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De la arrogancia al esperpento
22 mar 2004
De la arrogancia al esperpento
El Mundo, 20 de Marzo, 2004
ANTONIO GALEOTE
De los delirios de grandeza, al hazmerreír del mundo. Al final, la peripecia de ese Napoleón con bigote que se creyó el guerrero del antifaz del imperialismo mundial ha acabado entre el bochorno y el esperpento. De la prepotencia y la arrogancia, a la humillación.De la arrogancia, al ridículo. De la soberbia, al ninguneo. Ya no hay puros, ni pies en las mesas, ni desprecios a la ONU, ni superbanderas en el centro de Madrid, ni leña al moro en Perejil, ni amenazas a la Unión Europea... Nada. La altanería y el autoritarismo se han convertido en vergüenza. El personaje que incluso se permitió decidir quién iba a ser el presidente del Gobierno de España por el método del más puro dedazo, ha acabado, por uno de esos vaivenes de la opinión pública, metiéndose el dedo en un ojo.Así es la vida. El palmero del imperio que escondido tras las piernas del emperador insultaba a «la vieja Europa», es mirado hoy desde las cancillerías europeas con una mezcla de conmiseración y burla. Finalizada la tragicomedia de este héroe de Perejil, esos cambios de humor de la opinión pública, eso que llaman sistema democrático, nos han traído al PSOE. El vuelco. Tampoco es para tirar cohetes. Estos son los que abrieron la vía del despido prácticamente libre en España y de los contratos basura, los que transformaron a los sindicatos en marionetas del poder, los que crearon una poderosa red de clientelismo económico y financiero con la beautiful, los que convirtieron los medios de comunicación públicos -y los privados, cuando pudieron- en meros boletines de propaganda política, los que colocaron de fiscal general del Estado a obedientes militantes del partido, los que hicieron de palmeros cuando el padre del actual emperador montó la guerra del Golfo, los que nos metieron en la OTAN y pusieron a su frente a un dirigente del PSOE, los que aplaudieron los bombardeos de Yugoslavia... Y de corrupción, mejor no hablar. Pero, después de todo, la democracia es esto. O eso parece.
Sindicat