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El 30 de junio, a ponerse los chalecos antibalas. Robert Fisk
04 abr 2004
El 30 de junio, a ponerse los chalecos antibalas
¿Qué pasaría si los estadunidenses se fueran mañana de Irak? Esta se ha vuelto la pregunta más insistente en los medios de Estados Unidos en fechas recientes. Guerra civil, anarquía. Por eso no podemos irnos. Tenemos que proteger a los ciudadanos. Por eso el pueblo no quiere que nos vayamos. Lo estamos protegiendo de la guerra civil. Lo estamos salvando de sí mismo. El problema es que muchos iraquíes preferirían tener la responsabilidad de cuidarse sin nuestra presencia.

Sencillo. El 30 de junio "vamos" a entregar la soberanía -un bien delicado e ilusorio- al "pueblo" iraquí, el cual, sin duda, se mostrará muy agradecido por nuestra generosidad. El palacio de la potencia ocupante en Bagdad se volverá entonces la embajada estadunidense más grande del mundo y el "gobierno iraquí" electo por Washington, no por los iraquíes, se volverá el faro de la libertad, la igualdad y todo lo demás que con tanto fervor deseamos que sea.

Ahora echemos una ojeada a los hechos.

Como ha señalado Nathan Brown, profesor de ciencia política y asuntos internacionales de la Universidad George Washington, la llamada "autoridad provisional de coalición" -la potencia ocupante- ha emitido "órdenes" inamovibles sobre asuntos de gran trascendencia, que afectan a las organizaciones no gubernamentales y al Poder Judicial. Por ejemplo, colocan a los militares iraquíes bajo las órdenes del ejército estadunidense, hasta que entre en vigor una Constitución definitiva. El nuevo "gobierno"-que tampoco fue elegido- carecerá de poder sobre los tribunales especiales, los cuales juzgarán a los antiguos miembros del partido Baaz.

Los estadunidenses controlan el banco central y las normas sobre empresas. Han establecido instituciones para controlar la prensa y la televisión, entre ellas una Comisión de Comunicaciones y Medios, que será la "única responsable de otorgar licencias y reglamentar las telecomunicaciones, la información y otros medios en Irak". Quedarán "centros duraderos" de influencia estadunidense.

Gracias, profesor Brown. La semana pasada me di una idea de lo que esto significa.

Estoy preparando una nota referente al destino de Saddam Hussein, la cual, inshallah -Dios mediante- aparecerá en The Independent esta semana. Tres veces durante la semana pasada llamé a mi fuente en un país de Medio Oriente y, cada vez que colgaba el teléfono, la línea seguía abierta y el número en mi teléfono era transferido a un número telefónico británico -que quedaba claramente registrado en mi aparato-, el cual, cuando traté de marcarlo, me devolvió el mensaje "número no asignado". El número era 0044 (la clave de Gran Bretaña) 000920167. Cuando pedí a los compañeros de la redacción internacional de The Independent que me conectaran a ese número, no pudieron. Luego trataron de llamar por su cuenta al número, y recibieron un tono continuo de marcado. ¿Por qué la autoridad de coalición está interesada en mis llamadas? Bienvenido al nuevo Irak.

Washington cree también haber encontrado una resolución de Naciones Unidas que le permite mantener 110 mil soldados en Irak. Paul Bremer, el procónsul estadunidense, ya emitió una orden ejecutiva según la cual las nuevas fuerzas armadas iraquíes estarán bajo el mando del comandante de Estados Unidos en Irak, el teniente general Ricardo Sánchez, quien dirigirá las fuerzas de Estados Unidos después de la "transferencia" de poderes, el 30 de junio.

La resolución 1511, que confirió el mandato para la alianza encabezada por Washington -y aquí debo agradecer a mi viejo y confiable amigo John Burns, del New York Times-, puede utilizarse para dar justificación legal al comando militar estadunidense, con el fin de que continúe en operación hasta el 31 de diciembre de 2005. El gobierno interino, por consiguiente, otorgará un acuerdo de "estatuto de fuerzas", como el que Washington tiene firmado con docenas de naciones en las que tiene tropas desplegadas.

