izquierda plural, apostando por gobernar como fuera, obviando cualquier análisis sobre los contenidos.


Precisamente cuando terminaba la paz social de la mano del enorme malestarque se expresa en el movimiento antiglobalización y en los sectores más combativos del movimiento obrero, la dirección de IU dio un giro de 180º. Se instaló en la órbita del PSOE produciendo un doble efecto: la legitimación de éste como fuerza de la izquierda y la configuración de un gran espacio político radical que no tiene referente político. Ahora, con los demoledores resultados electorales, asistimos al acto final del drama del desmoronamiento de IU y del despilfarro delesfuerzo político de miles de personas.


El gran tema a analizar es por qué la misma mayoría que apoyó el proyecto de IU que encabezó Julio Anguita, se aprestaba a su liquidación, retomando los mismos contenidos que representaban Nueva Izquierda e Iniciativa per Catalunya y por los que se produjo una traumática ruptura dos años antes. La respuesta hay que encontrarla en varias razones que se retroalimentan: la salida de IU de los sectores comprometidos con el proyecto originario ante la constatación cotidiana del abandono del programa alternativo, el aplastamiento y la marginación â utilizando todas las vías antidemocráticas imaginables â de quienes se atrevían a discrepar, el clientelismo que abre camino primero y asegura despuésel acceso a los cargos institucionales, el miedo de una militancia acostumbrada a obedecer..etc.


Estos y otros muchos son elementos importantes, pero, a mi juicio, el asunto clave que explica la escasa resistencia interna a la desnaturalización de IU es esencialmente político. Tanto en el proyecto inicial de Gerardo Iglesias, como en la refundación que desencadena la llegada de Julio Anguita a la Coordinación General hay una debilidad congénita estratégica. Se pretendió erigir un proyecto político alternativo, basado en la lucha de masas, sin cuestionar el Pacto de la Transición ni, en consecuencia la Constitución monárquica de 1978.


Sin pretender analizar a fondo este tema que desborda el objetivo de este artículo, es indispensable señalar que la sincera vocación de alternativa de IU entre 1989 y 1999, la identificación del PSOE â y sus ramificaciones mediáticas y sindicales â como instrumento político de las clases dominantes y la apuesta decidida por la movilización y por formas nuevas de organización, tuvieron el enorme agujero negro de no identificar que la renuncia a la ruptura política en la Transición, interrumpió el hilo rojo históricode la lucha secular de las clases populares por su emancipación. Lo que no pudo conseguir la guerra, ni el exilio, ni los más de 200.000 asesinados tras el uno de abril de 1939, ni la cárcel, ni el terror, lo consiguió la entrega del tesoro político y organizativo tan duramente construido a lo largo de la dictadura, a cambio del ingreso de un puñado de dirigentes en la âgobernabilidadâ? de la que hablaba J. Almunia.


Era, y es imposible, reconstruir el proyecto histórico revolucionario sin abordar una etapa absolutamente clave de nuestra historia[3] sin paños calientes, con datos, con rigor y sobre todo con los ojos nuevos de una generación que no vivió la Transición, que no se siente responsable de ella[4] y que pisa fuerte en la reconstrucción del movimiento obrero y popular. El mar de banderas republicanas sostenidas mayoritariamente por jóvenes, y su destacada presencia en la manifestación del 6 de diciembre pasado, niega con rotundidad eldiscurso oficial de la izquierda en la transición: la escasa trascendencia de la forma de Estado frente a los supuestos contenidos âprogresistasâ? en lo económico y lo social de la Constitución. A ese mismo objetivo de enmascarar la realidad apunta el patético chascarrillo del monarca-republicano que han desempolvado recientemente Llamazares y Zapatero. Lo que la juventud intuye es lo mismo que late en el cerebro y en el corazón de tanta gente de todas las edades: la verdad es siempre concreta y en esta tierra, República es rebeldía. En esta tierra la II República simboliza la posibilidad de acabar con el orden establecido, irrupción de la gente de la calle en la política, abrir caminos de poder popular... democracia,en definitiva.


La imagen de la cabecera de la manifestación del viernes, 12 de marzo, en Madrid que juntó a los máximos responsables de todas las fuerzas políticas institucionales, incluida IU, con Berlusconi y toda la familia real, representando fielmente el guión de la âunidad de los demócratas frente al terrorâ?y repitiendo, 36 horas después de los atentados[5], el mentiroso discurso de la responsabilidad de ETA, es suficientemente explícita de la necesidad ineludible de cuestionar el sistema para mantener un discurso independiente.



La ineludible y urgente tarea de abordar la refundación del proyecto histórico revolucionario, aquí y ahora, tiene muchos interrogantes, pero algunas cosas van apareciendo con claridad como elementos básicos:


* la III República forma parte decisiva del programa político;


* el cuestionamiento global del sistema es el punto de partida del proyecto alternativo;abordar la reconstrucción del movimiento obrero en la perspectiva de la unidad de clase y sobre la base de la democracia, la voluntad de lucha y el internacionalismo;


* la vinculación del movimiento obrero con el movimiento antiglobalizaciónen la búsqueda de nuevas formas de resistencia y de unidad;


* rehacer el concepto de representación (el mandato imperativo, el mandar obedeciendo, la revocación, los salarios del representante),


* construir mecanismos y medios de comunicación alternativos como elementos esenciales en la lucha ideológica


* si el escenario de la lucha de clases es mundial,a esa escala hay que construir el proyecto emancipatorio que tendrá el internacionalismo y la pluralidad en su código genético;


En la declaración de Principios de Corriente Roja[6], sin olvidar que las alas son cortas y las nubes altas, se hace mención expresa a la necesidad imperiosa de situar con claridad los objetivos:


âSomos conscientes de la enorme debilidad política de la clase obrera, de la magnitud de las tareas que tenemos por delante y de la importancia de las luchas concretas en la construcción de un bloque político capaz de generar una alternativa global al sistema capitalista. (...) Frente al reformismo hegemónico en la izquierda, que esteriliza tantas luchas y tanto esfuerzo con la inalcanzable finalidad de suavizar el neoliberalismo, es necesario afirmar que la transformación radical del sistema y la construcción del socialismo son las únicas alternativas posibles a la barbarieâ?.

Madrid, 16 de marzo de 2004





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[1] VOCES. Periódico Electrónico Semanal de IU Federal. Nº 2. 19 de noviembre de 1999

[2] El País, jueves 17 de febrero de 2000


[3] Hay tres libros a mi juicio esenciales para entender esta etapa: J. Garcés (1996) Soberanos e Intervenidosâ?. Siglo XXI de España editores S.A. P. Sverlo (2000) Un rey golpe a golpe, Arakatzen SL.

J. Navarro (2003) 25 años sin constitución. Editorial Foca.



[4] Manifiesto convocatoria6 de diciembre de 2004 por la III República. http://www.nodo50.org/corrienteroja/archivos/archi139.htm

[5] A la hora de la manifestación, las 7 de la tarde, se habían producido ya los siguientes hechos: las dos condenas de Arnaldo Otegi negando la autoría de ETA, el descubrimiento de la furgoneta de Alcalá de Henares, el móvil configurado en árabe, etc, la reivindicación de Al-Qaeda y la llamada de ETA a ETB y a Gara negando cualquier responsabilidad en los atentados

[6] Declaración de Principios de Corriente Roja. I Encuentro Estatal, julio de 2003. http://www.nodo50.org/corrienteroja/archivos/archi127.htm
Mira també:
http://www.esfazil.com/kaos/noticia.php?id_noticia=1726

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