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Confesiones frente al espejo
04 abr 2004
Poesía para piratas, atlantes, soñadores y vendedores de pizza
A Vanessa Hernández

Mi única confesión permanece ahogada en el espanto
mientras cientos de sueños imperceptibles se vuelven gelatinosos,
porque cada despojo emerge de su voluntad explícita y su fortuna y tantas cosas
tantas cosas como tantos capullos de río.

Yo le entregaría mi vida a una ostra o a una pestaña
si tan sólo una emperatriz otomana me santiguara mis ilusiones,
ilusiones poéticas, anarquistas y errantes y otras tantas hazañas de la almendra.
Sí, la realidad es que siento más afinidad por un camello
que por mi propio estómago
que por el pasado
que por los besos de una cortesana en un bar vetusto y humeante.
Lo confieso.

Cuánta extravagancia perdida en el lenguaje sin una agasajo a cambio
cuánta pócima durmiente y descortesía en los peldaños, en los peldaños...
Y corro hacia una estrella que me mira desolada.
Y visito dinastías escondidas de una pasión acaso eterna.

Tengo una franela roja con un gato enhiesto, varios libros de Bakunin,
amigos y amigas, espacios liberados, cafés por la tarde, obsesiones de piélago,
imágenes caóticas, un compañero miliciano español cenetista hermoso de papada colgante.
Tengo un gusto cínico por la estadía en las sombras, un billete de 1.000 en el bolsillo,
pesadillas e insomnio, górgolas y sahumerios en los patios, felicidad y miedo.

También me enamoré de una gorgona de paso firme y nariz tosca:
inmanencia dúctil,
cariátide de la caricia,
bacanal,
llonizna de chicuela.

Por otra parte,
¿quién alcanzó a conocer frondas otoñales en las praderas tártaras? ¿En qué momento?
¿Hubo vino y un espíritu gregario en tan importante imprevisto? ¿En qué...?
¿Es que acaso sirve de algo frecuentar los momentos que no han sido míos
y nunca lo serán
como si evocarlos fuese tan protoplasmático como el deseo de vivir y la alcachofa?
Yo asistí a templos y desaparecí vates en las noches del misterio.
Lo confieso.

Y si alguien puede leer esto sin rascarse la nariz, sin pestañear o bostezar,
y si ese alguien sabe cuáles son las hazañas de la almendra
o se siente en capacidad de refutarme las desviaciones semáticas de un camello
pues que aniquile a las ánimas después del infortunio
para que sepa, por fin, que la lucidez es una forma de incertidumbre.

Luis Díaz

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Comentaris

Re: Confesiones frente al espejo
05 abr 2004
patético
Re: Confesiones frente al espejo
11 abr 2004
Me parece bien Chido
Sindicat