Así, cuando se entregue la "soberanía", el poder permanecerá en manos estadunidenses hasta "que se complete el proceso político". En otras palabras, Irak permanecerá bajo ocupación angloestadunidense. Los musulmanes sunitas, que tienen un miembro en la presidencia de tres hombres, sostienen que este arreglo reconoce el interés iraquí en contar con tropas estadunidenses para combatir a los enemigos de Irak -o la versión estadunidense de los "enemigos de Irak"- y a su insurgencia.

Ya los iraquíes están preocupados por esto. Una ley del régimen de Saddam Hussein, emitida en 1987, que prohíbe formar sindicatos a los trabajadores iraquíes de organizaciones estatales, permanecerá en vigor. La resistencia en el lugar de trabajo -la "resistencia política", se entiende- se considera ilegal y los líderes sindicales pueden ser arrestados por esa causa.

Los iraquíes comunes -es decir, los que no trabajan en el palacio presidencial de Bremer y no tienen interés en esos asuntos, porque lo que quieren es electricidad, gasolina, empleo- han puesto poca atención a estas minucias legales. Deberían interesarse más.

Porque lo que ocurrirá el 30 de junio no será una "transferencia" de poderes. Vamos a ver cómo se entregará una mítica "soberanía" a iraquíes patrocinados y pagados por Estados Unidos que harán lo que Washington ordene. Y el favorito para ser el futuro "embajador" estadunidense en Irak no es otro que Paul Wolfowitz, el académico neoconservador y proisraelí que es miembro del gobierno de Washington y uno de los halcones que promovieron la desastrosa invasión a Irak.

Entonces, ¿qué hará la "resistencia"? Cualquier fuerza guerrillera intentará derrocar al nuevo gobierno, atacar sus estaciones de policía y al "nuevo" ejército iraquí. No es difícil ver lo que Washington tiene en mente. Ya en estos días, soldados iraquíes participan junto con los estadunidenses en los puestos de revisión. Realizan turnos de centinelas en el palacio de Bremer. Llevan espejuelos y en muchos casos, por ejemplo en Samara, aparecen con antifaces y casco en retenes propios. Los cascos negros serán la cara del nuevo Irak "soberano", el nuevo e "independiente" Irak.

En otras palabras, se trata de sacar a los estadunidenses de la línea de fuego y meterlos en sus cuarteles del desierto, donde se les podrá atacar con morteros, pero serán invulnerables a cualquier asalto serio de los "insurgentes" o "terroristas", como se les llama cada vez más. Después de todo, sólo "terroristas" podrían atacar al ejército del nuevo y liberado Irak.

Ahí, como dice el refrán, está el detalle. ¿Respetarán los iraquíes a este nuevo ejército, esta policía, esta nueva "soberanía"? Lo dudo. Les gustaría ver el fin de la anarquía, de las matanzas y los secuestros, que han caracterizado a la ocupación estadunidense durante el año pasado. Pero quieren vivir en un país no sujeto al control estadunidense y no van a tenerlo.

Así que después del 30 de junio habrá que aconsejar a los pobladores desempolvar los chalecos antibalas, agachar la cabeza y, si se trata de occidentales, no salir a la calle y orar porque los iraquíes pagados por los estadunidenses los protejan, junto con los miles de mercenarios extranjeros que han sido traídos al país. Si hasta ahora los estadunienses no han sido muy eficaces en proteger a los suyos -no mencionemos aquí la atrocidad de la matanza, mutilación y exhibición pública de los cuerpos desnudos de tres ciudadanos estadunidenses en Fallujah, la semana pasada-, ¿qué oportunidad tendrán sus sirvientes iraquíes?

Así pues, el 30 de junio, a ponerse los chalecos antibalas. Y a marcar 000920167.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya
Mira també:
http://www.jornada.unam.mx/2004/abr04/040404/025a1mun.php?origen=index.html&fly=1

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Comentaris

Re: El 30 de junio, a ponerse los chalecos antibalas. Robert Fisk
04 abr 2004
Que yo escucho a Robert Fisk en WBAI NY.
Y aunque está en el ojo del uracán y trabaja para el Observer...Tampoco es El Periodista-GURÚ
de la verdad imparcial....Es otro más.
Re: El 30 de junio, a ponerse los chalecos antibalas. Robert Fisk
04 abr 2004
No es un periodista més, si ho fos callaría i mai hauría escrit el que escriu. Que gairebé sempre ben documentat i punyent.
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